Entiende cómo te comportas con la comida entendiendo a tu cerebro racional y emocional. Eres dos.

Entiende cómo te comportas con la comida entendiendo a tu cerebro racional y emocional. Eres dos.

Para que entiendas algunas de las cosas que te pasan relacionadas con tu alimentación, voy a explicarte cómo funciona tu cerebro.

Estoy segura que reconoces estas cuatro situaciones:

SITUACIÓN A. Cuando tienes un cajón en la cocina lleno de cereales de chocolate para los niños, de los bollos para tu marido y de galletas de mantequilla para los invitados; pero te lo acabas comiendo tú cuando nadie te ve o cuando todos están acostados.

SITUACIÓN B. Cuando compras bombones de chocolate a finales octubre convencida de que los mantendrás guardados e intactos hasta la segunda quincena de diciembre; pero cada noche vas al lugar dónde los tenías escondidos y te comes uno llegando a mediados de noviembre sin ninguno.

SITUACIÓN C. Cuando dices y planificas comer ensalada todas las noches o no saltarte la dieta en el cumpleaños del viernes pero acabas haciendo todo lo contrario. Comes cada noche lo primero que pillas y te comes dos buenos trozos de tarta más cuatro bocadillos de paté el viernes.

SITUACIÓN D. Cuando haces la lista de la compra en casa con tus frutas, verduras, legumbres, tal y cual saludable; pero llegas a caja con el carrito lleno de dulces, snacks y todo lo demás.

Todo esto es muy contradictorio, ¿no? ¿Por qué actuamos de esta manera? Puede parecer que existiesen dentro de nosotros dos fuerzas opuestas. O también puede parecer que hubiese dos yoes dentro de nosotros. Pues bien, te voy a desvelar la cuestión.

Reduciendo mucho podríamos decir que nuestro cerebro se divide en dos: Uno mucho más arcaico evolutivamente, más impulsivo, emocional e instintivo. LA EMOCIÓN. Y el otro que es la corteza cerebral, nuestros pensamientos, planes, motivos, lo que queremos o debemos. LA RAZÓN. Cuando el sistema emocional está muy activado, desactiva el sistema racional. Por ejemplo, cuando estamos enfadados podemos decir cosas que en frío no se nos ocurriría decir. Cuando estamos enfadados el sistema racional está inactivo. Cuando la emoción pierde fuerza, la razón va cogiendo el mando de la situación y es entonces cuando piensas: ¡Pero que he dicho o hecho! Una emoción es como una gran ola: llega alta y con fuerza pero se va. Lo más inteligente emocionalmente, sería aprender a reconocer cuando estás enfadada y dejar pasar un tiempo para poder hablar las cosas con claridad.

Después de este breve resumen, tiene sentido decir que esas dos fuerzas opuestas son la razón y la emoción; y que esas dos personalidades que no se reconocen la una a la otra son tu yo racional y tu yo emocional.

Voy a darte posibles soluciones para que, sabiendo esto, gestiones las cuatro situaciones de las que te hablé al inicio de este artículo. Son propuestas inteligentes emocionalmente e inteligentes nutricionalmente.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN A.

Por el día es fácil decir que no porque la parte racional de tu cerebro tiene la batería totalmente cargada. Así que puedes decir que no a las galletas de chocolate de los niños y a los bollos de tu marido. Incluso por la tarde. Pero por la noche la batería de tu cerebro racional está agotada y será tu cerebro emocional el que decida y te impulse a comerlo. Por ejemplo puedes pensar: es injusto que ellos lo coman y yo no, voy a comerlo. O puede pensar: después del día tan duro que llevo me lo merezco. En ambos casos estaría actuando tu cerebro emocional.

