Para qué aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado. Y olor a primavera.

Para qué aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado. Y olor a primavera.

Aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado, para:

Para abrir la mente. Para que se formen nuevas conexiones neuronales en tu mente. Para que dejen de activarse antiguas conexiones neuronales en tu mente. Para abrir la puerta a infinidad de posibilidades.

Para que te relaciones de manera diferente con la alimentación. Para que estés tranquila.

Para que los alimentos sanos que se suelen usar como castigo y que suelen asociarse a dieta restrictiva de adelgazamiento se relacionen también con momentos excepcionales y distendidos y se deje de sentir displacer por ellos.

Para que los alimentos que solemos usar como premio y que suelen prohibirse cuando se piensa en adelgazar se relacionen también con momentos cotidianos y se deje de sentir ansia por ellos.

Para experimentar que lo nutritivo puede ser placentero. Para experimentar que el permiso genuino de lo no tan nutritivo puede darte la paz que necesitas para no estar pensando continuamente en ello y para no darte atracones de ello cuando lo tengas delante simplemente por tener libertad de hacerlo en cualquier otro momento. Para experimentar que lo sano puede ser igual a delicia y disfrute. Para experimentar que lo insano puede disfrutarse sin culpa.

Para tu bienestar físico y mental.

Tenemos muy instaurado el entre semana como sano y el fin de semana me doy mis caprichos o el entre semana lo hago bien y el fin de semana me premio por haber estado toda la semana haciéndolo bien.

Tenemos muy instaurado el comer ensalada de brotes verdes para compensar, para adelgazar pasando hambre o sentir displacer al hacerlo.  

Tenemos muy asociada el chocolate a pecado que tiene que ir seguido de un castigo, a ocasiones especiales, y placer con la comida. Aunque sería un falso placer porque si mientras lo comes estás pensando que no deberías o ha sido un visto y no visto de lo rápido que te lo has comido, no es auténtico placer.

Lamentablemente, esto es la norma y no la excepción. Y esto, tiene consecuencias:

Asociaciones negativas con alimentos nutritivos.

Falta de disfrute de los alimentos naturales y que supuestamente debes comer por obligación para estar sana y para adelgazar.

Ansia por comer en general.

Ansia por determinados alimentos en particular.

Sentimiento de culpa cuando comas productos alimentarios que supuestamente no deberías porque son insanos y engordan.

Pero,

TE VOY A CONTAR UNA HISTORIA REAL Y TE VOY A PROPONER UN EJERCICIO PARA QUE LO PONGAS EN PRÁCTICA Y CREES ASÍ NUEVAS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES QUE TE HAGAS DESHACERTE DE ESA RIGIDAD Y DE TODAS ESTAS CONSECUENCIAS.

HISTORIA REAL:

Mi ahijada tiene casi tres años. Tiene una sudadera rosa que le encanta. La sudadera está llena de dibujos en forma de fresas bien rojas. Quizás por eso, cuando ve fresas de verdad se pone muy contenta gritando: ¡fresas, fresas! Y corre a coger una fresa para comérsela a bocaditos. Como a todos los niños le gustan mucho las sorpresas. Y cómo no, el huevo kínder sorpresa. Era martes. Fui a visitarla a su casa y le llevé un detalle. Era una bolsa que contenía otra bolsa llena de fresas rojas y gordas de las que se meten por los ojos y un huevo kínder. La niña la abrió y lo primero que vio fue las fresas, se puso a saltar loca de contenta ¡Fresas, fresas! dijo. ¿Te gustan las fresas? le dije. Si, me dijo.  Inmediatamente después vio el huevo kínder y una sonrisa de oreja a oreja volvió a aparecer en su boca. ¿Te gusta el huevo kínder? Le dije. Si, me dijo.  No tardó en abrirlo y comérselo rechupeteándose y llenándose la boca de chocolate. Cuando lo terminó cogió una fresa y le dio algunos bocados hasta que dijo, ya no quiero más fresa. Esa es la historia.

Le ofrecí un alimento saludable y que sé que le gusta como normalmente hago cuando voy a verla. En este caso fresas pero las uvas y el plátano son sus otros dos preferidos.

Le ofrecí un alimento insano un día cualquiera sin más. Habrá otro día cualquiera sin más.

Mantuve la relación positiva que tenía con la fresas sin coaccionarla a comérsela primero que el huevo kínder y hacerle sentir que fuesen un castigo.

Mantuve la relación positiva que tenía con las fresas sin obligarle a terminársela y crear reactancia.

La expuse casualmente, con normalidad y sin condiciones a un alimento insano. Y dejé que lo disfrutara tranquilamente. Existen. Nos gustan. Es una realidad.

