Inteligencia nutricional

Te digo cómo integrar lo insano en una línea base sana sin engordar y sin remordimientos. Y disfruta de verano.

Se acerca el verano y con él infinidad de ocasiones para pasarse o para saltarse la dieta. O el estilo de vida saludable. Llámalo como quieras. E independientemente de esto, en todas las estaciones del año a todos nos gusta pecar o dejar a un lado nuestra alimentación sana. Llámalo como quieras. Aunque nos encante llevar una alimentación sana.

Además, a nadie nos gustan las consecuencias físicas que pueda tener esto. El consumir cosas insanas. El guarreteo. Como por ejemplo la resaca que sentiremos si se trata de un episodio puntual o la inflamación y grasa localizada si son episodios frecuentes.

De todas formas, te recomiendo hacerlo. Te recomiendo saltarte la dieta. Porque es bueno para tu salud mental. Descargar la tensión de vez en cuando sin dejar acumular demasiada y vivir en distensión.

Y te daré las claves para hacerlo de manera inteligente. Para encontrar ese punto de equilibrio en el que no dañes ni tu salud física, ni tu salud mental.

Y todos contentos.

Así que en este mes de mayo voy a enseñarte a integrar los alimentos insanos que tanto te gustan en tu alimentación sin que por ello, en su conjunto, deje de ser sana. Voy a enseñarte mediante ejemplos concretos la manera de introducir esos alimentos insanos de los que no quieres prescindir. De los que no estas dispuesta a prescindir por tu salud mental y por el placer tan intenso que estos provocan.

Y quiero enseñarte a hacerlo porque quiero que dejes de sentir la culpa que llega tras comerlos y que dejes de sentir la lucha de lo como o no lo como o quiero pero no puedo o debo. También quiero que dejes de experimentar el me los prohíbo porque no debo hasta que exploto y como lo que sea sin mesura. O que dejes de experimentar el me desborda el deseo y me pongo hasta atrás debido a un periodo de represión. Quiero que vivas con tranquilidad el no comerlo y el comerlo. Y para ello hay que considerar estos alimentos insanos como una posibilidad y experimentar esa posibilidad sin que abarque la mayor parte de tu alimentación. Con toquecitos de comida insana. Si abarcara la mayor parte de tu alimentación te resentirías físicamente tanto a corto como a largo plazo. Sensación de saturación y pesadez abdominal, inflamación, falta de energía…. Esto a corto plazo, a largo plazo ni te cuento. Pero si intentas no comerlos nunca para no perjudicarte físicamente por todo esto que digo o simplemente porque engordan, acabarás comiéndolos en mayor cantidad y frecuencia por un fenómeno psicológico que se conoce como reactancia y te perjudicarás más y engordarás más. Prohibirse es contraproducente. La reactancia es no puedes hacerlo, pues por mis narices lo hago.

Quiero enseñarte a romper este patrón y a integrarlos en tu alimentación para que las consecuencias negativas se disuelvan y para que paradójicamente la posibilidad de hacerlo te haga hacerlo con menos frecuencia y en menos cantidad sin darte ni cuenta. Y para que dejes de comerlo deprisa, con ansia y con culpa.  Y al menos, que merezca la pena y los disfrutes.

A todos nos gusta sentirnos ligeros y sin la pesadez que nos da desmadrarnos comiendo de guarreteo a todas horas y sin filtro. Por eso quiero enseñarte esto, para que deleites con placer a tu mente sin hacer sufrir a tu cuerpo.

Quiero que aprendas a vivir con ellos porque es imposible aislarse de ellos. No quiero que te asfixies. Para ello voy a compartirte ejemplos de situaciones reales muy concretas. Te hablaré de una serie de ejemplos muy comunes que me encuentro mucho pero se podría hablar de integrar cualquier cosa. Pero hay que hacerlo de manera inteligente. Integrar es: no tendrás consecuencia físicas y no te sentirás a dieta. Incluso podrías adelgazar si es que eso es lo que quieres o lo que te conviene.

Vamos a ello:

Bollería para desayunar.

