Inteligencia emocional

Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. Te digo cómo superar este patrón. Para florecer.

Tendemos a extremos polarizados por naturaleza. Somos duales. Blanco o negro. Sí o no. Todo o nada. Así que, tranquila. El entre semana como sano a más no poder y el fin de semana como de guarreteo a más no poder es solo una más de estas posturas polarizadas. El no me como ninguna galleta o me como el paquete entero es solo otra de estas posturas polarizadas.

No es nada tuyo personal.

No es nada patológico.

No es nada inmodificable.

No es tu personalidad.

Se puede solucionar.

Se puede suavizar.

Es una tendencia que se puede equilibrar.

Es un hábito que se puede desaprender.

Para superar esta situación de TODO o NADA, hay que entender esto:

La inestabilidad emocional y física está en los extremos. La estabilidad emocional y física se encuentra en los lugares más céntricos pasando solo por momentos por esos extremos para volver de nuevo al centro.

Imagina un equilibrista.

Para permanecer en el centro se balancea de un lado a otro. Toca por momentos los extremos pero no se queda en ellos. Vuelve al centro. Y así indefinidamente.  Ahí está la calma y la paz.

Te contaré ahora mismo cómo superar ese patrón de extremos en esta y otras situaciones referentes a tu alimentación.

PARTE DEL TÍTULO DE ESTE ARTÍCULO ES: ENTRE SEMANA NADA DE NADA Y EL FIN DE SEMANA TODO DE TODO. ES EL PATRÓN QUE MÁS TRABAJAMOS EN LAS SESIONES Y EL QUE DA PROBLEMAS A LA GRAN MAYORÍA DE LAS PERSONAS QUE CONTACTÁIS CONMIGO PARA MEJORAR VUESTRA RELACIÓN CON LA ALIMENTACIÓN. ANALICEMOS ESTA Y LAS OTRAS POSIBILIDADES:

Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. La consecuencia psicológica más destacada de seguir este patrón es la ansiedad por comer en general y la ansiedad por comer determinados alimentos en particular. Si te prohíbes ciertos alimentos entre semana que además suelen ser los que más te gustan (por asociaciones emocionales durante toda una vida), el fin de semana los vas a vivir con mucha ansia. Y al final tampoco vas a disfrutarlos. Eso de que te comes lo que no está escrito. Eso de que te lo comes todo indiscriminadamente sin preguntarte si realmente te apetece o no porque sientes que te viene encima la carencia de los próximos días. Imagina que todo eso que te comes con ansia y sin disfrute por exceso de estímulo, lo distribuyeras de manera inteligente durante toda la semana y lo comieras en calma. La consecuencia física más destacada de seguir este patrón es el mono cuando estás en el nada y la resaca cuando estás en el todo. El mono que te hace buscar lo que sea por todos los cajones de la casa como una loca. El mono que te hace autoesconderte los dulces. La resaca de dormir mal, de sentir el calor procedente de los intentos de tu cuerpo por metabolizar en un día la comida de cuatro, la resaca de sentir que la digestión tarda horas y horas en hacerse, la distensión y pesadez abdominal, la sed y el mal cuerpo. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana nada de nada.

Esto es misión imposible.  Esto es ir contra corriente. En el fin de semana es casi imposible el nada de nada porque normalmente es cuando se realizan todas las comidas sociales o especiales. Y en ellas siempre hay de todo. La pizza, las palomitas, el helado. No recomiendo esta opción ya que habría frustración asegurada.

Entre semana nada de nada y el fin de semana nada de nada.

Esto es cuando la cosa se va de madre. Y se vive obsesivamente la alimentación. Cuando se miden los gramos de lo que se come, cuando la pasta y el plátano se prohíben en el día a día. Cuando la tarta del fin de semana tiene que ser healthy o no la comes. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana todo de todo.

Esto es cuando la cosa se va de madre al otro lado del continuo. En el día a día están instaurados los malos hábitos por costumbre. Y el fin de semana ya que más da. O es: que como odio y sufro haciendo dieta solo me que queda comer todo de todo en todo momento para sentirte libre. Y estás siendo más presa que nunca. O es: como haga lo que haga no adelgazo pues como de manera insaludable siempre por mis narices. O es: como el peso me marca cien gramos más esta semana voy a comer bollería diariamente porque para qué privarme de ella para nada. No recomiendo esta opción.

ESTA ES MI PROPUESTA PARA VIVIR LA ALIMENTACIÓN EN EQUILIBRIO:

Entre semana algo de todo y algo de nada; y el fin de semana algo de nada y algo de todo.

Imagina que entre semana un miércoles tarde-noche surja un batido de chocolate con una bamba de nata. Y que sea tu merienda cena. Y que lo disfrutes en paz. Y que entre semana mañana jueves sea otro día. Sin culpa. Sin pensamiento a la mierda todo el lunes empiezo. Que el jueves sea un día de rutina disfrutona y sana a la vez. Y el viernes. Imagina que el domingo tengas el todo de una comida familiar y que también tengas el nada de un café solo en el desayuno y de una manzanilla en la cena. Para dar espacio y descanso a tu cuerpo. Recomiendo esta opción.

