Author - Eva Altagracia

El secreto para comer de todo en Navidad y que tu cuerpo-mente estén bien. Te lo cuento.

Sé que navidades es sinónimo de agobio para muchas de las personas a las que acompaño, en referencia a la alimentación.

En palabras literales: 

«Veo tantos pecados encima de la mesa que me agobio porque quiero comérmelos todos pero no puedo comerme ninguno» 
«De tantas ganas que tengo de comer cuando lo hago el ansia no me deja disfrutar por qué cuando me doy cuenta ya se ha acabado»
«Me siento observada y juzgada. Si como por qué como y si no como porque no como»
» Quiero tener el control pero al final las ganas me pueden. Me siento mal conmigo misma»

Por eso quería finalizar el año con este artículo como regalo. Porque creo que puede calmarte y ayudarte. Y porque quiero agradecerte que estés ahí.

 A ti, que decidiste unirte a ingeniera de mi vida suscribiéndote gratis al blog y leyéndolo mes a mes un nuevo artículo de psicoalimentación. A ti, que decidiste seguirme en Instagram e ir descubriendo que hay otras maneras de vivir la alimentación. A ti, que decidiste confiar en mí para hacer sesiones online personalizadas y revolucionar la manera de entender y sentir tu alimentación. Y a ti, que me lees en este momento por primera vez.

Gracias.

El secreto es:

Usar la inteligencia emocional.

Por un lado encontrar un punto de equilibrio entre la razón y la emoción. Entre lo que debo y lo que quiero. Y por otro lado encontrar los puntos comunes entre la razón y la emoción. Es decir lo que debo y quiero a la vez.

Si lo que te ocurre es que: por un lado quieres comer todo lo que supuestamente está prohibido y sientes ansia por ello 
pero por otro lado no puedes permitirte comer nada de eso porque engorda y quieres adelgazar…

Estás experimentado el malestar que genera la disonancia cognitiva. Y qué es esto. Pues que hay una lucha entre lo que piensas y lo que sientes. Y tienes que llegar a acuerdos. Si lo consigues, estarás en paz y podrás disfrutar de todo y comer de todo.

Lo que quiero es que en lugar de que tú razón y emoción se griten, se comuniquen y respeten para satisfacer las necesidades de ambos.

Cómo. 
Pues te ofrezco tres estrategias.

Encuentra el punto de equilibrio razón-emoción con estas dos estrategias básicas:

Una. Buscar puntos medios. El típico ni para tí ni para mí. Imagina que tú razón te dice no debes comer ni una pizca de turrón de chocolate suchard después de cenar y que tú emoción te dice me apetece comerme media tableta de turrón de chocolate suchard después de cenar un sándwich de paté de aceitunas, pues el punto medio sería comerte un cuadrado de turrón de chocolate suchard después de cenar un sándwich de paté de aceitunas.

Dos. Seleccionar puntos opuestos. El típico hoy para tí mañana para mí. Siguiendo con el mismo ejemplo de que tú razón te dice no debes comer ni una pizca de turrón de chocolate suchard y que tú emoción te dice me apetece comerme media tableta de turrón de chocolate suchard, seleccionar los puntos opuestos sería hoy mi cena va a ser un sándwich de paté de aceitunas y ya. Y mañana mi cena va a ser comerme directamente media tableta de chocolate suchard y ya.

Apóyate en los puntos en los cuales tú razón-emoción ya están de acuerdo con esta estrategia:

Tres. Buscar los puntos comunes. El típico yo gano tú ganas. No es posible oponer el deber al placer cuando el deber es placer. Funciona de manera fluida. No hay que ponerse de acuerdo porque ya se está de acuerdo. Pero no sé contemplaba ni valoraba. La mente cuando se bloquea, no contempla las mejores opciones. Y la disonancia cognitiva de la que te hablaba al principio y que tú sientes, causa bloqueo. Imagina cenar una de las noches ensalada de brotes verdes con manzana y pipas de girasol más una onza de chocolate lindt excellence 90% cacao. E imagina cenar una de esas noches crema de puerro y manzana con guarnición de pipas de girasol más una onza de chocolate lindt excellence 90% cacao. Deber y placer a la vez.

Usa las tres.

Piensa en una persona a la que pueda ayudarle leer este secreto. Me gustaría que fuese un secreto a voces. Y tú regalo para esa persona. Por favor, comparte este artículo y ayúdame a que el proyecto ingeniera de mi vida siga creciendo.

Gracias por todo y mis mejores deseos,

Eva.

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Entiende cómo te comportas con la comida entendiendo a tu cerebro racional y emocional. Eres dos.

Para que entiendas algunas de las cosas que te pasan relacionadas con tu alimentación, voy a explicarte cómo funciona tu cerebro.

Estoy segura que reconoces estas cuatro situaciones:

SITUACIÓN A. Cuando tienes un cajón en la cocina lleno de cereales de chocolate para los niños, de los bollos para tu marido y de galletas de mantequilla para los invitados; pero te lo acabas comiendo tú cuando nadie te ve o cuando todos están acostados.

SITUACIÓN B. Cuando compras bombones de chocolate a finales octubre convencida de que los mantendrás guardados e intactos hasta la segunda quincena de diciembre; pero cada noche vas al lugar dónde los tenías escondidos y te comes uno llegando a mediados de noviembre sin ninguno.

SITUACIÓN C. Cuando dices y planificas comer ensalada todas las noches o no saltarte la dieta en el cumpleaños del viernes pero acabas haciendo todo lo contrario. Comes cada noche lo primero que pillas y te comes dos buenos trozos de tarta más cuatro bocadillos de paté el viernes.

SITUACIÓN D. Cuando haces la lista de la compra en casa con tus frutas, verduras, legumbres, tal y cual saludable; pero llegas a caja con el carrito lleno de dulces, snacks y todo lo demás.

Todo esto es muy contradictorio, ¿no? ¿Por qué actuamos de esta manera? Puede parecer que existiesen dentro de nosotros dos fuerzas opuestas. O también puede parecer que hubiese dos yoes dentro de nosotros. Pues bien, te voy a desvelar la cuestión.

Reduciendo mucho podríamos decir que nuestro cerebro se divide en dos: Uno mucho más arcaico evolutivamente, más impulsivo, emocional e instintivo. LA EMOCIÓN. Y el otro que es la corteza cerebral, nuestros pensamientos, planes, motivos, lo que queremos o debemos. LA RAZÓN. Cuando el sistema emocional está muy activado, desactiva el sistema racional. Por ejemplo, cuando estamos enfadados podemos decir cosas que en frío no se nos ocurriría decir. Cuando estamos enfadados el sistema racional está inactivo. Cuando la emoción pierde fuerza, la razón va cogiendo el mando de la situación y es entonces cuando piensas: ¡Pero que he dicho o hecho! Una emoción es como una gran ola: llega alta y con fuerza pero se va. Lo más inteligente emocionalmente, sería aprender a reconocer cuando estás enfadada y dejar pasar un tiempo para poder hablar las cosas con claridad.

Después de este breve resumen, tiene sentido decir que esas dos fuerzas opuestas son la razón y la emoción; y que esas dos personalidades que no se reconocen la una a la otra son tu yo racional y tu yo emocional.