El otro día fui a una cafetería donde me gusta ir a leer y me comí un croissant recién hecho acompañado de un café con leche. Me supo a gloria. Esto es una manera de mimarse. Miré las posibilidades que había y pensé si alguna merecía la pena. Esa es la que elegí. Tenía antojo de croissant hace tiempo. Esto me lo dijo la semana pasada una de las chicas que realiza sesiones personalizadas. No todas las mañanas voy a la cafetería. Además, me dijo: Si no me hubiese gustado nada, no hubiese cogido nada. Me he dado cuenta que para satisfacer un antojo solo vale comer eso concreto que tienes de antojo. Si hubiese comido una napolitana de crema no hubiera satisfecho mi antojo y seguiría con él. No hubiese merecido la pena tomar la napolitana de crema. Hubiese disfrutado de un café solo y en cualquier otro momento que hubiese tenido la oportunidad hubiese comido el croissant. También me dijo: antes de haber tenido estas conversaciones de psicoalimentación contigo me hubiese comido la napolitana con ansia sin pensarlo dos veces y sin preguntarme si era lo que quería. Y con remordimientos. Además, luego hubiese estado todo el día ansiosa picoteando hasta acabar buscando por todas las tiendas un croissant hasta encontrarlo. Hoy lo vivo con calma, ya se dará el momento.

Todas las opciones insanas son malas para el cuerpo. Así que, ¿Hay alguna que me merezca la pena en este momento? Si es que sí la elijo. Si es que no, la rechazo.

Y el resto del día pues lo vivirás con calma y sin pensar en compensar o dejar de compensar. Al final aunque por supuesto en nutrientes no es lo mismo ni por asomo, en kilocalorías probablemente sea lo mismo que un yogurt super sano con avena y almendras. También te digo que probablemente el café y el croissant que será bastante refinado tendrían una digestión mucho más rápida y quizás te entrara hambre antes que con la proteína y fibra de la opción nutritiva. O quizás no porque la psicología es muy poderosa y mentalmente te habrás nutrido con la opción excepcional del croissant. Mañana será otro día.

Además a la hora de comer un antojo insano por ejemplo el croissant que comió esta chica, es muy importante que conozcas una sensación que puede aparecer y que es muy normal. Quizás cuando acabes el último bocado pienses: me comería otro. Pero esa sensación se va en un momento. Aunque te comieras otro y otro y otro, al final tendrías que acabar lidiando con esa sensación y después de cuatro ya si tendríamos que asumir otras consecuencias negativas. El me comería otro es normal. Tranquila, te comerás otro en otro momento. Solo es la sensación adictiva que provoca el azúcar.

Hablando de antojos, tengo que decirte que aunque sea un antojo de algo sano solo se satisface con eso concreto que tienes en la mente, cuanto antes lo hagas mejor. Es lo que ocurre por ejemplo cuando te tocan judías verdes porque es lo que pone en la dieta pero tú lo que quieres ese día son alcachofas. Por muchas judías verdes que comieras nunca estarías satisfecha y tendrías la sensación de represión ya que ha sido algo impuesto y no elegido. Es uno de los contras de tener un Plan preestablecido y no ir improvisando según apetencia.

Pasta con nata para comer.

Te contaré una manera de integrarla.

Imagina un día así: 1 par de albaricoques para desayunar, pasta con nata y nuez moscada para comer, unos pistachos con un par de onzas de chocolate negro para merendar y un plato de ensalada de brotes de espinacas con kiwi, fresas, aguacate, pipas de calabaza, pipas de girasol, semillas de sésamo aliñada con vinagre de Módena y aceite de oliva. Imagina un día así pensando que es perfecto disfrutar de un plato de pasta con nata sin que haya ninguna consecuencia negativa para tu cuerpo por lo bien integrado que está y con la tranquilidad de la mente porque puede permitirse ese placer sin remordimientos y sin culpa. Y observando que el peso está encaminado. Porque señoritas y señoras, no puedo dejar de hablar del peso cuando es lo que os trae por la calle de la amargura. Que no es lo más importante, no. Que es importante, si. Y no podemos hacer que la palabra peso se vuelva tabú. Simplemente hay que tratarla como una palabra más. Sin darle de más de importancia. Sin darle de menso de importancia.

Este día es un día real de la alimentación de una de las chicas que hace sesiones conmigo. Le encanta la pasta y a la vez tiene miedo de engordar por comer pasta. Ella misma me dijo un día: me he dado cuenta que comer pasta un día no convierte la alimentación de ese día en insana y me he dado cuenta que incluirla no hace que engorde o deje de engordar.