Entendiendo nada de nada como lo sano o supuestamente de dieta.

Entendiendo todo de todo como lo insano o supuestamente lo rico”.

Creo que lo habías entendido así, pero para que quede claro.

EJERCICIOS PRÁCTICOS PARA QUE ROMPAS EL PATRÓN TODO O NADA Y EMPIECES A EQUILIBRARTE DESDE YA:

Para empezar a integrar algo de todo entre semana, piensa: ¿Cuál es la comida u alimento que estás deseando comer cuando llega el fin de semana? Imagina que es el bizcocho que acaba siendo desayuno, postre de comida, picoteo de la tarde y recena a las tantas. Del sábado. Y del domingo. Está claro que vives con ansia ese alimento porque es ahora o nada hasta el siguiente fin de semana. Pues haz un bizcocho para la semana. Córtalo en siete trozos. Y tómate uno tranquilamente cada tarde con un café.

Para empezar a integrar el algo de nada entre semana hay que establecer una rutina saludable con la que disfrutes. Una línea base de tu alimentación con la que estés feliz, de la que no esperes nada a cambio y con la que no te sientas en continuo castigo y sufrimiento deseando que llegue el fin de semana para salir de ella. Esta línea base es tu casa, tienes que tener una casa acogedora en la que te sientas cómoda. Imagina estar pensando siempre en ir de vacaciones a un hotel porque no soportas vivir en tu casa. Sería un drama. Aunque te encante ir de vacaciones al hotel. Quiero que te sientas cómoda con tu alimentación del día a día. Que no estés pensando siempre en la hamburguesa del fin de semana. Aunque te encante comer la hamburguesa del fin de semana. Busca opciones sanas para esta semana, pero que a la vez te encanten y se adapten a tu situación personal. Puede parecer extravagante, pero si no tienes tiempo material en tu día a día para comer a las 14.00 puedes tomarte un plátano rápidamente cada día a esa hora y cuando llegues a las 17.00 a casa tomarte un sándwich de canónigos con piña y atún. O de queso fresco con berenjenas a la plancha y miel. O de tortilla francesa con rodajas de zanahoria. Y así cada uno de tus días. No puedes comerte unas lentejas conduciendo. Pero hay cosas que puedes hacer, aunque no sean lo “normal”. Puedes crear tu propia normalidad y puede ser sana, rica y adaptada a ti.

Para empezar a integrar el algo de nada el fin de semana. Hay que establecer relaciones positivas con alimentos y preparaciones culinarias sanas. Elige una ensalada de cuatro o seis ingredientes y sírvetela el sábado noche en el salón con velas y música instrumental. Sola. O en compañía. No se acaba el mundo por esto. Se abre otro mundo por esto. No se acaba el mundo por no cenar pizza el sábado por la noche. Además la pizza puede comerse cualquier otro día. Se trata de acabar con la rigidez mental y con la visión efecto túnel que se tiene en cuanto a la alimentación. Se trata de asociar momentos y días especiales con alimentos y preparaciones sanas.

Para empezar a integrar el algo de todo el fin de semana. Imagina que en la web que compras tus vestidos favoritos hubiese cuatro que te encantan y que pusiera últimas unidades para agotarse, nunca más podrás encontrar unos vestidos tan bonitos como estos. Te hubieses comprado los cuatro del tirón. Imagina que en el café del domingo hubiese tus cuatro pasteles favoritos y que por tu mente pasara el pensamiento últimas unidades para agotar tu permiso de comer lo que te dé la gana del fin de semana. Te hubiese comido los cuatro sin pensarlo. Imagina que tuvieses todo el tiempo del mundo para comprar esos vestidos o para comer esos pasteles. Te hubieses comprado un en marzo, otro en abril, otro en mayo y otro en junio. Te hubieses comido uno este fin de semana, otro el siguiente, otro el siguiente y otro el siguiente. Se crea la necesidad de urgencia por la carencia. Prueba a comer solo uno de tus pasteles favoritos en el café del domingo. O prueba a comer solo uno de lo que sea tu favorito. Elige. No lo comas todo de manera indiscriminada porque es el único momento en el que puedas comerlo todo. Pregúntate cuál es el pastel que realmente te apetece en ese momento. Porque habrá muchos más momentos y podrás elegir otras pasteles. Y eso, da mucha tranquilidad mental.

OTRAS SITUACIONES DE EXTREMOS REFERENTES A LA ALIMENTACIÓN MUY MUY COMUNES Y CÓMO EQUILIBRARTE EN ELLAS:

O no como ninguna galleta o si me como una me acabo con el paquete entero. Como abra la veda no la cierro. ¿Y eso por qué es? Pues porque quiero y deseo comer un par de galletas con el café pero no puedo y no debo porque así voy a engordar o no voy a adelgazar. Pero el deseo te puede y te comes una. Pero solo una. Y luego otra. Pero que débil has sido y que mal lo has hecho. Te sientes culpable y avergonzada y ya que lo he hecho mal voy a hacerlo mal del todo. Y no te va engordar ni dejar adelgazar comerte un par de galletas al día, lo que te va engordar y no dejar adelgazar es este círculo vicioso mental y conductual que te hace comerte un paquete de galletas cada día. Así que, sal de él. Permítete comer un par de galletas cada día y experimenta que es posible no engordar haciéndolo. Incluso, se puede adelgazar comiendo un par de galletas cada día. Si realmente, es lo que quieres.