Voy a darte posibles soluciones para que, sabiendo esto, gestiones las cuatro situaciones de las que te hablé al inicio de este artículo. Son propuestas inteligentes emocionalmente e inteligentes nutricionalmente.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN A.

Por el día es fácil decir que no porque la parte racional de tu cerebro tiene la batería totalmente cargada. Así que puedes decir que no a las galletas de chocolate de los niños y a los bollos de tu marido. Incluso por la tarde. Pero por la noche la batería de tu cerebro racional está agotada y será tu cerebro emocional el que decida y te impulse a comerlo. Por ejemplo puedes pensar: es injusto que ellos lo coman y yo no, voy a comerlo. O puede pensar: después del día tan duro que llevo me lo merezco. En ambos casos estaría actuando tu cerebro emocional.

Te contaré algo antes de darte la solución. Existe un experimento donde ponían a varios niños delante de un dulce y les decían que si esperaban un rato hasta nueva orden les darían más dulces. Con esto, querían comprobar que estrategias de gestión utilizaban para aguantar y si elegían una recompensa mayor pero no inmediata o una recompensa menor pero inmediata. La mayoría no aguantó y se lo comió, pero los que aguantaron lo consiguieron mirando para otro lado o tapándose los ojos. De este experimento, lo que podemos concluir es que es mucho más potente una recompensa pequeña pero inmediata que una grande pero a largo plazo. Es más probable que te comas el dulce que tienes delante a que le digas que no para tener la recompensa de adelgazar pasado un tiempo. También podemos concluir que lo que mejor funciona es no tenerlo a la vista, aunque con cierto esfuerzo porque sabían que estaba ahí.

Te propondría no tener estos productos de galletas y bollos como hábito para nadie. Pero como ya me sé las respuestas más frecuentes: es que no quiero privar a los niños de ese placer (flaco favor) o mi pareja quiere seguir haciéndolo y no le puedo obligar a no tenerlo porque también es su casa, te voy a dar otra solución: Ten un cajón para cada uno. Así no tendrás a la vista las cosas que ellos comen. Cada uno tiene como costumbre abrir su cajón y solo ve sus cosas. Y en el tuyo puedes tener visibles alternativas que te interesen.

Otra solución es coger un hábito que te guste y que no dé espacio ni lugar a pensar en estos productos. Pero para que sea eficaz, repito, tiene que gustarte y tiene que ser un hábito. Por ejemplo, imagina que te reservas ese hueco para comerte una cuajada de chocolate y que lo haces cada noche sin pensarlo, disfrutándolo y sin poder pensar en otra cosa porque ya no tienes tiempo material. Llega la hora de irse a la cama.

Si quieres leer más sobre la necesidad de comer antes de acostarte, te recomiendo leer el artículo que escribí en febrero: Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN B.

Aunque tú no te vayas a la cama hasta las 24.00 de la noche, tu cerebro racional se ha ido ya a dormir a las 22.00. Por eso, en ese momento eres tan vulnerable a las tentaciones de chocolate que pueda haber por casa. Entonces, anticipar esto. Si se te antoja un turrón porque hace mucho que no lo comes, compra un turrón y decide gastarlo en un par de días. Saciarás tu deseo y te quedarás tranquila. Te recomiendo que comas un buen trozo para no quedarte con las ganas. Y te recomiendo que no sea más de dos días seguidos a la misma hora para no crear un hábito. Y después de esto, seguro que te olvidarás hasta comprar lo justo unos días antes de navidad. Otra opción es tener una caja de bombones pero cerrada, pues solo la barrera de tener que abrirla te contendrá para reservarla. Aunque para qué tener que contenerte si puedes no tenerlo en casa y tener la mente en calma. Otra opción es irse a dormir a las 22.00. Otra opción es no ver la tele, los anuncios a esa hora te bombardean a dulces y es normal que te entren ganas. Y otra opción es desarrollar una actividad emocional aprovechando que es un momento en el que tu cerebro emocional está en su apogeo. Por ejemplo crear arte pintando una lámina con acuarelas en la que los colores y formas expresen cómo te sientes. O por ejemplo crear un espacio de calidad para expresar tus emociones mediante conversaciones con otra persona. Sacar partido de alguna manera a ese potencial emocional que aflora en ese momento del día, en lugar de demonizarlo y luchar contra él.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN C.

Cuando menos dejes para pensar por la noche mejor. Por todo lo que te he contado anteriormente, ya sabes que por la noche ya no pensamos racionalmente con claridad. Las decisiones racionales se toman antes. Hay que anticiparse a ese momento y ponérselo fácil.

Como dejes la decisión para última hora teniendo delante la opción de una pizza lista para calentar o tener que cocinar una crema de verduras, eliges fijo primera. Si quieres tomar crema de verdura por la noche, tenla hecha y a la vista. Y no tengas disponible lo que no quieras hacer.

Ten brotes verdes listos para usar en lugar de una lechuga entera para tener que enredarte a lavarla y trocearla. Y ten cuatro recetas de ensaladas que te encanten anotadas en la nevera para tener claridad.

Automatiza, deja tomadas las decisiones y póntelo fácil.

En cuanto al tema del cumpleaños, lee atenta lo que voy a decirte. Sáltate la dieta, pero sáltatela sin ansia porque no será la última vez que te la saltes. Hacer las cosas como si fuera la última vez hace que las vivamos con ansia y no las disfrutemos. Si te preguntas qué es lo que te apetece justo en el cumpleaños y sabiendo qué habrá otras muchas ocasiones, comerás un trozo de tarta y ni si quieras comerás los bocadillos de paté porque tú eres más de dulce que de salado. O viceversa. Pero al pensar ahora o nunca porque el lunes empiezo o porque ya que la he liado toda la semana sin cenar verdura de perdidos al río ya empiezo la semana que viene, comerás el doble o el triple. Así que relájate y disfruta. Comer socialmente es una manera de relacionarse y de empatizar con los demás. No te lo niegues. Pero no comas sin criterio, elige lo que realmente quieras en ese momento y te merezca la pena. Y no comas por compromiso, comunica asertivamente lo que no quieres.

Si quieres leer más sobre cómo gestionar comidas sociales, puedes pinchar en el siguiente artículo que escribí hace unos meses: 4 tips para comer en esa boda, en esas vacaciones y esa cena.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN D.

Lo que pasa es que haces la lista de la compra con un cerebro y compras con otro. Haces la lista de la compra con tu cerebro racional y cuando vas al supermercado, a no ser que lleves las cosas muy claras, los estímulos allí presentes hacen que tu cerebro emocional coja el mando y compres cosas que no estaban en la lista. Que si cojo esto porque me lo merezco; que si esto porque que injusto que otros lo coman y no engorden; que si esto porque es placer adulto; que si esto porque es integral, sin azúcar y cero por cien materia grasa (y eso para tu inconsciente es sinónimo de adelgazar o salud). La clave está en los estímulos. Son los estímulos los que hacen coger el mando a tu cerebro emocional, así que la solución es evitar esos estímulos. Ponen los productos que quieren que compres estratégicamente en el pasillo de paso obligado hasta la zona de las frutas; y los ponen en la balda de la estantería que coincide con la altura de tus ojos; y por si fuera poco y si venciste todas las tentaciones anteriores, tienen una última oportunidad de convencerte justo con lo que te ofrecen justo delante de la caja registradora. Por tanto, una solución es comprar por internet haciendo caso omiso a todos los anuncios que te salen, otra solución es comprar en el mercadillo y otra solución es taparse los ojos hasta llegar al fondo de Carrefour que es dónde se encuentran las secciones de alimentos naturales.