Pero imagina comer pasta pensando que la tienes prohibida. Imagina cuánta cantidad comerías, probablemente un plato gigante hasta sentirte incómodamente llena porque después a saber cuando supuestamente volverás. Y como lo comerás, probablemente muy rápido, con ansia, como si no hubiera un mañana y como si te lo fueran a quitar del plato. También imagina que pasarás el resto del día angustiada pensando que has hecho algo que no debiste hacer. E imagina qué comerás el resto del día teniendo que soportar pensamientos del tipo: ya de perdidos al río o el lunes empiezo que te harán comer mucho y mal el resto del día sin disfrutar. Quizás como un castigo inconsciente enmascarado como hedonismo o necesidad de placer inmediato para evitar sentir dolor emocional y que acentúa ese dolor emocional. Esto es lo que no puedo puede ser. Por eso quiero que te grabes en la mente la palabra INTEGRAR. Y es un arte que hay que aprender.

Sin entrar en si la pasta o la nata son sanas o no. Pero es lo que comúnmente se piensa porque se ha repetido hasta la saciedad. Lo primero que se ha quitado siempre en una dieta es la pasta, el pan, el arroz, la patata porque son hidratos de carbono y los hidratos de carbono engordan y son malos. Otra de las cosas que se ha hecho siempre cuando querías estar a dieta era pasar de lácteos con nata a lácteos sin nada. Así que la nata engorda y es mala. Pero esto, es muy simplista. CONOCIMIENTO Y EXPANDIR LA MENTE ES LO QUE SE NECESITA.

Chocolate después de comer.

Decimos que somos animales de costumbres. Y la persona que siempre come un trozo de chocolate después de comer tiene una costumbre. Simplemente una costumbre, un hábito. Si tienes días duros mentalmente y te recarga ese pequeño placer para soportar el resto del día, perfecto. Lo haría con chocolate negro de 90%. Además de que no aporta azúcar ni es adictivo para que en vez de una onza quieras otra y otra, te aportará vitaminas y minerales. Tampoco tendrías la ansiedad por comerte una tableta porque ya lo comes todos los días. Incluso si algún tuviera las ganas de comerme una tableta de chocolate entera, lo que haría sería comérmela directamente y ahorrarme la comida. Es decir no comería ese día. El chocolate sería mi comida y quedaría bien satisfecha. 

Café con algo dulce para merendar.

Parece que no existe más allá de esto. Nuestra mente tiene visión túnel. Y cuando digo esto la gente se me pone a la defensiva. Porque piensan que quiero quitarles su libertad. Y cada uno es libre de hacerlo o no. A mí me da exactamente igual. Es perfecto si lo haces. Pero si tienes que hacerlo si o si no eres libre. La libertad reside en poder hacerlo y poder no hacerlo.

En el caso de elegir hacerlo desde la verdadera libertad, elige el dulce que quieras y no el que debieras. Y el café con o sin azúcar. Según.

En el caso de elegir hacerlo cada día y decidir tomarlo como hábito, elige experimentar el sabor del café. Si lo quieres siempre con azúcar no te gusta el café, te gusta el azúcar. Eres adicta al azúcar. Para ser libre un día tienes que tomar café con azúcar y ser consciente de que sabe a azúcar. Para ser libre tienes que poder tomar café sin azúcar o simplemente no tomarlo si no te gusta. De todas formas te digo, que el café solo te gustará. El paladar le coge el gusto. Se habitúa.

Por otro lado, el tema de algo dulce. En el caso de elegir hacerlo cada día y tomarlo como hábito yo aprovecharía para que ese algo dulce fuese nutritivo. Para que me aportara nutricionalmente. Por ejemplo dátiles con almendras. O higos secos con nueces. O pistachos con yogurt de chocolate. O bizcocho de plátano con copos de avena integral. Haz un bizcocho y pártelo en siete trozos. Ten la tranquilidad de que comerás uno cada día y la satisfacción de que te estarás nutriendo al mismo tiempo.

Pero por supuesto si el día que voy a la comprar veo algo insano que me entra por el ojo, me lo compro y me lo como ese mismo día. Pero no me compro una docena para tener la lucha en casa cada tarde de me lo como o no me lo como. Tengo la posibilidad. Experimento la posibilidad. Pero no tengo disponibilidad. Me lo pongo fácil.