O me privo de pan o si como un bocado ya me atiborro de pan. Quizás no siempre quieras comer pan. La libertad está en a veces decidir comer pan y a veces decidir no comerlo. Si te permitieras comer una tosta o un sándwich para cenar y regatearas la creencia hidratos por la noche no, te ahorrarías comer mucho pan simplemente por ansia de pan. Comerías mucho menos cuando realmente no quieres pero lo haces presa del ansia de no poder hacerlo cuando realmente quieres.

O como sanísimo y hasta la tarta tiene que ser healthy o si como un trozo de tarta de cumpleaños con nata un miércoles ya de perdidos al río y como mal no, lo siguiente. Ya el lunes empiezo. Esto se trabaja con el ejercicio que te he propuesto antes del integrar algo de todo entre semana.

O como sano todo el día entero o si como coma un trozo de chocolate después de comer a la mierda la dieta y ceno mucho y mal porque mañana empiezo. Come un trozo de chocolate después de comer cada día. Es perfecto. Fin.

O como todo lo más light en una comido social o si me como una croqueta ya que más da porque lo he hecho mal y me acabo comiendo hasta la comida de los demás y dos postres. Esto se terminaría si todas las cosas que te gustan de esas comidas supieras integrarlas de manera inteligente durante todo el mes y pudieras disfrutarlo todo poco a poco. De hecho, puedes. Las croquetas puedes integrarlas entre semana si tanto te gustan.

LA ANSIEDAD POR LA COMIDA SE CREA POR LA CARENCIA AUTOIMPUESTA. AL DESAPARECER LA CARENCIA DESAPARECE EL ANSIA.

Te deseo equilibrio.

Busca tu equilibrio.

Atentamente,

Eva.

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Ejemplos de comer emocional que te hacen bien o que te hacen mal. Para que los uses o desuses. Y respires.

Últimamente se está hablando mucho de comer emocional. Para mi gusto, sin claridad y con cierta connotación negativa. Es por ello que he querido escribir este artículo. Quiero aclarártelo todo sobre este tema y no veo mejor forma de hacerlo que usando ejemplos muy comunes que seguro te han pasado.

Las emociones están íntimamente ligadas a nuestra alimentación siempre. Recuerda por ejemplo la felicidad que sientes cuando comes después de llevar horas sin hacerlo. Pero si las emociones se convierten en protagonistas dejando en un segundo plano la necesidad fisiológica de comer, considéralo comer emocional.

Comer emocional es esa ingesta de alimentos que haces cuando no tienes hambre de estómago. Comer sin que te suenen las tripas. Comemos emocionalmente para satisfacer emociones, no para satisfacer hambre física. Es una necesidad de la mente, no del cuerpo; emocional, no física. Podemos haber comido y seguir querer comiendo. O querer comer dulce tras media hora de la ingesta principal. O tirarnos toda la tarde picoteando.

En primer lugar me gustaría decir que el comer emocional no siempre es negativo. Por eso voy a distinguir entre:

-Comer emocional positivo: Cuando tiene consecuencias positivas tanto mentales como físicas. Cuando te hace bien.

-Comer emocional negativo: Cuando tiene consecuencias negativas tanto mentales como físicas. Cuando te hace mal.

A su vez, tanto el comer emocional positivo como el negativo, puede ser impulsado por emociones positivas como el amor, el placer o la alegría; o puede ser impulsado por emociones negativas como tristeza, cansancio o el estar convaleciente. Y a su vez, tanto el comer emocional positivo como el negativo por emociones positivas o negativas, puede ser satisfecho con alimentos positivos como una crema de calabaza o alimentos negativos como un magnum con grasa de palma. Y que sea cubierta con un alimento negativo no quiere decir que no pueda ser un comer emocional positivo, esto depende de factores como la frecuencia o la cantidad; es más, debes permitirte este tipo de comer emocional con alimentos negativos para que el deseo y ansiedad por ellos no se vean aumentados. Aunque si creamos asociaciones emocionales con alimentos positivos mucho mejor ya que esa frecuencia podría aumentarse considerablemente y estaríamos cubriendo al mismo tiempo necesidades mentales y necesidades nutricionales. Entiende alimento positivo como el que aporta nutrientes interesantes a tu cuerpo y alimento negativo el que no lo hace, sin más. De la misma manera satisfacer el hambre emocional a través de un alimento positivo no lo convierte en un comer emocional positivo; puede ser un comer emocional negativo si saturamos a nuestro cuerpo de ese alimento positivo. Lo entenderás mucho mejor con los siguientes ejemplos.

Así que, ahora sí, te doy esos ejemplos:

De comer emocional positivo por emociones negativas con un alimento positivo. Es cuando en un postoperatorio te dedicas o te dedican tiempo y te haces o hacen un zumo de naranja natural cada mañana. O es cuando estás malita con fiebre y lo único que te apetece es la sopa caliente de calabaza que prepara tu madre o la persona que te está mimando; también puede ser esa sopa caliente de calabaza que te preparas tu misma para sentirte cuidada porque es la misma que te hacía tu madre de pequeña cuando estabas enferma. O también es cuando te apetece cenar de capricho porque te siente débil o dolorida por la regla y te preparas una fondue de plátano con chocolate negro fundido. O también es cuando has tenido un duro día de trabajo y para relajarte meriendas un yogurt con miel. O también es cuando te haces las lentejas con arroz de tu abuela porque echas de menos comer con ella y quieres sentir la alegría que sentías en ese momento.

De comer emocional positivo por emociones negativas con un alimento negativo.

Es cuando te preparas el bizcocho que hacía tu madre hace años porque sientes nostalgia por esos años. Y lo desayunas. Y cenas. O es cuando te comes una pizza con tu amiga para empatizar con ella porque está triste pensando en todos sus problemas pero la pizza no es lo tuyo.

De comer emocional positivo por emociones positivas con un alimento positivo.

Es cuando tu novio te prepara tortitas de avena para desayunar para celebrar el lunes. Y café recién hecho.

De comer emocional positivo por emociones positivas con un alimento negativo.

Es cuando tienes un antojo de magnum almendrado porque lo ves en un anuncio de la tele. Vas te lo compras y te lo comes porque sí, por el mero placer de hacerlo. Y disfrutas cada bocado. Es comer emocional positivo, aunque se satisfaga con un alimento negativo. Un antojo solo se convierte en negativo cuando pasa a ser una rutina, costumbre o hábito. Para que no ocurra eso es mejor no comer siempre el mismo antojo en el mismo momento del día y en el mismo lugar. Y es mejor no ver la tele en verano por la noche. Es broma. O no. O es cuando haces una tarta para tu cumple con una tonelada de azúcar, y soplas las velas feliz encima de ella. Y te comes el trozo que te da la gana. O es cuando tu abuela te prepara arroz con leche con otra tonelada de azúcar y te lo comes en un cuenco de barro junto a ella que se lo está comiendo en otro cuenco de barro.

De comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento positivo. Es cuando tienes ansiedad por la tarde o por la noche y te comes una manzana; sigues queriendo comer y te comes un plátano; sigues queriendo comer y te comes unas almendras; sigues queriendo comer y te comes un yogurt; sigues queriendo comer y te comes una onza de chocolate negro; sigues queriendo comer y te comer una onza de chocolate negro; Y sigues queriendo comer y te comes la tableta entera de chocolate negro. Y te sientes tan inflada y mal que ya te pones a pensar en lo de perdidos al río y te cenas una pizza; pasando así de comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento positivo a comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento negativo. Y es para tu cuerpo como si tuvieras que hacer el trabajo de una semana en un día. Abrumador, agotador, desgarrador. Si lo que querías era chocolate negro y cantidad de chocolate negro, te hubieses comido tranquilamente la tableta entera de chocolate negro del tirón. Y si estuvieras tranquila por ello, sin culpa, estoy segura que ni cenarías porque escucharías las señales de tu cuerpo que te indican que estás llena. Le hubieses ahorrado a tu cuerpo la manzana, el plátano, las almendras y el yogurt. Que son alimentos positivos, pero no así. También le hubieses ahorrado la pizza. Qué sí, pero no así.

De comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento negativo. Es cuando estás en casa tarde a tarde aburrida como una ostra y comes por hacer algo, como estímulo. Hora a hora. Que si un cola-cao. Que si una galleta. Que si un café con un bollo. Que si unas pipas. Que si un sándwich de mortadela con aceitunas. Para evitar el vacío existencial. Es cuando comes por coraje y enfado de que otros comen todo lo que quieren y no engordan pues yo también me lo voy a comer porque qué injusticia. Ración doble. Revelándote contra el mundo. Es cuando pasas la noche viendo una peli dramática con un bote de helado y te lo comes de cabo a rabo hasta terminarlo para intentar olvidar a tu ex. En plan americanada. Si lo haces un día es perfecto, pero si no lloras ni gritas tu duelo y te tiras tres meses así hasta enlazarlo con una nueva relación, tendrás un nuevo novio con heridas sin cerrar que probablemente afecten negativamente al romance. Es cuando comes muchos dulces porque estás estresada por un examen o por querer hacer más de lo que puedes. Para sobrellevarlo como puedes. Para sobrellevar la incertidumbre, la frustración, la sobredosis de pequeñas cosas que nos superan. Hay gente que me dice, yo cuando tengo problemas me da por comer. A otra gente le da por no comer. Lo que ocurre es que esto no ocurre desde la misma emoción. El dejar de comer ocurre desde el miedo o desde el pánico. Cuando hay algo grave cerca o encima. No es lo mismo. Yo he experimentado ambos. El comer por un tipo de ansiedad y el dejar de comer por otro tipo de ansiedad. Quiero que las diferencies. Puedes sentir las dos en diferentes momentos. No es que a una persona le da por comer con los problemas y a otra le da por no comer. Una es comer emocional desde la sobredosis de las pequeñas cosas y otras es dejar de comer emocional desde el miedo intenso por nudo en la garganta o en el estómago.

De comer emocional negativo por emociones positivas con un alimento positivo. Es cuando comes algo por compromiso por agradar y no herir al otro. Por empatía. Cuando aceptas comer una empanada de berenjena pero no te gusta la berenjena. Y te sienta mal.

De comer emocional negativo por emociones positivas con un alimento negativo. Es cuando en una comida social pierdes la noción del tiempo y de la comida. Con la euforia del momento comes sin saber lo que comes. La euforia, gran alegría o subidón del momento nubla la razón de me conviene o no me conviene no comer esto y comes todo lo que encuentras sin más. Y luego cuando llegas a casa te echas las manos a la cabeza.

Las cuatro primeras, te hacen bien.

Usa las que te hacen bien.

Desusa las que te hacen mal.

Y respira.

Atentamente,

Eva.

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El secreto para comer de todo en Navidad y que tu cuerpo-mente estén bien. Te lo cuento.

Sé que navidades es sinónimo de agobio para muchas de las personas a las que acompaño, en referencia a la alimentación.

En palabras literales: 

«Veo tantos pecados encima de la mesa que me agobio porque quiero comérmelos todos pero no puedo comerme ninguno» 
«De tantas ganas que tengo de comer cuando lo hago el ansia no me deja disfrutar por qué cuando me doy cuenta ya se ha acabado»
«Me siento observada y juzgada. Si como por qué como y si no como porque no como»
» Quiero tener el control pero al final las ganas me pueden. Me siento mal conmigo misma»

Por eso quería finalizar el año con este artículo como regalo. Porque creo que puede calmarte y ayudarte. Y porque quiero agradecerte que estés ahí.

 A ti, que decidiste unirte a ingeniera de mi vida suscribiéndote gratis al blog y leyéndolo mes a mes un nuevo artículo de psicoalimentación. A ti, que decidiste seguirme en Instagram e ir descubriendo que hay otras maneras de vivir la alimentación. A ti, que decidiste confiar en mí para hacer sesiones online personalizadas y revolucionar la manera de entender y sentir tu alimentación. Y a ti, que me lees en este momento por primera vez.

Gracias.

El secreto es:

Usar la inteligencia emocional.

Por un lado encontrar un punto de equilibrio entre la razón y la emoción. Entre lo que debo y lo que quiero. Y por otro lado encontrar los puntos comunes entre la razón y la emoción. Es decir lo que debo y quiero a la vez.

Si lo que te ocurre es que: por un lado quieres comer todo lo que supuestamente está prohibido y sientes ansia por ello 
pero por otro lado no puedes permitirte comer nada de eso porque engorda y quieres adelgazar…

Estás experimentado el malestar que genera la disonancia cognitiva. Y qué es esto. Pues que hay una lucha entre lo que piensas y lo que sientes. Y tienes que llegar a acuerdos. Si lo consigues, estarás en paz y podrás disfrutar de todo y comer de todo.

Lo que quiero es que en lugar de que tú razón y emoción se griten, se comuniquen y respeten para satisfacer las necesidades de ambos.

Cómo. 
Pues te ofrezco tres estrategias.

Encuentra el punto de equilibrio razón-emoción con estas dos estrategias básicas:

Una. Buscar puntos medios. El típico ni para tí ni para mí. Imagina que tú razón te dice no debes comer ni una pizca de turrón de chocolate suchard después de cenar y que tú emoción te dice me apetece comerme media tableta de turrón de chocolate suchard después de cenar un sándwich de paté de aceitunas, pues el punto medio sería comerte un cuadrado de turrón de chocolate suchard después de cenar un sándwich de paté de aceitunas.

Dos. Seleccionar puntos opuestos. El típico hoy para tí mañana para mí. Siguiendo con el mismo ejemplo de que tú razón te dice no debes comer ni una pizca de turrón de chocolate suchard y que tú emoción te dice me apetece comerme media tableta de turrón de chocolate suchard, seleccionar los puntos opuestos sería hoy mi cena va a ser un sándwich de paté de aceitunas y ya. Y mañana mi cena va a ser comerme directamente media tableta de chocolate suchard y ya.

Apóyate en los puntos en los cuales tú razón-emoción ya están de acuerdo con esta estrategia:

Tres. Buscar los puntos comunes. El típico yo gano tú ganas. No es posible oponer el deber al placer cuando el deber es placer. Funciona de manera fluida. No hay que ponerse de acuerdo porque ya se está de acuerdo. Pero no sé contemplaba ni valoraba. La mente cuando se bloquea, no contempla las mejores opciones. Y la disonancia cognitiva de la que te hablaba al principio y que tú sientes, causa bloqueo. Imagina cenar una de las noches ensalada de brotes verdes con manzana y pipas de girasol más una onza de chocolate lindt excellence 90% cacao. E imagina cenar una de esas noches crema de puerro y manzana con guarnición de pipas de girasol más una onza de chocolate lindt excellence 90% cacao. Deber y placer a la vez.