Te contaré algo antes de darte la solución. Existe un experimento donde ponían a varios niños delante de un dulce y les decían que si esperaban un rato hasta nueva orden les darían más dulces. Con esto, querían comprobar que estrategias de gestión utilizaban para aguantar y si elegían una recompensa mayor pero no inmediata o una recompensa menor pero inmediata. La mayoría no aguantó y se lo comió, pero los que aguantaron lo consiguieron mirando para otro lado o tapándose los ojos. De este experimento, lo que podemos concluir es que es mucho más potente una recompensa pequeña pero inmediata que una grande pero a largo plazo. Es más probable que te comas el dulce que tienes delante a que le digas que no para tener la recompensa de adelgazar pasado un tiempo. También podemos concluir que lo que mejor funciona es no tenerlo a la vista, aunque con cierto esfuerzo porque sabían que estaba ahí.

Te propondría no tener estos productos de galletas y bollos como hábito para nadie. Pero como ya me sé las respuestas más frecuentes: es que no quiero privar a los niños de ese placer (flaco favor) o mi pareja quiere seguir haciéndolo y no le puedo obligar a no tenerlo porque también es su casa, te voy a dar otra solución: Ten un cajón para cada uno. Así no tendrás a la vista las cosas que ellos comen. Cada uno tiene como costumbre abrir su cajón y solo ve sus cosas. Y en el tuyo puedes tener visibles alternativas que te interesen.

Otra solución es coger un hábito que te guste y que no dé espacio ni lugar a pensar en estos productos. Pero para que sea eficaz, repito, tiene que gustarte y tiene que ser un hábito. Por ejemplo, imagina que te reservas ese hueco para comerte una cuajada de chocolate y que lo haces cada noche sin pensarlo, disfrutándolo y sin poder pensar en otra cosa porque ya no tienes tiempo material. Llega la hora de irse a la cama.

Si quieres leer más sobre la necesidad de comer antes de acostarte, te recomiendo leer el artículo que escribí en febrero: Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN B.

Aunque tú no te vayas a la cama hasta las 24.00 de la noche, tu cerebro racional se ha ido ya a dormir a las 22.00. Por eso, en ese momento eres tan vulnerable a las tentaciones de chocolate que pueda haber por casa. Entonces, anticipar esto. Si se te antoja un turrón porque hace mucho que no lo comes, compra un turrón y decide gastarlo en un par de días. Saciarás tu deseo y te quedarás tranquila. Te recomiendo que comas un buen trozo para no quedarte con las ganas. Y te recomiendo que no sea más de dos días seguidos a la misma hora para no crear un hábito. Y después de esto, seguro que te olvidarás hasta comprar lo justo unos días antes de navidad. Otra opción es tener una caja de bombones pero cerrada, pues solo la barrera de tener que abrirla te contendrá para reservarla. Aunque para qué tener que contenerte si puedes no tenerlo en casa y tener la mente en calma. Otra opción es irse a dormir a las 22.00. Otra opción es no ver la tele, los anuncios a esa hora te bombardean a dulces y es normal que te entren ganas. Y otra opción es desarrollar una actividad emocional aprovechando que es un momento en el que tu cerebro emocional está en su apogeo. Por ejemplo crear arte pintando una lámina con acuarelas en la que los colores y formas expresen cómo te sientes. O por ejemplo crear un espacio de calidad para expresar tus emociones mediante conversaciones con otra persona. Sacar partido de alguna manera a ese potencial emocional que aflora en ese momento del día, en lugar de demonizarlo y luchar contra él.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN C.

Cuando menos dejes para pensar por la noche mejor. Por todo lo que te he contado anteriormente, ya sabes que por la noche ya no pensamos racionalmente con claridad. Las decisiones racionales se toman antes. Hay que anticiparse a ese momento y ponérselo fácil.

Como dejes la decisión para última hora teniendo delante la opción de una pizza lista para calentar o tener que cocinar una crema de verduras, eliges fijo primera. Si quieres tomar crema de verdura por la noche, tenla hecha y a la vista. Y no tengas disponible lo que no quieras hacer.

Ten brotes verdes listos para usar en lugar de una lechuga entera para tener que enredarte a lavarla y trocearla. Y ten cuatro recetas de ensaladas que te encanten anotadas en la nevera para tener claridad.

Automatiza, deja tomadas las decisiones y póntelo fácil.