Otra cosa muy importante es: POR LA TARDE SE PUEDE MERENDAR PERO LA TARDE NO PUEDE SER MERENDAR. Se lleva mucho merendar para matar el aburrimiento o merendar para espabilarse de la siesta o merendar para sobrellevar mentalmente la tarde. Y esto ya hay que tratarlo de manera más profunda.

Las rutinas son muy potentes, vamos a crear rutinas que nos aporten y no dejar espacio para lo que no nos aporte sin centrarnos en esto último que es lo que nos hace estar pendientes de ello y obsesionarnos. Por ejemplo voy a crear la rutina de descargar mi ira con mis guantes en el saco de boxeo durante diez minutos todas las tardes, luego me daré una ducha templada y acabaré dando un masaje con crema hidratante en mis piernas. Esto no dará espacio a otras cosas. Además te hará dormir mejor. Por la tarde hay que incluir cosas que nos hagan dormir mejor.

Pizza para cenar.

Los viernes son de pizza. O de pedir comida a casa. O de cenar con amigos o familia. Yo ese día me reservaría para la cena. No llegaría saturada de comer ya durante el día. Y no se trata de no poder comer nada durante el día para poder pasarse por la noche, se trata de elegir comer frugal durante el día para dar espacio a algo que hará trabajar más a mi cuerpo. Imagina desayunar un café solo y comer un gazpacho de remolacha con pipas de girasol. La cena te sentará fenomenal, tanto al cuerpo como a la mente. Y la disfrutarás. Tan tranquilamente y sabrás parar cuando tu estómago este lleno si no quieres dejar hueco para el postre o cuando esté casi lleno si quieres dejar hueco para el postre. Imagina desayunar un par de croissants con mantequilla y mermelada, café, zumo y luego comer pasta con nata y luego chocolate y luego café con un dulce y luego la pizza con ansia porque no debo pero quiero y saturando a tu cuerpo porque tampoco hay hambre física y después sentirte mal y comerte un helado de postre notando como tu barriga va a reventar porque ya que más da y tras un par de horas unas galletas con leche porque me siento fatal conmigo misma y ya el lunes de verdad empiezo a cuidarme pero hoy ya me las como no sé si por castigo o por sobrellevar esta amargura que me provoca el sentimiento de culpa. Qué diferente a esto es integrar la pizza.

Otro error es elegir comer algo sano en lugar de la pizza con todos. Y comer mucho solo porque sea sano. Al final sería lo mismo energéticamente comer menos y con todos. Y no te sentirías discriminada.

Helado después de cenar.

Menos es más.

Esto es lo que pienso.

Prefiero comprarme un magnum de calidad y comérmelo el día que quiera que comprarme una caja de marca blanca con seis imitaciones de magnum y comerme una cada día. Te digo por qué:

El placer de comer algo que hace mucho que no comes. Eso no se vive si se hace cada día. Solo lo disfrutarás si es excepcional. Si lo haces demasiado común dejarás de sentir placer por ello, te habituarás a las sensaciones y perderán su potencia e intensidad.

Y ya que estamos exquisitos, que sea de calidad para disfrutarlo aún más. Para comerme un polo mediocre no me lo como. A mí al menos, no me merece la pena.

Y otra cosa, es tener opciones sanas a mano para comer diariamente:

UVAS CONGELADAS.

FRUTOS ROJOS CONGELADOS.

Por su cantidad de azúcar, naturalmente presente, no congelarán del todo y estarán listos para añadir a yogures o comer tal cual un puñado como postre.

Otras opciones pueden ser:

Cubitos helados de diferentes batidos.

Cubitos helados de yogurt.

Cuidado con las versiones healthy:

Pros: Nos aportan nutrientes necesarios y nos hacen comer alimentos sanos de manera diferente.

Contras: A veces se come mucha cantidad pensando que porque es sano no pasa nada y acabamos saturando a nuestro cuerpo igualmente. Además si se hace con el único fin de evitar la tentación insana porque no puedes permitírtela, te sentirás reprimida y acabarás pecando para recuperar tu libertad.

Estoy a favor si: Son otra opción más totalmente independiente y no sustituyen a la opción insana.

Estoy en contra si: Se hace para evitar comer lo insano.

Para lo insano, días seguidos a todas horas del día. Eso es lo peligroso. Para lo insano, nunca es peligroso. Porque termina en el extremo del siempre.

Galletas con leche antes de dormir.