Usa las tres.

Piensa en una persona a la que pueda ayudarle leer este secreto. Me gustaría que fuese un secreto a voces. Y tú regalo para esa persona. Por favor, comparte este artículo y ayúdame a que el proyecto ingeniera de mi vida siga creciendo.

Gracias por todo y mis mejores deseos,

Eva.

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Entiende cómo te comportas con la comida entendiendo a tu cerebro racional y emocional. Eres dos.

Para que entiendas algunas de las cosas que te pasan relacionadas con tu alimentación, voy a explicarte cómo funciona tu cerebro.

Estoy segura que reconoces estas cuatro situaciones:

SITUACIÓN A. Cuando tienes un cajón en la cocina lleno de cereales de chocolate para los niños, de los bollos para tu marido y de galletas de mantequilla para los invitados; pero te lo acabas comiendo tú cuando nadie te ve o cuando todos están acostados.

SITUACIÓN B. Cuando compras bombones de chocolate a finales octubre convencida de que los mantendrás guardados e intactos hasta la segunda quincena de diciembre; pero cada noche vas al lugar dónde los tenías escondidos y te comes uno llegando a mediados de noviembre sin ninguno.

SITUACIÓN C. Cuando dices y planificas comer ensalada todas las noches o no saltarte la dieta en el cumpleaños del viernes pero acabas haciendo todo lo contrario. Comes cada noche lo primero que pillas y te comes dos buenos trozos de tarta más cuatro bocadillos de paté el viernes.

SITUACIÓN D. Cuando haces la lista de la compra en casa con tus frutas, verduras, legumbres, tal y cual saludable; pero llegas a caja con el carrito lleno de dulces, snacks y todo lo demás.

Todo esto es muy contradictorio, ¿no? ¿Por qué actuamos de esta manera? Puede parecer que existiesen dentro de nosotros dos fuerzas opuestas. O también puede parecer que hubiese dos yoes dentro de nosotros. Pues bien, te voy a desvelar la cuestión.

Reduciendo mucho podríamos decir que nuestro cerebro se divide en dos: Uno mucho más arcaico evolutivamente, más impulsivo, emocional e instintivo. LA EMOCIÓN. Y el otro que es la corteza cerebral, nuestros pensamientos, planes, motivos, lo que queremos o debemos. LA RAZÓN. Cuando el sistema emocional está muy activado, desactiva el sistema racional. Por ejemplo, cuando estamos enfadados podemos decir cosas que en frío no se nos ocurriría decir. Cuando estamos enfadados el sistema racional está inactivo. Cuando la emoción pierde fuerza, la razón va cogiendo el mando de la situación y es entonces cuando piensas: ¡Pero que he dicho o hecho! Una emoción es como una gran ola: llega alta y con fuerza pero se va. Lo más inteligente emocionalmente, sería aprender a reconocer cuando estás enfadada y dejar pasar un tiempo para poder hablar las cosas con claridad.

Después de este breve resumen, tiene sentido decir que esas dos fuerzas opuestas son la razón y la emoción; y que esas dos personalidades que no se reconocen la una a la otra son tu yo racional y tu yo emocional.

Voy a darte posibles soluciones para que, sabiendo esto, gestiones las cuatro situaciones de las que te hablé al inicio de este artículo. Son propuestas inteligentes emocionalmente e inteligentes nutricionalmente.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN A.

Por el día es fácil decir que no porque la parte racional de tu cerebro tiene la batería totalmente cargada. Así que puedes decir que no a las galletas de chocolate de los niños y a los bollos de tu marido. Incluso por la tarde. Pero por la noche la batería de tu cerebro racional está agotada y será tu cerebro emocional el que decida y te impulse a comerlo. Por ejemplo puedes pensar: es injusto que ellos lo coman y yo no, voy a comerlo. O puede pensar: después del día tan duro que llevo me lo merezco. En ambos casos estaría actuando tu cerebro emocional.

Te contaré algo antes de darte la solución. Existe un experimento donde ponían a varios niños delante de un dulce y les decían que si esperaban un rato hasta nueva orden les darían más dulces. Con esto, querían comprobar que estrategias de gestión utilizaban para aguantar y si elegían una recompensa mayor pero no inmediata o una recompensa menor pero inmediata. La mayoría no aguantó y se lo comió, pero los que aguantaron lo consiguieron mirando para otro lado o tapándose los ojos. De este experimento, lo que podemos concluir es que es mucho más potente una recompensa pequeña pero inmediata que una grande pero a largo plazo. Es más probable que te comas el dulce que tienes delante a que le digas que no para tener la recompensa de adelgazar pasado un tiempo. También podemos concluir que lo que mejor funciona es no tenerlo a la vista, aunque con cierto esfuerzo porque sabían que estaba ahí.

Te propondría no tener estos productos de galletas y bollos como hábito para nadie. Pero como ya me sé las respuestas más frecuentes: es que no quiero privar a los niños de ese placer (flaco favor) o mi pareja quiere seguir haciéndolo y no le puedo obligar a no tenerlo porque también es su casa, te voy a dar otra solución: Ten un cajón para cada uno. Así no tendrás a la vista las cosas que ellos comen. Cada uno tiene como costumbre abrir su cajón y solo ve sus cosas. Y en el tuyo puedes tener visibles alternativas que te interesen.

Otra solución es coger un hábito que te guste y que no dé espacio ni lugar a pensar en estos productos. Pero para que sea eficaz, repito, tiene que gustarte y tiene que ser un hábito. Por ejemplo, imagina que te reservas ese hueco para comerte una cuajada de chocolate y que lo haces cada noche sin pensarlo, disfrutándolo y sin poder pensar en otra cosa porque ya no tienes tiempo material. Llega la hora de irse a la cama.

Si quieres leer más sobre la necesidad de comer antes de acostarte, te recomiendo leer el artículo que escribí en febrero: Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN B.

Aunque tú no te vayas a la cama hasta las 24.00 de la noche, tu cerebro racional se ha ido ya a dormir a las 22.00. Por eso, en ese momento eres tan vulnerable a las tentaciones de chocolate que pueda haber por casa. Entonces, anticipar esto. Si se te antoja un turrón porque hace mucho que no lo comes, compra un turrón y decide gastarlo en un par de días. Saciarás tu deseo y te quedarás tranquila. Te recomiendo que comas un buen trozo para no quedarte con las ganas. Y te recomiendo que no sea más de dos días seguidos a la misma hora para no crear un hábito. Y después de esto, seguro que te olvidarás hasta comprar lo justo unos días antes de navidad. Otra opción es tener una caja de bombones pero cerrada, pues solo la barrera de tener que abrirla te contendrá para reservarla. Aunque para qué tener que contenerte si puedes no tenerlo en casa y tener la mente en calma. Otra opción es irse a dormir a las 22.00. Otra opción es no ver la tele, los anuncios a esa hora te bombardean a dulces y es normal que te entren ganas. Y otra opción es desarrollar una actividad emocional aprovechando que es un momento en el que tu cerebro emocional está en su apogeo. Por ejemplo crear arte pintando una lámina con acuarelas en la que los colores y formas expresen cómo te sientes. O por ejemplo crear un espacio de calidad para expresar tus emociones mediante conversaciones con otra persona. Sacar partido de alguna manera a ese potencial emocional que aflora en ese momento del día, en lugar de demonizarlo y luchar contra él.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN C.

Cuando menos dejes para pensar por la noche mejor. Por todo lo que te he contado anteriormente, ya sabes que por la noche ya no pensamos racionalmente con claridad. Las decisiones racionales se toman antes. Hay que anticiparse a ese momento y ponérselo fácil.

Como dejes la decisión para última hora teniendo delante la opción de una pizza lista para calentar o tener que cocinar una crema de verduras, eliges fijo primera. Si quieres tomar crema de verdura por la noche, tenla hecha y a la vista. Y no tengas disponible lo que no quieras hacer.

Ten brotes verdes listos para usar en lugar de una lechuga entera para tener que enredarte a lavarla y trocearla. Y ten cuatro recetas de ensaladas que te encanten anotadas en la nevera para tener claridad.

Automatiza, deja tomadas las decisiones y póntelo fácil.

En cuanto al tema del cumpleaños, lee atenta lo que voy a decirte. Sáltate la dieta, pero sáltatela sin ansia porque no será la última vez que te la saltes. Hacer las cosas como si fuera la última vez hace que las vivamos con ansia y no las disfrutemos. Si te preguntas qué es lo que te apetece justo en el cumpleaños y sabiendo qué habrá otras muchas ocasiones, comerás un trozo de tarta y ni si quieras comerás los bocadillos de paté porque tú eres más de dulce que de salado. O viceversa. Pero al pensar ahora o nunca porque el lunes empiezo o porque ya que la he liado toda la semana sin cenar verdura de perdidos al río ya empiezo la semana que viene, comerás el doble o el triple. Así que relájate y disfruta. Comer socialmente es una manera de relacionarse y de empatizar con los demás. No te lo niegues. Pero no comas sin criterio, elige lo que realmente quieras en ese momento y te merezca la pena. Y no comas por compromiso, comunica asertivamente lo que no quieres.

Si quieres leer más sobre cómo gestionar comidas sociales, puedes pinchar en el siguiente artículo que escribí hace unos meses: 4 tips para comer en esa boda, en esas vacaciones y esa cena.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN D.

Lo que pasa es que haces la lista de la compra con un cerebro y compras con otro. Haces la lista de la compra con tu cerebro racional y cuando vas al supermercado, a no ser que lleves las cosas muy claras, los estímulos allí presentes hacen que tu cerebro emocional coja el mando y compres cosas que no estaban en la lista. Que si cojo esto porque me lo merezco; que si esto porque que injusto que otros lo coman y no engorden; que si esto porque es placer adulto; que si esto porque es integral, sin azúcar y cero por cien materia grasa (y eso para tu inconsciente es sinónimo de adelgazar o salud). La clave está en los estímulos. Son los estímulos los que hacen coger el mando a tu cerebro emocional, así que la solución es evitar esos estímulos. Ponen los productos que quieren que compres estratégicamente en el pasillo de paso obligado hasta la zona de las frutas; y los ponen en la balda de la estantería que coincide con la altura de tus ojos; y por si fuera poco y si venciste todas las tentaciones anteriores, tienen una última oportunidad de convencerte justo con lo que te ofrecen justo delante de la caja registradora. Por tanto, una solución es comprar por internet haciendo caso omiso a todos los anuncios que te salen, otra solución es comprar en el mercadillo y otra solución es taparse los ojos hasta llegar al fondo de Carrefour que es dónde se encuentran las secciones de alimentos naturales.

Otras dos opciones son: Una que compres primero todo lo planificado y luego conscientemente te permitas comprar algún capricho emocionalmente sin que esto supere el 20% de tu carro de la compra. Otra es que cuando tengas un impulso de meter algo en la cesta de la que no estuviese en tu lista, pienses: luego vuelvo a pasar por aquí. Y te vayas a por las cosas de tu lista. Esto es por lo que te dije de que una emoción es como una ola que sube fuerte y luego se va. Quizás cuando vuelvas frente al producto la emoción ya no esté y ese espacio haya dado lugar a poder pensarlo racionalmente. Es como lo de la ropa. Si sientes un impulso de comprar algo, no lo hagas. Vuelve mañana. Y si en casa sigues pensando racionalmente que te conviene, cuando la emoción de compra impulsiva se haya ido, mañana vas y lo compras. Así sabrías que no es una compra emocional. Ahora esto ya es complicado con las compras online a un solo clic, pero para que lo entiendas.

Quiero dejarte claro que en ninguna de las cuatro situaciones se trata de no tener fuerza de voluntad. Solo era que no conocías suficiente a tu cerebro, ni a ti misma. Solo eran problemas de logística. Solo era que estabas enfocada en el problema y no en la solución.

Si necesitas ayuda con este tema, puede escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar conmigo tus sesiones online y que trabajemos tu caso concreto.

Te mando un ramo de rosas.

Eva.

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Huellas emocionales de estar a dieta toda la vida. Y cómo borrarlas para siempre.

Las personas que llegáis a mí, lo hacéis después de haber hecho muchas dietas a lo largo de vuestra vida o al menos un par de ellas que os marcaron. Conviviendo siempre con el ciclo de primero estar reprimidas del placer de comer constantemente para segundo comer como si no hubiera un mañana. Eso, os ha dejado huellas tanto físicas como mentales. Me centraré aquí en estas últimas.

Las llamo huellas emocionales de estar a dieta toda la vida.

Lo primero es asumir estás huellas emocionales están y lo segundo es trabajar para borrarlas. Después de esto, es cuando será posible la realidad que quiero para ti: Que disfrutes comiendo sano en el día a día sin sentirte a dieta. Y que disfrutes comiendo algún capricho insano sin ansia ni remordimientos. Bajar a tu peso natural solo será una consecuencia inevitable. Es decir, también será posible la realidad que tú tanto ansias: Adelgazar de manera consistente en el tiempo.

Sin más, las Huellas:

AUTOESTIMA POR LOS SUELOS 

Después de varios fracasos es normal tener el pensamiento de no soy capaz. Y es normal sentir frustración. Pero varios fracasos consecutivos son muy valiosos si no te los tomas de manera personal. Te están indicando que ese no es el camino, que no intentes lo mismo más veces porque será un nuevo fracaso. Te están indicando que el camino es otro. 

Por otro lado, siempre me decís: quiero hacer dieta para quererme más. Y como no lo consigues, nunca te quieres. Y a esto también hay que darle la vuelta.

CANSANCIO EMOCIONAL

La sensación de estar agotada. La sensación de estar toda la vida recortándome de esto, de aquello y encima cada vez con más peso. Sensación de impotencia. De desesperación. Descansar es la clave.

RECHAZO A CIERTOS ALIMENTOS.

De los que te has aburrido. O porque los asocias a sufrimiento y castigo. Hoy me toca comer tal, es una imposición. Tu inconsciente lo interpreta como castigo. Lo bueno es que se pueden crear nuevas asociaciones. Con un nuevo ambiente, con una nueva receta, con una persona.

ANSIEDAD POR OTROS CIERTOS ALIMENTOS.

Todo el día pensando en comer. Lo que sea, sobre todo lo que te has prohibido anteriormente. No poder tener nada excepcional en casa porque no quedas tranquila hasta que no le das fin. Experimentar el permiso de esos alimentos y el sentir placer con también con otros es lo que marcará la diferencia.

RABIA. SENTIMIENTOS DE CULPA, VERGÜENZA.

Piensas que es injusto que otros puedan comer todo lo que quieran. Te sientes mal cuando comes algo que no debes. Te avergüenzas de tí misma después de comer algo a escondidas para que no te juzguen. Necesitas otra perspectiva que te haga sentir mejor.

Para borrar estás huellas y construir tu nueva realidad, sé ingeniera de tu vida. Escríbeme a quieroser@ingenierademivida.com.

Es posible.

Eva.

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