Author - Eva Altagracia

Te digo cómo integrar lo insano en una línea base sana sin engordar y sin remordimientos. Y disfruta de verano.

Se acerca el verano y con él infinidad de ocasiones para pasarse o para saltarse la dieta. O el estilo de vida saludable. Llámalo como quieras. E independientemente de esto, en todas las estaciones del año a todos nos gusta pecar o dejar a un lado nuestra alimentación sana. Llámalo como quieras. Aunque nos encante llevar una alimentación sana.

Además, a nadie nos gustan las consecuencias físicas que pueda tener esto. El consumir cosas insanas. El guarreteo. Como por ejemplo la resaca que sentiremos si se trata de un episodio puntual o la inflamación y grasa localizada si son episodios frecuentes.

De todas formas, te recomiendo hacerlo. Te recomiendo saltarte la dieta. Porque es bueno para tu salud mental. Descargar la tensión de vez en cuando sin dejar acumular demasiada y vivir en distensión.

Y te daré las claves para hacerlo de manera inteligente. Para encontrar ese punto de equilibrio en el que no dañes ni tu salud física, ni tu salud mental.

Y todos contentos.

Así que en este mes de mayo voy a enseñarte a integrar los alimentos insanos que tanto te gustan en tu alimentación sin que por ello, en su conjunto, deje de ser sana. Voy a enseñarte mediante ejemplos concretos la manera de introducir esos alimentos insanos de los que no quieres prescindir. De los que no estas dispuesta a prescindir por tu salud mental y por el placer tan intenso que estos provocan.

Y quiero enseñarte a hacerlo porque quiero que dejes de sentir la culpa que llega tras comerlos y que dejes de sentir la lucha de lo como o no lo como o quiero pero no puedo o debo. También quiero que dejes de experimentar el me los prohíbo porque no debo hasta que exploto y como lo que sea sin mesura. O que dejes de experimentar el me desborda el deseo y me pongo hasta atrás debido a un periodo de represión. Quiero que vivas con tranquilidad el no comerlo y el comerlo. Y para ello hay que considerar estos alimentos insanos como una posibilidad y experimentar esa posibilidad sin que abarque la mayor parte de tu alimentación. Con toquecitos de comida insana. Si abarcara la mayor parte de tu alimentación te resentirías físicamente tanto a corto como a largo plazo. Sensación de saturación y pesadez abdominal, inflamación, falta de energía…. Esto a corto plazo, a largo plazo ni te cuento. Pero si intentas no comerlos nunca para no perjudicarte físicamente por todo esto que digo o simplemente porque engordan, acabarás comiéndolos en mayor cantidad y frecuencia por un fenómeno psicológico que se conoce como reactancia y te perjudicarás más y engordarás más. Prohibirse es contraproducente. La reactancia es no puedes hacerlo, pues por mis narices lo hago.

Quiero enseñarte a romper este patrón y a integrarlos en tu alimentación para que las consecuencias negativas se disuelvan y para que paradójicamente la posibilidad de hacerlo te haga hacerlo con menos frecuencia y en menos cantidad sin darte ni cuenta. Y para que dejes de comerlo deprisa, con ansia y con culpa.  Y al menos, que merezca la pena y los disfrutes.

A todos nos gusta sentirnos ligeros y sin la pesadez que nos da desmadrarnos comiendo de guarreteo a todas horas y sin filtro. Por eso quiero enseñarte esto, para que deleites con placer a tu mente sin hacer sufrir a tu cuerpo.

Quiero que aprendas a vivir con ellos porque es imposible aislarse de ellos. No quiero que te asfixies. Para ello voy a compartirte ejemplos de situaciones reales muy concretas. Te hablaré de una serie de ejemplos muy comunes que me encuentro mucho pero se podría hablar de integrar cualquier cosa. Pero hay que hacerlo de manera inteligente. Integrar es: no tendrás consecuencia físicas y no te sentirás a dieta. Incluso podrías adelgazar si es que eso es lo que quieres o lo que te conviene.

Vamos a ello:

Bollería para desayunar.

El otro día fui a una cafetería donde me gusta ir a leer y me comí un croissant recién hecho acompañado de un café con leche. Me supo a gloria. Esto es una manera de mimarse. Miré las posibilidades que había y pensé si alguna merecía la pena. Esa es la que elegí. Tenía antojo de croissant hace tiempo. Esto me lo dijo la semana pasada una de las chicas que realiza sesiones personalizadas. No todas las mañanas voy a la cafetería. Además, me dijo: Si no me hubiese gustado nada, no hubiese cogido nada. Me he dado cuenta que para satisfacer un antojo solo vale comer eso concreto que tienes de antojo. Si hubiese comido una napolitana de crema no hubiera satisfecho mi antojo y seguiría con él. No hubiese merecido la pena tomar la napolitana de crema. Hubiese disfrutado de un café solo y en cualquier otro momento que hubiese tenido la oportunidad hubiese comido el croissant. También me dijo: antes de haber tenido estas conversaciones de psicoalimentación contigo me hubiese comido la napolitana con ansia sin pensarlo dos veces y sin preguntarme si era lo que quería. Y con remordimientos. Además, luego hubiese estado todo el día ansiosa picoteando hasta acabar buscando por todas las tiendas un croissant hasta encontrarlo. Hoy lo vivo con calma, ya se dará el momento.

Todas las opciones insanas son malas para el cuerpo. Así que, ¿Hay alguna que me merezca la pena en este momento? Si es que sí la elijo. Si es que no, la rechazo.

Y el resto del día pues lo vivirás con calma y sin pensar en compensar o dejar de compensar. Al final aunque por supuesto en nutrientes no es lo mismo ni por asomo, en kilocalorías probablemente sea lo mismo que un yogurt super sano con avena y almendras. También te digo que probablemente el café y el croissant que será bastante refinado tendrían una digestión mucho más rápida y quizás te entrara hambre antes que con la proteína y fibra de la opción nutritiva. O quizás no porque la psicología es muy poderosa y mentalmente te habrás nutrido con la opción excepcional del croissant. Mañana será otro día.

Además a la hora de comer un antojo insano por ejemplo el croissant que comió esta chica, es muy importante que conozcas una sensación que puede aparecer y que es muy normal. Quizás cuando acabes el último bocado pienses: me comería otro. Pero esa sensación se va en un momento. Aunque te comieras otro y otro y otro, al final tendrías que acabar lidiando con esa sensación y después de cuatro ya si tendríamos que asumir otras consecuencias negativas. El me comería otro es normal. Tranquila, te comerás otro en otro momento. Solo es la sensación adictiva que provoca el azúcar.

Hablando de antojos, tengo que decirte que aunque sea un antojo de algo sano solo se satisface con eso concreto que tienes en la mente, cuanto antes lo hagas mejor. Es lo que ocurre por ejemplo cuando te tocan judías verdes porque es lo que pone en la dieta pero tú lo que quieres ese día son alcachofas. Por muchas judías verdes que comieras nunca estarías satisfecha y tendrías la sensación de represión ya que ha sido algo impuesto y no elegido. Es uno de los contras de tener un Plan preestablecido y no ir improvisando según apetencia.

Pasta con nata para comer.

Te contaré una manera de integrarla.

Imagina un día así: 1 par de albaricoques para desayunar, pasta con nata y nuez moscada para comer, unos pistachos con un par de onzas de chocolate negro para merendar y un plato de ensalada de brotes de espinacas con kiwi, fresas, aguacate, pipas de calabaza, pipas de girasol, semillas de sésamo aliñada con vinagre de Módena y aceite de oliva. Imagina un día así pensando que es perfecto disfrutar de un plato de pasta con nata sin que haya ninguna consecuencia negativa para tu cuerpo por lo bien integrado que está y con la tranquilidad de la mente porque puede permitirse ese placer sin remordimientos y sin culpa. Y observando que el peso está encaminado. Porque señoritas y señoras, no puedo dejar de hablar del peso cuando es lo que os trae por la calle de la amargura. Que no es lo más importante, no. Que es importante, si. Y no podemos hacer que la palabra peso se vuelva tabú. Simplemente hay que tratarla como una palabra más. Sin darle de más de importancia. Sin darle de menso de importancia.

Este día es un día real de la alimentación de una de las chicas que hace sesiones conmigo. Le encanta la pasta y a la vez tiene miedo de engordar por comer pasta. Ella misma me dijo un día: me he dado cuenta que comer pasta un día no convierte la alimentación de ese día en insana y me he dado cuenta que incluirla no hace que engorde o deje de engordar.

Pero imagina comer pasta pensando que la tienes prohibida. Imagina cuánta cantidad comerías, probablemente un plato gigante hasta sentirte incómodamente llena porque después a saber cuando supuestamente volverás. Y como lo comerás, probablemente muy rápido, con ansia, como si no hubiera un mañana y como si te lo fueran a quitar del plato. También imagina que pasarás el resto del día angustiada pensando que has hecho algo que no debiste hacer. E imagina qué comerás el resto del día teniendo que soportar pensamientos del tipo: ya de perdidos al río o el lunes empiezo que te harán comer mucho y mal el resto del día sin disfrutar. Quizás como un castigo inconsciente enmascarado como hedonismo o necesidad de placer inmediato para evitar sentir dolor emocional y que acentúa ese dolor emocional. Esto es lo que no puedo puede ser. Por eso quiero que te grabes en la mente la palabra INTEGRAR. Y es un arte que hay que aprender.

Sin entrar en si la pasta o la nata son sanas o no. Pero es lo que comúnmente se piensa porque se ha repetido hasta la saciedad. Lo primero que se ha quitado siempre en una dieta es la pasta, el pan, el arroz, la patata porque son hidratos de carbono y los hidratos de carbono engordan y son malos. Otra de las cosas que se ha hecho siempre cuando querías estar a dieta era pasar de lácteos con nata a lácteos sin nada. Así que la nata engorda y es mala. Pero esto, es muy simplista. CONOCIMIENTO Y EXPANDIR LA MENTE ES LO QUE SE NECESITA.

Chocolate después de comer.

Decimos que somos animales de costumbres. Y la persona que siempre come un trozo de chocolate después de comer tiene una costumbre. Simplemente una costumbre, un hábito. Si tienes días duros mentalmente y te recarga ese pequeño placer para soportar el resto del día, perfecto. Lo haría con chocolate negro de 90%. Además de que no aporta azúcar ni es adictivo para que en vez de una onza quieras otra y otra, te aportará vitaminas y minerales. Tampoco tendrías la ansiedad por comerte una tableta porque ya lo comes todos los días. Incluso si algún tuviera las ganas de comerme una tableta de chocolate entera, lo que haría sería comérmela directamente y ahorrarme la comida. Es decir no comería ese día. El chocolate sería mi comida y quedaría bien satisfecha. 

Café con algo dulce para merendar.

Parece que no existe más allá de esto. Nuestra mente tiene visión túnel. Y cuando digo esto la gente se me pone a la defensiva. Porque piensan que quiero quitarles su libertad. Y cada uno es libre de hacerlo o no. A mí me da exactamente igual. Es perfecto si lo haces. Pero si tienes que hacerlo si o si no eres libre. La libertad reside en poder hacerlo y poder no hacerlo.

En el caso de elegir hacerlo desde la verdadera libertad, elige el dulce que quieras y no el que debieras. Y el café con o sin azúcar. Según.

En el caso de elegir hacerlo cada día y decidir tomarlo como hábito, elige experimentar el sabor del café. Si lo quieres siempre con azúcar no te gusta el café, te gusta el azúcar. Eres adicta al azúcar. Para ser libre un día tienes que tomar café con azúcar y ser consciente de que sabe a azúcar. Para ser libre tienes que poder tomar café sin azúcar o simplemente no tomarlo si no te gusta. De todas formas te digo, que el café solo te gustará. El paladar le coge el gusto. Se habitúa.

Por otro lado, el tema de algo dulce. En el caso de elegir hacerlo cada día y tomarlo como hábito yo aprovecharía para que ese algo dulce fuese nutritivo. Para que me aportara nutricionalmente. Por ejemplo dátiles con almendras. O higos secos con nueces. O pistachos con yogurt de chocolate. O bizcocho de plátano con copos de avena integral. Haz un bizcocho y pártelo en siete trozos. Ten la tranquilidad de que comerás uno cada día y la satisfacción de que te estarás nutriendo al mismo tiempo.

Pero por supuesto si el día que voy a la comprar veo algo insano que me entra por el ojo, me lo compro y me lo como ese mismo día. Pero no me compro una docena para tener la lucha en casa cada tarde de me lo como o no me lo como. Tengo la posibilidad. Experimento la posibilidad. Pero no tengo disponibilidad. Me lo pongo fácil.

Otra cosa muy importante es: POR LA TARDE SE PUEDE MERENDAR PERO LA TARDE NO PUEDE SER MERENDAR. Se lleva mucho merendar para matar el aburrimiento o merendar para espabilarse de la siesta o merendar para sobrellevar mentalmente la tarde. Y esto ya hay que tratarlo de manera más profunda.

Las rutinas son muy potentes, vamos a crear rutinas que nos aporten y no dejar espacio para lo que no nos aporte sin centrarnos en esto último que es lo que nos hace estar pendientes de ello y obsesionarnos. Por ejemplo voy a crear la rutina de descargar mi ira con mis guantes en el saco de boxeo durante diez minutos todas las tardes, luego me daré una ducha templada y acabaré dando un masaje con crema hidratante en mis piernas. Esto no dará espacio a otras cosas. Además te hará dormir mejor. Por la tarde hay que incluir cosas que nos hagan dormir mejor.

Pizza para cenar.

Los viernes son de pizza. O de pedir comida a casa. O de cenar con amigos o familia. Yo ese día me reservaría para la cena. No llegaría saturada de comer ya durante el día. Y no se trata de no poder comer nada durante el día para poder pasarse por la noche, se trata de elegir comer frugal durante el día para dar espacio a algo que hará trabajar más a mi cuerpo. Imagina desayunar un café solo y comer un gazpacho de remolacha con pipas de girasol. La cena te sentará fenomenal, tanto al cuerpo como a la mente. Y la disfrutarás. Tan tranquilamente y sabrás parar cuando tu estómago este lleno si no quieres dejar hueco para el postre o cuando esté casi lleno si quieres dejar hueco para el postre. Imagina desayunar un par de croissants con mantequilla y mermelada, café, zumo y luego comer pasta con nata y luego chocolate y luego café con un dulce y luego la pizza con ansia porque no debo pero quiero y saturando a tu cuerpo porque tampoco hay hambre física y después sentirte mal y comerte un helado de postre notando como tu barriga va a reventar porque ya que más da y tras un par de horas unas galletas con leche porque me siento fatal conmigo misma y ya el lunes de verdad empiezo a cuidarme pero hoy ya me las como no sé si por castigo o por sobrellevar esta amargura que me provoca el sentimiento de culpa. Qué diferente a esto es integrar la pizza.

Otro error es elegir comer algo sano en lugar de la pizza con todos. Y comer mucho solo porque sea sano. Al final sería lo mismo energéticamente comer menos y con todos. Y no te sentirías discriminada.

Helado después de cenar.

Menos es más.

Esto es lo que pienso.

Prefiero comprarme un magnum de calidad y comérmelo el día que quiera que comprarme una caja de marca blanca con seis imitaciones de magnum y comerme una cada día. Te digo por qué:

El placer de comer algo que hace mucho que no comes. Eso no se vive si se hace cada día. Solo lo disfrutarás si es excepcional. Si lo haces demasiado común dejarás de sentir placer por ello, te habituarás a las sensaciones y perderán su potencia e intensidad.

Y ya que estamos exquisitos, que sea de calidad para disfrutarlo aún más. Para comerme un polo mediocre no me lo como. A mí al menos, no me merece la pena.

Y otra cosa, es tener opciones sanas a mano para comer diariamente:

UVAS CONGELADAS.

FRUTOS ROJOS CONGELADOS.

Por su cantidad de azúcar, naturalmente presente, no congelarán del todo y estarán listos para añadir a yogures o comer tal cual un puñado como postre.

Otras opciones pueden ser:

Cubitos helados de diferentes batidos.

Cubitos helados de yogurt.

Cuidado con las versiones healthy:

Pros: Nos aportan nutrientes necesarios y nos hacen comer alimentos sanos de manera diferente.

Contras: A veces se come mucha cantidad pensando que porque es sano no pasa nada y acabamos saturando a nuestro cuerpo igualmente. Además si se hace con el único fin de evitar la tentación insana porque no puedes permitírtela, te sentirás reprimida y acabarás pecando para recuperar tu libertad.

Estoy a favor si: Son otra opción más totalmente independiente y no sustituyen a la opción insana.

Estoy en contra si: Se hace para evitar comer lo insano.

Para lo insano, días seguidos a todas horas del día. Eso es lo peligroso. Para lo insano, nunca es peligroso. Porque termina en el extremo del siempre.

Galletas con leche antes de dormir.

No vivas el día pensando que llegará la noche y no podrás dormir tranquila o irte a dormir tranquila sin comer galletas con leche.

A veces la vida es muy jodida. Y la noche provoca pánico y vacío. La noche es silencio. Es enfrentarse a los sueños y por tanto al inconsciente y a todo lo que te preocupa. Y querer tener un recurso fácil como es un suspiro de comer emocional para soportarlo es normal. No luches, será solo una temporada.

Podemos hacerlo un hábito elegido y premeditado. Saber que cada día tendrás un par de galletas con medio vasito de leche de dará tranquilidad. Hoy dos, mañana otras dos, pasado otras dos. El día que lo desees, otras dos. Esto hará que no se produzca la situación de solo una y luego otra y luego otra y ya el paquete porque a partir de mañana ninguna. Y mañana más de lo mismo. Notando la inflamación, saturación y nivel de energía física y mental a cero cuando te despiertes. Estarás cansada. El atracón de galletas con leche te habrá chupado la energía.

Además quizás si cenaste a las nueve de la noche y ahora es la una de la madrugada también tendrás hambre física y no solo será emocional.

En este caso de elegir que sea un hábito diario, optaría por unas galletas de calidad nutricional. Las hay. De ser una cosa puntual, no importaría tanto la calidad.

Otra opción es hacer asociaciones emocionales con un alimento sano para que este también te calme, pero eso ya no sería integrar.

CON ESTO FINALIZO CON LOS EJEMPLOS.

SOLO DECIR:

Lo importante es que tu cuerpo tenga todos los nutrientes que necesita y funcione correctamente tanto en un momento en el que quieres bajar de peso como en un momento en que no quieres bajar de peso. Cuando nos centramos en introducir lo que necesitamos nutricionalmente para funcionar correctamente no queda mucho espacio para lo que no necesitamos nutricionalmente. Considero que es bueno que quede poco espacio y considero que es beneficioso llenar ese espacio reducido con alimentos que nos llenan psicológicamente o socialmente pero que no nos aportan nada nutricionalmente porque esto sería sano para la mente. Además, al ser un espacio reducido no perjudicaría tu salud física o no impediría que bajaras de peso si es que lo deseas. Lo que si te perjudica física y mentalmente es vagar de un extremo a otro sin ninguna sensación de control personal. Y ESTA ES LA PRINCIPAL CONSECUENCIA DE LA PROHIBICIÓN Y REPRESIÓN. TAMBIÉN HAY QUE COMER COSAS MALAS.

Por eso,

INTEGRA.

Por eso,

SOLO SI MERECE LA PENA.

ALGO INSANO NO HACE QUE LA ALIMENTACIÓN DE ESE DÍA SEA INSANA.

SI LO HACES COSTUMBRE ELIGE LA VERSIÓN NUTRITIVA.

QUE PRIME LA CALIDAD A LA CANTIDAD.

POSIBILIDAD PERO NO DISPONIBILIDAD.

RESERVARSE PARA COMER ESO.

PARA QUE ALGO NOS SEPA EXCEPCIONAL TIENE QUE SER EXCEPCIONAL.

RECENA PREMEDITADAMENTE SI ASÍ LO NECESITAS.

Por eso,

INTEGRA.

INTEGRAR ES QUE LO INSANO SEA LA FIGURA Y NO EL FONDO. QUE LO SANO SEA EL FONDO Y NO LA FIGURA.

Y DISFRUTA DE VERANO.

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Para qué aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado. Y olor a primavera.

Aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado, para:

Para abrir la mente. Para que se formen nuevas conexiones neuronales en tu mente. Para que dejen de activarse antiguas conexiones neuronales en tu mente. Para abrir la puerta a infinidad de posibilidades.

Para que te relaciones de manera diferente con la alimentación. Para que estés tranquila.

Para que los alimentos sanos que se suelen usar como castigo y que suelen asociarse a dieta restrictiva de adelgazamiento se relacionen también con momentos excepcionales y distendidos y se deje de sentir displacer por ellos.

Para que los alimentos que solemos usar como premio y que suelen prohibirse cuando se piensa en adelgazar se relacionen también con momentos cotidianos y se deje de sentir ansia por ellos.

Para experimentar que lo nutritivo puede ser placentero. Para experimentar que el permiso genuino de lo no tan nutritivo puede darte la paz que necesitas para no estar pensando continuamente en ello y para no darte atracones de ello cuando lo tengas delante simplemente por tener libertad de hacerlo en cualquier otro momento. Para experimentar que lo sano puede ser igual a delicia y disfrute. Para experimentar que lo insano puede disfrutarse sin culpa.

Para tu bienestar físico y mental.

Tenemos muy instaurado el entre semana como sano y el fin de semana me doy mis caprichos o el entre semana lo hago bien y el fin de semana me premio por haber estado toda la semana haciéndolo bien.

Tenemos muy instaurado el comer ensalada de brotes verdes para compensar, para adelgazar pasando hambre o sentir displacer al hacerlo.  

Tenemos muy asociada el chocolate a pecado que tiene que ir seguido de un castigo, a ocasiones especiales, y placer con la comida. Aunque sería un falso placer porque si mientras lo comes estás pensando que no deberías o ha sido un visto y no visto de lo rápido que te lo has comido, no es auténtico placer.

Lamentablemente, esto es la norma y no la excepción. Y esto, tiene consecuencias:

Asociaciones negativas con alimentos nutritivos.

Falta de disfrute de los alimentos naturales y que supuestamente debes comer por obligación para estar sana y para adelgazar.

Ansia por comer en general.

Ansia por determinados alimentos en particular.

Sentimiento de culpa cuando comas productos alimentarios que supuestamente no deberías porque son insanos y engordan.

Pero,

TE VOY A CONTAR UNA HISTORIA REAL Y TE VOY A PROPONER UN EJERCICIO PARA QUE LO PONGAS EN PRÁCTICA Y CREES ASÍ NUEVAS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES QUE TE HAGAS DESHACERTE DE ESA RIGIDAD Y DE TODAS ESTAS CONSECUENCIAS.

HISTORIA REAL:

Mi ahijada tiene casi tres años. Tiene una sudadera rosa que le encanta. La sudadera está llena de dibujos en forma de fresas bien rojas. Quizás por eso, cuando ve fresas de verdad se pone muy contenta gritando: ¡fresas, fresas! Y corre a coger una fresa para comérsela a bocaditos. Como a todos los niños le gustan mucho las sorpresas. Y cómo no, el huevo kínder sorpresa. Era martes. Fui a visitarla a su casa y le llevé un detalle. Era una bolsa que contenía otra bolsa llena de fresas rojas y gordas de las que se meten por los ojos y un huevo kínder. La niña la abrió y lo primero que vio fue las fresas, se puso a saltar loca de contenta ¡Fresas, fresas! dijo. ¿Te gustan las fresas? le dije. Si, me dijo.  Inmediatamente después vio el huevo kínder y una sonrisa de oreja a oreja volvió a aparecer en su boca. ¿Te gusta el huevo kínder? Le dije. Si, me dijo.  No tardó en abrirlo y comérselo rechupeteándose y llenándose la boca de chocolate. Cuando lo terminó cogió una fresa y le dio algunos bocados hasta que dijo, ya no quiero más fresa. Esa es la historia.

Le ofrecí un alimento saludable y que sé que le gusta como normalmente hago cuando voy a verla. En este caso fresas pero las uvas y el plátano son sus otros dos preferidos.

Le ofrecí un alimento insano un día cualquiera sin más. Habrá otro día cualquiera sin más.

Mantuve la relación positiva que tenía con la fresas sin coaccionarla a comérsela primero que el huevo kínder y hacerle sentir que fuesen un castigo.

Mantuve la relación positiva que tenía con las fresas sin obligarle a terminársela y crear reactancia.

La expuse casualmente, con normalidad y sin condiciones a un alimento insano. Y dejé que lo disfrutara tranquilamente. Existen. Nos gustan. Es una realidad.

Quiero que aprenda a relacionarse con lo bueno desde el disfrute y con lo no tan bueno pero que existe en la vida real y que ha todos nos gusta también desde el disfrute. Que no los viva con ansia.

Se trata de enseñarle a relacionarse con los alimentos sañosa< e insanos. No de evitar que se exponga a los insanos. Porque se encontrará con ellos y los vivirá con ansia. Evidentemente voy a ofrecerle alimentos sanos con mayor frecuencia porque son los que la niña necesita para estar bien nutrida pero no haré que el huevo kínder sea tabú, no haré como que no existe porque existe.

Lo que no sería una buena opción sería:

Si te portas bien te compro un huevo kínder. Si te terminas el puré de frutas te compro un huevo kínder. Esta niña no come pues un huevo kínder todo los días para que coma aunque sea algo. Si solo hay fresas y no quiere comer fresas que no coma fresas. No comprarle el huevo kínder nunca porque es una niña regordita. Solo ofrecer fresas porque esta casa es un entorno super saludable para que en el cumpleaños de su amiga quisiera comerse todos los huevo kinders con ansia porque eso en su casa no entra. O que con lo que le gustan las fresas hubiese terminado odiándolas por obligarle a teminarselas. O que las hubiese acabado viendo como un castigo si le digo que se comas las fresas que son nutritivas y que luego se coma el huevo kínder.

Mañana le ofreceré un plátano que le encanta. Y pasado unas uvas que también le encanta. Y tras pasado unas fresas para que vuelva a bailar. Y cuando menos se lo espere por que sí sin más le ofreceré unas natillas de chocolate.

EJERCICIO PARA PONER EN PRÁCTICA:

Lo normal es que si estás leyendo este blog no hayas crecido con ese tipo de aprendizajes, sino con los que te comentaba al principio del artículo. Los aprendizajes de la infancia y los que nos han acompañado durante muchos años son difíciles de borrar, son muy resistentes. Pero si en algún momento de tu vida sientes que te están limitando se puede disminuir su conexión y crear nuevas vías neuronales de aprendizaje. Y eso es lo que quiero que hagas tú.

Para ello te voy a hacerte una propuesta. La esencia de este aprendizaje es la misma de lo que quise enseñarle a Lara. La misma.

Que vivas la experiencia de comer pastel siete chocolates un lunes para merendar. Quizás alguna vez lo has hecho porque no has podido resistir la tentación de comerte el pastel que sobró del domingo. Y luego te sentiste mal porque no se cumplió lo del lunes empiezo. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas desde el mero placer de hacerlo. Por nada en especial. Sin consecuencias. Que te des cuenta que no te va engordar ese hecho concreto. Seguro que este artículo te ayuda a vivir esa experiencia de manera mucho más intensa.

Por cierto, he dicho tarta de chocolate pero puede ser cualquier otra cosa que supuestamente sea de fin de semana para ti. Se me ocurre cenar unos trozos de pizza un martes o cenar unas palomitas viendo una peli un miércoles. O unas croquetas. Pero tú decides, piensa con qué te vendría bien hacerlo.

En el artículo del mes de mayo te enseñare a integrar lo insano en una línea base sana sin consecuencias físicas ni mentales. Aunque te puedo adelantar que por ejemplo en el caso de merendar el pastel siete chocolate con grasa de palma el lunes a la hora de la cena escucharía mis sensaciones corporales y probablemente me pidiesen que bebiera agua y cenara frugal. Y ya mañana sería otro día.

Que vivas la experiencia de comer ensalada de brotes verdes un sábado para cenar. Quizás alguna vez lo has hecho cuando no te permitías saltarte la dieta porque estabas en algún periodo de dieta estricta o porque estabas en un periodo de estancamiento y tenías que hacer cualquier cosa para bajar, hasta sacrificar un sábado. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas por que sí. Simplemente por eso. Quien dice una ensalada dice unos espárragos verdes y unas cebollas a la plancha. O unas judías verdes salteadas con ajo. Siéntate en la mesa del salón. Con un plato especial. Con musiquita. Es sábado y estás descansando. Es un día distendido. Elige algo sano que te guste y que normalmente asocias a dieta. Que sea minimalista, tres o cuatro ingredientes. Elige tu ensalada favorita de aquel restaurante que pediste para centro de mesa, pero ahora sin acompañamiento, céntrate en ella y disfrútala. Digo ensalada porque está muy asociada a que no puede ser sin más. Que deje de ser un complemento. Y que deje de ser alguien a quien vamos a rendir cuentas cuando la comimos y no adelgazamos. Simplemente disfrútala. Brotes verdes, pera a la plancha, anacardos y vinagre de Módena. Esa es mi idea.

Disfruta esas nuevas experiencias.

Nota que se siente. Nota que se piensa.

Y olor a primavera.

Atentamente,

Eva.

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Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. Te digo cómo superar este patrón. Para florecer.

Tendemos a extremos polarizados por naturaleza. Somos duales. Blanco o negro. Sí o no. Todo o nada. Así que, tranquila. El entre semana como sano a más no poder y el fin de semana como de guarreteo a más no poder es solo una más de estas posturas polarizadas. El no me como ninguna galleta o me como el paquete entero es solo otra de estas posturas polarizadas.

No es nada tuyo personal.

No es nada patológico.

No es nada inmodificable.

No es tu personalidad.

Se puede solucionar.

Se puede suavizar.

Es una tendencia que se puede equilibrar.

Es un hábito que se puede desaprender.

Para superar esta situación de TODO o NADA, hay que entender esto:

La inestabilidad emocional y física está en los extremos. La estabilidad emocional y física se encuentra en los lugares más céntricos pasando solo por momentos por esos extremos para volver de nuevo al centro.

Imagina un equilibrista.

Para permanecer en el centro se balancea de un lado a otro. Toca por momentos los extremos pero no se queda en ellos. Vuelve al centro. Y así indefinidamente.  Ahí está la calma y la paz.

Te contaré ahora mismo cómo superar ese patrón de extremos en esta y otras situaciones referentes a tu alimentación.

PARTE DEL TÍTULO DE ESTE ARTÍCULO ES: ENTRE SEMANA NADA DE NADA Y EL FIN DE SEMANA TODO DE TODO. ES EL PATRÓN QUE MÁS TRABAJAMOS EN LAS SESIONES Y EL QUE DA PROBLEMAS A LA GRAN MAYORÍA DE LAS PERSONAS QUE CONTACTÁIS CONMIGO PARA MEJORAR VUESTRA RELACIÓN CON LA ALIMENTACIÓN. ANALICEMOS ESTA Y LAS OTRAS POSIBILIDADES:

Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. La consecuencia psicológica más destacada de seguir este patrón es la ansiedad por comer en general y la ansiedad por comer determinados alimentos en particular. Si te prohíbes ciertos alimentos entre semana que además suelen ser los que más te gustan (por asociaciones emocionales durante toda una vida), el fin de semana los vas a vivir con mucha ansia. Y al final tampoco vas a disfrutarlos. Eso de que te comes lo que no está escrito. Eso de que te lo comes todo indiscriminadamente sin preguntarte si realmente te apetece o no porque sientes que te viene encima la carencia de los próximos días. Imagina que todo eso que te comes con ansia y sin disfrute por exceso de estímulo, lo distribuyeras de manera inteligente durante toda la semana y lo comieras en calma. La consecuencia física más destacada de seguir este patrón es el mono cuando estás en el nada y la resaca cuando estás en el todo. El mono que te hace buscar lo que sea por todos los cajones de la casa como una loca. El mono que te hace autoesconderte los dulces. La resaca de dormir mal, de sentir el calor procedente de los intentos de tu cuerpo por metabolizar en un día la comida de cuatro, la resaca de sentir que la digestión tarda horas y horas en hacerse, la distensión y pesadez abdominal, la sed y el mal cuerpo. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana nada de nada.

Esto es misión imposible.  Esto es ir contra corriente. En el fin de semana es casi imposible el nada de nada porque normalmente es cuando se realizan todas las comidas sociales o especiales. Y en ellas siempre hay de todo. La pizza, las palomitas, el helado. No recomiendo esta opción ya que habría frustración asegurada.

Entre semana nada de nada y el fin de semana nada de nada.

Esto es cuando la cosa se va de madre. Y se vive obsesivamente la alimentación. Cuando se miden los gramos de lo que se come, cuando la pasta y el plátano se prohíben en el día a día. Cuando la tarta del fin de semana tiene que ser healthy o no la comes. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana todo de todo.

Esto es cuando la cosa se va de madre al otro lado del continuo. En el día a día están instaurados los malos hábitos por costumbre. Y el fin de semana ya que más da. O es: que como odio y sufro haciendo dieta solo me que queda comer todo de todo en todo momento para sentirte libre. Y estás siendo más presa que nunca. O es: como haga lo que haga no adelgazo pues como de manera insaludable siempre por mis narices. O es: como el peso me marca cien gramos más esta semana voy a comer bollería diariamente porque para qué privarme de ella para nada. No recomiendo esta opción.

ESTA ES MI PROPUESTA PARA VIVIR LA ALIMENTACIÓN EN EQUILIBRIO:

Entre semana algo de todo y algo de nada; y el fin de semana algo de nada y algo de todo.

Imagina que entre semana un miércoles tarde-noche surja un batido de chocolate con una bamba de nata. Y que sea tu merienda cena. Y que lo disfrutes en paz. Y que entre semana mañana jueves sea otro día. Sin culpa. Sin pensamiento a la mierda todo el lunes empiezo. Que el jueves sea un día de rutina disfrutona y sana a la vez. Y el viernes. Imagina que el domingo tengas el todo de una comida familiar y que también tengas el nada de un café solo en el desayuno y de una manzanilla en la cena. Para dar espacio y descanso a tu cuerpo. Recomiendo esta opción.

Entendiendo nada de nada como lo sano o supuestamente de dieta.

Entendiendo todo de todo como lo insano o supuestamente lo rico”.

Creo que lo habías entendido así, pero para que quede claro.

EJERCICIOS PRÁCTICOS PARA QUE ROMPAS EL PATRÓN TODO O NADA Y EMPIECES A EQUILIBRARTE DESDE YA:

Para empezar a integrar algo de todo entre semana, piensa: ¿Cuál es la comida u alimento que estás deseando comer cuando llega el fin de semana? Imagina que es el bizcocho que acaba siendo desayuno, postre de comida, picoteo de la tarde y recena a las tantas. Del sábado. Y del domingo. Está claro que vives con ansia ese alimento porque es ahora o nada hasta el siguiente fin de semana. Pues haz un bizcocho para la semana. Córtalo en siete trozos. Y tómate uno tranquilamente cada tarde con un café.

Para empezar a integrar el algo de nada entre semana hay que establecer una rutina saludable con la que disfrutes. Una línea base de tu alimentación con la que estés feliz, de la que no esperes nada a cambio y con la que no te sientas en continuo castigo y sufrimiento deseando que llegue el fin de semana para salir de ella. Esta línea base es tu casa, tienes que tener una casa acogedora en la que te sientas cómoda. Imagina estar pensando siempre en ir de vacaciones a un hotel porque no soportas vivir en tu casa. Sería un drama. Aunque te encante ir de vacaciones al hotel. Quiero que te sientas cómoda con tu alimentación del día a día. Que no estés pensando siempre en la hamburguesa del fin de semana. Aunque te encante comer la hamburguesa del fin de semana. Busca opciones sanas para esta semana, pero que a la vez te encanten y se adapten a tu situación personal. Puede parecer extravagante, pero si no tienes tiempo material en tu día a día para comer a las 14.00 puedes tomarte un plátano rápidamente cada día a esa hora y cuando llegues a las 17.00 a casa tomarte un sándwich de canónigos con piña y atún. O de queso fresco con berenjenas a la plancha y miel. O de tortilla francesa con rodajas de zanahoria. Y así cada uno de tus días. No puedes comerte unas lentejas conduciendo. Pero hay cosas que puedes hacer, aunque no sean lo “normal”. Puedes crear tu propia normalidad y puede ser sana, rica y adaptada a ti.

Para empezar a integrar el algo de nada el fin de semana. Hay que establecer relaciones positivas con alimentos y preparaciones culinarias sanas. Elige una ensalada de cuatro o seis ingredientes y sírvetela el sábado noche en el salón con velas y música instrumental. Sola. O en compañía. No se acaba el mundo por esto. Se abre otro mundo por esto. No se acaba el mundo por no cenar pizza el sábado por la noche. Además la pizza puede comerse cualquier otro día. Se trata de acabar con la rigidez mental y con la visión efecto túnel que se tiene en cuanto a la alimentación. Se trata de asociar momentos y días especiales con alimentos y preparaciones sanas.

Para empezar a integrar el algo de todo el fin de semana. Imagina que en la web que compras tus vestidos favoritos hubiese cuatro que te encantan y que pusiera últimas unidades para agotarse, nunca más podrás encontrar unos vestidos tan bonitos como estos. Te hubieses comprado los cuatro del tirón. Imagina que en el café del domingo hubiese tus cuatro pasteles favoritos y que por tu mente pasara el pensamiento últimas unidades para agotar tu permiso de comer lo que te dé la gana del fin de semana. Te hubiese comido los cuatro sin pensarlo. Imagina que tuvieses todo el tiempo del mundo para comprar esos vestidos o para comer esos pasteles. Te hubieses comprado un en marzo, otro en abril, otro en mayo y otro en junio. Te hubieses comido uno este fin de semana, otro el siguiente, otro el siguiente y otro el siguiente. Se crea la necesidad de urgencia por la carencia. Prueba a comer solo uno de tus pasteles favoritos en el café del domingo. O prueba a comer solo uno de lo que sea tu favorito. Elige. No lo comas todo de manera indiscriminada porque es el único momento en el que puedas comerlo todo. Pregúntate cuál es el pastel que realmente te apetece en ese momento. Porque habrá muchos más momentos y podrás elegir otras pasteles. Y eso, da mucha tranquilidad mental.

OTRAS SITUACIONES DE EXTREMOS REFERENTES A LA ALIMENTACIÓN MUY MUY COMUNES Y CÓMO EQUILIBRARTE EN ELLAS:

O no como ninguna galleta o si me como una me acabo con el paquete entero. Como abra la veda no la cierro. ¿Y eso por qué es? Pues porque quiero y deseo comer un par de galletas con el café pero no puedo y no debo porque así voy a engordar o no voy a adelgazar. Pero el deseo te puede y te comes una. Pero solo una. Y luego otra. Pero que débil has sido y que mal lo has hecho. Te sientes culpable y avergonzada y ya que lo he hecho mal voy a hacerlo mal del todo. Y no te va engordar ni dejar adelgazar comerte un par de galletas al día, lo que te va engordar y no dejar adelgazar es este círculo vicioso mental y conductual que te hace comerte un paquete de galletas cada día. Así que, sal de él. Permítete comer un par de galletas cada día y experimenta que es posible no engordar haciéndolo. Incluso, se puede adelgazar comiendo un par de galletas cada día. Si realmente, es lo que quieres.

O me privo de pan o si como un bocado ya me atiborro de pan. Quizás no siempre quieras comer pan. La libertad está en a veces decidir comer pan y a veces decidir no comerlo. Si te permitieras comer una tosta o un sándwich para cenar y regatearas la creencia hidratos por la noche no, te ahorrarías comer mucho pan simplemente por ansia de pan. Comerías mucho menos cuando realmente no quieres pero lo haces presa del ansia de no poder hacerlo cuando realmente quieres.

O como sanísimo y hasta la tarta tiene que ser healthy o si como un trozo de tarta de cumpleaños con nata un miércoles ya de perdidos al río y como mal no, lo siguiente. Ya el lunes empiezo. Esto se trabaja con el ejercicio que te he propuesto antes del integrar algo de todo entre semana.

O como sano todo el día entero o si como coma un trozo de chocolate después de comer a la mierda la dieta y ceno mucho y mal porque mañana empiezo. Come un trozo de chocolate después de comer cada día. Es perfecto. Fin.

O como todo lo más light en una comido social o si me como una croqueta ya que más da porque lo he hecho mal y me acabo comiendo hasta la comida de los demás y dos postres. Esto se terminaría si todas las cosas que te gustan de esas comidas supieras integrarlas de manera inteligente durante todo el mes y pudieras disfrutarlo todo poco a poco. De hecho, puedes. Las croquetas puedes integrarlas entre semana si tanto te gustan.

LA ANSIEDAD POR LA COMIDA SE CREA POR LA CARENCIA AUTOIMPUESTA. AL DESAPARECER LA CARENCIA DESAPARECE EL ANSIA.

Te deseo equilibrio.

Busca tu equilibrio.

Atentamente,

Eva.

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Ejemplos de comer emocional que te hacen bien o que te hacen mal. Para que los uses o desuses. Y respires.

Últimamente se está hablando mucho de comer emocional. Para mi gusto, sin claridad y con cierta connotación negativa. Es por ello que he querido escribir este artículo. Quiero aclarártelo todo sobre este tema y no veo mejor forma de hacerlo que usando ejemplos muy comunes que seguro te han pasado.

Las emociones están íntimamente ligadas a nuestra alimentación siempre. Recuerda por ejemplo la felicidad que sientes cuando comes después de llevar horas sin hacerlo. Pero si las emociones se convierten en protagonistas dejando en un segundo plano la necesidad fisiológica de comer, considéralo comer emocional.

Comer emocional es esa ingesta de alimentos que haces cuando no tienes hambre de estómago. Comer sin que te suenen las tripas. Comemos emocionalmente para satisfacer emociones, no para satisfacer hambre física. Es una necesidad de la mente, no del cuerpo; emocional, no física. Podemos haber comido y seguir querer comiendo. O querer comer dulce tras media hora de la ingesta principal. O tirarnos toda la tarde picoteando.

En primer lugar me gustaría decir que el comer emocional no siempre es negativo. Por eso voy a distinguir entre:

-Comer emocional positivo: Cuando tiene consecuencias positivas tanto mentales como físicas. Cuando te hace bien.

-Comer emocional negativo: Cuando tiene consecuencias negativas tanto mentales como físicas. Cuando te hace mal.

A su vez, tanto el comer emocional positivo como el negativo, puede ser impulsado por emociones positivas como el amor, el placer o la alegría; o puede ser impulsado por emociones negativas como tristeza, cansancio o el estar convaleciente. Y a su vez, tanto el comer emocional positivo como el negativo por emociones positivas o negativas, puede ser satisfecho con alimentos positivos como una crema de calabaza o alimentos negativos como un magnum con grasa de palma. Y que sea cubierta con un alimento negativo no quiere decir que no pueda ser un comer emocional positivo, esto depende de factores como la frecuencia o la cantidad; es más, debes permitirte este tipo de comer emocional con alimentos negativos para que el deseo y ansiedad por ellos no se vean aumentados. Aunque si creamos asociaciones emocionales con alimentos positivos mucho mejor ya que esa frecuencia podría aumentarse considerablemente y estaríamos cubriendo al mismo tiempo necesidades mentales y necesidades nutricionales. Entiende alimento positivo como el que aporta nutrientes interesantes a tu cuerpo y alimento negativo el que no lo hace, sin más. De la misma manera satisfacer el hambre emocional a través de un alimento positivo no lo convierte en un comer emocional positivo; puede ser un comer emocional negativo si saturamos a nuestro cuerpo de ese alimento positivo. Lo entenderás mucho mejor con los siguientes ejemplos.

Así que, ahora sí, te doy esos ejemplos:

De comer emocional positivo por emociones negativas con un alimento positivo. Es cuando en un postoperatorio te dedicas o te dedican tiempo y te haces o hacen un zumo de naranja natural cada mañana. O es cuando estás malita con fiebre y lo único que te apetece es la sopa caliente de calabaza que prepara tu madre o la persona que te está mimando; también puede ser esa sopa caliente de calabaza que te preparas tu misma para sentirte cuidada porque es la misma que te hacía tu madre de pequeña cuando estabas enferma. O también es cuando te apetece cenar de capricho porque te siente débil o dolorida por la regla y te preparas una fondue de plátano con chocolate negro fundido. O también es cuando has tenido un duro día de trabajo y para relajarte meriendas un yogurt con miel. O también es cuando te haces las lentejas con arroz de tu abuela porque echas de menos comer con ella y quieres sentir la alegría que sentías en ese momento.

De comer emocional positivo por emociones negativas con un alimento negativo.

Es cuando te preparas el bizcocho que hacía tu madre hace años porque sientes nostalgia por esos años. Y lo desayunas. Y cenas. O es cuando te comes una pizza con tu amiga para empatizar con ella porque está triste pensando en todos sus problemas pero la pizza no es lo tuyo.

De comer emocional positivo por emociones positivas con un alimento positivo.

Es cuando tu novio te prepara tortitas de avena para desayunar para celebrar el lunes. Y café recién hecho.

De comer emocional positivo por emociones positivas con un alimento negativo.

Es cuando tienes un antojo de magnum almendrado porque lo ves en un anuncio de la tele. Vas te lo compras y te lo comes porque sí, por el mero placer de hacerlo. Y disfrutas cada bocado. Es comer emocional positivo, aunque se satisfaga con un alimento negativo. Un antojo solo se convierte en negativo cuando pasa a ser una rutina, costumbre o hábito. Para que no ocurra eso es mejor no comer siempre el mismo antojo en el mismo momento del día y en el mismo lugar. Y es mejor no ver la tele en verano por la noche. Es broma. O no. O es cuando haces una tarta para tu cumple con una tonelada de azúcar, y soplas las velas feliz encima de ella. Y te comes el trozo que te da la gana. O es cuando tu abuela te prepara arroz con leche con otra tonelada de azúcar y te lo comes en un cuenco de barro junto a ella que se lo está comiendo en otro cuenco de barro.

De comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento positivo. Es cuando tienes ansiedad por la tarde o por la noche y te comes una manzana; sigues queriendo comer y te comes un plátano; sigues queriendo comer y te comes unas almendras; sigues queriendo comer y te comes un yogurt; sigues queriendo comer y te comes una onza de chocolate negro; sigues queriendo comer y te comer una onza de chocolate negro; Y sigues queriendo comer y te comes la tableta entera de chocolate negro. Y te sientes tan inflada y mal que ya te pones a pensar en lo de perdidos al río y te cenas una pizza; pasando así de comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento positivo a comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento negativo. Y es para tu cuerpo como si tuvieras que hacer el trabajo de una semana en un día. Abrumador, agotador, desgarrador. Si lo que querías era chocolate negro y cantidad de chocolate negro, te hubieses comido tranquilamente la tableta entera de chocolate negro del tirón. Y si estuvieras tranquila por ello, sin culpa, estoy segura que ni cenarías porque escucharías las señales de tu cuerpo que te indican que estás llena. Le hubieses ahorrado a tu cuerpo la manzana, el plátano, las almendras y el yogurt. Que son alimentos positivos, pero no así. También le hubieses ahorrado la pizza. Qué sí, pero no así.

De comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento negativo. Es cuando estás en casa tarde a tarde aburrida como una ostra y comes por hacer algo, como estímulo. Hora a hora. Que si un cola-cao. Que si una galleta. Que si un café con un bollo. Que si unas pipas. Que si un sándwich de mortadela con aceitunas. Para evitar el vacío existencial. Es cuando comes por coraje y enfado de que otros comen todo lo que quieren y no engordan pues yo también me lo voy a comer porque qué injusticia. Ración doble. Revelándote contra el mundo. Es cuando pasas la noche viendo una peli dramática con un bote de helado y te lo comes de cabo a rabo hasta terminarlo para intentar olvidar a tu ex. En plan americanada. Si lo haces un día es perfecto, pero si no lloras ni gritas tu duelo y te tiras tres meses así hasta enlazarlo con una nueva relación, tendrás un nuevo novio con heridas sin cerrar que probablemente afecten negativamente al romance. Es cuando comes muchos dulces porque estás estresada por un examen o por querer hacer más de lo que puedes. Para sobrellevarlo como puedes. Para sobrellevar la incertidumbre, la frustración, la sobredosis de pequeñas cosas que nos superan. Hay gente que me dice, yo cuando tengo problemas me da por comer. A otra gente le da por no comer. Lo que ocurre es que esto no ocurre desde la misma emoción. El dejar de comer ocurre desde el miedo o desde el pánico. Cuando hay algo grave cerca o encima. No es lo mismo. Yo he experimentado ambos. El comer por un tipo de ansiedad y el dejar de comer por otro tipo de ansiedad. Quiero que las diferencies. Puedes sentir las dos en diferentes momentos. No es que a una persona le da por comer con los problemas y a otra le da por no comer. Una es comer emocional desde la sobredosis de las pequeñas cosas y otras es dejar de comer emocional desde el miedo intenso por nudo en la garganta o en el estómago.

De comer emocional negativo por emociones positivas con un alimento positivo. Es cuando comes algo por compromiso por agradar y no herir al otro. Por empatía. Cuando aceptas comer una empanada de berenjena pero no te gusta la berenjena. Y te sienta mal.

De comer emocional negativo por emociones positivas con un alimento negativo. Es cuando en una comida social pierdes la noción del tiempo y de la comida. Con la euforia del momento comes sin saber lo que comes. La euforia, gran alegría o subidón del momento nubla la razón de me conviene o no me conviene no comer esto y comes todo lo que encuentras sin más. Y luego cuando llegas a casa te echas las manos a la cabeza.

Las cuatro primeras, te hacen bien.

Usa las que te hacen bien.

Desusa las que te hacen mal.

Y respira.

Atentamente,

Eva.

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Motivos para dejar atrás el típico: “Quiero adelgazar para quererme”. Y abrazarte ahora para luego todo.

El amor propio es un amor que se forja desde bebés. La autoestima se va construyendo en función del amor y palabras que vamos recibiendo durante toda la vida. Mensajes verbales o no verbales que nos van calando y según los cuales aprendemos a sentirnos personas válidas o no válidas. Según como nos dicen que somos. Según el trato que recibimos.

Y si al final pasan los años y te encuentras sufriendo porque no te quieres, tienes que pararte a pensar fríamente una cosa. Quizás, lo que crees que eres y vales, no tiene nada que ver contigo sino con lo que absorbiste de manera inconsciente. No tiene nada que ver contigo, sino con la sociedad y personas a través de las que aprendiste a no quererte. El problema no es tuyo. Bueno es tuyo hasta que te das cuentas de esto y empiezas a tomarte las cosas de manera no personal. Y empiezas a construir el yo que deseas y la vida que deseas libre de todo lo que creías que eras y que valías. Porque eso no era tuyo.

La premisa básica es que vales. Es que el amor propio no es negociable ni cuestionable. Seas como seas vales y punto. Aquí no hay más razones.

Cuando en la primera sesión pregunto: Cuéntame qué te ocurre o en qué puedo ayudarte, muchas personas me dicen Quiero adelgazar para quererme. Y es normal pensar así recibiendo el tipo de mensajes que recibimos. Aprendemos a pensar así, pero podemos aprender a pensar de otra manera. Por nuestro bienestar.

Hay que darle la vuelta al quiero adelgazar para quererme. Por eso escribo este artículo. Y pienso esto por experiencia personal y por muchísimas experiencias que otras personas han compartido conmigo en los más de diez años que llevo trabajando en esto.  

Mi propuesta es: Cultivar tu autoestima y quererte seas como seas en este momento y desde ahí comer alimentos que beneficien a tu cuerpo porque simplemente cuidas lo que quieres, y permitiéndote algún capricho porque eso también es cuidarse. De ese modo llegarás a tu peso natural de manera lateral. Mi propuesta es aprender a disfrutar de los alimentos de temporada, aprender a comer comida sana para cuidar tu intestino, tu sistema inmunitario, tu ciclo menstrual. Nada que ver con la restricción. Mi propuesta es aprender a comer sin ansia y tranquila. Mi propuesta es que no te comas las emociones sino que las sientas. Sentir las emociones es cuidarse. Nada que ver con adelgazar, aunque eso pueda ser una consecuencia. Mi propuesta sería cultivar tu autoestima sobre todo cuando no la tienes y cuidarla cuando la tienes. Porque lo que no se cuida se pierde. Mi propuesta es abrazarte para luego todo. Adelgazar o no. Y ser feliz en cada una de las posibilidades. Mi propuesta es comer para cuidarse y no para adelgazar. Aunque el acto sea el mismo, no se hace desde el mismo lugar. Y el cuerpo y la mente lo saben. Comer una naranja para que me aporte vitamina c y fortalezca el sistema inmune desde la elección no es lo mismo que comer una naranja antes de comer para luego comer menos porque quiero adelgazar desde la imposición. Qué diferente hubiera sido si desde pequeñas hubiéramos tenido una educación nutricional de este alimento es bueno para esto y para esto otro en lugar de este alimento engorda y este adelgaza. Es un cambio de perspectiva. Cambiar el centro. Cambiar el foco. Salud no es bajar peso a toda costa comiendo desde el odio y estando en guerra con una misma.

Pero, por qué motivos pienso que hay que darle la vuelta al «quiero adelgazar para quererme»:

Motivo 1. Si ahora que pesas dos, tres, diez o veinte kilos supuestamente de más no te das el valor que mereces y te lo das luego, ese amor propio será un amor dependiente. Tu amor propio dependerá de un determinado peso o de una determinada forma y eso es algo que probablemente no será constante. Es un amor insostenible.  E inalcanzable. La vida es cambio continuo. Y la perfección humana no existe. Si solo te quieres con un determinado peso y perfecta será un amor propio dependiente de esa condición. Perderías tu libertad.

Motivo 2. Si ahora que pesas 79 no te quieres, tampoco lo harás con 70 porque querrás 69. Se llama insatisfacción crónica. Y al final cuando llegues a 69 como rechazas por completo la posibilidad de pesar 79 y te desprecias en ella, el miedo a volver al punto de partida no te dejará tranquila y hará que vivas  tu alimentación con ansiedad. Y el vivir tu alimentación con ansiedad aumentará significativamente la probabilidad de engordar de nuevo.

Motivo 3. Hay muchas personas que llegan pensando que si bajan de peso se le solucionarán todos los problemas. Y no las culpo por ello porque vivimos en un entorno que en cierta medida nos transmite que la culpa de todos nuestros males es que estas gorda y no ser perfectas. Hace poco ha coincidido que me han llegado dos personas diciendo quiero adelgazar para quererme, pero lo que había detrás es quiero adelgazar porque tengo miedo de que mi novio me deje por otra más delgada o perfecta. Crees que este problema de confianza, de celos y de autoestima desaparecería cuando estas chicas adelgazaran los cinco una y los quince otra kilos que querían. Pues no. No desaparecería. Porque el problema no es el peso, el problema son otras cosas. Y estamos trabajando estas otras cosas.

Motivo 4. Si tuvieras una herida en la rodilla no dirías: Ya cuando tenga la herida curada, el mes que viene, mantengo reposo y me la desinfecto con alcohol. Si hicieras eso, no se curaría. Empeoraría. Es tan absurdo como ya cuando esté perfecta me quiero. El amor lo necesitas ahora, no luego.

Motivo 5. Cuando tú amiga está pasando por un mal momento, no la dejas en la estacada y le dices: Y a mí que me cuentas, ya cuando estés bien me llamas y nos divertimos. Le dices: venga hacemos una videollamada ahora mismo lloramos juntas hasta cansarnos y luego recordamos viejos tiempos y reímos juntas hasta cansarnos. Lo que te estás diciendo a ti misma con quiero adelgazar para quererme es ¡Y a mí que me cuentas! Yo no querría una amiga como esa. Quiero una que me apoye en los malos momentos y no me deje tirada.

Motivo 6. Es fácil que te quieran con un vestidazo, unos taconazos y en una primera cita. Y mostrando solo de ti lo bueno. Pero no es fácil encontrar a alguien que esté dispuesto a amarte incondicionalmente. Al que le gusten tus luces y tus sombras. El que te quiera tal como eres y sin querer cambiar nada de ti. Lo primero de mostrar solo lo bueno de las primeras citas es insostenible. ¿Crees que una relación para toda la vida como la que tendrás contigo misma puede sostenerse mostrando y aceptando solo tu mejor cara como si de una primera cita se tratase? Pues no. Pues justo eso significa decir quiero adelgazar para quererme. Es negar una parte de ti, quedarte contigo solo en la primera cita. Y estarás contigo toda tu vida. A pesar de todo te querré siempre con locura. Eso es lo queremos, ¿no?. Pues eso es lo que tienes que darte tu primero.

Motivo 7. Si eres madre, piensa por unos momentos cómo es el amor que procesas a tu hijo. De una locura infinita. Cuando están malitos los mimas, los cuidas y les das mucho amor hasta que se curan. Y luego cuando están buenos, se los sigues dando. No dices ya cuando sea el hijo perfecto lo quiero. Lo quieres con locura aunque lleve una semana sin dejarte dormir por la noche porque se despierta malito con fiebre. Lo mismo con tu autoestima, cuando la tienes dañada es cuando más cuidados necesitas. No luego. Bueno, luego también. Comer sano para tu cuerpo y tu mente puede ser uno de estos cuidados, pero no desde me restrinjo y desde la condición de si adelgazo entonces me quiero; sino desde me quiero y valoro con todos mis defectos y virtudes, por eso como alimentos que hacen bien a mi cuerpo y me doy caprichos que hacen bien a mi mente. Es un cambio de perspectiva que marca la diferencia. Es un detalle sutil que marca la diferencia.

Motivo 8. Te mereces un amor incondicional, no un amor de conveniencia. Un amor de conveniencia es cuando adelgace me querré. Este amor pone requisitos. Y a la mierda todo si no se cumple. Voy a comer bien pero a cambio tu tienes que adelgazar. Es el requisito que le pongo a mi cuerpo, que me pongo a mí. Y a la mierda todo si no se cumple. Un amor incondicional es cuando pese a todo, sea lo que sea, me querré. Porque sí. No hay más razones aquí. El amor propio no es negociable. Ni contigo. Ni con nadie. Ni con la sociedad. Un amor incondicional es aunque crea que físicamente esté en mi peor momento me quiero, me valoro y me respeto porque soy mucho más que eso.

La única manera de tener una autoestima sólida es no abandonarse a una misma en los momentos malos. Porque vendrán momentos malos. Y tendrás que sostenerte. Y en lugar de comernos a dulces esos momentos malos, tenemos que abrazarnos. Y después del abrazo sin necesidad me comeré el dulce por libertad. Y en lugar de castigarnos a yogurt desnatado y edulcorado para pesar menos y querernos, nos cuidaremos a yogurt entero con almendras ya queriéndonos.

Para empezar a quererte lo primero es no decirte quiero adelgazar para quererme. Porque te lo vas a creer. Y también te creerás que cuanto adelgaces vas a quererte. Pero no. Lo segundo para empezar a quererte es empezar a hacer acciones que lo demuestren con un diálogo que lo demuestre. Comer sano para adelgazar porque no te quieres es comer desde el odio. Comer sano para cuidar tu cuerpo y tu mente sin exigirles nada a cambio es comer desde el amor. Y en comer sano también incluyo caprichos, antojos o comer emocional de tarta siete chocolates o de pan con salchichón. Y la mente se relaja. Y el cuerpo te dará. Te lo agradecerá. Y la mente te dará. Te lo agradecerá.

Así que cierra los ojos y cásate contigo misma: Prometo serme fiel, amarme, cuidarme y respetarme, en lo bueno y en lo malo, en la foto buena y en la foto mala, en pijama sin peinara y en vestido con rímel, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

Y después de todo esto, quiero que te quedes con algo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y el autorretrato que he elegido como imagen para este artículo lo dice todo. Para que lo recuerdes siempre. Abrazarse a una misma en el frío invierno. Con lluvia. Con viento. En soledad. Bien enraizada y permaneciendo en el centro sabiendo que la primavera llegará.

No te abandones cuando más lo necesitas.

Te recuerdo que puedes escribirme a: quieroseringenierademivida.com para que trabajemos juntas tu autoestima y que dejes atrás para siempre el quiero adelgazar para quererme más.

Atentamente,

Eva.

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El secreto para comer de todo en Navidad y que tu cuerpo-mente estén bien. Te lo cuento.

Sé que navidades es sinónimo de agobio para muchas de las personas a las que acompaño, en referencia a la alimentación.

En palabras literales: 

«Veo tantos pecados encima de la mesa que me agobio porque quiero comérmelos todos pero no puedo comerme ninguno» 
«De tantas ganas que tengo de comer cuando lo hago el ansia no me deja disfrutar por qué cuando me doy cuenta ya se ha acabado»
«Me siento observada y juzgada. Si como por qué como y si no como porque no como»
» Quiero tener el control pero al final las ganas me pueden. Me siento mal conmigo misma»

Por eso quería finalizar el año con este artículo como regalo. Porque creo que puede calmarte y ayudarte. Y porque quiero agradecerte que estés ahí.

 A ti, que decidiste unirte a ingeniera de mi vida suscribiéndote gratis al blog y leyéndolo mes a mes un nuevo artículo de psicoalimentación. A ti, que decidiste seguirme en Instagram e ir descubriendo que hay otras maneras de vivir la alimentación. A ti, que decidiste confiar en mí para hacer sesiones online personalizadas y revolucionar la manera de entender y sentir tu alimentación. Y a ti, que me lees en este momento por primera vez.

Gracias.

El secreto es:

Usar la inteligencia emocional.

Por un lado encontrar un punto de equilibrio entre la razón y la emoción. Entre lo que debo y lo que quiero. Y por otro lado encontrar los puntos comunes entre la razón y la emoción. Es decir lo que debo y quiero a la vez.

Si lo que te ocurre es que: por un lado quieres comer todo lo que supuestamente está prohibido y sientes ansia por ello 
pero por otro lado no puedes permitirte comer nada de eso porque engorda y quieres adelgazar…

Estás experimentado el malestar que genera la disonancia cognitiva. Y qué es esto. Pues que hay una lucha entre lo que piensas y lo que sientes. Y tienes que llegar a acuerdos. Si lo consigues, estarás en paz y podrás disfrutar de todo y comer de todo.

Lo que quiero es que en lugar de que tú razón y emoción se griten, se comuniquen y respeten para satisfacer las necesidades de ambos.

Cómo. 
Pues te ofrezco tres estrategias.

Encuentra el punto de equilibrio razón-emoción con estas dos estrategias básicas:

Una. Buscar puntos medios. El típico ni para tí ni para mí. Imagina que tú razón te dice no debes comer ni una pizca de turrón de chocolate suchard después de cenar y que tú emoción te dice me apetece comerme media tableta de turrón de chocolate suchard después de cenar un sándwich de paté de aceitunas, pues el punto medio sería comerte un cuadrado de turrón de chocolate suchard después de cenar un sándwich de paté de aceitunas.

Dos. Seleccionar puntos opuestos. El típico hoy para tí mañana para mí. Siguiendo con el mismo ejemplo de que tú razón te dice no debes comer ni una pizca de turrón de chocolate suchard y que tú emoción te dice me apetece comerme media tableta de turrón de chocolate suchard, seleccionar los puntos opuestos sería hoy mi cena va a ser un sándwich de paté de aceitunas y ya. Y mañana mi cena va a ser comerme directamente media tableta de chocolate suchard y ya.

Apóyate en los puntos en los cuales tú razón-emoción ya están de acuerdo con esta estrategia:

Tres. Buscar los puntos comunes. El típico yo gano tú ganas. No es posible oponer el deber al placer cuando el deber es placer. Funciona de manera fluida. No hay que ponerse de acuerdo porque ya se está de acuerdo. Pero no sé contemplaba ni valoraba. La mente cuando se bloquea, no contempla las mejores opciones. Y la disonancia cognitiva de la que te hablaba al principio y que tú sientes, causa bloqueo. Imagina cenar una de las noches ensalada de brotes verdes con manzana y pipas de girasol más una onza de chocolate lindt excellence 90% cacao. E imagina cenar una de esas noches crema de puerro y manzana con guarnición de pipas de girasol más una onza de chocolate lindt excellence 90% cacao. Deber y placer a la vez.

Usa las tres.

Piensa en una persona a la que pueda ayudarle leer este secreto. Me gustaría que fuese un secreto a voces. Y tú regalo para esa persona. Por favor, comparte este artículo y ayúdame a que el proyecto ingeniera de mi vida siga creciendo.

Gracias por todo y mis mejores deseos,

Eva.

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Entiende cómo te comportas con la comida entendiendo a tu cerebro racional y emocional. Eres dos.

Para que entiendas algunas de las cosas que te pasan relacionadas con tu alimentación, voy a explicarte cómo funciona tu cerebro.

Estoy segura que reconoces estas cuatro situaciones:

SITUACIÓN A. Cuando tienes un cajón en la cocina lleno de cereales de chocolate para los niños, de los bollos para tu marido y de galletas de mantequilla para los invitados; pero te lo acabas comiendo tú cuando nadie te ve o cuando todos están acostados.

SITUACIÓN B. Cuando compras bombones de chocolate a finales octubre convencida de que los mantendrás guardados e intactos hasta la segunda quincena de diciembre; pero cada noche vas al lugar dónde los tenías escondidos y te comes uno llegando a mediados de noviembre sin ninguno.

SITUACIÓN C. Cuando dices y planificas comer ensalada todas las noches o no saltarte la dieta en el cumpleaños del viernes pero acabas haciendo todo lo contrario. Comes cada noche lo primero que pillas y te comes dos buenos trozos de tarta más cuatro bocadillos de paté el viernes.

SITUACIÓN D. Cuando haces la lista de la compra en casa con tus frutas, verduras, legumbres, tal y cual saludable; pero llegas a caja con el carrito lleno de dulces, snacks y todo lo demás.

Todo esto es muy contradictorio, ¿no? ¿Por qué actuamos de esta manera? Puede parecer que existiesen dentro de nosotros dos fuerzas opuestas. O también puede parecer que hubiese dos yoes dentro de nosotros. Pues bien, te voy a desvelar la cuestión.

Reduciendo mucho podríamos decir que nuestro cerebro se divide en dos: Uno mucho más arcaico evolutivamente, más impulsivo, emocional e instintivo. LA EMOCIÓN. Y el otro que es la corteza cerebral, nuestros pensamientos, planes, motivos, lo que queremos o debemos. LA RAZÓN. Cuando el sistema emocional está muy activado, desactiva el sistema racional. Por ejemplo, cuando estamos enfadados podemos decir cosas que en frío no se nos ocurriría decir. Cuando estamos enfadados el sistema racional está inactivo. Cuando la emoción pierde fuerza, la razón va cogiendo el mando de la situación y es entonces cuando piensas: ¡Pero que he dicho o hecho! Una emoción es como una gran ola: llega alta y con fuerza pero se va. Lo más inteligente emocionalmente, sería aprender a reconocer cuando estás enfadada y dejar pasar un tiempo para poder hablar las cosas con claridad.

Después de este breve resumen, tiene sentido decir que esas dos fuerzas opuestas son la razón y la emoción; y que esas dos personalidades que no se reconocen la una a la otra son tu yo racional y tu yo emocional.

Voy a darte posibles soluciones para que, sabiendo esto, gestiones las cuatro situaciones de las que te hablé al inicio de este artículo. Son propuestas inteligentes emocionalmente e inteligentes nutricionalmente.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN A.

Por el día es fácil decir que no porque la parte racional de tu cerebro tiene la batería totalmente cargada. Así que puedes decir que no a las galletas de chocolate de los niños y a los bollos de tu marido. Incluso por la tarde. Pero por la noche la batería de tu cerebro racional está agotada y será tu cerebro emocional el que decida y te impulse a comerlo. Por ejemplo puedes pensar: es injusto que ellos lo coman y yo no, voy a comerlo. O puede pensar: después del día tan duro que llevo me lo merezco. En ambos casos estaría actuando tu cerebro emocional.

Te contaré algo antes de darte la solución. Existe un experimento donde ponían a varios niños delante de un dulce y les decían que si esperaban un rato hasta nueva orden les darían más dulces. Con esto, querían comprobar que estrategias de gestión utilizaban para aguantar y si elegían una recompensa mayor pero no inmediata o una recompensa menor pero inmediata. La mayoría no aguantó y se lo comió, pero los que aguantaron lo consiguieron mirando para otro lado o tapándose los ojos. De este experimento, lo que podemos concluir es que es mucho más potente una recompensa pequeña pero inmediata que una grande pero a largo plazo. Es más probable que te comas el dulce que tienes delante a que le digas que no para tener la recompensa de adelgazar pasado un tiempo. También podemos concluir que lo que mejor funciona es no tenerlo a la vista, aunque con cierto esfuerzo porque sabían que estaba ahí.

Te propondría no tener estos productos de galletas y bollos como hábito para nadie. Pero como ya me sé las respuestas más frecuentes: es que no quiero privar a los niños de ese placer (flaco favor) o mi pareja quiere seguir haciéndolo y no le puedo obligar a no tenerlo porque también es su casa, te voy a dar otra solución: Ten un cajón para cada uno. Así no tendrás a la vista las cosas que ellos comen. Cada uno tiene como costumbre abrir su cajón y solo ve sus cosas. Y en el tuyo puedes tener visibles alternativas que te interesen.

Otra solución es coger un hábito que te guste y que no dé espacio ni lugar a pensar en estos productos. Pero para que sea eficaz, repito, tiene que gustarte y tiene que ser un hábito. Por ejemplo, imagina que te reservas ese hueco para comerte una cuajada de chocolate y que lo haces cada noche sin pensarlo, disfrutándolo y sin poder pensar en otra cosa porque ya no tienes tiempo material. Llega la hora de irse a la cama.

Si quieres leer más sobre la necesidad de comer antes de acostarte, te recomiendo leer el artículo que escribí en febrero: Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN B.

Aunque tú no te vayas a la cama hasta las 24.00 de la noche, tu cerebro racional se ha ido ya a dormir a las 22.00. Por eso, en ese momento eres tan vulnerable a las tentaciones de chocolate que pueda haber por casa. Entonces, anticipar esto. Si se te antoja un turrón porque hace mucho que no lo comes, compra un turrón y decide gastarlo en un par de días. Saciarás tu deseo y te quedarás tranquila. Te recomiendo que comas un buen trozo para no quedarte con las ganas. Y te recomiendo que no sea más de dos días seguidos a la misma hora para no crear un hábito. Y después de esto, seguro que te olvidarás hasta comprar lo justo unos días antes de navidad. Otra opción es tener una caja de bombones pero cerrada, pues solo la barrera de tener que abrirla te contendrá para reservarla. Aunque para qué tener que contenerte si puedes no tenerlo en casa y tener la mente en calma. Otra opción es irse a dormir a las 22.00. Otra opción es no ver la tele, los anuncios a esa hora te bombardean a dulces y es normal que te entren ganas. Y otra opción es desarrollar una actividad emocional aprovechando que es un momento en el que tu cerebro emocional está en su apogeo. Por ejemplo crear arte pintando una lámina con acuarelas en la que los colores y formas expresen cómo te sientes. O por ejemplo crear un espacio de calidad para expresar tus emociones mediante conversaciones con otra persona. Sacar partido de alguna manera a ese potencial emocional que aflora en ese momento del día, en lugar de demonizarlo y luchar contra él.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN C.

Cuando menos dejes para pensar por la noche mejor. Por todo lo que te he contado anteriormente, ya sabes que por la noche ya no pensamos racionalmente con claridad. Las decisiones racionales se toman antes. Hay que anticiparse a ese momento y ponérselo fácil.

Como dejes la decisión para última hora teniendo delante la opción de una pizza lista para calentar o tener que cocinar una crema de verduras, eliges fijo primera. Si quieres tomar crema de verdura por la noche, tenla hecha y a la vista. Y no tengas disponible lo que no quieras hacer.

Ten brotes verdes listos para usar en lugar de una lechuga entera para tener que enredarte a lavarla y trocearla. Y ten cuatro recetas de ensaladas que te encanten anotadas en la nevera para tener claridad.

Automatiza, deja tomadas las decisiones y póntelo fácil.

En cuanto al tema del cumpleaños, lee atenta lo que voy a decirte. Sáltate la dieta, pero sáltatela sin ansia porque no será la última vez que te la saltes. Hacer las cosas como si fuera la última vez hace que las vivamos con ansia y no las disfrutemos. Si te preguntas qué es lo que te apetece justo en el cumpleaños y sabiendo qué habrá otras muchas ocasiones, comerás un trozo de tarta y ni si quieras comerás los bocadillos de paté porque tú eres más de dulce que de salado. O viceversa. Pero al pensar ahora o nunca porque el lunes empiezo o porque ya que la he liado toda la semana sin cenar verdura de perdidos al río ya empiezo la semana que viene, comerás el doble o el triple. Así que relájate y disfruta. Comer socialmente es una manera de relacionarse y de empatizar con los demás. No te lo niegues. Pero no comas sin criterio, elige lo que realmente quieras en ese momento y te merezca la pena. Y no comas por compromiso, comunica asertivamente lo que no quieres.

Si quieres leer más sobre cómo gestionar comidas sociales, puedes pinchar en el siguiente artículo que escribí hace unos meses: 4 tips para comer en esa boda, en esas vacaciones y esa cena.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN D.

Lo que pasa es que haces la lista de la compra con un cerebro y compras con otro. Haces la lista de la compra con tu cerebro racional y cuando vas al supermercado, a no ser que lleves las cosas muy claras, los estímulos allí presentes hacen que tu cerebro emocional coja el mando y compres cosas que no estaban en la lista. Que si cojo esto porque me lo merezco; que si esto porque que injusto que otros lo coman y no engorden; que si esto porque es placer adulto; que si esto porque es integral, sin azúcar y cero por cien materia grasa (y eso para tu inconsciente es sinónimo de adelgazar o salud). La clave está en los estímulos. Son los estímulos los que hacen coger el mando a tu cerebro emocional, así que la solución es evitar esos estímulos. Ponen los productos que quieren que compres estratégicamente en el pasillo de paso obligado hasta la zona de las frutas; y los ponen en la balda de la estantería que coincide con la altura de tus ojos; y por si fuera poco y si venciste todas las tentaciones anteriores, tienen una última oportunidad de convencerte justo con lo que te ofrecen justo delante de la caja registradora. Por tanto, una solución es comprar por internet haciendo caso omiso a todos los anuncios que te salen, otra solución es comprar en el mercadillo y otra solución es taparse los ojos hasta llegar al fondo de Carrefour que es dónde se encuentran las secciones de alimentos naturales.

Otras dos opciones son: Una que compres primero todo lo planificado y luego conscientemente te permitas comprar algún capricho emocionalmente sin que esto supere el 20% de tu carro de la compra. Otra es que cuando tengas un impulso de meter algo en la cesta de la que no estuviese en tu lista, pienses: luego vuelvo a pasar por aquí. Y te vayas a por las cosas de tu lista. Esto es por lo que te dije de que una emoción es como una ola que sube fuerte y luego se va. Quizás cuando vuelvas frente al producto la emoción ya no esté y ese espacio haya dado lugar a poder pensarlo racionalmente. Es como lo de la ropa. Si sientes un impulso de comprar algo, no lo hagas. Vuelve mañana. Y si en casa sigues pensando racionalmente que te conviene, cuando la emoción de compra impulsiva se haya ido, mañana vas y lo compras. Así sabrías que no es una compra emocional. Ahora esto ya es complicado con las compras online a un solo clic, pero para que lo entiendas.

Quiero dejarte claro que en ninguna de las cuatro situaciones se trata de no tener fuerza de voluntad. Solo era que no conocías suficiente a tu cerebro, ni a ti misma. Solo eran problemas de logística. Solo era que estabas enfocada en el problema y no en la solución.

Si necesitas ayuda con este tema, puede escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar conmigo tus sesiones online y que trabajemos tu caso concreto.

Te mando un ramo de rosas.

Eva.

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Huellas emocionales de estar a dieta toda la vida. Y cómo borrarlas para siempre.

Las personas que llegáis a mí, lo hacéis después de haber hecho muchas dietas a lo largo de vuestra vida o al menos un par de ellas que os marcaron. Conviviendo siempre con el ciclo de primero estar reprimidas del placer de comer constantemente para segundo comer como si no hubiera un mañana. Eso, os ha dejado huellas tanto físicas como mentales. Me centraré aquí en estas últimas.

Las llamo huellas emocionales de estar a dieta toda la vida.

Lo primero es asumir estás huellas emocionales están y lo segundo es trabajar para borrarlas. Después de esto, es cuando será posible la realidad que quiero para ti: Que disfrutes comiendo sano en el día a día sin sentirte a dieta. Y que disfrutes comiendo algún capricho insano sin ansia ni remordimientos. Bajar a tu peso natural solo será una consecuencia inevitable. Es decir, también será posible la realidad que tú tanto ansias: Adelgazar de manera consistente en el tiempo.

Sin más, las Huellas:

AUTOESTIMA POR LOS SUELOS 

Después de varios fracasos es normal tener el pensamiento de no soy capaz. Y es normal sentir frustración. Pero varios fracasos consecutivos son muy valiosos si no te los tomas de manera personal. Te están indicando que ese no es el camino, que no intentes lo mismo más veces porque será un nuevo fracaso. Te están indicando que el camino es otro. 

Por otro lado, siempre me decís: quiero hacer dieta para quererme más. Y como no lo consigues, nunca te quieres. Y a esto también hay que darle la vuelta.

CANSANCIO EMOCIONAL

La sensación de estar agotada. La sensación de estar toda la vida recortándome de esto, de aquello y encima cada vez con más peso. Sensación de impotencia. De desesperación. Descansar es la clave.

RECHAZO A CIERTOS ALIMENTOS.