No vivas el día pensando que llegará la noche y no podrás dormir tranquila o irte a dormir tranquila sin comer galletas con leche.

A veces la vida es muy jodida. Y la noche provoca pánico y vacío. La noche es silencio. Es enfrentarse a los sueños y por tanto al inconsciente y a todo lo que te preocupa. Y querer tener un recurso fácil como es un suspiro de comer emocional para soportarlo es normal. No luches, será solo una temporada.

Podemos hacerlo un hábito elegido y premeditado. Saber que cada día tendrás un par de galletas con medio vasito de leche de dará tranquilidad. Hoy dos, mañana otras dos, pasado otras dos. El día que lo desees, otras dos. Esto hará que no se produzca la situación de solo una y luego otra y luego otra y ya el paquete porque a partir de mañana ninguna. Y mañana más de lo mismo. Notando la inflamación, saturación y nivel de energía física y mental a cero cuando te despiertes. Estarás cansada. El atracón de galletas con leche te habrá chupado la energía.

Además quizás si cenaste a las nueve de la noche y ahora es la una de la madrugada también tendrás hambre física y no solo será emocional.

En este caso de elegir que sea un hábito diario, optaría por unas galletas de calidad nutricional. Las hay. De ser una cosa puntual, no importaría tanto la calidad.

Otra opción es hacer asociaciones emocionales con un alimento sano para que este también te calme, pero eso ya no sería integrar.

CON ESTO FINALIZO CON LOS EJEMPLOS.

SOLO DECIR:

Lo importante es que tu cuerpo tenga todos los nutrientes que necesita y funcione correctamente tanto en un momento en el que quieres bajar de peso como en un momento en que no quieres bajar de peso. Cuando nos centramos en introducir lo que necesitamos nutricionalmente para funcionar correctamente no queda mucho espacio para lo que no necesitamos nutricionalmente. Considero que es bueno que quede poco espacio y considero que es beneficioso llenar ese espacio reducido con alimentos que nos llenan psicológicamente o socialmente pero que no nos aportan nada nutricionalmente porque esto sería sano para la mente. Además, al ser un espacio reducido no perjudicaría tu salud física o no impediría que bajaras de peso si es que lo deseas. Lo que si te perjudica física y mentalmente es vagar de un extremo a otro sin ninguna sensación de control personal. Y ESTA ES LA PRINCIPAL CONSECUENCIA DE LA PROHIBICIÓN Y REPRESIÓN. TAMBIÉN HAY QUE COMER COSAS MALAS.

Por eso,

INTEGRA.

Por eso,

SOLO SI MERECE LA PENA.

ALGO INSANO NO HACE QUE LA ALIMENTACIÓN DE ESE DÍA SEA INSANA.

SI LO HACES COSTUMBRE ELIGE LA VERSIÓN NUTRITIVA.

QUE PRIME LA CALIDAD A LA CANTIDAD.

POSIBILIDAD PERO NO DISPONIBILIDAD.

RESERVARSE PARA COMER ESO.

PARA QUE ALGO NOS SEPA EXCEPCIONAL TIENE QUE SER EXCEPCIONAL.

RECENA PREMEDITADAMENTE SI ASÍ LO NECESITAS.

Por eso,

INTEGRA.

INTEGRAR ES QUE LO INSANO SEA LA FIGURA Y NO EL FONDO. QUE LO SANO SEA EL FONDO Y NO LA FIGURA.

Y DISFRUTA DE VERANO.

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Para qué aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado. Y olor a primavera.

Aconsejo merendar pastel siete chocolates un lunes y cenar ensalada de brotes verdes un sábado, para:

Para abrir la mente. Para que se formen nuevas conexiones neuronales en tu mente. Para que dejen de activarse antiguas conexiones neuronales en tu mente. Para abrir la puerta a infinidad de posibilidades.

Para que te relaciones de manera diferente con la alimentación. Para que estés tranquila.

Para que los alimentos sanos que se suelen usar como castigo y que suelen asociarse a dieta restrictiva de adelgazamiento se relacionen también con momentos excepcionales y distendidos y se deje de sentir displacer por ellos.

Para que los alimentos que solemos usar como premio y que suelen prohibirse cuando se piensa en adelgazar se relacionen también con momentos cotidianos y se deje de sentir ansia por ellos.

Para experimentar que lo nutritivo puede ser placentero. Para experimentar que el permiso genuino de lo no tan nutritivo puede darte la paz que necesitas para no estar pensando continuamente en ello y para no darte atracones de ello cuando lo tengas delante simplemente por tener libertad de hacerlo en cualquier otro momento. Para experimentar que lo sano puede ser igual a delicia y disfrute. Para experimentar que lo insano puede disfrutarse sin culpa.

Para tu bienestar físico y mental.

Tenemos muy instaurado el entre semana como sano y el fin de semana me doy mis caprichos o el entre semana lo hago bien y el fin de semana me premio por haber estado toda la semana haciéndolo bien.

Tenemos muy instaurado el comer ensalada de brotes verdes para compensar, para adelgazar pasando hambre o sentir displacer al hacerlo.  

Tenemos muy asociada el chocolate a pecado que tiene que ir seguido de un castigo, a ocasiones especiales, y placer con la comida. Aunque sería un falso placer porque si mientras lo comes estás pensando que no deberías o ha sido un visto y no visto de lo rápido que te lo has comido, no es auténtico placer.

Lamentablemente, esto es la norma y no la excepción. Y esto, tiene consecuencias:

Asociaciones negativas con alimentos nutritivos.

Falta de disfrute de los alimentos naturales y que supuestamente debes comer por obligación para estar sana y para adelgazar.

Ansia por comer en general.

Ansia por determinados alimentos en particular.

Sentimiento de culpa cuando comas productos alimentarios que supuestamente no deberías porque son insanos y engordan.

Pero,

TE VOY A CONTAR UNA HISTORIA REAL Y TE VOY A PROPONER UN EJERCICIO PARA QUE LO PONGAS EN PRÁCTICA Y CREES ASÍ NUEVAS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES QUE TE HAGAS DESHACERTE DE ESA RIGIDAD Y DE TODAS ESTAS CONSECUENCIAS.

HISTORIA REAL:

Mi ahijada tiene casi tres años. Tiene una sudadera rosa que le encanta. La sudadera está llena de dibujos en forma de fresas bien rojas. Quizás por eso, cuando ve fresas de verdad se pone muy contenta gritando: ¡fresas, fresas! Y corre a coger una fresa para comérsela a bocaditos. Como a todos los niños le gustan mucho las sorpresas. Y cómo no, el huevo kínder sorpresa. Era martes. Fui a visitarla a su casa y le llevé un detalle. Era una bolsa que contenía otra bolsa llena de fresas rojas y gordas de las que se meten por los ojos y un huevo kínder. La niña la abrió y lo primero que vio fue las fresas, se puso a saltar loca de contenta ¡Fresas, fresas! dijo. ¿Te gustan las fresas? le dije. Si, me dijo.  Inmediatamente después vio el huevo kínder y una sonrisa de oreja a oreja volvió a aparecer en su boca. ¿Te gusta el huevo kínder? Le dije. Si, me dijo.  No tardó en abrirlo y comérselo rechupeteándose y llenándose la boca de chocolate. Cuando lo terminó cogió una fresa y le dio algunos bocados hasta que dijo, ya no quiero más fresa. Esa es la historia.

Le ofrecí un alimento saludable y que sé que le gusta como normalmente hago cuando voy a verla. En este caso fresas pero las uvas y el plátano son sus otros dos preferidos.

Le ofrecí un alimento insano un día cualquiera sin más. Habrá otro día cualquiera sin más.

Mantuve la relación positiva que tenía con la fresas sin coaccionarla a comérsela primero que el huevo kínder y hacerle sentir que fuesen un castigo.

Mantuve la relación positiva que tenía con las fresas sin obligarle a terminársela y crear reactancia.

La expuse casualmente, con normalidad y sin condiciones a un alimento insano. Y dejé que lo disfrutara tranquilamente. Existen. Nos gustan. Es una realidad.

Quiero que aprenda a relacionarse con lo bueno desde el disfrute y con lo no tan bueno pero que existe en la vida real y que ha todos nos gusta también desde el disfrute. Que no los viva con ansia.

Se trata de enseñarle a relacionarse con los alimentos sañosa< e insanos. No de evitar que se exponga a los insanos. Porque se encontrará con ellos y los vivirá con ansia. Evidentemente voy a ofrecerle alimentos sanos con mayor frecuencia porque son los que la niña necesita para estar bien nutrida pero no haré que el huevo kínder sea tabú, no haré como que no existe porque existe.