Otras dos opciones son: Una que compres primero todo lo planificado y luego conscientemente te permitas comprar algún capricho emocionalmente sin que esto supere el 20% de tu carro de la compra. Otra es que cuando tengas un impulso de meter algo en la cesta de la que no estuviese en tu lista, pienses: luego vuelvo a pasar por aquí. Y te vayas a por las cosas de tu lista. Esto es por lo que te dije de que una emoción es como una ola que sube fuerte y luego se va. Quizás cuando vuelvas frente al producto la emoción ya no esté y ese espacio haya dado lugar a poder pensarlo racionalmente. Es como lo de la ropa. Si sientes un impulso de comprar algo, no lo hagas. Vuelve mañana. Y si en casa sigues pensando racionalmente que te conviene, cuando la emoción de compra impulsiva se haya ido, mañana vas y lo compras. Así sabrías que no es una compra emocional. Ahora esto ya es complicado con las compras online a un solo clic, pero para que lo entiendas.

Quiero dejarte claro que en ninguna de las cuatro situaciones se trata de no tener fuerza de voluntad. Solo era que no conocías suficiente a tu cerebro, ni a ti misma. Solo eran problemas de logística. Solo era que estabas enfocada en el problema y no en la solución.

Si necesitas ayuda con este tema, puede escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar conmigo tus sesiones online y que trabajemos tu caso concreto.

Te mando un ramo de rosas.

Eva.

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Huellas emocionales de estar a dieta toda la vida. Y cómo borrarlas para siempre.

Las personas que llegáis a mí, lo hacéis después de haber hecho muchas dietas a lo largo de vuestra vida o al menos un par de ellas que os marcaron. Conviviendo siempre con el ciclo de primero estar reprimidas del placer de comer constantemente para segundo comer como si no hubiera un mañana. Eso, os ha dejado huellas tanto físicas como mentales. Me centraré aquí en estas últimas.

Las llamo huellas emocionales de estar a dieta toda la vida.

Lo primero es asumir estás huellas emocionales están y lo segundo es trabajar para borrarlas. Después de esto, es cuando será posible la realidad que quiero para ti: Que disfrutes comiendo sano en el día a día sin sentirte a dieta. Y que disfrutes comiendo algún capricho insano sin ansia ni remordimientos. Bajar a tu peso natural solo será una consecuencia inevitable. Es decir, también será posible la realidad que tú tanto ansias: Adelgazar de manera consistente en el tiempo.

Sin más, las Huellas:

AUTOESTIMA POR LOS SUELOS 

Después de varios fracasos es normal tener el pensamiento de no soy capaz. Y es normal sentir frustración. Pero varios fracasos consecutivos son muy valiosos si no te los tomas de manera personal. Te están indicando que ese no es el camino, que no intentes lo mismo más veces porque será un nuevo fracaso. Te están indicando que el camino es otro. 

Por otro lado, siempre me decís: quiero hacer dieta para quererme más. Y como no lo consigues, nunca te quieres. Y a esto también hay que darle la vuelta.

CANSANCIO EMOCIONAL

La sensación de estar agotada. La sensación de estar toda la vida recortándome de esto, de aquello y encima cada vez con más peso. Sensación de impotencia. De desesperación. Descansar es la clave.

RECHAZO A CIERTOS ALIMENTOS.

De los que te has aburrido. O porque los asocias a sufrimiento y castigo. Hoy me toca comer tal, es una imposición. Tu inconsciente lo interpreta como castigo. Lo bueno es que se pueden crear nuevas asociaciones. Con un nuevo ambiente, con una nueva receta, con una persona.

ANSIEDAD POR OTROS CIERTOS ALIMENTOS.

Todo el día pensando en comer. Lo que sea, sobre todo lo que te has prohibido anteriormente. No poder tener nada excepcional en casa porque no quedas tranquila hasta que no le das fin. Experimentar el permiso de esos alimentos y el sentir placer con también con otros es lo que marcará la diferencia.

RABIA. SENTIMIENTOS DE CULPA, VERGÜENZA.

Piensas que es injusto que otros puedan comer todo lo que quieran. Te sientes mal cuando comes algo que no debes. Te avergüenzas de tí misma después de comer algo a escondidas para que no te juzguen. Necesitas otra perspectiva que te haga sentir mejor.

Para borrar estás huellas y construir tu nueva realidad, sé ingeniera de tu vida. Escríbeme a quieroser@ingenierademivida.com.

Es posible.

Eva.

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La clave es disfrutar comiendo tanto lo sano como lo insano. Y rojo pasión.

Mi propuesta es clara y concisa: Entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer. Salir del hábito porque quiero. Sentir placer. Volver a entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer.

Entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer.

Quiero que entres en hábitos de alimentación sanos para tu cuerpo y para tu mente. Un hábito es una costumbre que se hace automáticamente. Es lo que se hace de manera frecuente sin pensar. Quiero que te acostumbres a que tu alimentación se base en alimentos naturales y no en productos alimentarios creados por la industria; simplemente porque esos alimentos naturales son para lo que tu cuerpo evolutivamente está preparado.

Y quiero que entrenes la sensibilidad para sentir placer comiendo chocolate puro sin azúcar; bebiendo café sin azúcar; comiendo manzanas y nueces; y bebiendo agua cuando tienes sed. Estamos insensibilizadas de tanta sensación artificial.

Quiero que rompas condicionamientos mentales; quiero que sientas placer comiendo ensalada de espinacas con moras, piñones y rulo de cabra un sábado por la noche. Porque sí.

Y quiero que sientas placer llenado el carro de la compra con almendras, salmón, piña, zanahorias, berenjenas, calabaza, kiwis y huevos; Que sientas placer pensando mañana comeré berenjenas a la parrilla con almendras tostadas.

Quiero que te liberes del lastre de los mitos alimentarios. Mitos de esto sí y esto no. Sin sentido, sin ciencia. Mitos de esto engorda y esto enflaca. Sin sentido, sin respeto.

Y quiero que lo hagas sea cual sea tu cuerpo o tu peso; y que notes que bien te sienta darle a tu cuerpo lo que necesita. Alimentos. Que notes que bien sienta comer con hambre y dejar de comer justo cuando ya no la tienes.

Salir del hábito porque quiero. Sentir placer.

Porque la tarta siete chocolates selva negra existe. Porque el salchichón existe. Y porque a todas nos gustan los subidones de euforia cerebrales. Punto.

Y porque los eventos sociales existen y hasta ahora el consenso social suele ser pizza, patatas fritas, palomitas, tarta de azúcar y grasa de palma. Etc.