En cuanto al tema del cumpleaños, lee atenta lo que voy a decirte. Sáltate la dieta, pero sáltatela sin ansia porque no será la última vez que te la saltes. Hacer las cosas como si fuera la última vez hace que las vivamos con ansia y no las disfrutemos. Si te preguntas qué es lo que te apetece justo en el cumpleaños y sabiendo qué habrá otras muchas ocasiones, comerás un trozo de tarta y ni si quieras comerás los bocadillos de paté porque tú eres más de dulce que de salado. O viceversa. Pero al pensar ahora o nunca porque el lunes empiezo o porque ya que la he liado toda la semana sin cenar verdura de perdidos al río ya empiezo la semana que viene, comerás el doble o el triple. Así que relájate y disfruta. Comer socialmente es una manera de relacionarse y de empatizar con los demás. No te lo niegues. Pero no comas sin criterio, elige lo que realmente quieras en ese momento y te merezca la pena. Y no comas por compromiso, comunica asertivamente lo que no quieres.

Si quieres leer más sobre cómo gestionar comidas sociales, puedes pinchar en el siguiente artículo que escribí hace unos meses: 4 tips para comer en esa boda, en esas vacaciones y esa cena.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN D.

Lo que pasa es que haces la lista de la compra con un cerebro y compras con otro. Haces la lista de la compra con tu cerebro racional y cuando vas al supermercado, a no ser que lleves las cosas muy claras, los estímulos allí presentes hacen que tu cerebro emocional coja el mando y compres cosas que no estaban en la lista. Que si cojo esto porque me lo merezco; que si esto porque que injusto que otros lo coman y no engorden; que si esto porque es placer adulto; que si esto porque es integral, sin azúcar y cero por cien materia grasa (y eso para tu inconsciente es sinónimo de adelgazar o salud). La clave está en los estímulos. Son los estímulos los que hacen coger el mando a tu cerebro emocional, así que la solución es evitar esos estímulos. Ponen los productos que quieren que compres estratégicamente en el pasillo de paso obligado hasta la zona de las frutas; y los ponen en la balda de la estantería que coincide con la altura de tus ojos; y por si fuera poco y si venciste todas las tentaciones anteriores, tienen una última oportunidad de convencerte justo con lo que te ofrecen justo delante de la caja registradora. Por tanto, una solución es comprar por internet haciendo caso omiso a todos los anuncios que te salen, otra solución es comprar en el mercadillo y otra solución es taparse los ojos hasta llegar al fondo de Carrefour que es dónde se encuentran las secciones de alimentos naturales.

Otras dos opciones son: Una que compres primero todo lo planificado y luego conscientemente te permitas comprar algún capricho emocionalmente sin que esto supere el 20% de tu carro de la compra. Otra es que cuando tengas un impulso de meter algo en la cesta de la que no estuviese en tu lista, pienses: luego vuelvo a pasar por aquí. Y te vayas a por las cosas de tu lista. Esto es por lo que te dije de que una emoción es como una ola que sube fuerte y luego se va. Quizás cuando vuelvas frente al producto la emoción ya no esté y ese espacio haya dado lugar a poder pensarlo racionalmente. Es como lo de la ropa. Si sientes un impulso de comprar algo, no lo hagas. Vuelve mañana. Y si en casa sigues pensando racionalmente que te conviene, cuando la emoción de compra impulsiva se haya ido, mañana vas y lo compras. Así sabrías que no es una compra emocional. Ahora esto ya es complicado con las compras online a un solo clic, pero para que lo entiendas.

Quiero dejarte claro que en ninguna de las cuatro situaciones se trata de no tener fuerza de voluntad. Solo era que no conocías suficiente a tu cerebro, ni a ti misma. Solo eran problemas de logística. Solo era que estabas enfocada en el problema y no en la solución.

Si necesitas ayuda con este tema, puede escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar conmigo tus sesiones online y que trabajemos tu caso concreto.

Te mando un ramo de rosas.

Eva.

Share this post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Esta web utiliza cookies propias con finalidad funcional y de terceros para realizar tareas de análisis. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información en la Política de Cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies