Author - Eva Altagracia

Cómo deshacerse de la sensación de culpa después de comer algo que no deberías haber comido. Y feliz noche de año nuevo.

La culpa es una emoción que se siente después de haber hecho algo que ha transgredido una norma o que va en contra de alguna creencia. Esas normas y creencias suelen ser inconscientes y podemos indagar en ellas a través de los pensamientos automáticos que aparecen en tu mente en ese momento. En el momento en que estás sintiendo la culpa.

Detrás de cada emoción hay un pensamiento.

Averigüemos cuál es.

Para ver si es real.

Para ver si es verdad.

Ahora en navidades vas a comer muchísimas cosas que supuestamente están prohibidas, no deberías, son un pecado. Así que, merece la pena buscar ese pensamiento si no quieres que te acompañe esa sensación de culpa durante todas las fiestas.

Imagina que te acabas de comer una de esas cosas. Que comes pasta, pizza, turrón, mazapanes, pan.  Imagina ahora la culpa que aparece después.

El acto es he comido turrón.

La emoción me siento culpable.

¿Y el pensamiento?

El turrón es un pecado no debería haberlo hecho.

Si no sufro no puedo adelgazar y me he dejado llevar por el placer.

El turrón engorda, verás cómo te vas a poner.

Ya la liaste. Siempre tienes que acabar haciéndolo mal.

Hay mucha información en esos pensamientos. Pero voy a intentar hacerlo sencillo y práctico.

QUÉ TIENEN EN COMÚN TODOS ESOS PENSAMIENTOS.

La creencia de que el turrón engorda.

La norma de que no puedes comer turrón porque engorda.

DESMONTÁNDOLO RACIONALMENTE LLEGANDO AL ABSURDO.

Si lo único que comes en un día es una tabla de turrón, ¿Crees que te engordaría? La respuesta es no. No es el turrón, es el conjunto. Asegúrate de que el conjunto sea idóneo y el turrón no tiene por qué engordar.

DEMOSTRÁNDOTELO MEDIENTE UNA EXPERIENCIA CONCRETA Y DE MANERA CONSCIENTE QUE ESO MENTIRA.

Por ejemplo, elige tu porción de turrón favorita y cómetela mañana para merendar. Desayuna tu yogurt con nueces. Come tu salmón al horno con puerros. Y cena tu ensalada de brotes verdes con manzana, queso azul y nueces. ¿Has engordado? La respuesta es no. Pues déjate de creencias absurdas, integra y disfruta.

Espero que puedas vivir en paz la alimentación estas fiestas. Si con este artículo no es suficiente y quieres que te ayude de manera más personalizada. Puedes reservar tus sesiones online en quieroser@ingenierademivida.com, estas fiestas mantendré la agenda abierta para poder estar en los momentos más complicados.

Besos.

Eva.

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Qué hacer antes, durante y después de una comida navideña. Si no quieres coger peso y quieres vivirla en paz.

Muy pronto empezará la temporada de las comidas y las cenas navideñas. Que si con tus amigos del gimnasio, que si con los amigos del pueblo, que si con la familia de tu novio, que si con tu familia, que si con los compañeros de trabajo.

Y con ello, muy pronto empezará la angustia de: voy a echar por tierra todo lo que he bajado desde verano. O peor aún la de: madre mía no he sido capaz de quitarme los dos quilos que cogí en verano y ahora voy a coger otros dos. O la de: Quiero seguir bajando y voy a estancarme. Eso supone que empiecen a rondar en tu mente contradicciones que van a amargarte esos momentos desde ya. Por un lado, te hace ilusión ir para pasar tiempo con tu gente y te apetece muchísimo comer comida que no es de dieta; pero por otro piensas que va a ser tu perdición, que te vas a descontrolar y que en la última de tus cenas ya no te entrará ninguno de los vestidos y te verás horrible.

Pues tengo la solución.

Tengo la solución para:

Ir a las comidas y a las cenas.

Disfrutar de comida que no es de dieta.

Vivirlas en paz y tranquila.

No coger peso, incluso seguir bajando peso durante el mes de diciembre.

Mantener el control en todo momento.

Que no te sientas pesada, hinchada o inflamada.

Que te sientas radiante con tus vestidos.

QUÉ HACER ANTES Y CÓMO HACERLO:

Deshazte del ansia.

¿Hay algo de lo que tengas mucha gana? De los alimentos o comidas típicas de la navidad, ¿Cuál es tu favorita? ¿Tienes algún antojo? ¿Sientes mucho deseo por algo?

Imagina que la respuesta es: pizza. Cada año es costumbre reunirte en casa de tu amiga Clara y pedir unas pizzas. Y hace meses que no comes pizza. Temes ese día ponerte hasta atrás de pizza y luego sentirte culpable y pesada porque tienes muchísimas ganas. Y que esa emoción y sensación te lleven al pensamiento de perdidos al río ya en enero empiezo. Eso es lo que te hará engordar. Y el placer se tornaría a sufrimiento, si es que alguna vez fue placer. Porque no es placer estar en la cabeza pensando ciertas cosas mientras comes, por buena que esté la pizza no habrá manera de disfrutar de ella. Mientras comes hay que estar en los sentidos. Y disfrutar de esa pizza. Es como si te viera pensando lo siguiente mientras comes la pizza: no debería estar haciendo esto, ya la estoy liando, no tienes remedio eres una comilona y es normal que estés gorda.   Así que, calma. ¿Tienes muchas ganas de pizza? Pues venga, hay que comer pizza antes de ir a esa cena. Pero no vale cualquier pizza o una que crees que no engorda. Vale solo tu favorita. Que tu favorita es la pizza con tomate y salami. Pues esa es la que cualquier día de estos, tienes que sentarte a disfrutar sola en casa. Y tranquila puede ser integrándola. No vas a engordar por ello. Imagina desayunar un té con un par de galletas, comer una crema de calabaza, merendar unos frutos rojos y cenar tu pizza con tomate y salami. No habría malas consecuencias.

Hay que descargar tensión. Hay que integrar lo quiera que sea de lo que tengas ganas, no dejarlo todo para comer ese día.

Resérvate.

Ten presente la frugalidad. Tanto los días antes como justa la comida antes. Imagina que Si es una comida, cenar frugal el día antes y desayuno frugal ese mismo día. Si es una cena comer frugal y desayunar frugal ese mismo día. Reservarte para tu comida o cena. Si son días contiguos aprovecha todas las ingestas que no son la comida o cena para tomar cosas de fácil digestión y en cantidades pequeñas. Si tienes una comida y una cena el mismo día, resérvate el día antes y descansa el día después. Frugalidad en ambos.

QUÉ HACER DURANTE Y CÓMO HACERLO:

Ser muy selectiva.

Comer lo que realmente merezca la pena. Eso sería rellenar el hueco de tu estómago de manera eficiente. Elegir. Qué quiero y que no. Poner filtro.

Respetar el límite físico de tu estómago.

Y cuando esté lleno, respetar ese límite físico y parar. Si has elegido bien, tu mente también estará satisfecha. Ahora, si has elegido lo que creías que era de dieta te habrás quedado con las ganas y querrás seguir comiendo. Por mucho que comas no vas a querer para hasta que te comas lo que realmente querías. ¿No crees que habría sido mejor hacerlo desde el principio, habiendo evitado muchísima comida? Como este canapé que no engorda y luego esto otro que tampoco y esto. Pero lo que realmente quiero es unas rodajitas de salchichón. Mi consejo es comer únicamente eso, qué es lo que realmente quieres. El resto engorde o no supuestamente dejarlo.

No pensar que va a ser la última oportunidad de comer eso. Para que entiendas eso voy a contarte lo que me pasó en una comida. Había sido selectiva y tras los entrantes y el plato principal había llegado a mi límite físico. El postre me encanta, siempre dejo hueco para el postre pero en este caso como me gustaba muchísimo lo anterior no llegué con un hueco. Solo lo probé. Era una sopa de chocolate blanco con picatostes y helado de pistacho (mi favorito). Podría haber hecho hueco para el postre (que no es lo mismo que dejar hueco para el postre) pero me hubiese quedado a disgusto. Así que tomé un par de cucharadas presente con los cinco sentidos y lo dejé. Y lo hice siendo consciente de que esas dos primeras cucharadas son las mejores, para el resto las papilas ya se han habituado y el placer no es tan intenso. Al día siguiente mi merienda fue un magnum de chocolate blanco. Si hubiese pensado ahora o nunca este chocolate blanco, me hubiese comido la sopa entera y hubiese saturado mi cuerpo.

QUÉ HACER DESPUÉS Y CÓMO HACERLO:

Siente la resaca y date un descanso.

La resaca no solo se siente por beber de más. Se siente por comer de más. Nótala. Reconoce esa sensación. Bebe agua. Haz como hacen los niños. Si por la tarde los llevaste a un cumple y comieron lo que quisieron picoteando por allí, cuando le ofrezcas la cena te va a decir que para ti. El niño o la niña no dejará de cenar porque tenga que compensar, dejará de cenar porque siente genuinamente que no tiene que cenar.  Que ya comerá en otro momento. ¿Porque los mayores no hacemos eso? Porque lo hacemos desde las restricción y el castigo y nos sublevamos a nosotros mismos para recuperar nuestra libertad.

Recarga tu cuerpo con vitaminas.

El día siguiente toma una cremita, un juguito, un caldito.  Una ensaladita. Que sean minimalistas. De cuatro ingredientes. Que la ingesta posterior a la comida o la cena sea suavecita.

Y disfruta al 100%. Sin angustia, sin culpa, sin remordimientos. Y sin consecuencias físicas. Todas tus comidas o cenas navideñas. Y tranquila, si aún con estos consejos se te va de las manos, yo estaré aquí para ayudarte en enero. Pero creo que hay que empezar en diciembre. Puedes escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar tus sesiones online personalizadas.

Atentamente,

Eva.

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Sentir las emociones para no comérselas. Te digo como expresar e interpretar las emociones más comunes por las que comes, para que puedas dejar de hacerlo.

Quién no ha comido alguna vez para calmar sus emociones.

Y estoy de acuerdo con hacerlo.

Pero de acuerdo en hacerlo de manera eficaz e inteligente. Sabiendo que te va a calmar justo eso que comas por alguna asociación positiva que tengas con lo que comas. Y sabiendo que no va a solucionar tus sentimientos. Solo lo hará un poco más llevadero. Pero hay que buscar otra salida. Por ejemplo yo tengo asociaciones positivas con la pera madura y con el arroz con leche infusionada en naranja. Comer justo eso, me calma. No me hace falta atiborrarme.

Por el contrario, si nos acomodamos a comer cualquier cosa (constantemente y en mucha cantidad) para olvidarnos de nuestros malestares y sin aprender a solucionarlos, lo convertiremos en un hábito. En un mal hábito.

Y esto tendrá consecuencias nefastas para tu cuerpo y para tu mente. Para tu cuerpo porque estarás dándole más de lo que necesita y probablemente de peor calidad porque no nos tiramos a los alimentos nutritivos precisamente. Y también para tu mente porque no tendrá la posibilidad de liberar la emoción.

Por ello dos cosas:

1.

PIENSA ALIMENTOS O PREPARACIONES CULINARIAS QUE TE RECONFORTEN DEBIDO A ASOCIACIONES POSIVAS QUE TENGAS CON ELLOS. PUEDEN SER UN RECUSO EN DETERMINADOS MOMENTOS PARA SOBRELLEVAR LO JODIDA QUE ES LA VIDA A VECES O LO JODIDAMENTE MAL QUE LLEVAMOS LA VIDA A VECES.

2.

TE DEJO AQUÍ UNA RECOPILACIÓN DE LAS EMOCIONES MÁS COMUNES POR LAS QUE SE COME.Y COME. Y TE DIGO COMO EXPRESARLAS E INTERPRETARLAS.

Tristeza. Lo típico del helado de litro en el sofá o de la pizza casa tarredellas porque te ha dejado tu novio o has dejado a tu novio. O porque recuerdas el aniversario de algo que todavía no has superado. O porque algo te va mal en la vida y no está en tu mano cambiarlo llegando a la desesperanza. Llora. La tristeza en una emoción que indica recogimiento, que pares, que te dejes mimar, que te mimes.

Enfado. Respira. Hay algo que consideras injusto. Da un paseo. Y solo cuando se te haya pasado, anda a tener una conversación calmada con quién corresponda.

Frustración. Es una mezcla de tristeza y enfado. Golpea un saco de boxeo. O pégate una carrera. Indica que tus expectativas no se han cumplido. Revísalas.

Incertidumbre. Tiene incluido el miedo. Y el desconocimiento. El malestar que genera su presencia disminuye cuando aceptas que pueda pasar lo peor. Lo que más temes. Busca información fiable y evita el sesgo de confirmación al que te empuja el miedo.

Preocupación. Tiene incluido el miedo. Ocúpate de lo que puedas ahora. Y confía en que podrás solucionar cualquier cosa cuando llegue el momento, si es que llega el momento.

Impaciencia. Quieres que llegue el final o la consumación. Aprende a disfrutar de los pequeños detalles del camino.

Aburrimiento. Desmotivación absoluta. Seguro que hay algo. De pequeña siempre me recuerdo aburrida. No me gustaba nada de lo que tenía delante. No me gustaba ver la tele. Pero hay muchas cosas más de lo que tienes delante ahora mismo. No desistas, busca estímulos. Hay algo que está hecho para ti. Con lo que perderías la noción del tiempo.

Procrastinación. Recuerdas cuando tenías que entregar un trabajo en el instituto y lo dejabas para el último día. Te tirabas un mes con la pesadez de tener que hacerlo y la adrenalina del día antes y de no hay más tiempo te permitían estar la noche en vela y entregarlo a tiempo. La pesadez de tener que hacerlo y el hacer otras cosas para evitar hacerlo u olvidar hacerlo hacen comer. Y eso no es comer por aburrimiento, es comer por procrastinación. Olvídate de ciertas cosas que no te gustan y hazlas directamente cuando sean urgentes.

Arrepentimiento. Quizás te has pasado en un momento de ira. Da espacio a la otra persona. Acoge su sentimiento respetando también el tuyo. Discúlpate.

Envidia. Te está indicando cosas que valoras y deseas. Reflexiona para darte cuenta qué es lo que deseas y trabaja por ello.

Celos. Son una mezcla de tristeza y miedo. Refuerza tu autoestima e independencia. Y si alguien se quiere ir, que se vaya.

Cansancio. Prioriza el descanso. Duerme, una ducha caliente. Cierra los ojos. Date un día libre. Reserva un fin de semana sin planes ni compromisos. No hagas lo que debes.

Euforia. Un subidón de alegría. Cuando pasen unas horas o unos días disminuirá su intensidad y volverás a la realidad. Es mejor no actuar en esos momentos. No celebrar demasiado comiendo. Siempre mereces comer, no solo cuando las cosas han ido bien. Busca otro tipo de premios.

No tengas miedo a tus emociones ni a tus sentimientos. Ellos están contigo, no contra ti.

Si necesitas que te ayude a gestionar tus emociones de manera personalizada, escríbeme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar tus sesiones online. Estaré encantada de conocerte.

Un abrazo.

Eva.

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Por qué a todo el mundo le encanta la pizza. Por qué se engulle la pizza. Por qué te sientes culpable después de la pizza. Y te digo mis favoritas.

Hace unos días, en una historia de instagram preguntaba: ¿Qué significa para ti comer pizza? Y lo hacía porque sé que es algo que te encanta, como a todos. Y porque también sé el suplicio que es querer comerla y no hacerlo por restricción o comerla y sentirse mal por hacerlo. Y al final nos encontramos en un entramado de que hagas lo hagas vas a sentirte mal.

Este malestar es algo que vivo continuamente en consulta. Quería confirmarlo una vez más con vuestras respuestas de la red social. Las que más se repitieron fueron:

PECADO.                     

PREMIO.

PLACER.

VIERNES.

CULPABILIDAD.

FAMILIA.

AMIGOS.

Por un lado, a todo el mundo  nos gusta la pizza porque es:

Una manera de relacionarnos con gente a la que queremos.

No hay que liarse a cocinar, es muy desenredado.

Esta deliciosa.

La asociamos a distensión y diversión.

Es barato en comparación.

Porque se come con las manos y nos encanta tocar.

Porque está crujiente.

Porque se come recién hecha, está caliente y huele bien.

Porque es un gusto que no tiene edad.

Porque un gusto que todos tenemos en común, no hay discusión.

Por eso es la comida favorita de muchos.

Pero por otro lado, comer pizza tiene connotaciones muy negativas.

Se suele comer con ansia y deprisa. Mucha cantidad en poco tiempo, lo que provoca sensación de pesadez e indigestión. Esto se produce porque:

Porque cuando volveré.

Porque el lunes empiezo a recortarme, ahora tengo que aprovechar.

Para que nuestra mente no se dé ni cuenta. Como queriéndola engañar con un aquí no ha pasado nada. Mientras lo estás comiendo estás pensando no debería o cómo voy a hacer para compensarlo.

Para que otros no se coman el trozo que tú quieres porque es un momento típico de el que más pueda que más haga. Mientras estas comiendo trozo, estás mirando con el rabillo del ojo el siguiente que vas a comer, desviándote de lo que tienes ahora mismo y no viviendo el trozo de pizza que tienes en las manos al 100% y con los cinco sentidos. Ni si quiera lo saboreas.

U otras cosas negativas como:

Como esta semana no has ido al gimnasio todo lo que deberías o no te han salido las cosas bien en el trabajo, estudio o lo que sea piensas que no te la mereces y te sientes muy culpable al comerla.

Como la pizza está buenísima y supuestamente para perder peso hay que sufrir no lo estás haciendo bien, no lo vas a conseguir y te machacas hasta más no poder.

Como la pizza es algo prohibido en la dietas, porque tienes muchísimos hidratos de carbono y porque tiene salsas y porque es comida rápida, y tú quieres adelgazar o al menos no engordar, pues ya te has saltado las normas y eres una judas. Te sentirás bien culpable.

SI NO LA COMES TE SIENTES MAL PORQUE TE ESTAS PRIVANDO Y REPRIMIENDO DE TODO LO POSITIVO DE COMER PIZZA. DEL PORQUE A TODOS NOS GUSTA LA PIZZA QUE TE DECÍA AL PRINCIPIO.

SI LO HACES TE SIENTES MAL PORQUE SE DESENCADENAN TODO UNA SERIE DE COMPORTAMIENTOS Y PENSAMIENTOS NEGATIVOS.

¿Cómo hacer entonces para comer o no comer pizza en paz?

NO COMER PIZZA EN PAZ.

Lo primero es que la verdadera libertad reside en decidir comer pizza a veces y decidir no comer pizza a veces. Para ello tienes que aprender a obtener todas esas cosas positivas que te aporta la pizza sin la pizza. Para que cuando decidas no hacerlo porque no necesitas hacerlo; porque no quieras engordar; o porque simplemente te dé la gana, lo hagas desde la libertad. Desde la satisfacción. Desde el bienestar. Sepas relacionarte con tus amigos o familia de otras maneras que no sea comiendo, tengas otras opciones desenredadas de cenas, deliciosas, baratas. U otras comidas favoritas.

COMER PIZZA EN PAZ.

Y cuando decidas hacerlo que la hagas disfrutando realmente de ello. Que llegue a ser un acto placentero pleno. Para ello recuerda: puedes comer pizza cualquier día, te la mereces porque sí, comer pizza no engorda lo que engorda es prohibírsela y lo que eso conlleva, se puede perder peso sin sufrir. Tienes que demostrarte estas cosas que te digo a ti misma, es entonces cuando sin miedo, podrás disfrutar de las pizzas. Si quieres que te ayude a demostrártelo, puedes escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar tus sesiones online y que tratemos juntas el tema.

Además: te desvelo mis pizzas favoritas para que si quieres, cuando quieras, con o sin compañía, puedas disfrutar de ellas como es debido.

Pizza con pera, puerro, queso y pistachos.

Pizza con espinacas, besamel, pasas y piñones.

Pizza de tomate con salchichón.

Pizza de chocolate con avellanas.

Felices pizzas,

Eva.

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4 placeres de verano que tienen que ver con comida y 4 que no tienen que ver. Últimas veces de la temporada.

La comida es un placer, pero no todos los placeres son comida. La comida es muy importante. Comer nos hace felices. Y es una parte importante de nuestras vidas ya que día a día nos encontramos frente a ella y no podemos ni escondernos ni esconderla. Pero nuestra vida no puede girar en torno a ella. Porque de esa manera, el placer se torna a sufrimiento. Tenemos que aprender a relacionarnos con la comida de manera positiva. Y para eso tenemos que sentir placer con infinidad de cosas más. Y con ella, por supuesto. Si estamos pensando todo el día en comida y nunca es suficiente, no podemos vivirla con calma ni con disfrute. La clave es que la comida no lo sea todo. Que solo sea una cosa más.

La comida deja de ser un placer y se torna a sufrimiento cuando empieza a ser una adicción. Las señales que nos indican que somos adictos a ciertas comidas hiperpalatables son las mismas que en otro tipo de adicciones con otro tipo de sustancias. Y estas señales son las siguientes:

-Un adicto niega serlo o le cuesta reconocerlo. Lo típico de: No, si yo tampoco como tanto. O si yo no estoy para lo que como.

-La sustancia deja de tomarse por el placer que reporta y comienza a tomarse para evitar el malestar que supone no tomarla. Lo típico de: Necesito algo dulce. O lo de no disfruto comiendo, como sufriendo pero no soy capaz de dejar de comer.

-Cada vez se necesita más porque menos sabe a poco. Lo típico de: Siempre tengo hambre o estoy todo el día pensando en comida.

-Y ya no sientes la resaca física que produce comerlos. Lo típico de: Me sienta bien comer así (de mal).

-Si no se come se siente nerviosismo o mala leche y no se para hasta que se hace. Se tiene mono. Lo típico de que como no comas tus galletas con leche antes de dormir no duermes.

-Pone límites a tu vida y a metas que quieres conseguir en tu vida. Lo típico de: Quiero comer sano para sentirme bien, pero nunca lo consigo. O no consigo adelgazar y si lo hago recupero mi peso y eso me impide estar en calma y tranquila, siempre vivo luchando. Digo que no a un plan de comer fuera porque no me lo puedo permitir ya que engordaría pero luego me da el arrebato y la ansiedad y como todo lo que pillo en casa cualquier tarde.

-Otros placeres no te producen placer. Lo típico de: Como por todo o lo pago todo con la comida. Lo bueno y lo malo.

-Los pequeños placeres de la vida no te dan placer, necesitas lo artificial. No disfrutas con el café solo o con el cacao puro. Necesitas el café con azúcar o el cola cao. Y no es que lo placeres artificiales no estén bien (no me malinterpretes) es que si solo obtienes placer con ellos te harás adicta a ellos.

Hay que llegar al punto de un cola cao bien cargado cualquier día que delicia. Lo hago y disfruto el subidón pero que mal me sienta (resaca) prefiero el placer del cacao puro diariamente que me sienta bien. Si no sienta mal eres adicto. Si no te sabe dulce eres adicta porque te has habituado. Y necesitarías deshabituarte o desintoxicarte, para después de un tiempo, tomarlo y decir: joder, ¡cómo no podía sentirlo tan dulce!

PERO TRANQUILA.

En cierta medida todos hemos sentido eso. Cuando tenemos dulces en el cajón o helados en el congelador no podemos dejar de pensar en ellos y no paramos hasta que no los comemos. Y queríamos más y más y todos los días. Y no es que tengamos algo patológico y algo que no podamos aprender a llevar de manera positiva tanto para el cuerpo como para la mente. Es normal a todos nos gusta lo bueno y a todos nos cuesta desprendernos de lo bueno. Pero tenemos que aprender a dar tregua a nuestro cuerpo, a darnos descanso y a no dejar que nuestra mente nos gobierne.

La comida es un placer pero a veces los placeres no atrapan y dejan de ser placer. Se tornan a sufrimiento. Las claves para que la comida sea un placer y no se torne a sufrimiento son:

PRIMERA: UNA DE LAS CLAVES ES QUE LA COMIDA SEA UN PLACER MÁS, PERO NO SEA EL ÚNICO. AL DAR ESPACIO A OTRAS COSAS INEVITABLEMENTE DESPLAZAMOS EL EXCESO DE NECESIDAD DE PLACER COMIENDO.

SEGUNDA: OTRA DE LAS CLAVES ES SENTIR PLACER CON LA COMIDA NATURAL  PARA PODER DAR ESPACIO AL PLACER ARTIFICIAL SIN QUE ESTE GANE TODO TU TERRENO.

TERCERA: Y OTRA ES QUE LA COMIDA SEA UN PLACER INDEPENDIENTE A UN SUFRIMIENTO. ES DECIR, CUANDO COMEMOS PARA SOBRELLEVAR UNA PREOCUPACIÓN LA COMIDA PASA DE SER PLACER A UN FALSO PLACER O INCLUSO UN SUFRIMIENTO. HAY QUE APRENDER A GESTIONAR LAS EMOCIONES DE MANERA INDEPENDIENTE. TRANQUILA, TODOS HEMOS COMIDO Y COMEMOS EN ALGÚN BAJON PERO NO PUEDE SER LA ÚNICA ESTRATEGIA NI UTILIZARLO DE MANERA CRÓNICA PORQUE TE PASARÁ FACTURA POR MUCHOS LADOS. UN CUERPO RESENTIDO Y EMOCIONES INEXPRESADAS QUE ACABARÁN SALIENDO CON MÁS FUERZA.

Por todo esto quiero dejarte estas ideas de placeres de verano. Algunos que tengan que ver con comida y otros no. Para que tu atención esté puesta en más cosas y para que puedas disfrutar de la comida con mesura. Porque si el verano se reduce a comer mucho y mal porque estoy de vacaciones no vas a disfrutar, vas a sufrir. Además dentro de los placeres que son de comida he introducido placeres sencillos que no solemos apreciar pero que marcan la diferencia. No hace falta atiborrarse todo los días de verano para disfrutar de la comida, de hecho si lo haces no vas a disfrutar ni de la comida ni de otras cosas porque te sentirás mal tanto física como mentalmente.

Menos es más. Los pequeños detalles son los que nos hacen felices. Relacionados con la comida y no relacionados con la comida. Me quedo con eso y ahora sí, te dejo por aquí expuestos algunos de mis placeres de verano.

4 PLACERES QUE TIENEN QUE VER CON COMIDA.

PLACER 1. Café con hielo.

PLACER 2. Helado de pistacho.

PLACER 3. Una cena al aire libre con una tabla de quesos, fuet, uvas negras, moras y anacacardos.

PLACER 4. Agua cuando se tiene sed.

4 PLACERES QUE NO TIENEN QUE VER CON COMIDA.

PLACER 1. Sentir la piel de gallina al salir del agua y sentir el calor del sol al secarse.

PLACER 2. Hidratarse la piel.

PLACER 3. Ponerse un vestido de espalda al aire.

PLACER 4. Tirarte a ver las estrellas sin quedarte helada.

Ya estamos a finales de Agosto y serán las últimas veces de la temporada. Pero no la última vez, el verano volverá.

Felices últimas veces de verano.

Atentamente,

Eva.

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4 claves para sentir verdadero placer comiendo tanto lo prohibido sin culpa ni ansia, como lo recomendado sin rechazo ni asco.

No es posible sentir verdadero placer comiéndote un cucurucho helado de cuatro chocolates si estás pensando todo el tiempo mientras lo haces que no lo deberías estar haciendo. Tampoco es posible hacerlo si te lo comes todos los días o te das un atracón de ellos quedando que revientas.

No es posible sentir verdadero placer comiendo yogurt con manzana y nueces si mientras lo haces piensas que es lo que tienes que hacer pero que te gustaría estar comiendo otra cosa. O si tienes asociada la manzana a estar sufriendo porque en otras dietas era tu merienda. Además es muy improbable que lo hagas si lo haces en cualquier sitio descuidando el envoltorio y en un ambiente que no induzca bienestar.

Por ello, voy a darte 4 claves para que puedas hacer tanto lo uno como lo otro. Para que puedas sentir verdadero placer comiendo tanto lo prohibido sin culpa ni ansia como lo recomendado sin rechazo ni asco:

CLAVE 1. ELIMINAR LA DISONANCIA COGNITIVA.

La disonancia cognitiva es que una parte de ti quiere hacer algo pero otra parte quiere hacer la contraria. Hay una lucha. No se siente paz ni tranquilidad.

No pasa nada por hacer eso.

Muchas veces nuestra mente intenta fallidamente pensar: Por una vez no pasa nada. Pero no es sincero y después de hacerlo te sientes mal. Después de comerte la tarta de cumpleaños te sientes mal. Aparece la culpa. La culpa aparece cuando estas transgrediendo una norma consciente o inconsciente. Si en el fondo piensas que mejor que no lo hubieras hecho porque así no podrás adelgazar. Te sentirás mal. Y ese sentirse mal hará que comas otras cosas que tampoco debieras porque ya para qué si nunca voy a conseguirlo.

Tiene que ser un: no pasa nada por hacer eso, pero sincero.

Para que no haya disonancia las dos partes de ti tienen que querer lo mismo. Tiene que ser un quiero y puedo o un no puedo y no quiero.

Quiero y puedo:

No pasa nada en el sentido de que no tengo porque engordar. Demostrarme a mí mi misma que si integro eso que quiero en mi alimentación no habrá esa consecuencia. Ese quiero puede ser una oportunidad para comprobar que no pasa nada y disminuir la ansiedad. En este otro artículo te digo cómo integrar: https://ingenierademivida.com/blog/2021/05/30/te-digo-como-integrar-lo-insano-en-una-linea-base-sana-sin-engordar-y-sin-remordimientos-y-disfruta-de-verano/

O, no pasa nada en el sentido de que si engordo puedo ocuparme de eso en otro momento y tengo plena confianza en mí misma de que me ocuparé de ello y se solucionará.

No puedo y no quiero:

Está delicioso pero no me merece la pena asumir las consecuencias. Y realmente disfruto poniendo límites y diciendo que no. Porque tampoco puedes engañarte aquí, si dices que no queriendo hacerlo luego habrá consecuencias emocionales de tipo: Encima que no me comí eso o si yo lo he hecho todo bien.

Da mucha calma solucionar la disonancia cognitiva.

CLAVE 2. EL PLACER DE HACER ALGO QUE HACE MUCHO QUE NO HACES.

No se siente el mismo placer cuando se hace algo todos los días que cuando se hace después de un tiempo.

No sientes el mismo placer comiendo helado si lo haces diariamente que si lo haces de vez en cuando. Si lo haces cada día, el placer disminuye de manera considerable hasta el punto de no apreciarlo. Se acaba haciendo de manera automática como rutina y el paladar simplemente se acostumbra y no se asombra. Para sentir placer intenso el paladar tiene que asombrarse.

O por ejemplo el placer de comer tomates de la huerta en verano después de estar todo el invierno sin hacerlo. O consumiendo los que no saben a nada. La naturaleza hace que tengamos que descansar de los alimentos hasta la próxima temporada y que cuando llega la temporada te mueras de placer al comer los tomates. Sé que hoy en día se puede comer de todo en todas las épocas del año, pero lo primero es que sus características organolépticas se ven seriamente resentidas y lo segundo es que no se apreciarían de la misma manera. Es una forma de no aburrirse y es una forma de mantener el gusto por los alimentos debido que el placer de hacer algo que hace mucho que no haces es muy superior al placer de algo continuamente.

Pero con alimentos insanos, los que no nos da la naturaleza, realmente el trabajo está en experimentar la diferencia de hacerlo diario u ocasional y comparar el placer. Y en valorar si quiero acostumbrarme para ya hacerlo sin darme cuenta y no sentir ni placer o si quiero un subidón de vez en cuando. Ese subidón solo es posible si es de vez en cuando. Así no merecería la pena. Al poner en la balanza que diariamente no aporta demasiado placer con el me hace daño en el sentido de engordar o en el sentido de que es malo para mi salud dejarías de hacerlo continuamente.

Por ejemplo, llevaba comiendo una temporada por las tardes siempre un par de magdalenas y las he dejado de comer porque ya me había habituado y no sentía placer haciéndolo, para algún día después de un tiempo volver a sentir ese placer que se perdió en el hábito. Dije: basta, no me merece la pena. Cuando se deja de sentir placer hay que poner distancia para poder volver a sentirlo pasado un tiempo.

CLAVE 3. CREAR ASOCIACIONES POSITIVAS CON ALIMENTOS SANOS.

Crear asociaciones positivas con alimentos sanos en momentos especiales. Un momento especial es un momento emocionalmente positivo. Solemos tener muchos momentos especiales asociados a preparaciones culinarias o alimentos insanos pero pocos momentos especiales asociados a alimentos sanos. Es más, tenemos asociados malos momentos con alimentos sanos.

Eso ya es casi imborrable. Pero podemos generar nuevas rutas neuronales en nuestra cabeza, podemos generar nuevos aprendizajes. Podemos generar nuevas asociaciones positivas con alimentos sanos.

Y eso es muy interesante porque nos encanta vivir momentos especiales con la comida y a través de la comida. E imagina si fuera a través de alimentos que nos nutren. Disminuiría el consumo de alimentos que no nos nutren.

Para que funcione, esos momentos especiales tienes que asociarlos a preparaciones muy concretas. Imagina que siempre que vienen invitados a comer a la terracita de casa preparas ensalada de rúcula, pera y anacardos. Imagina que siempre que ves un capítulo de la serie que estás viendo la acompañes de una macedonia tropical de piña y mago.

Eso son asociaciones positivas con alimentos sanos, más allá de las pizzas y más allá del bote de helado. Qué también. Pero también nuevas.

CLAVE 4. EL AMBIENTE Y EL CONTEXTO CUANDO SE COME SANO.

Se cuida mucho el ambiente y contexto cuando comemos fuera de casa o en nuestra propia casa cuando vienen invitados. Además esos días y en esos momentos normalmente suelen tomarse alimentos y preparaciones o alimentos que quizás no sean las mejores elecciones nutricionalmente hablando. Y ambas cosas son perfectas así. Porqué no. Pero sería muy interesante dar un lugar en este tipo de eventos a algún o algunos alimentos sanos también. Para crear esa asociación entre alimento sano y momento especial, celebración, vínculo social.

Así que por ejemplo cuando lleguen invitados a casa es perfecto una tabla de diferentes tipos de quesos pero yo incluiría unas uvas negras, algunos arándanos y algunas bolas de melón y calabaza.

Además de eso, muy relacionado con el apartado anterior, en el día a día que es cuando se suelen introducir más alimentos nutricionalmente acertados para nosotros los humanos no se cuida el contexto ni el ambiente. Por eso creo que sería muy positivo empezar a hacerlo a partir de ahora. Aunque sea un día al azar. Pero tener en casa unas velas, unos bols chulos para ensaladas y otros para el yogurt con frutas, frutos secos, bayas y semillas. Tener nuestros platos estrella sanos para diario en esos recipientes especiales, manteles, música de mulan rourse y con una iluminación espectacular. El agua en copa.

CUIDAR EL ESPACIO Y LOS DETALLES EN LA MESA CUANDO SE COME SANO ES ESENCIAL PARA DISFRUTAR COMIENDO SANO.

PARA FINALIZAR:

Así que si dejas a un lado la lucha de la disonancia cognitiva, te demuestras que el placer de hacer de algo que hace mucho que no haces es incomparable al de algo que se hace todos los días, empiezas a hacer asociaciones positivas con alimentos sanos y cuidas el ambiente y el contexto cuando comes en casa diariamente comida sana; BAJAR DE PESO EN VERANO ES POSIBLE.

Si sigues el pensamiento no puedes comer eso porque engorda el deseo hacia eso aumentará considerablemente hasta tener que comerlo con mayor frecuencia y cantidad que si te lo permitieses integrándolo en tu alimentación. Si te sigues conformando con el placer mediocre que te ofrece comer helados mediocres todos los días en lugar de comerte tu magnum preferido de vez en cuando sintiendo un subidón. Si solo te quedas con que los alimentos insanos son positivos y están unidos a recuerdos positivos. Y si solo asocias la comida que no es la más recomendada con un ambiente y contexto agradable. SUBIR DE PESO EN VERANO ES POSIBLE.

Anímate a poner en práctica estas cuatro claves.

Atentamente,

Eva.

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Cómo cambiar el discurso mental que tienes sobre los alimentos y la alimentación para ser feliz comiendo sano. Profundamente, desde el inconsciente.

Experimentando otro lenguaje. Que no diciéndote otro leguaje. No es decir otro lenguaje. Es hacer otro leguaje y/o sentir otro lenguaje.

Experimentando otro lenguaje. Esa es la respuesta a cómo cambiar el discurso mental que tienes sobre los alimentos para ser feliz comiendo sano y que sea profundamente y desde el inconsciente. Luego te indicaré como experimentarlo de manera concreta.

Y digo para ser feliz comiendo sano porque conozco a mucha gente que no es feliz comiendo sano. Que sufre. Sufre porque le gustaría poder comer de otra manera y no engordar. Sufre porque no come todo lo que quisiera. Sufre porque come con ansia viva. Sufre porque todo lo arregla y lo desarregla comiendo.

Y yo te digo que ser feliz comiendo sano es posible. Pero hay que cambiar el discurso mental que tenemos sobre los alimentos y la alimentación. Y no vale cambiar el discurso de manera superficial y repitiendo algo nuevo que yo te diga como los loros. Tiene que ser cambiar el lenguaje del interior de tu mente profundamente y desde el inconsciente. Tienes que crear tu propio discurso mediante nuevas experiencias concretas y reales. Empezar a vivir la alimentación desde otro lugar para poder hablar y pensar la alimentación desde otra perspectiva.

El discurso mental de serie que tenemos sobre los alimentos y sobre la alimentación es el discurso social que ha triunfado en las últimas tres décadas. Es el discurso que hemos vivido y aprendido sin darnos cuenta cuando hemos crecido y cuando hemos ido asimilando lo que nos rodeaba.

Hemos crecido con:

Cuando te termines esto te doy lo otro. Siendo esto el puré de verduras y lo otro las natillas de chocolate. Y por tanto, siendo el puré de verduras un castigo para obtener el premio de las natillas de chocolate.

Todo lo rico engorda.

No puedo comer esto o lo otro porque engorda pero es lo que más me gusta.

El plátano engorda. Y es la única fruta que me gusta (¿Por qué crees que el plátano es la fruta que estadísticamente más gusta a la población? Pues porque es la fruta prohibida)

La piña es de dieta.

La dieta es un sufrimiento.

Haciendo dieta se pasa mucha hambre.

El lunes empiezo.

Hay que compensar la pizza.

No debo saltarme la dieta.

Hay que comer menos.

Se puede comer toda la sandía que se quiera porque es agua.

E infinidad de afirmaciones del estilo…

Así que, este es lenguaje y el discurso que tenemos en nuestra mente sobre:

SOBRE LOS ALIMENTOS.

Lamentablemente con lo único que nos hemos quedado es con que si esto engorda no se puede comer y con que si esto es de dieta yo no quiero comerlo porque qué hambre y qué asco. Lo alimentos, por tanto, se dividen en los que engordan y quiero pero no puedo y los que son de dieta y puedo pero no quiero.

Fíjate en tus pensamientos en alto o en tus pensamientos en bajo, porque probablemente si estás leyendo esto tu lenguaje con respecto a los alimentos sea ese.

LOS QUE ENGORDAN Y QUIERO PERO NO PUEDO.

LOS QUE SON DE DIETA Y PUEDO PERO NO QUIERO.

Los primeros son los ricos. Con los únicos que tenemos asociaciones positivas. Pero la cara oculta es que engordan. Disonancia.

Los segundos son los malos. Con los únicos que tenemos asociaciones negativas. Pero el otro lado de la luna es que nos convienen para cuidar la línea, estar sanos y todo eso. Disonancia.

Y en medio de una disonancia cognitiva no se puede vivir tranquilos. Siempre hay lucha.

¿Están ahí, verdad?

Pues no estás aprovechando el poder que tienen los alimentos sobre nuestro cuerpo y sobre nuestra mente. Hay que hablar de los alimentos en lenguaje micronutrientes.

Hay que dejar a un lado catalogación es: engorda o no engorda; puedo o no puedo: debo o no debo.

Para cambiar este lenguaje desde el inconsciente:

Qué diferente sería si desde niños no nos hubieran prohibido determinados alimentos y se hubiesen vivido con naturalidad en las ocasiones que se presentaran sin hacerlos presentes en nuestro día a día. Es decir comer tarta de chocolate en un cumple naturalmente y sin prohibir el chocolate en casa pero sin crear el hábito de tener chocolate en casa. Desaparecería el ansia por el chocolate. Que diferente hubiera sido si no te hubieran dicho comete el puré de verduras y te doy el chocolate. No estaríamos premiándonos todo el rato con el chocolate. Qué diferente hubiera sido que nos hubieran enseñado inteligencia emocional, que hubiesen llorado con nosotros y no nos hubiesen dicho no se llora o no seas llorona. No hubiésemos necesitado comer chocolate para desahogarnos. Y qué diferente hubiera sido si en lugar de haber convivido con el chocolate con leche y azúcar y todos los sucedáneos que son de todo menos chocolate hubiésemos convivido con el cacao puro. Qué ahora nos encantaría el sabor amargo. Y qué diferente hubiera sido si no nos hubiésemos referido al chocolate con que es pecado y engorda y sin embargo hubiésemos tenido presente el chocolate puro refiriéndonos al él con que tiene gran cantidad de hierro para prevenir la anemia en mujeres de edad fértil y contiene teobromina que estimula la actividad de nuestro cerebro. Qué diferente. Sabríamos que podríamos comer tranquilamente cada día con multitud de beneficios. El puro. Y no tendría sobre nosotros ninguna influencia el poder adictivo del azúcar que te hace comerte una tableta y querer otra y el que te hace decir que no te gusta el chocolate puro que no sabe a nada. Pues sabe a cacao.

Hay que empezar a hablar de los alimentos desde otro lugar y experimentar esas propiedades en nuestro cuerpo. Engorda o no es un lenguaje hostil. Y también es simplista. Deja bastante que desear. Un alimento ya sea sano o insano no tiene ese poder por sí solo. Sin embargo, tal o cual alimento me aporta esto o aquello es un lenguaje inteligente lleno de conocimiento y amable.

Por ejemplo:

EL PLÁTANO.

El plátano engorda. El plátano no porque engorda. El plátano es la única fruta que me gusta porque no es dieta. El plátano por la noche es un pecado.

Cambiarlo por:

El plátano me aporta triptófano que es precursor de la serotonina que es hormona de la felicidad y puede ser un alimento aliado para los días premenstruales en los que esta hormona disminuye de manera natural en el cuerpo. Para subirla y mantener un buen estado de ánimo.

Y no solo cambiarlo sino experimentarlo. Comer plátano en premenstruación y notar cómo te sube el ánimo. Y comprobar con tus propios ojos que no engordas por comerte un plátano cada día si es una fruta que te gusta o simplemente por comprobarlo y dejar de tenerle pánico. Dejar de tener limitaciones.

LA PIÑA.

La piña adelgaza. La dieta de la piña. La piña purifica. La piña es de dieta. Puedo comer toda la piña que quiera porque no engorda. La piña elimina líquidos. Solo como piña cuando quiero adelgazar. Rechazo cualquier preparación culinaria que lleve piña porque eso es dieta y yo no estoy a dieta u odio estar a dieta.

Cambiarlo por:

La piña me aporta gran cantidad de agua y antioxidantes un combo ideal para el verano cuando estoy más expuesta al sol. La piña es la única fruta que contiene bromelina, una sustancia que favorece la digestión de las proteínas y la absorción de sus aminoáciodos por lo que sería ideal como postre para aligerar la digestión antes de volverse a dar otro chapuzón. Además contiene gran cantidad de agua y antioxidantes un combo ideal para tomar el sol mientras hacemos esa digestión sin deshidratarnos y evitanto el envejecimiento debido a la oxidación de la piel.

Y no solo cambiarlo, sino experimentarlo. Comer un par de rodajitas de postre en lugar de cualquier otra cosa después de comer el sándwich que nos llevamos en la cesta nevera a la piscina. Y notar que no existe después la misma pesadez que si tomaras un plátano de postre. Cada cosa es para lo que es según sus propiedades. Y notar que la piel no se reseca tanto como otros veranos en los que no seguiste un hábito como ese. Comer piña de postre en la piscina antes de tomar el sol.

Ojala un día se conozca a cada alimento con el apellido de que propiedad aportan los micronutrientes que contiene y no si engorda o no. Ningún alimento por si solo engorda o no. Lo que engorda es el mal entendimiento de la nutrición y de la alimentación y el ansia viva que genera hablar así de los alimentos.

SOBRE LA ALIMENTACIÓN O EL COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO.

Y no sólo está el lenguaje que usamos con respecto a los alimentos. Luego está el lenguaje que usamos con respecto a nuestra alimentación y a determinados comportamientos alimentarios.

ESTOY A DIETA

Cada vez que una persona acude a mí diciendo quiero adelgazar y estoy harta de estar toda mi vida a dieta y de las dietas, lo primero que le pregunto es: ¿Qué es para ti estar a dieta? Y obtengo respuestas del tipo: Para mí estar a dieta es tener que quitarme el pan, o no merendar un café con un dulce por la tarde, o tener que comer una fruta por la tarde, o no comer pasta cada semana, o qué me digan unas amigas ir a cenar y tener que decir que no porque si no estropeo el trabajo de toda la semana.

Ese tipo de cosas son las que hacen que esas personas se SIENTAN A DIETA, y lo pongo en mayúsculas porque no es lo mismo SENTIRSE A DIETA que ESTAR A DIETA. Puedes ESTAR A DIETA SIN SENTIRTE A DIETA. Y eso, es lo que yo busco.

Es muy hipócrita simplemente quedarse en un: NO ES ESTAR A DIETA ES COMER SANO. Eso es un error, puedes comer sano y sentirte a dieta. Y eso sería el mismo fracaso, te llevaría al mismo estado de frustración y no conseguirías resultados diferentes.

No hay que tener miedo a llamar a las cosas por su nombre. Si, estoy a dieta pero no me siento a dieta. Porque es evidente que en todos los casos es necesario un cambio de hábitos. Llámalo como quieras. Me da exactamente igual, pero si te sientes a dieta, estás perdida.

Precisamente a eso me refiero con que hay que cambiar el lenguaje profundamente y desde el inconsciente y no de manera superficial que no serviría para nada. C

Hay que cambiar el estoy a dieta por NO ME SIENTO A DIETA respetando e integrando en tus nuevos hábitos las cosas que te hacen sentirte a dieta para dejar de hacerlo de manera genuina y desde el inconsciente. Tienes que demostrarte a ti misma y mediante tu propia experiencia que puedes hacer esas cosas que te hacen sentir a dieta, no sentirte a dieta y por supuesto adelgazar.

Si simplemente te engañas a ti misma diciendo no yo no estoy a dieta estoy comiendo sano y siguiendo un estilo de vida sano para siempre. Te digo yo, que no será para siempre. Si tu inconsciente se siente a dieta, no será para siempre.

Porque puedes engañarte a ti misma. Pero no puedes engañar a tu inconsciente.

No basta con cambiarle el nombre a las cosas. Realmente tienen que ser cosas diferentes. Me da igual llamarlo estilo de vida para siempre que dieta, sufro. Me dijo una de las mujeres a las que acompaño. Esto es real. NO VALE REPETIRSE COMO A LOS LOROS NO ESTAS A DIETA, NO ESTAS A DIETA. ES UN ESTILO DE VIDA SALUDABLE PARA SIEMPRE.

Dieta no es malo. No lo es. La clave es la percepción. Un mismo acto hecho desde dos lugares diferente, es decir, percibidos diferente y dándole un enfoque diferente te harán sentir de una manera o de otra. Te harán sentir en paz o en guerra.

TENGO QUE COMPENSAR

Compensar no está mal. Compensar es perfecto. Compensar hace que volvamos al equilibrio. Necesitamos equilibrio.

Ahora bien, compensar desde el castigo o el trauma es contraproducente. Crea ansia y deseo desmesurado. Hay que compensar desde el mimo para dar descanso a tu cuerpo y no saturarte, hay que compensar desde la escucha al cuerpo.

Compensar desde el castigo, el trauma o el drama es lo típico de como hoy he ido a un cumpleaños por la tarde y he comido tarta y chucherías no puedo cenar nada, pobrecita de mí. Es lo típico de ir a un restaurante para comer y no poder cenar nada, pobrecita de mí porque engordo y eso es lo peor del mundo o por mis narices hoy ceno nada que por nada del mundo voy a engordar. Es lo de he pecado comiendo entremeses, croquetas, tarta, pastas y esta noche tengo que recortarme. Me he pasado con la pizza esta noche y mañana todo el día a piña hasta que no aguanto más y por la noche y arraso con el bote de helado. La compensación es fallida y mañana vuelta a empezar. Este no es el enfoque. No lo es simplemente porque no funciona porque consigue el efecto contrario del que pretende y cronifica la ineficaz compensación desde la mente.

NO HAY QUE COMPENSAR DESDE LA MENTE, HAY QUE COMPENSAR DESDE EL CUERPO.

Hay que aprender de los niños que todavía escuchan muy bien a su cuerpo y no se dejan contaminar por la mente. Ojalá eso no se perdiera. Pero se pierde. Pero se puede volver a recuperar.

YO NO DIRÍA TANTO ES COMPENSAR SINO ES DAR DESCANSO A MI CUERPO. AUNQUE DA IGUAL COMO LO LLAMES SI DESDE EL INCONSCIENTE SIENTES QUE ES DAR DESCANSO A TU CUERPO.

¿Cómo se consigue? Lleva tiempo, pero en la próxima oportunidad que pienses tengo que compensar, intenta bajar a el cuerpo. Respira un poco. Siente que el aire solo puede llegar hasta el pecho, que no puede bajar hasta el estómago porque está saturado de comida. Date espacio. Da espacio a tu cuerpo hasta que el aire pueda fluir libremente y sin suspiros hasta el estómago. Llevará horas. Espera a tener un hueco. A tener necesidad física de comer. Ese será el momento de empezar con algo de comida de nuevo. Te sentirás muy renovada. Sentirás satisfacción al volver a comer. Todo lo contrario a lo que hubieras sentido si hubieses seguido comiendo cuando tu respiración solo podía llegar al pecho.

Una vez has hecho esto varias veces desde el respeto a tu cuerpo y desde el mimo entenderás que no es que no puedas cenar. Es que imagínate si después de trabajar tuvieras que meterte otras ocho en lugar de irte a descansar a casa. Necesitas irte a descansar a casa. Nada más. Y mañana, será otro día. Así de simple que no sencillo al principio. Pero solo es hasta que cojas el hábito que lo harás de manera automática y sin nada de drama. Lo harás de manera natural desde tu naturaleza, desde la escucha al cuerpo.

Aun así, en casos de adicción al dulce, a la sal o de descontrol emocional es difícil bajar de la mente al cuerpo. Habría que trabajar estos temas conjuntamente. Por ejemplo, cuando se tiene adicción a la azúcar se suele decir el cuerpo me pide dulce; y no es el cuerpo, es la mente, el cuerpo no te va a pedir comer chocolate con azúcar media hora después de estar bien comida con las lentejas y el melón. O por ejemplo cuando se lleva una gran culpa o pesar por haberse pasado durante esa comida en la que no te deberías haber pasado y por la noche en casa te desbordas emocionalmente diciendo de perdidos al río ya en septiembre empiezo a hacer dieta. Es la culpa la que hay que saber manejar. Ambos ejemplos son otras historias en las que no voy a centrarme aquí.

Pero el concepto de compensar desde el descanso y la escucha al cuerpo es ese. Hay que dejar de compensar desde el castigo, el trauma o el drama.

RECUERDA, ES DARSE UN RESPIRO.

PUEDO ESTO O NO PUEDO AQUELLO

Poderse se puede todo.

Cuando digo a las personas a las que acompaño que se puede hacer todo no estoy dando permiso. Nada más lejos de la realidad. Yo no tengo el poder de dar permiso a nadie. Me preguntan si puedo comer esto o lo otro y cuánto puedo comer de esto o la otro.  Y yo digo: Partiendo de que se puede todo, qué es lo que tú quieres hacer.

CAMBIA QUERER POR PODER. QUIERO ESTO O NO QUIERO ESTO OTRO EN LUGAR DE PUEDO ESTO O NO PUEDO ESTO OTRO. Con estos verbos, el inconsciente no tiene poder de interpretación. Quiero o no quiero es decisión, punto. Puedo o no puedo es mucho más complejo y delicado, yo no lo pronunciaría.

Bien,

Pero lo siguiente que me decís es: Si puedo todo me da miedo querer hacerlo todo. Porque si hago todo lo que quiero engordaré. Entiendo ese miedo. Lo que ocurre es que poder todo significa comer los alimentos prohibidos no comer SOLO los alimentos prohibidos. Pero es normal irse al extremo. Nadie te ha enseñado a integrarlos en una alimentación inteligente nutricionalmente. Y es posible hacerlo todo. Pero no todo junto sino integrándolo en una alimentación buena nutricionalmente y gustosa para ti. Además es necesario que experimentes que compruebes mediante experiencias concretas que integrando este alimento al que tanto miedo le tienes no pasa nada, no engordarás. Eso depende de mucho más.

Otra cosa es el típico: QUIERO PERO NO PUEDO. Y voy desmontártelo.

QUIERO HELADO PERO NO PUEDO PORQUE ENGORDA.

Es muy distinto a:

HOY QUIERO HELADO. LO INTEGRO. ELIJO NO COMER HELADO TODOS LOS DÍAS A LA MISMA HORA PORQUE NO QUIERO CREAR EL HÁBITO DE COMER HELADO. ESTE HÁBITO EN ESTE MOMENTO NO ME APORTA LO SUFICIENTE COMO PARA DECIDIR ESTABLECERLO.

Y ojo, hay que comer helado algún día. No vale, puedo comer helado de boquillas y luego en tu interior te dices es mejor que no comas helado. Eso para tu inconsciente es: NO PUEDES COMER HELADO.

Vivo a dieta como algo traumático o vivo a dieta como algo placentero e inteligente. Vivir a dieta es un sentimiento. Vivir puedo esto y no puedo lo otro por estar a dieta como algo traumático o vivir quiero estoy y no quiero lo otro como algo placentero e inteligente. Está claro que hay que poner límites. Pero tus límites. Desde la responsabilidad y no desde el victimismo. Desde el conocimiento de la biología, la nutrición y de mi misma. Esto solo es posible cuando las emociones negativas se aprender a gestionar sin comida y cuando el ansia por la comida o por las cosas prohibidas disminuye permitiéndose esos alimentos pero sin perderte en ellos. Sin perder la libertad tener que permitirte siempre. Pero permitiéndose para no tener ansia viva por comer en general y por algunos alimentos en particular.

SALTARSE LA DIETA

Saltarse la dieta, un clásico.

Y tampoco podemos engañarnos diciendo que NO ES UNA DIETA QUE SOLO ES UN MENÚ SALUDABLE si no puedes saltártelo en calma. Sin culpa. Si solo puede hacer alguna cosa mal el fin de semana. Si solo te lo saltas con cosas insanas. Así da igual cómo lo llames. ESO ES CAMBIAR EL LENGUAJE DE MANERA SUPERFICIAL. Y eso no funciona. Lo siento, no funciona.

A mí me gusta llamarlo propuesta, pero tiene que ser una propuesta dónde incluyamos cosas sanas y cosas insanas y donde sea obligatorio saltársela con cosas sanas y con cosas insanas. Esto es muy diferente a lo anterior. Esto tiene las ventajas de la claridad, la organización y la tranquilidad. Esto es utilizar la psicología humana de manera inteligente.

Sin buenos ni malos. DARÍA IGUAL LLAMARLO PROPUESTA QUE DIETA O MENÚ SI ES MEJOR SI ES MEJOR NO SALTÁRSELA Y SI CUANDO TE LA SALTAS SOLO ES CON COSAS INSANAS Y NORMALMENTE EL FIN DE SEMANA. Eso es lo de siempre con otro nombre. Eso es psicología barata. Es engañarse a una misma.

Y Daría igual cambiar propuesta por dieta si es obligatorio saltársela con cosas sanas y con cosas insanas entre semana y si incluye cosas sanas y cosas insanas. DE HECHO YO LO LLAMO DIETA TAMBIÉN. PERO PARA NO CONFUNDIROS ME GUSTA LLAMARLA PROPUESTA PARA VOSOTRAS. Con otro nombre es más fácil integrar un nuevo concepto.

YO SE LO QUE TENGO QUE HACER PERO NO LO HAGO.

Cuestiónate eso, quizás no sepas lo que tienes que hacer. El conocimiento con respecto a temas nutricionales y la manera de abordar el tema de adelgazar, está avanzando muchísimo. Además hay mucha desinformación e intrusismo profesional. LEER TAMBIÉN ES CREAR UN NUEVO LENGUAJE SI SE INTEGRA EL CONOCIMIENTO QUE HAY PLASMADO EN ESOS LIBROS. O CONSULTAR AL PROFESIONAL ADECUADO.

A mí llegan muchas personas que me dicen: No, si yo sé lo que tengo que hacer. Pero luego no lo hago. Quizás no sepas lo que tienes que hacer. Para eso estamos aquí y si lo necesitas puedes escribirme a: quieroser@ingenierademivida.com para reservar tus sesiones online personalizadas.

EN RESUMEN:

Para ser feliz comiendo sano hay que cambiar el discurso mental y hacer que tu inconsciente se lo crea. Y solo se lo creerá experimentando nuevas experiencias concretas y desmostrándole que es verdadero este nuevo discurso y mentira el anterior.

Para ser feliz comiendo sano hay que pasar de un lenguaje hostil a un lenguaje amable. Tanto interno consciente (lo que pensamos) como interno inconsciente (lo que sentimos) y también externo (lo que decimos).  Hay que pasar a un lenguaje más inteligente.

EL LENGUAJE NO SE CAMBIA SIMPLEMENTE REPITIÉNDOTE OTRO. SE CAMBIA EXPERIMENTANDO OTRO. A VECES INCLUSO CON LAS MISMAS PALABRAS.

A través de la experiencia concreta, a través de ser consciente de vivir ejemplos concretos de manera diferente, desde otro lugar. Con consecuencias emocionales diferente. El hecho puede ser el mimo pero la vivencia y la percepción completamente diferente desde un lugar u otro. Con el lenguaje. No basta con repetir y repetir. Tienes que creértelo. Y para creer algo tienes que verlo con tus propios ojos. Vivirlo en tus propias carnes.

Atentamente,

Eva.

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Te digo cómo integrar lo insano en una línea base sana sin engordar y sin remordimientos. Y disfruta de verano.

Se acerca el verano y con él infinidad de ocasiones para pasarse o para saltarse la dieta. O el estilo de vida saludable. Llámalo como quieras. E independientemente de esto, en todas las estaciones del año a todos nos gusta pecar o dejar a un lado nuestra alimentación sana. Llámalo como quieras. Aunque nos encante llevar una alimentación sana.

Además, a nadie nos gustan las consecuencias físicas que pueda tener esto. El consumir cosas insanas. El guarreteo. Como por ejemplo la resaca que sentiremos si se trata de un episodio puntual o la inflamación y grasa localizada si son episodios frecuentes.

De todas formas, te recomiendo hacerlo. Te recomiendo saltarte la dieta. Porque es bueno para tu salud mental. Descargar la tensión de vez en cuando sin dejar acumular demasiada y vivir en distensión.

Y te daré las claves para hacerlo de manera inteligente. Para encontrar ese punto de equilibrio en el que no dañes ni tu salud física, ni tu salud mental.

Y todos contentos.

Así que en este mes de mayo voy a enseñarte a integrar los alimentos insanos que tanto te gustan en tu alimentación sin que por ello, en su conjunto, deje de ser sana. Voy a enseñarte mediante ejemplos concretos la manera de introducir esos alimentos insanos de los que no quieres prescindir. De los que no estas dispuesta a prescindir por tu salud mental y por el placer tan intenso que estos provocan.

Y quiero enseñarte a hacerlo porque quiero que dejes de sentir la culpa que llega tras comerlos y que dejes de sentir la lucha de lo como o no lo como o quiero pero no puedo o debo. También quiero que dejes de experimentar el me los prohíbo porque no debo hasta que exploto y como lo que sea sin mesura. O que dejes de experimentar el me desborda el deseo y me pongo hasta atrás debido a un periodo de represión. Quiero que vivas con tranquilidad el no comerlo y el comerlo. Y para ello hay que considerar estos alimentos insanos como una posibilidad y experimentar esa posibilidad sin que abarque la mayor parte de tu alimentación. Con toquecitos de comida insana. Si abarcara la mayor parte de tu alimentación te resentirías físicamente tanto a corto como a largo plazo. Sensación de saturación y pesadez abdominal, inflamación, falta de energía…. Esto a corto plazo, a largo plazo ni te cuento. Pero si intentas no comerlos nunca para no perjudicarte físicamente por todo esto que digo o simplemente porque engordan, acabarás comiéndolos en mayor cantidad y frecuencia por un fenómeno psicológico que se conoce como reactancia y te perjudicarás más y engordarás más. Prohibirse es contraproducente. La reactancia es no puedes hacerlo, pues por mis narices lo hago.

Quiero enseñarte a romper este patrón y a integrarlos en tu alimentación para que las consecuencias negativas se disuelvan y para que paradójicamente la posibilidad de hacerlo te haga hacerlo con menos frecuencia y en menos cantidad sin darte ni cuenta. Y para que dejes de comerlo deprisa, con ansia y con culpa.  Y al menos, que merezca la pena y los disfrutes.

A todos nos gusta sentirnos ligeros y sin la pesadez que nos da desmadrarnos comiendo de guarreteo a todas horas y sin filtro. Por eso quiero enseñarte esto, para que deleites con placer a tu mente sin hacer sufrir a tu cuerpo.

Quiero que aprendas a vivir con ellos porque es imposible aislarse de ellos. No quiero que te asfixies. Para ello voy a compartirte ejemplos de situaciones reales muy concretas. Te hablaré de una serie de ejemplos muy comunes que me encuentro mucho pero se podría hablar de integrar cualquier cosa. Pero hay que hacerlo de manera inteligente. Integrar es: no tendrás consecuencia físicas y no te sentirás a dieta. Incluso podrías adelgazar si es que eso es lo que quieres o lo que te conviene.

Vamos a ello:

Bollería para desayunar.

El otro día fui a una cafetería donde me gusta ir a leer y me comí un croissant recién hecho acompañado de un café con leche. Me supo a gloria. Esto es una manera de mimarse. Miré las posibilidades que había y pensé si alguna merecía la pena. Esa es la que elegí. Tenía antojo de croissant hace tiempo. Esto me lo dijo la semana pasada una de las chicas que realiza sesiones personalizadas. No todas las mañanas voy a la cafetería. Además, me dijo: Si no me hubiese gustado nada, no hubiese cogido nada. Me he dado cuenta que para satisfacer un antojo solo vale comer eso concreto que tienes de antojo. Si hubiese comido una napolitana de crema no hubiera satisfecho mi antojo y seguiría con él. No hubiese merecido la pena tomar la napolitana de crema. Hubiese disfrutado de un café solo y en cualquier otro momento que hubiese tenido la oportunidad hubiese comido el croissant. También me dijo: antes de haber tenido estas conversaciones de psicoalimentación contigo me hubiese comido la napolitana con ansia sin pensarlo dos veces y sin preguntarme si era lo que quería. Y con remordimientos. Además, luego hubiese estado todo el día ansiosa picoteando hasta acabar buscando por todas las tiendas un croissant hasta encontrarlo. Hoy lo vivo con calma, ya se dará el momento.

Todas las opciones insanas son malas para el cuerpo. Así que, ¿Hay alguna que me merezca la pena en este momento? Si es que sí la elijo. Si es que no, la rechazo.

Y el resto del día pues lo vivirás con calma y sin pensar en compensar o dejar de compensar. Al final aunque por supuesto en nutrientes no es lo mismo ni por asomo, en kilocalorías probablemente sea lo mismo que un yogurt super sano con avena y almendras. También te digo que probablemente el café y el croissant que será bastante refinado tendrían una digestión mucho más rápida y quizás te entrara hambre antes que con la proteína y fibra de la opción nutritiva. O quizás no porque la psicología es muy poderosa y mentalmente te habrás nutrido con la opción excepcional del croissant. Mañana será otro día.

Además a la hora de comer un antojo insano por ejemplo el croissant que comió esta chica, es muy importante que conozcas una sensación que puede aparecer y que es muy normal. Quizás cuando acabes el último bocado pienses: me comería otro. Pero esa sensación se va en un momento. Aunque te comieras otro y otro y otro, al final tendrías que acabar lidiando con esa sensación y después de cuatro ya si tendríamos que asumir otras consecuencias negativas. El me comería otro es normal. Tranquila, te comerás otro en otro momento. Solo es la sensación adictiva que provoca el azúcar.

Hablando de antojos, tengo que decirte que aunque sea un antojo de algo sano solo se satisface con eso concreto que tienes en la mente, cuanto antes lo hagas mejor. Es lo que ocurre por ejemplo cuando te tocan judías verdes porque es lo que pone en la dieta pero tú lo que quieres ese día son alcachofas. Por muchas judías verdes que comieras nunca estarías satisfecha y tendrías la sensación de represión ya que ha sido algo impuesto y no elegido. Es uno de los contras de tener un Plan preestablecido y no ir improvisando según apetencia.

Pasta con nata para comer.

Te contaré una manera de integrarla.

Imagina un día así: 1 par de albaricoques para desayunar, pasta con nata y nuez moscada para comer, unos pistachos con un par de onzas de chocolate negro para merendar y un plato de ensalada de brotes de espinacas con kiwi, fresas, aguacate, pipas de calabaza, pipas de girasol, semillas de sésamo aliñada con vinagre de Módena y aceite de oliva. Imagina un día así pensando que es perfecto disfrutar de un plato de pasta con nata sin que haya ninguna consecuencia negativa para tu cuerpo por lo bien integrado que está y con la tranquilidad de la mente porque puede permitirse ese placer sin remordimientos y sin culpa. Y observando que el peso está encaminado. Porque señoritas y señoras, no puedo dejar de hablar del peso cuando es lo que os trae por la calle de la amargura. Que no es lo más importante, no. Que es importante, si. Y no podemos hacer que la palabra peso se vuelva tabú. Simplemente hay que tratarla como una palabra más. Sin darle de más de importancia. Sin darle de menso de importancia.

Este día es un día real de la alimentación de una de las chicas que hace sesiones conmigo. Le encanta la pasta y a la vez tiene miedo de engordar por comer pasta. Ella misma me dijo un día: me he dado cuenta que comer pasta un día no convierte la alimentación de ese día en insana y me he dado cuenta que incluirla no hace que engorde o deje de engordar.

Pero imagina comer pasta pensando que la tienes prohibida. Imagina cuánta cantidad comerías, probablemente un plato gigante hasta sentirte incómodamente llena porque después a saber cuando supuestamente volverás. Y como lo comerás, probablemente muy rápido, con ansia, como si no hubiera un mañana y como si te lo fueran a quitar del plato. También imagina que pasarás el resto del día angustiada pensando que has hecho algo que no debiste hacer. E imagina qué comerás el resto del día teniendo que soportar pensamientos del tipo: ya de perdidos al río o el lunes empiezo que te harán comer mucho y mal el resto del día sin disfrutar. Quizás como un castigo inconsciente enmascarado como hedonismo o necesidad de placer inmediato para evitar sentir dolor emocional y que acentúa ese dolor emocional. Esto es lo que no puedo puede ser. Por eso quiero que te grabes en la mente la palabra INTEGRAR. Y es un arte que hay que aprender.

Sin entrar en si la pasta o la nata son sanas o no. Pero es lo que comúnmente se piensa porque se ha repetido hasta la saciedad. Lo primero que se ha quitado siempre en una dieta es la pasta, el pan, el arroz, la patata porque son hidratos de carbono y los hidratos de carbono engordan y son malos. Otra de las cosas que se ha hecho siempre cuando querías estar a dieta era pasar de lácteos con nata a lácteos sin nada. Así que la nata engorda y es mala. Pero esto, es muy simplista. CONOCIMIENTO Y EXPANDIR LA MENTE ES LO QUE SE NECESITA.

Chocolate después de comer.

Decimos que somos animales de costumbres. Y la persona que siempre come un trozo de chocolate después de comer tiene una costumbre. Simplemente una costumbre, un hábito. Si tienes días duros mentalmente y te recarga ese pequeño placer para soportar el resto del día, perfecto. Lo haría con chocolate negro de 90%. Además de que no aporta azúcar ni es adictivo para que en vez de una onza quieras otra y otra, te aportará vitaminas y minerales. Tampoco tendrías la ansiedad por comerte una tableta porque ya lo comes todos los días. Incluso si algún tuviera las ganas de comerme una tableta de chocolate entera, lo que haría sería comérmela directamente y ahorrarme la comida. Es decir no comería ese día. El chocolate sería mi comida y quedaría bien satisfecha. 

Café con algo dulce para merendar.

Parece que no existe más allá de esto. Nuestra mente tiene visión túnel. Y cuando digo esto la gente se me pone a la defensiva. Porque piensan que quiero quitarles su libertad. Y cada uno es libre de hacerlo o no. A mí me da exactamente igual. Es perfecto si lo haces. Pero si tienes que hacerlo si o si no eres libre. La libertad reside en poder hacerlo y poder no hacerlo.

En el caso de elegir hacerlo desde la verdadera libertad, elige el dulce que quieras y no el que debieras. Y el café con o sin azúcar. Según.

En el caso de elegir hacerlo cada día y decidir tomarlo como hábito, elige experimentar el sabor del café. Si lo quieres siempre con azúcar no te gusta el café, te gusta el azúcar. Eres adicta al azúcar. Para ser libre un día tienes que tomar café con azúcar y ser consciente de que sabe a azúcar. Para ser libre tienes que poder tomar café sin azúcar o simplemente no tomarlo si no te gusta. De todas formas te digo, que el café solo te gustará. El paladar le coge el gusto. Se habitúa.

Por otro lado, el tema de algo dulce. En el caso de elegir hacerlo cada día y tomarlo como hábito yo aprovecharía para que ese algo dulce fuese nutritivo. Para que me aportara nutricionalmente. Por ejemplo dátiles con almendras. O higos secos con nueces. O pistachos con yogurt de chocolate. O bizcocho de plátano con copos de avena integral. Haz un bizcocho y pártelo en siete trozos. Ten la tranquilidad de que comerás uno cada día y la satisfacción de que te estarás nutriendo al mismo tiempo.

Pero por supuesto si el día que voy a la comprar veo algo insano que me entra por el ojo, me lo compro y me lo como ese mismo día. Pero no me compro una docena para tener la lucha en casa cada tarde de me lo como o no me lo como. Tengo la posibilidad. Experimento la posibilidad. Pero no tengo disponibilidad. Me lo pongo fácil.

Otra cosa muy importante es: POR LA TARDE SE PUEDE MERENDAR PERO LA TARDE NO PUEDE SER MERENDAR. Se lleva mucho merendar para matar el aburrimiento o merendar para espabilarse de la siesta o merendar para sobrellevar mentalmente la tarde. Y esto ya hay que tratarlo de manera más profunda.

Las rutinas son muy potentes, vamos a crear rutinas que nos aporten y no dejar espacio para lo que no nos aporte sin centrarnos en esto último que es lo que nos hace estar pendientes de ello y obsesionarnos. Por ejemplo voy a crear la rutina de descargar mi ira con mis guantes en el saco de boxeo durante diez minutos todas las tardes, luego me daré una ducha templada y acabaré dando un masaje con crema hidratante en mis piernas. Esto no dará espacio a otras cosas. Además te hará dormir mejor. Por la tarde hay que incluir cosas que nos hagan dormir mejor.

Pizza para cenar.

Los viernes son de pizza. O de pedir comida a casa. O de cenar con amigos o familia. Yo ese día me reservaría para la cena. No llegaría saturada de comer ya durante el día. Y no se trata de no poder comer nada durante el día para poder pasarse por la noche, se trata de elegir comer frugal durante el día para dar espacio a algo que hará trabajar más a mi cuerpo. Imagina desayunar un café solo y comer un gazpacho de remolacha con pipas de girasol. La cena te sentará fenomenal, tanto al cuerpo como a la mente. Y la disfrutarás. Tan tranquilamente y sabrás parar cuando tu estómago este lleno si no quieres dejar hueco para el postre o cuando esté casi lleno si quieres dejar hueco para el postre. Imagina desayunar un par de croissants con mantequilla y mermelada, café, zumo y luego comer pasta con nata y luego chocolate y luego café con un dulce y luego la pizza con ansia porque no debo pero quiero y saturando a tu cuerpo porque tampoco hay hambre física y después sentirte mal y comerte un helado de postre notando como tu barriga va a reventar porque ya que más da y tras un par de horas unas galletas con leche porque me siento fatal conmigo misma y ya el lunes de verdad empiezo a cuidarme pero hoy ya me las como no sé si por castigo o por sobrellevar esta amargura que me provoca el sentimiento de culpa. Qué diferente a esto es integrar la pizza.

Otro error es elegir comer algo sano en lugar de la pizza con todos. Y comer mucho solo porque sea sano. Al final sería lo mismo energéticamente comer menos y con todos. Y no te sentirías discriminada.

Helado después de cenar.

Menos es más.

Esto es lo que pienso.

Prefiero comprarme un magnum de calidad y comérmelo el día que quiera que comprarme una caja de marca blanca con seis imitaciones de magnum y comerme una cada día. Te digo por qué:

El placer de comer algo que hace mucho que no comes. Eso no se vive si se hace cada día. Solo lo disfrutarás si es excepcional. Si lo haces demasiado común dejarás de sentir placer por ello, te habituarás a las sensaciones y perderán su potencia e intensidad.

Y ya que estamos exquisitos, que sea de calidad para disfrutarlo aún más. Para comerme un polo mediocre no me lo como. A mí al menos, no me merece la pena.

Y otra cosa, es tener opciones sanas a mano para comer diariamente:

UVAS CONGELADAS.

FRUTOS ROJOS CONGELADOS.

Por su cantidad de azúcar, naturalmente presente, no congelarán del todo y estarán listos para añadir a yogures o comer tal cual un puñado como postre.

Otras opciones pueden ser:

Cubitos helados de diferentes batidos.

Cubitos helados de yogurt.

Cuidado con las versiones healthy:

Pros: Nos aportan nutrientes necesarios y nos hacen comer alimentos sanos de manera diferente.

Contras: A veces se come mucha cantidad pensando que porque es sano no pasa nada y acabamos saturando a nuestro cuerpo igualmente. Además si se hace con el único fin de evitar la tentación insana porque no puedes permitírtela, te sentirás reprimida y acabarás pecando para recuperar tu libertad.

Estoy a favor si: Son otra opción más totalmente independiente y no sustituyen a la opción insana.

Estoy en contra si: Se hace para evitar comer lo insano.

Para lo insano, días seguidos a todas horas del día. Eso es lo peligroso. Para lo insano, nunca es peligroso. Porque termina en el extremo del siempre.

Galletas con leche antes de dormir.

No vivas el día pensando que llegará la noche y no podrás dormir tranquila o irte a dormir tranquila sin comer galletas con leche.

A veces la vida es muy jodida. Y la noche provoca pánico y vacío. La noche es silencio. Es enfrentarse a los sueños y por tanto al inconsciente y a todo lo que te preocupa. Y querer tener un recurso fácil como es un suspiro de comer emocional para soportarlo es normal. No luches, será solo una temporada.

Podemos hacerlo un hábito elegido y premeditado. Saber que cada día tendrás un par de galletas con medio vasito de leche de dará tranquilidad. Hoy dos, mañana otras dos, pasado otras dos. El día que lo desees, otras dos. Esto hará que no se produzca la situación de solo una y luego otra y luego otra y ya el paquete porque a partir de mañana ninguna. Y mañana más de lo mismo. Notando la inflamación, saturación y nivel de energía física y mental a cero cuando te despiertes. Estarás cansada. El atracón de galletas con leche te habrá chupado la energía.

Además quizás si cenaste a las nueve de la noche y ahora es la una de la madrugada también tendrás hambre física y no solo será emocional.

En este caso de elegir que sea un hábito diario, optaría por unas galletas de calidad nutricional. Las hay. De ser una cosa puntual, no importaría tanto la calidad.

Otra opción es hacer asociaciones emocionales con un alimento sano para que este también te calme, pero eso ya no sería integrar.

CON ESTO FINALIZO CON LOS EJEMPLOS.

SOLO DECIR:

Lo importante es que tu cuerpo tenga todos los nutrientes que necesita y funcione correctamente tanto en un momento en el que quieres bajar de peso como en un momento en que no quieres bajar de peso. Cuando nos centramos en introducir lo que necesitamos nutricionalmente para funcionar correctamente no queda mucho espacio para lo que no necesitamos nutricionalmente. Considero que es bueno que quede poco espacio y considero que es beneficioso llenar ese espacio reducido con alimentos que nos llenan psicológicamente o socialmente pero que no nos aportan nada nutricionalmente porque esto sería sano para la mente. Además, al ser un espacio reducido no perjudicaría tu salud física o no impediría que bajaras de peso si es que lo deseas. Lo que si te perjudica física y mentalmente es vagar de un extremo a otro sin ninguna sensación de control personal. Y ESTA ES LA PRINCIPAL CONSECUENCIA DE LA PROHIBICIÓN Y REPRESIÓN. TAMBIÉN HAY QUE COMER COSAS MALAS.

Por eso,

INTEGRA.

Por eso,

SOLO SI MERECE LA PENA.

ALGO INSANO NO HACE QUE LA ALIMENTACIÓN DE ESE DÍA SEA INSANA.

SI LO HACES COSTUMBRE ELIGE LA VERSIÓN NUTRITIVA.

QUE PRIME LA CALIDAD A LA CANTIDAD.

POSIBILIDAD PERO NO DISPONIBILIDAD.

RESERVARSE PARA COMER ESO.

PARA QUE ALGO NOS SEPA EXCEPCIONAL TIENE QUE SER EXCEPCIONAL.

RECENA PREMEDITADAMENTE SI ASÍ LO NECESITAS.

Por eso,

INTEGRA.

INTEGRAR ES QUE LO INSANO SEA LA FIGURA Y NO EL FONDO. QUE LO SANO SEA EL FONDO Y NO LA FIGURA.

Y DISFRUTA DE VERANO.

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Para qué aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado. Y olor a primavera.

Aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado, para:

Para abrir la mente. Para que se formen nuevas conexiones neuronales en tu mente. Para que dejen de activarse antiguas conexiones neuronales en tu mente. Para abrir la puerta a infinidad de posibilidades.

Para que te relaciones de manera diferente con la alimentación. Para que estés tranquila.

Para que los alimentos sanos que se suelen usar como castigo y que suelen asociarse a dieta restrictiva de adelgazamiento se relacionen también con momentos excepcionales y distendidos y se deje de sentir displacer por ellos.

Para que los alimentos que solemos usar como premio y que suelen prohibirse cuando se piensa en adelgazar se relacionen también con momentos cotidianos y se deje de sentir ansia por ellos.

Para experimentar que lo nutritivo puede ser placentero. Para experimentar que el permiso genuino de lo no tan nutritivo puede darte la paz que necesitas para no estar pensando continuamente en ello y para no darte atracones de ello cuando lo tengas delante simplemente por tener libertad de hacerlo en cualquier otro momento. Para experimentar que lo sano puede ser igual a delicia y disfrute. Para experimentar que lo insano puede disfrutarse sin culpa.

Para tu bienestar físico y mental.

Tenemos muy instaurado el entre semana como sano y el fin de semana me doy mis caprichos o el entre semana lo hago bien y el fin de semana me premio por haber estado toda la semana haciéndolo bien.

Tenemos muy instaurado el comer ensalada de brotes verdes para compensar, para adelgazar pasando hambre o sentir displacer al hacerlo.  

Tenemos muy asociada el chocolate a pecado que tiene que ir seguido de un castigo, a ocasiones especiales, y placer con la comida. Aunque sería un falso placer porque si mientras lo comes estás pensando que no deberías o ha sido un visto y no visto de lo rápido que te lo has comido, no es auténtico placer.

Lamentablemente, esto es la norma y no la excepción. Y esto, tiene consecuencias:

Asociaciones negativas con alimentos nutritivos.

Falta de disfrute de los alimentos naturales y que supuestamente debes comer por obligación para estar sana y para adelgazar.

Ansia por comer en general.

Ansia por determinados alimentos en particular.

Sentimiento de culpa cuando comas productos alimentarios que supuestamente no deberías porque son insanos y engordan.

Pero,

TE VOY A CONTAR UNA HISTORIA REAL Y TE VOY A PROPONER UN EJERCICIO PARA QUE LO PONGAS EN PRÁCTICA Y CREES ASÍ NUEVAS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES QUE TE HAGAS DESHACERTE DE ESA RIGIDAD Y DE TODAS ESTAS CONSECUENCIAS.

HISTORIA REAL:

Mi ahijada tiene casi tres años. Tiene una sudadera rosa que le encanta. La sudadera está llena de dibujos en forma de fresas bien rojas. Quizás por eso, cuando ve fresas de verdad se pone muy contenta gritando: ¡fresas, fresas! Y corre a coger una fresa para comérsela a bocaditos. Como a todos los niños le gustan mucho las sorpresas. Y cómo no, el huevo kínder sorpresa. Era martes. Fui a visitarla a su casa y le llevé un detalle. Era una bolsa que contenía otra bolsa llena de fresas rojas y gordas de las que se meten por los ojos y un huevo kínder. La niña la abrió y lo primero que vio fue las fresas, se puso a saltar loca de contenta ¡Fresas, fresas! dijo. ¿Te gustan las fresas? le dije. Si, me dijo.  Inmediatamente después vio el huevo kínder y una sonrisa de oreja a oreja volvió a aparecer en su boca. ¿Te gusta el huevo kínder? Le dije. Si, me dijo.  No tardó en abrirlo y comérselo rechupeteándose y llenándose la boca de chocolate. Cuando lo terminó cogió una fresa y le dio algunos bocados hasta que dijo, ya no quiero más fresa. Esa es la historia.

Le ofrecí un alimento saludable y que sé que le gusta como normalmente hago cuando voy a verla. En este caso fresas pero las uvas y el plátano son sus otros dos preferidos.

Le ofrecí un alimento insano un día cualquiera sin más. Habrá otro día cualquiera sin más.

Mantuve la relación positiva que tenía con la fresas sin coaccionarla a comérsela primero que el huevo kínder y hacerle sentir que fuesen un castigo.

Mantuve la relación positiva que tenía con las fresas sin obligarle a terminársela y crear reactancia.

La expuse casualmente, con normalidad y sin condiciones a un alimento insano. Y dejé que lo disfrutara tranquilamente. Existen. Nos gustan. Es una realidad.

Quiero que aprenda a relacionarse con lo bueno desde el disfrute y con lo no tan bueno pero que existe en la vida real y que ha todos nos gusta también desde el disfrute. Que no los viva con ansia.

Se trata de enseñarle a relacionarse con los alimentos sañosa< e insanos. No de evitar que se exponga a los insanos. Porque se encontrará con ellos y los vivirá con ansia. Evidentemente voy a ofrecerle alimentos sanos con mayor frecuencia porque son los que la niña necesita para estar bien nutrida pero no haré que el huevo kínder sea tabú, no haré como que no existe porque existe.

Lo que no sería una buena opción sería:

Si te portas bien te compro un huevo kínder. Si te terminas el puré de frutas te compro un huevo kínder. Esta niña no come pues un huevo kínder todo los días para que coma aunque sea algo. Si solo hay fresas y no quiere comer fresas que no coma fresas. No comprarle el huevo kínder nunca porque es una niña regordita. Solo ofrecer fresas porque esta casa es un entorno super saludable para que en el cumpleaños de su amiga quisiera comerse todos los huevo kinders con ansia porque eso en su casa no entra. O que con lo que le gustan las fresas hubiese terminado odiándolas por obligarle a teminarselas. O que las hubiese acabado viendo como un castigo si le digo que se comas las fresas que son nutritivas y que luego se coma el huevo kínder.

Mañana le ofreceré un plátano que le encanta. Y pasado unas uvas que también le encanta. Y tras pasado unas fresas para que vuelva a bailar. Y cuando menos se lo espere por que sí sin más le ofreceré unas natillas de chocolate.

EJERCICIO PARA PONER EN PRÁCTICA:

Lo normal es que si estás leyendo este blog no hayas crecido con ese tipo de aprendizajes, sino con los que te comentaba al principio del artículo. Los aprendizajes de la infancia y los que nos han acompañado durante muchos años son difíciles de borrar, son muy resistentes. Pero si en algún momento de tu vida sientes que te están limitando se puede disminuir su conexión y crear nuevas vías neuronales de aprendizaje. Y eso es lo que quiero que hagas tú.

Para ello te voy a hacerte una propuesta. La esencia de este aprendizaje es la misma de lo que quise enseñarle a Lara. La misma.

Que vivas la experiencia de comer pastel siete chocolates un lunes para merendar. Quizás alguna vez lo has hecho porque no has podido resistir la tentación de comerte el pastel que sobró del domingo. Y luego te sentiste mal porque no se cumplió lo del lunes empiezo. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas desde el mero placer de hacerlo. Por nada en especial. Sin consecuencias. Que te des cuenta que no te va engordar ese hecho concreto. Seguro que este artículo te ayuda a vivir esa experiencia de manera mucho más intensa.

Por cierto, he dicho tarta de chocolate pero puede ser cualquier otra cosa que supuestamente sea de fin de semana para ti. Se me ocurre cenar unos trozos de pizza un martes o cenar unas palomitas viendo una peli un miércoles. O unas croquetas. Pero tú decides, piensa con qué te vendría bien hacerlo.

En el artículo del mes de mayo te enseñare a integrar lo insano en una línea base sana sin consecuencias físicas ni mentales. Aunque te puedo adelantar que por ejemplo en el caso de merendar el pastel siete chocolate con grasa de palma el lunes a la hora de la cena escucharía mis sensaciones corporales y probablemente me pidiesen que bebiera agua y cenara frugal. Y ya mañana sería otro día.

Que vivas la experiencia de comer ensalada de brotes verdes un sábado para cenar. Quizás alguna vez lo has hecho cuando no te permitías saltarte la dieta porque estabas en algún periodo de dieta estricta o porque estabas en un periodo de estancamiento y tenías que hacer cualquier cosa para bajar, hasta sacrificar un sábado. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas por que sí. Simplemente por eso. Quien dice una ensalada dice unos espárragos verdes y unas cebollas a la plancha. O unas judías verdes salteadas con ajo. Siéntate en la mesa del salón. Con un plato especial. Con musiquita. Es sábado y estás descansando. Es un día distendido. Elige algo sano que te guste y que normalmente asocias a dieta. Que sea minimalista, tres o cuatro ingredientes. Elige tu ensalada favorita de aquel restaurante que pediste para centro de mesa, pero ahora sin acompañamiento, céntrate en ella y disfrútala. Digo ensalada porque está muy asociada a que no puede ser sin más. Que deje de ser un complemento. Y que deje de ser alguien a quien vamos a rendir cuentas cuando la comimos y no adelgazamos. Simplemente disfrútala. Brotes verdes, pera a la plancha, anacardos y vinagre de Módena. Esa es mi idea.

Disfruta esas nuevas experiencias.

Nota que se siente. Nota que se piensa.

Y olor a primavera.

Atentamente,

Eva.

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Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. Te digo cómo superar este patrón. Para florecer.

Tendemos a extremos polarizados por naturaleza. Somos duales. Blanco o negro. Sí o no. Todo o nada. Así que, tranquila. El entre semana como sano a más no poder y el fin de semana como de guarreteo a más no poder es solo una más de estas posturas polarizadas. El no me como ninguna galleta o me como el paquete entero es solo otra de estas posturas polarizadas.

No es nada tuyo personal.

No es nada patológico.

No es nada inmodificable.

No es tu personalidad.

Se puede solucionar.

Se puede suavizar.

Es una tendencia que se puede equilibrar.

Es un hábito que se puede desaprender.

Para superar esta situación de TODO o NADA, hay que entender esto:

La inestabilidad emocional y física está en los extremos. La estabilidad emocional y física se encuentra en los lugares más céntricos pasando solo por momentos por esos extremos para volver de nuevo al centro.

Imagina un equilibrista.

Para permanecer en el centro se balancea de un lado a otro. Toca por momentos los extremos pero no se queda en ellos. Vuelve al centro. Y así indefinidamente.  Ahí está la calma y la paz.

Te contaré ahora mismo cómo superar ese patrón de extremos en esta y otras situaciones referentes a tu alimentación.

PARTE DEL TÍTULO DE ESTE ARTÍCULO ES: ENTRE SEMANA NADA DE NADA Y EL FIN DE SEMANA TODO DE TODO. ES EL PATRÓN QUE MÁS TRABAJAMOS EN LAS SESIONES Y EL QUE DA PROBLEMAS A LA GRAN MAYORÍA DE LAS PERSONAS QUE CONTACTÁIS CONMIGO PARA MEJORAR VUESTRA RELACIÓN CON LA ALIMENTACIÓN. ANALICEMOS ESTA Y LAS OTRAS POSIBILIDADES:

Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. La consecuencia psicológica más destacada de seguir este patrón es la ansiedad por comer en general y la ansiedad por comer determinados alimentos en particular. Si te prohíbes ciertos alimentos entre semana que además suelen ser los que más te gustan (por asociaciones emocionales durante toda una vida), el fin de semana los vas a vivir con mucha ansia. Y al final tampoco vas a disfrutarlos. Eso de que te comes lo que no está escrito. Eso de que te lo comes todo indiscriminadamente sin preguntarte si realmente te apetece o no porque sientes que te viene encima la carencia de los próximos días. Imagina que todo eso que te comes con ansia y sin disfrute por exceso de estímulo, lo distribuyeras de manera inteligente durante toda la semana y lo comieras en calma. La consecuencia física más destacada de seguir este patrón es el mono cuando estás en el nada y la resaca cuando estás en el todo. El mono que te hace buscar lo que sea por todos los cajones de la casa como una loca. El mono que te hace autoesconderte los dulces. La resaca de dormir mal, de sentir el calor procedente de los intentos de tu cuerpo por metabolizar en un día la comida de cuatro, la resaca de sentir que la digestión tarda horas y horas en hacerse, la distensión y pesadez abdominal, la sed y el mal cuerpo. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana nada de nada.

Esto es misión imposible.  Esto es ir contra corriente. En el fin de semana es casi imposible el nada de nada porque normalmente es cuando se realizan todas las comidas sociales o especiales. Y en ellas siempre hay de todo. La pizza, las palomitas, el helado. No recomiendo esta opción ya que habría frustración asegurada.

Entre semana nada de nada y el fin de semana nada de nada.

Esto es cuando la cosa se va de madre. Y se vive obsesivamente la alimentación. Cuando se miden los gramos de lo que se come, cuando la pasta y el plátano se prohíben en el día a día. Cuando la tarta del fin de semana tiene que ser healthy o no la comes. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana todo de todo.

Esto es cuando la cosa se va de madre al otro lado del continuo. En el día a día están instaurados los malos hábitos por costumbre. Y el fin de semana ya que más da. O es: que como odio y sufro haciendo dieta solo me que queda comer todo de todo en todo momento para sentirte libre. Y estás siendo más presa que nunca. O es: como haga lo que haga no adelgazo pues como de manera insaludable siempre por mis narices. O es: como el peso me marca cien gramos más esta semana voy a comer bollería diariamente porque para qué privarme de ella para nada. No recomiendo esta opción.

ESTA ES MI PROPUESTA PARA VIVIR LA ALIMENTACIÓN EN EQUILIBRIO:

Entre semana algo de todo y algo de nada; y el fin de semana algo de nada y algo de todo.

Imagina que entre semana un miércoles tarde-noche surja un batido de chocolate con una bamba de nata. Y que sea tu merienda cena. Y que lo disfrutes en paz. Y que entre semana mañana jueves sea otro día. Sin culpa. Sin pensamiento a la mierda todo el lunes empiezo. Que el jueves sea un día de rutina disfrutona y sana a la vez. Y el viernes. Imagina que el domingo tengas el todo de una comida familiar y que también tengas el nada de un café solo en el desayuno y de una manzanilla en la cena. Para dar espacio y descanso a tu cuerpo. Recomiendo esta opción.

Entendiendo nada de nada como lo sano o supuestamente de dieta.

Entendiendo todo de todo como lo insano o supuestamente lo rico”.

Creo que lo habías entendido así, pero para que quede claro.

EJERCICIOS PRÁCTICOS PARA QUE ROMPAS EL PATRÓN TODO O NADA Y EMPIECES A EQUILIBRARTE DESDE YA:

Para empezar a integrar algo de todo entre semana, piensa: ¿Cuál es la comida u alimento que estás deseando comer cuando llega el fin de semana? Imagina que es el bizcocho que acaba siendo desayuno, postre de comida, picoteo de la tarde y recena a las tantas. Del sábado. Y del domingo. Está claro que vives con ansia ese alimento porque es ahora o nada hasta el siguiente fin de semana. Pues haz un bizcocho para la semana. Córtalo en siete trozos. Y tómate uno tranquilamente cada tarde con un café.

Para empezar a integrar el algo de nada entre semana hay que establecer una rutina saludable con la que disfrutes. Una línea base de tu alimentación con la que estés feliz, de la que no esperes nada a cambio y con la que no te sientas en continuo castigo y sufrimiento deseando que llegue el fin de semana para salir de ella. Esta línea base es tu casa, tienes que tener una casa acogedora en la que te sientas cómoda. Imagina estar pensando siempre en ir de vacaciones a un hotel porque no soportas vivir en tu casa. Sería un drama. Aunque te encante ir de vacaciones al hotel. Quiero que te sientas cómoda con tu alimentación del día a día. Que no estés pensando siempre en la hamburguesa del fin de semana. Aunque te encante comer la hamburguesa del fin de semana. Busca opciones sanas para esta semana, pero que a la vez te encanten y se adapten a tu situación personal. Puede parecer extravagante, pero si no tienes tiempo material en tu día a día para comer a las 14.00 puedes tomarte un plátano rápidamente cada día a esa hora y cuando llegues a las 17.00 a casa tomarte un sándwich de canónigos con piña y atún. O de queso fresco con berenjenas a la plancha y miel. O de tortilla francesa con rodajas de zanahoria. Y así cada uno de tus días. No puedes comerte unas lentejas conduciendo. Pero hay cosas que puedes hacer, aunque no sean lo “normal”. Puedes crear tu propia normalidad y puede ser sana, rica y adaptada a ti.

Para empezar a integrar el algo de nada el fin de semana. Hay que establecer relaciones positivas con alimentos y preparaciones culinarias sanas. Elige una ensalada de cuatro o seis ingredientes y sírvetela el sábado noche en el salón con velas y música instrumental. Sola. O en compañía. No se acaba el mundo por esto. Se abre otro mundo por esto. No se acaba el mundo por no cenar pizza el sábado por la noche. Además la pizza puede comerse cualquier otro día. Se trata de acabar con la rigidez mental y con la visión efecto túnel que se tiene en cuanto a la alimentación. Se trata de asociar momentos y días especiales con alimentos y preparaciones sanas.

Para empezar a integrar el algo de todo el fin de semana. Imagina que en la web que compras tus vestidos favoritos hubiese cuatro que te encantan y que pusiera últimas unidades para agotarse, nunca más podrás encontrar unos vestidos tan bonitos como estos. Te hubieses comprado los cuatro del tirón. Imagina que en el café del domingo hubiese tus cuatro pasteles favoritos y que por tu mente pasara el pensamiento últimas unidades para agotar tu permiso de comer lo que te dé la gana del fin de semana. Te hubiese comido los cuatro sin pensarlo. Imagina que tuvieses todo el tiempo del mundo para comprar esos vestidos o para comer esos pasteles. Te hubieses comprado un en marzo, otro en abril, otro en mayo y otro en junio. Te hubieses comido uno este fin de semana, otro el siguiente, otro el siguiente y otro el siguiente. Se crea la necesidad de urgencia por la carencia. Prueba a comer solo uno de tus pasteles favoritos en el café del domingo. O prueba a comer solo uno de lo que sea tu favorito. Elige. No lo comas todo de manera indiscriminada porque es el único momento en el que puedas comerlo todo. Pregúntate cuál es el pastel que realmente te apetece en ese momento. Porque habrá muchos más momentos y podrás elegir otras pasteles. Y eso, da mucha tranquilidad mental.

OTRAS SITUACIONES DE EXTREMOS REFERENTES A LA ALIMENTACIÓN MUY MUY COMUNES Y CÓMO EQUILIBRARTE EN ELLAS:

O no como ninguna galleta o si me como una me acabo con el paquete entero. Como abra la veda no la cierro. ¿Y eso por qué es? Pues porque quiero y deseo comer un par de galletas con el café pero no puedo y no debo porque así voy a engordar o no voy a adelgazar. Pero el deseo te puede y te comes una. Pero solo una. Y luego otra. Pero que débil has sido y que mal lo has hecho. Te sientes culpable y avergonzada y ya que lo he hecho mal voy a hacerlo mal del todo. Y no te va engordar ni dejar adelgazar comerte un par de galletas al día, lo que te va engordar y no dejar adelgazar es este círculo vicioso mental y conductual que te hace comerte un paquete de galletas cada día. Así que, sal de él. Permítete comer un par de galletas cada día y experimenta que es posible no engordar haciéndolo. Incluso, se puede adelgazar comiendo un par de galletas cada día. Si realmente, es lo que quieres.

O me privo de pan o si como un bocado ya me atiborro de pan. Quizás no siempre quieras comer pan. La libertad está en a veces decidir comer pan y a veces decidir no comerlo. Si te permitieras comer una tosta o un sándwich para cenar y regatearas la creencia hidratos por la noche no, te ahorrarías comer mucho pan simplemente por ansia de pan. Comerías mucho menos cuando realmente no quieres pero lo haces presa del ansia de no poder hacerlo cuando realmente quieres.

O como sanísimo y hasta la tarta tiene que ser healthy o si como un trozo de tarta de cumpleaños con nata un miércoles ya de perdidos al río y como mal no, lo siguiente. Ya el lunes empiezo. Esto se trabaja con el ejercicio que te he propuesto antes del integrar algo de todo entre semana.

O como sano todo el día entero o si como coma un trozo de chocolate después de comer a la mierda la dieta y ceno mucho y mal porque mañana empiezo. Come un trozo de chocolate después de comer cada día. Es perfecto. Fin.

O como todo lo más light en una comido social o si me como una croqueta ya que más da porque lo he hecho mal y me acabo comiendo hasta la comida de los demás y dos postres. Esto se terminaría si todas las cosas que te gustan de esas comidas supieras integrarlas de manera inteligente durante todo el mes y pudieras disfrutarlo todo poco a poco. De hecho, puedes. Las croquetas puedes integrarlas entre semana si tanto te gustan.

LA ANSIEDAD POR LA COMIDA SE CREA POR LA CARENCIA AUTOIMPUESTA. AL DESAPARECER LA CARENCIA DESAPARECE EL ANSIA.

Te deseo equilibrio.

Busca tu equilibrio.

Atentamente,

Eva.

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