De los que te has aburrido. O porque los asocias a sufrimiento y castigo. Hoy me toca comer tal, es una imposición. Tu inconsciente lo interpreta como castigo. Lo bueno es que se pueden crear nuevas asociaciones. Con un nuevo ambiente, con una nueva receta, con una persona.

ANSIEDAD POR OTROS CIERTOS ALIMENTOS.

Todo el día pensando en comer. Lo que sea, sobre todo lo que te has prohibido anteriormente. No poder tener nada excepcional en casa porque no quedas tranquila hasta que no le das fin. Experimentar el permiso de esos alimentos y el sentir placer con también con otros es lo que marcará la diferencia.

RABIA. SENTIMIENTOS DE CULPA, VERGÜENZA.

Piensas que es injusto que otros puedan comer todo lo que quieran. Te sientes mal cuando comes algo que no debes. Te avergüenzas de tí misma después de comer algo a escondidas para que no te juzguen. Necesitas otra perspectiva que te haga sentir mejor.

Para borrar estás huellas y construir tu nueva realidad, sé ingeniera de tu vida. Escríbeme a quieroser@ingenierademivida.com.

Es posible.

Eva.

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La clave es disfrutar comiendo tanto lo sano como lo insano. Y rojo pasión.

Mi propuesta es clara y concisa: Entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer. Salir del hábito porque quiero. Sentir placer. Volver a entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer.

Entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer.

Quiero que entres en hábitos de alimentación sanos para tu cuerpo y para tu mente. Un hábito es una costumbre que se hace automáticamente. Es lo que se hace de manera frecuente sin pensar. Quiero que te acostumbres a que tu alimentación se base en alimentos naturales y no en productos alimentarios creados por la industria; simplemente porque esos alimentos naturales son para lo que tu cuerpo evolutivamente está preparado.

Y quiero que entrenes la sensibilidad para sentir placer comiendo chocolate puro sin azúcar; bebiendo café sin azúcar; comiendo manzanas y nueces; y bebiendo agua cuando tienes sed. Estamos insensibilizadas de tanta sensación artificial.

Quiero que rompas condicionamientos mentales; quiero que sientas placer comiendo ensalada de espinacas con moras, piñones y rulo de cabra un sábado por la noche. Porque sí.

Y quiero que sientas placer llenado el carro de la compra con almendras, salmón, piña, zanahorias, berenjenas, calabaza, kiwis y huevos; Que sientas placer pensando mañana comeré berenjenas a la parrilla con almendras tostadas.

Quiero que te liberes del lastre de los mitos alimentarios. Mitos de esto sí y esto no. Sin sentido, sin ciencia. Mitos de esto engorda y esto enflaca. Sin sentido, sin respeto.

Y quiero que lo hagas sea cual sea tu cuerpo o tu peso; y que notes que bien te sienta darle a tu cuerpo lo que necesita. Alimentos. Que notes que bien sienta comer con hambre y dejar de comer justo cuando ya no la tienes.

Salir del hábito porque quiero. Sentir placer.

Porque la tarta siete chocolates selva negra existe. Porque el salchichón existe. Y porque a todas nos gustan los subidones de euforia cerebrales. Punto.

Y porque los eventos sociales existen y hasta ahora el consenso social suele ser pizza, patatas fritas, palomitas, tarta de azúcar y grasa de palma. Etc.

Quiero que sientas libertad. Subidón. Euforia. Felicidad. Placer. Sin culpa. Sin remordimiento. Sin vergüenza. Sin más.

Por tu salud mental.

Volver a entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer.

Quiero que después del subidón bien disfrutado, sientas. Sientas felicidad de haberlo vivido. Pero también quiero que sientas la sed. Que sientas la inflamación. Que sientas la saturación de las células de tu cuerpo. Y quiero que sin pensar ni cuestionarte vuelvas. Vuelvas a tus costumbres. Costumbres placenteras en las que tu cuerpo respire a sus anchas. En las que tu mente también esté tranquila.

El placer de beber agua cuando tienes sed.

El placer de no comer nada si no tienes hambre. Y descansar.

El placer de comer alimentos naturales cuando tienes hambre. Y sentir la energía y vitalidad que te aportan los nutrientes que tu cuerpo necesita.

Y rojo pasión.

Come con pasión.

En el hábito. Lo sano.

En la salida. Lo insano.

En la entrada. Lo sano.

Siempre rojo pasión.

Atentamente,

Eva.

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Todo lo rico engorda. Y pícnic de moras con quesos mini babybel en la playa.

Hoy quiero reflexionar contigo sobre esta famosa frase: Todo lo rico engorda. Y relacionarla con esta otra: Está de muerte, delicioso, no tiene que ser nada bueno.

En cuanto a lo rico:

He preguntado qué es lo rico. El 95% de las respuestas incluye una o varias de esta lista: Galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec. Esto indica que hay una visión compartida y reducida de lo rico. Y no es de extrañar que todos sean alimentos típicamente prohibidos. Lo prohibido atrae de manera potente. Y no es de extrañar que todos sean alta y artificialmente dulces y salados. Umbrales difícilmente olvidables por tu cerebro desde la primera toma e incomparables cuantitativamente con los alimentos naturales. Pero no cualitativamente. Además, el paladar se educa.

Que estos alimentos nos atraigan tanto psicológica como físicamente no implica que no haya otras cosas que estén ricas. Ricas naturalmente. Ricas holísticamente.

Es un placer artificial. Y no tengo nada en contra de lo artificial. Estoy a favor del satisfyer. Pero sería una pena que solo pudieras llegar al orgasmo con él y que tu sexualidad se redujera a eso. Estoy a favor de la pizza barbacoa. Pero sería una pena que solo pudieras llegar al orgasmo culinario con ella y que tu alimentación se redujera a eso.

Con cuanta ansiedad vivimos no comer eso. Y es normal si pensamos que solo eso es lo rico y que tendremos que prescindir de vivir el placer a través de la comida. Privarse de un placer duele. Ese es el error. No tienes que privarte de esos placeres. Pero tampoco de otros que ni si quiera conoces. O que ni si quiera valoras.

El agua fría cuando se tiene calor y sed. Esta rica. La moras recién cogidas del zarzal para reponer fuerzas después de una caminata. Están ricas.

Rico es que da gusto comerlo. Y se tiene muy limitado el gusto. Es mucho más. De verdad.

En cuanto a engorda:

Con cuanta ansiedad vivimos engordar. Por el rechazo social. Por el rechazo de otros. Por nuestro propio rechazo. No tengo nada más que añadir aquí.

Comer galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec; no engorda. No tengo nada más que añadir aquí.

En cuanto a la relación con está de muerte, delicioso, no tiene que ser nada bueno o no puede ser bueno.

Qué curioso como asociamos placer a pecado. Y que el engorda sea el mayor de los pecados.

Cuanta culpa después de comer salchichón. Eva, castígame poniéndome una dieta estricta, me dicen. La culpa nos invade cuando transgredimos una premisa normalmente inconsciente. Y esa premisa es que tenemos que tener un cuerpo perfecto para no ser rechazadas. Y que te digan que eso mentira cuando lo vivimos en las carnes: pero yo no vengo a decirte que eso sea verdad o mentira. O esa otra premisa de que el chocolate engorda y tienes que privarte de ese placer toda tu vida. Esas cosas duelen. Duele el rechazo. Duele la privación.

Vengo a decirte que el placer es mucho más que galletas y pizza. Y que esas también. Y que no engordan. Y aún lo hicieran. Vengo a decirte que el problema lo tiene el que rechaza no el rechazado. Vengo a decirte que si sufres pesando 70 vas a sufrir pesando 68 por miedo a pesar 70. Vengo a decirte que te relajes. Que disfrutes. Y que así todo va a fluir. Y que bajar de peso, si bajar de peso, será una consecuencia lateral de ese disfrute mucho más amplio. De ese permiso. De ese relax.

Así que,

Todo lo rico engorda y Está de muerte no tiene que ser nada bueno:

Son creencias.

Ideas.

Verdades infundadas grabadas en el inconsciente.

Llámalo como quieras.

Y se han repetido hasta la saciedad.

Las hemos mamado.

Desde infinidad de medios. Lugares. Formas. Y voces.

Y cuando esto pasa, se forja una verdad.

Una verdad que ni si quieras sabes que defiendes.

Individualmente aceptada. E incuestionada.

Socialmente aceptada. E incuestionada.

Una verdad, de la que estoy harta.

Una verdad que influye en cómo vives el placer. Tu placer.

Una verdad que influye en cómo vives la alimentación. Tu alimentación.

Una verdad límite. Limítrofe.

Limítrofe es que tiene un límite común con otro territorio.

Y ese otro territorio es el placer, es disfrutar comiendo. Disfrutar de verdad. Porque hay otros disfrutes hipócritas.

Y esto, comparte límite con las verdades todo lo rico engorda y está delicioso no tiene que ser nada bueno. Palabras que esconden resignación, desesperanza, rabia, arrepentimiento, culpa, vergüenza y sufrimiento.

Y yo quiero estar al otro lado de este límite limítrofe.

Yo quiero ese otro territorio.

Porque ya está bien.

Basta.

Hasta aquí.

Párate.

Piénsalo.

Piénsalo.

Por favor.

Por ti.

Yo quiero otra verdad.

Yo creo en otra verdad. Porque sé otra verdad.

Y para mí eso no es verdad. No es verdad que todo lo rico engorda. No es verdad esta delicioso no tiene que ser nada bueno.

Y resalto para mí.

Ojalá pronto tampoco lo sea para ti. O al menos, ojalá empieces a demostrarte con experiencias cotidianas que eso es mentira. Y en algún momento puedas vivir el placer y los alimentos con una mirada más amplia.

De goce.

De disfrute.

De saber.

De sentir.

No de creer.

Te dejo dos prácticas muy potentes para ello. Y te aviso que no vale solo con leerlo. No vale solo con saberlo. Hay que sentirlo en las carnes. Tienes que hacerlo. Vivirlo. Y volar por los aires esas dos creencias. (todo lo rico engorda y esta delicioso no tiene que ser nada bueno).

PRÁCTICA UNA: Galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec. ¿Engorda?

Sin entrar e que sea o no adecuado nutricionalmente. Para vivir lo adecuado sin ansiedad de no poder vivir lo inadecuado hay que hacer lo inadecuado, a veces. Regálate estas dos experiencias.

Experiencia a: Desayuna, come y cena tosta de tomate y salchichón el mismo día ¿Has engordado?

Experiencia b: Cena tosta de tomate y salchichón durante todo la semana. ¿Has engordado?

PRÁCTICA DOS: Galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec. ¿Esto es todo lo rico?

Sea cual sea el peso que tengas ahora. Sin entrar en que eso deba o no deba ser así. Ahora, simplemente es. Regálate estas dos experiencias. Sin entrar en es poca cantidad o mucha cantidad; está rico o asqueroso; es bueno o malo.

Experiencia a: PÍCNIC DE MORAS CON QUESOS MINI BABYBEL EN LA PLAYA. Prepara una excursión a la playa con una persona especial. O unas. Atardeciendo. Lleva un mantel y unos cojines. Moras y quesos mini babybel. Champan para brindar. ¿Te ha gustado?

Experiencia b: Prepara una ensalada de espinacas con higos, almendras tostadas y queso francés. Pon música y enciende unas velas. ¿Te ha gustado?

Espero que te aporte.

Espero tu comentario.

Atentamente,

Eva.

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