Quiero que sientas libertad. Subidón. Euforia. Felicidad. Placer. Sin culpa. Sin remordimiento. Sin vergüenza. Sin más.

Por tu salud mental.

Volver a entrar en el hábito porque quiero. Sentir placer.

Quiero que después del subidón bien disfrutado, sientas. Sientas felicidad de haberlo vivido. Pero también quiero que sientas la sed. Que sientas la inflamación. Que sientas la saturación de las células de tu cuerpo. Y quiero que sin pensar ni cuestionarte vuelvas. Vuelvas a tus costumbres. Costumbres placenteras en las que tu cuerpo respire a sus anchas. En las que tu mente también esté tranquila.

El placer de beber agua cuando tienes sed.

El placer de no comer nada si no tienes hambre. Y descansar.

El placer de comer alimentos naturales cuando tienes hambre. Y sentir la energía y vitalidad que te aportan los nutrientes que tu cuerpo necesita.

Y rojo pasión.

Come con pasión.

En el hábito. Lo sano.

En la salida. Lo insano.

En la entrada. Lo sano.

Siempre rojo pasión.

Atentamente,

Eva.

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Todo lo rico engorda. Y pícnic de moras con quesos mini babybel en la playa.

Hoy quiero reflexionar contigo sobre esta famosa frase: Todo lo rico engorda. Y relacionarla con esta otra: Está de muerte, delicioso, no tiene que ser nada bueno.

En cuanto a lo rico:

He preguntado qué es lo rico. El 95% de las respuestas incluye una o varias de esta lista: Galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec. Esto indica que hay una visión compartida y reducida de lo rico. Y no es de extrañar que todos sean alimentos típicamente prohibidos. Lo prohibido atrae de manera potente. Y no es de extrañar que todos sean alta y artificialmente dulces y salados. Umbrales difícilmente olvidables por tu cerebro desde la primera toma e incomparables cuantitativamente con los alimentos naturales. Pero no cualitativamente. Además, el paladar se educa.

Que estos alimentos nos atraigan tanto psicológica como físicamente no implica que no haya otras cosas que estén ricas. Ricas naturalmente. Ricas holísticamente.

Es un placer artificial. Y no tengo nada en contra de lo artificial. Estoy a favor del satisfyer. Pero sería una pena que solo pudieras llegar al orgasmo con él y que tu sexualidad se redujera a eso. Estoy a favor de la pizza barbacoa. Pero sería una pena que solo pudieras llegar al orgasmo culinario con ella y que tu alimentación se redujera a eso.

Con cuanta ansiedad vivimos no comer eso. Y es normal si pensamos que solo eso es lo rico y que tendremos que prescindir de vivir el placer a través de la comida. Privarse de un placer duele. Ese es el error. No tienes que privarte de esos placeres. Pero tampoco de otros que ni si quiera conoces. O que ni si quiera valoras.

El agua fría cuando se tiene calor y sed. Esta rica. La moras recién cogidas del zarzal para reponer fuerzas después de una caminata. Están ricas.

Rico es que da gusto comerlo. Y se tiene muy limitado el gusto. Es mucho más. De verdad.

En cuanto a engorda:

Con cuanta ansiedad vivimos engordar. Por el rechazo social. Por el rechazo de otros. Por nuestro propio rechazo. No tengo nada más que añadir aquí.

Comer galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec; no engorda. No tengo nada más que añadir aquí.

En cuanto a la relación con está de muerte, delicioso, no tiene que ser nada bueno o no puede ser bueno.

Qué curioso como asociamos placer a pecado. Y que el engorda sea el mayor de los pecados.

Cuanta culpa después de comer salchichón. Eva, castígame poniéndome una dieta estricta, me dicen. La culpa nos invade cuando transgredimos una premisa normalmente inconsciente. Y esa premisa es que tenemos que tener un cuerpo perfecto para no ser rechazadas. Y que te digan que eso mentira cuando lo vivimos en las carnes: pero yo no vengo a decirte que eso sea verdad o mentira. O esa otra premisa de que el chocolate engorda y tienes que privarte de ese placer toda tu vida. Esas cosas duelen. Duele el rechazo. Duele la privación.

Vengo a decirte que el placer es mucho más que galletas y pizza. Y que esas también. Y que no engordan. Y aún lo hicieran. Vengo a decirte que el problema lo tiene el que rechaza no el rechazado. Vengo a decirte que si sufres pesando 70 vas a sufrir pesando 68 por miedo a pesar 70. Vengo a decirte que te relajes. Que disfrutes. Y que así todo va a fluir. Y que bajar de peso, si bajar de peso, será una consecuencia lateral de ese disfrute mucho más amplio. De ese permiso. De ese relax.

Así que,

Todo lo rico engorda y Está de muerte no tiene que ser nada bueno:

Son creencias.

Ideas.

Verdades infundadas grabadas en el inconsciente.

Llámalo como quieras.

Y se han repetido hasta la saciedad.

Las hemos mamado.

Desde infinidad de medios. Lugares. Formas. Y voces.

Y cuando esto pasa, se forja una verdad.

Una verdad que ni si quieras sabes que defiendes.

Individualmente aceptada. E incuestionada.

Socialmente aceptada. E incuestionada.

Una verdad, de la que estoy harta.

Una verdad que influye en cómo vives el placer. Tu placer.

Una verdad que influye en cómo vives la alimentación. Tu alimentación.

Una verdad límite. Limítrofe.

Limítrofe es que tiene un límite común con otro territorio.

Y ese otro territorio es el placer, es disfrutar comiendo. Disfrutar de verdad. Porque hay otros disfrutes hipócritas.

Y esto, comparte límite con las verdades todo lo rico engorda y está delicioso no tiene que ser nada bueno. Palabras que esconden resignación, desesperanza, rabia, arrepentimiento, culpa, vergüenza y sufrimiento.

Y yo quiero estar al otro lado de este límite limítrofe.

Yo quiero ese otro territorio.

Porque ya está bien.

Basta.

Hasta aquí.

Párate.

Piénsalo.

Piénsalo.

Por favor.

Por ti.

Yo quiero otra verdad.

Yo creo en otra verdad. Porque sé otra verdad.

Y para mí eso no es verdad. No es verdad que todo lo rico engorda. No es verdad esta delicioso no tiene que ser nada bueno.

Y resalto para mí.

Ojalá pronto tampoco lo sea para ti. O al menos, ojalá empieces a demostrarte con experiencias cotidianas que eso es mentira. Y en algún momento puedas vivir el placer y los alimentos con una mirada más amplia.

De goce.

De disfrute.

De saber.

De sentir.

No de creer.

Te dejo dos prácticas muy potentes para ello. Y te aviso que no vale solo con leerlo. No vale solo con saberlo. Hay que sentirlo en las carnes. Tienes que hacerlo. Vivirlo. Y volar por los aires esas dos creencias. (todo lo rico engorda y esta delicioso no tiene que ser nada bueno).

PRÁCTICA UNA: Galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec. ¿Engorda?

Sin entrar e que sea o no adecuado nutricionalmente. Para vivir lo adecuado sin ansiedad de no poder vivir lo inadecuado hay que hacer lo inadecuado, a veces. Regálate estas dos experiencias.