Quiero que aprenda a relacionarse con lo bueno desde el disfrute y con lo no tan bueno pero que existe en la vida real y que ha todos nos gusta también desde el disfrute. Que no los viva con ansia.

Se trata de enseñarle a relacionarse con los alimentos sañosa< e insanos. No de evitar que se exponga a los insanos. Porque se encontrará con ellos y los vivirá con ansia. Evidentemente voy a ofrecerle alimentos sanos con mayor frecuencia porque son los que la niña necesita para estar bien nutrida pero no haré que el huevo kínder sea tabú, no haré como que no existe porque existe.

Lo que no sería una buena opción sería:

Si te portas bien te compro un huevo kínder. Si te terminas el puré de frutas te compro un huevo kínder. Esta niña no come pues un huevo kínder todo los días para que coma aunque sea algo. Si solo hay fresas y no quiere comer fresas que no coma fresas. No comprarle el huevo kínder nunca porque es una niña regordita. Solo ofrecer fresas porque esta casa es un entorno super saludable para que en el cumpleaños de su amiga quisiera comerse todos los huevo kinders con ansia porque eso en su casa no entra. O que con lo que le gustan las fresas hubiese terminado odiándolas por obligarle a teminarselas. O que las hubiese acabado viendo como un castigo si le digo que se comas las fresas que son nutritivas y que luego se coma el huevo kínder.

Mañana le ofreceré un plátano que le encanta. Y pasado unas uvas que también le encanta. Y tras pasado unas fresas para que vuelva a bailar. Y cuando menos se lo espere por que sí sin más le ofreceré unas natillas de chocolate.

EJERCICIO PARA PONER EN PRÁCTICA:

Lo normal es que si estás leyendo este blog no hayas crecido con ese tipo de aprendizajes, sino con los que te comentaba al principio del artículo. Los aprendizajes de la infancia y los que nos han acompañado durante muchos años son difíciles de borrar, son muy resistentes. Pero si en algún momento de tu vida sientes que te están limitando se puede disminuir su conexión y crear nuevas vías neuronales de aprendizaje. Y eso es lo que quiero que hagas tú.

Para ello te voy a hacerte una propuesta. La esencia de este aprendizaje es la misma de lo que quise enseñarle a Lara. La misma.

Que vivas la experiencia de comer pastel siete chocolates un lunes para merendar. Quizás alguna vez lo has hecho porque no has podido resistir la tentación de comerte el pastel que sobró del domingo. Y luego te sentiste mal porque no se cumplió lo del lunes empiezo. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas desde el mero placer de hacerlo. Por nada en especial. Sin consecuencias. Que te des cuenta que no te va engordar ese hecho concreto. Seguro que este artículo te ayuda a vivir esa experiencia de manera mucho más intensa.

Por cierto, he dicho tarta de chocolate pero puede ser cualquier otra cosa que supuestamente sea de fin de semana para ti. Se me ocurre cenar unos trozos de pizza un martes o cenar unas palomitas viendo una peli un miércoles. O unas croquetas. Pero tú decides, piensa con qué te vendría bien hacerlo.

En el artículo del mes de mayo te enseñare a integrar lo insano en una línea base sana sin consecuencias físicas ni mentales. Aunque te puedo adelantar que por ejemplo en el caso de merendar el pastel siete chocolate con grasa de palma el lunes a la hora de la cena escucharía mis sensaciones corporales y probablemente me pidiesen que bebiera agua y cenara frugal. Y ya mañana sería otro día.

Que vivas la experiencia de comer ensalada de brotes verdes un sábado para cenar. Quizás alguna vez lo has hecho cuando no te permitías saltarte la dieta porque estabas en algún periodo de dieta estricta o porque estabas en un periodo de estancamiento y tenías que hacer cualquier cosa para bajar, hasta sacrificar un sábado. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas por que sí. Simplemente por eso. Quien dice una ensalada dice unos espárragos verdes y unas cebollas a la plancha. O unas judías verdes salteadas con ajo. Siéntate en la mesa del salón. Con un plato especial. Con musiquita. Es sábado y estás descansando. Es un día distendido. Elige algo sano que te guste y que normalmente asocias a dieta. Que sea minimalista, tres o cuatro ingredientes. Elige tu ensalada favorita de aquel restaurante que pediste para centro de mesa, pero ahora sin acompañamiento, céntrate en ella y disfrútala. Digo ensalada porque está muy asociada a que no puede ser sin más. Que deje de ser un complemento. Y que deje de ser alguien a quien vamos a rendir cuentas cuando la comimos y no adelgazamos. Simplemente disfrútala. Brotes verdes, pera a la plancha, anacardos y vinagre de Módena. Esa es mi idea.

Disfruta esas nuevas experiencias.

Nota que se siente. Nota que se piensa.

Y olor a primavera.

Atentamente,

Eva.

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