Experiencia a: Desayuna, come y cena tosta de tomate y salchichón el mismo día ¿Has engordado?

Experiencia b: Cena tosta de tomate y salchichón durante todo la semana. ¿Has engordado?

PRÁCTICA DOS: Galletas de todo tipo, donuts glaseados, chocolate con leche, pizza barbacoa, pasta carbonara, hamburguesa con todas sus salsas, croquetas de jamón serrano y salchichón espetec. ¿Esto es todo lo rico?

Sea cual sea el peso que tengas ahora. Sin entrar en que eso deba o no deba ser así. Ahora, simplemente es. Regálate estas dos experiencias. Sin entrar en es poca cantidad o mucha cantidad; está rico o asqueroso; es bueno o malo.

Experiencia a: PÍCNIC DE MORAS CON QUESOS MINI BABYBEL EN LA PLAYA. Prepara una excursión a la playa con una persona especial. O unas. Atardeciendo. Lleva un mantel y unos cojines. Moras y quesos mini babybel. Champan para brindar. ¿Te ha gustado?

Experiencia b: Prepara una ensalada de espinacas con higos, almendras tostadas y queso francés. Pon música y enciende unas velas. ¿Te ha gustado?

Espero que te aporte.

Espero tu comentario.

Atentamente,

Eva.

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Comer berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel. Por placer. Y rosa roja.

Hablar de salchichón es algo muy profundo. Hablar de berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel es algo muy profundo.

¿Qué has comido hoy?

¿Cómo has comido hoy?

¿Cómo te sentías comiendo hoy?

¿Cómo te sentías después de comer hoy?

Son preguntas muy profundas.

Detrás de esas preguntas se esconde:

Placer.

Dolor.

Emociones positivas.

Emociones negativas.

Salchichón.

Berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel.

Ansiedad.

Serenidad.

Emma estaba ansiosa porque había comido el otro día salchichón en casa de su madre. Y estaba ansiosa porque le habían regalado un salchichón y lo tenía en casa tentándola. El salchichón le encanta, pero no se permite comer alimentos insanos. Para ella está mal comer salchichón. Sufre comiendo salchichón y sufre por no comer salchichón. Emma comió aquel día en casa de su madre mucho salchichón. Y Emma se comió el salchichón que le regalaron de una sentada en su casa cuando ya no pudo aguantar más. Varias cosas: Si Emma se permitiera comer salchichón, aunque sea insano, cualquier día que le apeteciera no hubiese comido mucho salchichón en casa de su madre, hubiese comido un poco de salchichón disfrutándolo o incluso no hubiese comido salchichón porque no hubiese pensado ahora o nunca o aprovecho ahora que el fin de semana todo vale y el lunes empiezo. Hubiese pensado qué es lo que quiero en este momento y podría haber decidido sí o no y ambas decisiones con serenidad. Si Emma se permitiera comer salchichón lo hubiese guardado tranquilamente en casa disfrutándolo en alguna cena ordinaria o en un bocadillo para el día de campo. A veces es sano permitirse lo insano porque al final acabas haciendo mucho menos el acto insano. Y cuando lo haces eres capaz de sentir el placer que todos estos alimentos insanos provocan. Y cuando lo haces no lo haces como si no hubiera un mañana, no lo vives con culpa que te lleva a ese de perdidos al río. Y cuando no lo haces no se te va la vida en ello. Incluso puedes regalarlo tú también.

Elara sufría solo por saber que hoy le tocaba comer berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel. Sufría tan solo por escuchar a la plancha. Porque cualquier verduras es de dieta. Por mucho que las disfraces en una preparación bonita, me decía, por mucho que no lo llames dieta. Para ella comer sano y estar a dieta es lo mismo con otro nombre. Pero esto es porque lo asocia con prohibición, obligación, con castigo, con rechazo. Lo hace pensando en otra cosa, en que debería ser otra cosa que le guste más. Lo hace pensando que con eso se moriría de hambre. Si Elara se abriera a la experiencia sin juicio, podría disfrutarlo. Si Elara estuviera dispuesta a hacer nuevas asociaciones. Si Elara no lo hiciera esperando algo a cambio como bajar peso sino que lo hiciera por el mero placer de hacerlo, podrían abrirse las puertas de sentir placer comiendo berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel. ¿Y cómo se consigue eso? Dejando que las berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel solo sean una idea, una propuesta. Sin más. Viendo a otras personas disfrutando de ese plato, por aprendizaje vicario. A final, un día la curiosidad puede hacer que se pruebe el plato y se disfrute sin más. La creatividad abre la puerta al placer. La experimentación sin juicio abre la puerta al placer, a nuevas sensaciones y consecuencias positivas emocionalmente hablando. Cuando sea un plato que le prepararías a tus invitados, puedes estar segura que lo asocias al placer. Cuando no solo importen los alimentos, también el mantel, el plato, la luz. Aquí, hay placer.

ACTO: COMER SALCHICHÓN.

Conozco a gente que sufre comiendo salchichón.

Conozco a gente que goza comiendo salchichón.

ACTO: COMER BERENJENAS A LA PLANCHA CON ALMENDRAS TOSTADAS, QUESO FRESCO Y MIEL.

Conozco a gente que sufre comiendo berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel.

Conozco a gente que goza comiendo berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel.

El mismo acto (comer salchichón o berenjenas a la plancha con almendras tostadas, queso fresco y miel) puede ser cometido desde:

Hacerlo desde la obligación, la tristeza, la ansiedad, la necesidad: GENERAN SUFRIMIENTO.

Hacerlo desde la posibilidad, el permiso la elección, la curiosidad. GENERAN PLACER.

Un alimento sano. Puede generar placer y sufrimiento.

Un alimento insano. Puede generar placer y sufrimiento.

Depende de la perspectiva desde la cual lo comas.

¿Cómo?

Si.

Solo es perspectiva.

Es un cambio de chip sutil, genuino.

Es algo que hace sentir ese mismo acto desde dos polos opuestos. O desde algún lugar entre esos dos polos.

Y no es algo estático. Tranquila, si no siempre está presente el placer. Pero tampoco le des demasiado protagonismo al dolor.

¿Cómo moverse de un lugar a otro? ¿Cómo cambiar de perspectiva?

Experimentando nuevos pensamientos.

Experimentando sin pensamientos.

Observando las nuevas consecuencias.

Verificando que me siento mejor con estas nuevas consecuencias.

Repitiendo este proceso.

Y yo quiero que sientas placer comiendo.

Tanto un pastel.

Como una ensalada.

He querido hacer protagonista a la rosa roja en la fotografía principal. Para mí, símbolo de placer.

Responsabilízate de tu placer comiendo.

Es tuyo.

Atentamente,

Eva.

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¿Por dónde empiezo a comer mejor? Por un bocadillo de plátano en tacones. Y Oporto.

Lo primero que quiero decirte es que comer mejor también implica comer queriéndose mejor. Y lo que quiero decir con que empieces a comer mejor con un plátano en tacones es:

Que empieces por dónde sea.

Rompe el círculo por donde sea.

Que empieces por algo nuevo.

Ábrete a la experiencia.

Que empieces por algo que te sorprenda.

Lo que sorprende no se olvida. Cuando sientas sorpresa recordarás todo lo que la acompaña. Y lo que la acompaña aquí y ahora es que empezarás a comer mejor.

Que empieces por algo loco.

Las genialidades son consideradas locuras en sus inicios. Luego son obvias. Y estoy segura que para ti llegará a ser obvio haber empezado a comer mejor por un bocadillo de plátano en tacones.

Que empieces simplemente por algo.

Un punto de inflexión es necesario. La marca del hasta aquí y a partir de aquí. Del antes y el después.

Dale una vuelta a tu cocina. Deshazte de lo que no aporta. Dale una vuelta a tu armario. El de los platos y desayunos. Y el de la ropa. Deshazte de lo que no aporta. Mantén lo que aporta. Hazte con lo que aporta.

Desayuna sentada en el suelo.

O al menos siéntate cada día en una silla. Que probablemente lo hagas siempre en la misma por defecto. Por costumbre. Por hábito. Por inconsciencia.

Experimenta cómo un bocadillo de plátano en tacones sabe otra manera.

No sabe a bocadillo.

No sabe a plátano.

Sabe a actitud.

Sabe a decisión.

Sabe a gourmet.

Sabe a premium.

En casa.

En la calle.

En el bosque.

O en la playa.

Experimenta cómo el yogurt sabe de otra manera en un tarro de barro.

Haz mezclas insospechadas. Que se salgan de tu línea.

Uvas con queso saben a beso.

Romper la dinámica.

Salir de la zona de confort.

Salir del círculo vicioso.

Abrirse a la experiencia.

Llámalo como quieras.

Bebe la leche del desayuno en una copa de cristal.

Bebe agua con hielo y moras.

Que sabe de otra manera.

Que nos perdemos las cosas por nuestra cerrazón mental.

Que la ensalada de espinacas no asquerosa si no una delicia. Ponle aguacate, anacardos y fresas.

Que ese aprendizaje es agua pasada.

Que hay que revisar los aprendizajes. Y actualizarlos. Por algo es que tu Smartphone te notifica actualizaciones de Whatsapp, wikiloc y wallapop cada poco.

Que tomes consciencia que es porque un día te dijeron lo de que si te comes las espinacas te doy chocolate. Y las espinacas se convirtieron en castigo.

Que tomes consciencia que es porque viste a una persona mirarlas con asco. Solo prejuicios.

Que tomes consciencia que una persona proyecto su limitación en el no ofrecimiento de ese alimento de una manera natural. De una manera atractiva. Y lo hizo porque verdaderamente creía que eran un asco y quería lo mejor para ti. Pero tú no tienes por qué creerlo.

Cuando te inunda esa sensación de por dónde empiezo.

Empieza.

Y ya termino:

¿Por qué con tacones solo se comen los raviolis de espinacas de restaurante?

¿Por qué los bocadillos tienen que ser de salchichón?

¿Por qué no se deben comer plátanos?

Por inercia.

Y en física y sacado de la wikipedia, la inercia es:

La propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo relativo o movimiento relativo. Dicho de forma general, es la resistencia que opone la materia al modificar su estado de movimiento, incluyendo cambios en la velocidad o en la dirección del movimiento. Como consecuencia, un cuerpo conserva su estado de reposo relativo o movimiento rectilíneo uniforme relativo si no hay una fuerza que, actuando sobre él, logre cambiar su estado de movimiento.

Y en psicoalimentación, esa fuerza que logrará cambiar tu estado de movimiento y te hará empezar a comer mejor puede ser:

La sorpresa.

La locura.

El abrirse a la experiencia.

El comer queriéndose mejor que implica el comer el mejor.

Y Oporto.

La foto del artículo es Oporto. Allí, aquel día, comí bocadillo de plátano en tacones.

Atentamente,

Eva

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Por qué un ritual matutino en la mesa del salón. 6 desayunos. Y croissants que saben a París.

Hace doce años. París. No recuerdo ni una sola conversación. Pero recuerdo risas. Muchas risas. Y recuerdo aquel croissant. Entre risas.

Croissants que saben a París. Croissants que huelen a París. Croissants que te hacen volver a París. A esa época. A ese momento. A esa emoción.

Recuerdos.

Recordamos lo que nos impacta emocionalmente. Lo que no, merece el olvido. Así es como funcionas. Porque no hay lugar en tu cabeza para todo. Tu cabeza es selecta. Tu naturaleza es selecta.

¿A que saben los recuerdos?

¿A que huelen los recuerdos?

O mejor,

¿Qué sabor te hace viajar en el tiempo?

¿Qué aroma evoca en ti ese feliz momento?

La comida está presente cada día de tu vida. Con una probabilidad del 99% tienes recuerdos asociados a comidas. A su sabor. A su olor. Estoy segura que tienes una experiencia parecida a la mis croissant que saben a París. El olor a leche infusionada en naranja que te transportan a tu abuela y a su arroz con leche; el olor a limón rallado que te transportan a la risa de tu madre y sus magdalenas; o el olor a bombones de fresa y chocolate blanco que te transportan a Él y vuestro reencuentro.

Esto se llama revivir a través del comer emocional. Comer emocional positivo. Positivo porque te hace volver a momentos felices. Eso forma parte del placer nutricional. Y el comer emocional está infravalorado porque solo es asociado a comer para olvidar lo malo que me está pasando ahora y al comer por ansiedad. Pero es mucho más que eso. Y está íntimamente relacionado con eso. Es normal que en un momento infeliz queramos viajar a un momento feliz a través de la comida.

Y lo bueno es que este tipo de asociaciones no solo se hacen inconscientemente. También puedes hacerlas de manera consciente con alimentos que te interesen para comerlos en momentos que te interesen o por el mero placer de hacerlo.

Te cuento.

Las emociones pueden asociarse a alimentos de dos maneras.

Y a cuál más potente.

La primera manera es: una emoción muy intensa pero efímera puede crear una asociación también muy intensa y duradera con un alimento quizás casual. Por ejemplo mi croissant en París. Una sola ingesta de este dulce en un estado de euforia absoluta de mis dieciocho en un viaje con mis amigas,  hará que los adore toda una vida. O por ejemplo recuerdo que una noche cuando tenía cinco años tuve pesadillas y desperté muy asustada, en ese momento mi madre me calmo dándome un vaso de agua y una pera madura cortadita. Por eso comer pera a trozos me calma en ciertos momentos también hoy a mis treinta.

La segunda manera es: una emoción de intensidad moderada pero expuesta repetidamente día tras día a un mismo alimento, puede crear también una asociación duradera. Por ejemplo puedes crear un ambiente placentero en tu salón cada mañana unos minutos: una música relajante, temperatura agradable y silencio con un alimento o preparación saludable que te guste. Desayunarás y además estarás creando una asociación: el sentimiento de calma junto con por ejemplo una macedonia tropical. Y en un momento que necesites calma, comer macedonia tropical te aportará calma. Este proceso en psicología se llama anclaje.

Y al hacerlo intencionadamente con alimentos saludables, tendrás la tranquilidad de que también aportará beneficio a tu cuerpo o de que estará alineado y en coherencia con los objetivos concretos que te hayas marcado en referencia a tu alimentación.

ASÍ QUE, POR QUÉ SEGUIR UN RITUAL MATUTINO EN LA MESA DEL SALÓN

Porque reservarás para ti unos minutos dentro de tu posible caos. Como una burbuja de calma y de parar. De parar incluso antes de empezar porque muchas veces ya nos levantamos acelerados. Te priorizarás. Sentirás que tienes un espacio solo para ti y que te valoras. Quizás sea otro momento el adecuado en tu caso. Búscalo.

Porque si lo haces un hábito podrás crear una asociación potente entre por ejemplo entre una pera comida a trozos con un tenedor y una sensación de tranquilidad. Y porque por ello tendrás un recurso creado a consciencia para cuando lo necesites.

Porque te asegurarás desde el inicio del día una dosis de micronutrientes esenciales como vitaminas y minerales.

Y por el mero placer de hacerlo.

PROPUESTA DE DESAYUNOS Y EJEMPLO DE RITUAL.

UNA:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: Se dice de mí. Play.

7.06 De nuevo play.

7.07 Hago BATIDO CON LECHE DE SOJA Y FRESAS.

7.07 Activo los sentidos.

7.17 Me pongo a escribir.

DOS:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube esta melodía a piano del compositor coreano Yiruma: Habitación con vistas. Play.

7.06 De nuevo play.

7. 06 Hago CAFÉ.

7.07 Activo los sentidos.

7.17 Me pongo a escribir.

TRES:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: Por una cabeza. Play.

7.06 De nuevo play.

7.06  Hago BOL CON BASE DE YOGURT BATIDO CON ARÁNDANOS Y POR ENCIMA BAYAS DE GOJI Y COCO RALLADO.

7.12 Activo los sentidos.

7.33 Me pongo a escribir.

CUATRO:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: desde el alma. Play.

7.05 De nuevo play.

7.05 Hago BOCADOS DE DÁTILES CON NUECES DE BRASIL.

7.09 Activo los sentidos.

7.29 Me pongo a escribir.

CINCO:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: To evora. Play.

7.05 De nuevo play.

7.06 Hago TORTITAS DE MAICENA, PLÁTANO, CACAO PURO Y HUEVO.

7.20 Activo los sentidos.

7.40 Me pongo a escribir.

SEIS:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: Cachivache. Play.

7.05 De nuevo play.

7.06 Hago MACEDONIA DE KIWI, PIÑA Y MANGO.

7.10 Activo los sentidos.

7.31 Me pongo a escribir.

Crea el tuyo.

Tu ritual.

Vive el tuyo.

Feliz ritual matutino en la mesa de salón.

Eva.

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Qué es la inteligencia nutricional y por qué ella. En esta extraña primavera. Y siempre.

Se siente la primavera. Aún sea, extraña primavera. Y voy a ofrecerte un tema para que tú, también florezcas: La inteligencia nutricional.

Seguro que has oído hablar sobre la teoría de las inteligencias múltiples. Inteligencia emocional, lingüística, espacial, musical, corporal, existencial, creativa, naturalista, interpersonal, intrapersonal, financiera, colaborativa y lógico-matemática.

Muchas.

Pero a mí me falta la inteligencia nutricional.

Y al igual que todas las demás, puede desarrollarse. Para ello, te hacen falta conocimientos de nutrición y conocimientos sobre ti misma. Esto es porque puedes tener muy claro qué te conviene nutricionalmente pero ser incapaz de llevarlo a cabo si no gestionas bien tus pensamientos o sentimientos. O puedes gestionar muy bien tus pensamientos y sentimientos pero tener la cabeza llena de pájaros en cuanto a temas nutricionales.

Ella porque:

Porque une la razón y la emoción. Y somos ambas.

Significa que une una buena lógica nutricional con una buena gestión emocional.

Porque une cuerpo y mente. Y somos ambas.

Significa que la manera en la que nos alimentamos tiene muchas implicaciones directas e indirectas en nuestro bienestar físico y emocional. Y es una relación bidireccional.

Para mí la inteligencia nutricional es:

Es habituarse a comer dentro de una línea base que nada tiene que ver con dieta o no dieta sino con comer alimentos para los que evolutivamente estás preparada. Que comer manzanas y nueces por defecto es comer de manera coherente a tu naturaleza. Y que comer lo plastificado, no lo es. Aunque ponga un cero y un tanto por ciento.

Sintiendo placer cincuenta continuado mientras tu cuerpo respira a sus anchas. Que deseo que disfrutes mucho comiendo ensalada de espinacas, manzana, nueces y uvas pasas. Y que a tu cuerpo esto le va a sentar de puta madre. Que lo notes. Que notes vitalidad.

Sintiéndote libre a salir y sin perder esa libertad perdiéndote fuera. Salir de ella, de esa línea base, para sentir placer cien fugaz pero sin dejar que se torne a sufrimiento queriendo aferrarte al él, al placer cien inventado y encarnado en creaciones alimentarias difícilmente resistibles, saturando y asfixiando a tu cuerpo. Que te permitas el éxtasis de la explosión de tus papilas dulces, de oler la fresa de adorno y morderla, de tocar con los labios la nata, de oír como cruje el hojaldre caliente, y de grabarlo con la vista en tu memoria. Que te permitas, por supuesto, ese antojo de pastel. Y que notes la resaca. Que notes la llamada de tu adicción. La del azúcar. Y que le digas adiós con el corazón. Que mañana quizás la eches de menos a esa misma hora, pero que te espera en la mesa una ensalada de escarola con avellanas y fresones color violeta que te mueres de placer.

Es comer muchas papayas en Canarias y muchas cerezas en Cáceres. Se llama comer lo de mi tierra, a más no poder. Y no hago referencia a cantidad sino a posibilidad.

Es comer sandia en agosto y naranjas en marzo. Se llama comer la fruta del tiempo.

Es parar y notarte con menos apetito en tu ovulación porque tu química cambia. Que tiene sentido si piensas que en este momento a nivel evolutivo es mejor pensar en sexo que en buscar un árbol lleno de manzanas rojas.

Y es comer ensaladas de espinacas con escarola y avellanas en esa ovulación. Por toda la b9 que te aportan. Por el desarrollo neural si una posible criatura.

Es que tu abuela te diga vente conmigo al corral que hay vitamina. Y que vayas corriendo pensando en la c de naranjas. Pero no, resulta que es la d de sol. Porque un día te escuchó. Ella siempre te escucha. Y tú mueras de amor. Y después comáis lentejas con arroz. Sus lentejas con arroz.

Es tomar limonada en plena siesta de julio. Zumo de limón y agua fría diluidos al cincuenta por ciento. Sin azúcar. Porque el sabor ácido existe. Y las caras de mueca existen. Te refresca. Te despierta de golpe. Porque el sentido hidratante de la limonada desaparece con el azúcar.

Es comprar con la cabeza fría si no quieres comer en tu casa con la cabeza caliente. Porque se calienta.

Es cocina llena de. Y es cocina vacía de.

Es monotonía. Y creatividad. Guisantes. Guisantes. Y más Guisantes. Cuscús con berenjenas y miel. Croquetas de espinacas, piñones y pasas. Y ensalada de brotes verdes con mango y anacardos. No hace falta ser chef.

Es saber que un hábito es tanto más fuerte cuanto menos se cuestiona.

Es pensar. Es cuestionarte esos hábitos que no te aportan.

Es centrarse en los nuevos. Los hábitos nuevos. Para que desplacen los viejos. Que lo nuevo desplace a lo viejo para no centrarse y dar poder a lo viejo. Que si quieres comer mandarinas para merendar prestes atención en llenar tu casa de mandarinas.

Es cambiar la decoración de la cocina para que el nuevo ambiente facilite la adquisición de nuevos hábitos por la desasociación del viejo lugar con los viejos hábitos.

Es sentir hambre. Y saber hambre de qué. Para poder saciarla con lo apropiado.

Es beber agua cuando tengas sed.

Es descansar de noche. Es descansar de comer de noche.

Es comer despacio y comer deprisa.

Es comer consciente e inconsciente. Que el éxtasis provocado por las moras conscientes sería agotador todo el tiempo. Y que los hábitos son inconscientes, que sean los mejores.

Es saber tu motivo. Y recordarlo siempre.

Es saber, hacer y sentir una manera. De alimentarte. Y destaco arte.

La tuya.

Besos,

Eva.

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Cómo trascender el uso de bollos suizos como medio de supervivencia emocional. Y noche pero luna.

Hace unos días, Miriam me dijo: En aquel momento de mi vida, estaba sobreviviendo. No viviendo. Sobreviví por los bollos suizos. Gracias a ellos pude soportar el dolor.

Y hay que honrar eso.

Porque reconocer es de valiente.

Porque sobrevivir, también, es ser ingeniera de tu vida.

Y es que,

Realmente habrá momentos en los que nos encontremos inmersos en situaciones incuestionablemente duras. O que para otros no sean duras y para nosotros sí. Y simplemente podremos sobrevivir. Como sea. Miriam lo hizo con bollos suizos. Pudo haber sido otra cosa. Pero fue esa.  

Porque quería sentirse en lugar seguro. Y desde bebés inconscientemente asociamos sabores,  texturas y acto de comer con seguridad. Mamamos leche dulce y grasosita en unos brazos seguros y calentitos. Y el inconsciente nunca lo olvida.

Porque el dolor emocional parece insoportable.

Porque el dolor emocional aturde por momentos y ningún argumento lógico vale.

Pero esa hipnosis pasa.

Y el dolor sigue ahí.

Es entonces cuando puedes atenderte.

Y tienes que atenderte.

Nadie ni nada lo hará mejor que tú.

Porque tu dolor es tuyo.

Y solo tuyo.

Lo primero,

es abrir la posibilidad de comer bollos suizos como medio de supervivencia emocional.

Parece contradictorio si lo que queremos es dejar de hacerlo.

Pero he dicho lo que he dicho.

Y repito.

Lo primero, es abrir la posibilidad de comer bollos suizos como medio de supervivencia emocional.

Y notarlo sin moralidad.

Notarlo como una posibilidad.

Que fue.

Que es.

Que será.

O que no fue.

Que no es.

Ni será.

No pasa nada.

Los bollos suizos solo son bollos suizos. Si los moralizamos, los demonizamos o los angelizamos. Si te prohíbes la manzana roja del jardín te comes la manzana roja del jardín y serás presa del deseo comiendo bollos suizos. Si das tu poder de salvación a los ángeles de la guarda solo ellos podrán salvarte, no tú, y serás presa del victimismo comiendo bollos suizos. Sin embargo, si solo es una posibilidad. Se dará. O no. Y podrá quedarse ahí sin más. Lo hagas o no. Y podrás naturalizar comer bollos suizos. O no. Decirles sí, no significa tener que decirles sí siempre. Decirles no, no significa decirles no siempre. Y eso, tranquiliza.

Lo segundo,

es abrir la posibilidad a sentir el dolor emocional. Y a desencriptarlo.

El dolor emocional es parte indisoluble de los seres humanos. Tanto, que somos humanos porque sentimos dolor. A la pared no le duelen los coscorrones que tú te das contra ella.

Querer evitar el dolor emocional es luchar contra algo que es simplemente inevitable.

Es como querer evitar que anochezca cada día.

Hay noche.

Hay día.

Y luna en la noche.

Noche pero luna.

Hay dolor.

Hay placer.

Y cierta satisfacción al sostener ese dolor. 

Dolor pero cierta satisfacción al sostenerlo.

Otra cosa no, pero el dolor, se hace notar. Nunca pasa desapercibido. Eso es porque es importante.

Así que, podrías acogerlo en tu casa. Le sirves el café portugués que tienes reservado para una ocasión especial. En su taza favorita. En el mantel de raso blanco. Y le dices: Bienvenido, qué puedo hacer por ti. Cómo te hiciste eso. Fue un pensamiento. Qué pensamiento. Cómo es de cierto. Fue que estás enfadada contigo misma. Qué te molesta. Fue que paso algo fuera de tu control y no sabes cómo adaptarte. Fue que niegas algo que es. Fue que pensamientos que tenías antes ya no te funcionan. Fue que no se cumplió una expectativa. Cómo de real era esa expectativa. Qué es concretamente lo que te inquieta y en qué situación concreta. Qué te fatiga y no te deja respirar. Qué te da miedo. Será obvio. O no tan obvio. Lo habláis tranquilamente. Le das unos puntitos en la pedazo de raja que tiene en el dedo corazón. Y luego, lo despides amablemente: Hasta la próxima, fiel amigo, nunca me fallas cuando te necesito. Y a veces se queda como invitado en casa. Y solo puedes hacerle la cama.

Y te olvidas. O convives.

Como no te olvidas, ni convives, es viéndote cada día el dedo desangrarse en la puerta de casa. Si, te habituarías. Podrías ponerte una venda en los ojos para no verte. Pero estaría ahí. Escucharías los gritos de socorro. Siempre. Hasta que un día. Lo invites a tomar café.

Ahora ya sabes que hay otra manera.

Otra manera distinta a la de comer bollos suizos. Que la de comer bollos suizos es totalmente lícita. A veces, inevitable. Pero comer bollos suizos, no es más que vendarte los ojos antes de entrar en casa cada día. Pero quedarán los gritos.

Ahora ya sabes que hay otra manera.

Sentir ese dolor.

Normalizar ese dolor.

Despedir ese dolor.

Desencriptar ese dolor.

Qué quiere.

Qué quieres.

Final:

Si en algún momento los bollos suizos te hicieron sobrevivir, dale las gracias. Gracias. Si no, tanto si los odias a muerte como si los amas a vida, quedarás presa de ellos. Quedarás presa de ti cediendo el poder a ellos. Asume tu dolor y podrás quedar libre de ti y de ellos, incluso con ellos. Tanto con ellos como sin ellos. Y Resiliencia.

Un cálido abrazo,

Eva.

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