Lo que no sería una buena opción sería:

Si te portas bien te compro un huevo kínder. Si te terminas el puré de frutas te compro un huevo kínder. Esta niña no come pues un huevo kínder todo los días para que coma aunque sea algo. Si solo hay fresas y no quiere comer fresas que no coma fresas. No comprarle el huevo kínder nunca porque es una niña regordita. Solo ofrecer fresas porque esta casa es un entorno super saludable para que en el cumpleaños de su amiga quisiera comerse todos los huevo kinders con ansia porque eso en su casa no entra. O que con lo que le gustan las fresas hubiese terminado odiándolas por obligarle a teminarselas. O que las hubiese acabado viendo como un castigo si le digo que se comas las fresas que son nutritivas y que luego se coma el huevo kínder.

Mañana le ofreceré un plátano que le encanta. Y pasado unas uvas que también le encanta. Y tras pasado unas fresas para que vuelva a bailar. Y cuando menos se lo espere por que sí sin más le ofreceré unas natillas de chocolate.

EJERCICIO PARA PONER EN PRÁCTICA:

Lo normal es que si estás leyendo este blog no hayas crecido con ese tipo de aprendizajes, sino con los que te comentaba al principio del artículo. Los aprendizajes de la infancia y los que nos han acompañado durante muchos años son difíciles de borrar, son muy resistentes. Pero si en algún momento de tu vida sientes que te están limitando se puede disminuir su conexión y crear nuevas vías neuronales de aprendizaje. Y eso es lo que quiero que hagas tú.

Para ello te voy a hacerte una propuesta. La esencia de este aprendizaje es la misma de lo que quise enseñarle a Lara. La misma.

Que vivas la experiencia de comer pastel siete chocolates un lunes para merendar. Quizás alguna vez lo has hecho porque no has podido resistir la tentación de comerte el pastel que sobró del domingo. Y luego te sentiste mal porque no se cumplió lo del lunes empiezo. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas desde el mero placer de hacerlo. Por nada en especial. Sin consecuencias. Que te des cuenta que no te va engordar ese hecho concreto. Seguro que este artículo te ayuda a vivir esa experiencia de manera mucho más intensa.

Por cierto, he dicho tarta de chocolate pero puede ser cualquier otra cosa que supuestamente sea de fin de semana para ti. Se me ocurre cenar unos trozos de pizza un martes o cenar unas palomitas viendo una peli un miércoles. O unas croquetas. Pero tú decides, piensa con qué te vendría bien hacerlo.

En el artículo del mes de mayo te enseñare a integrar lo insano en una línea base sana sin consecuencias físicas ni mentales. Aunque te puedo adelantar que por ejemplo en el caso de merendar el pastel siete chocolate con grasa de palma el lunes a la hora de la cena escucharía mis sensaciones corporales y probablemente me pidiesen que bebiera agua y cenara frugal. Y ya mañana sería otro día.

Que vivas la experiencia de comer ensalada de brotes verdes un sábado para cenar. Quizás alguna vez lo has hecho cuando no te permitías saltarte la dieta porque estabas en algún periodo de dieta estricta o porque estabas en un periodo de estancamiento y tenías que hacer cualquier cosa para bajar, hasta sacrificar un sábado. Pero quiero que lo hagas desde otra perspectiva. Quiero que lo hagas por que sí. Simplemente por eso. Quien dice una ensalada dice unos espárragos verdes y unas cebollas a la plancha. O unas judías verdes salteadas con ajo. Siéntate en la mesa del salón. Con un plato especial. Con musiquita. Es sábado y estás descansando. Es un día distendido. Elige algo sano que te guste y que normalmente asocias a dieta. Que sea minimalista, tres o cuatro ingredientes. Elige tu ensalada favorita de aquel restaurante que pediste para centro de mesa, pero ahora sin acompañamiento, céntrate en ella y disfrútala. Digo ensalada porque está muy asociada a que no puede ser sin más. Que deje de ser un complemento. Y que deje de ser alguien a quien vamos a rendir cuentas cuando la comimos y no adelgazamos. Simplemente disfrútala. Brotes verdes, pera a la plancha, anacardos y vinagre de Módena. Esa es mi idea.

Disfruta esas nuevas experiencias.

Nota que se siente. Nota que se piensa.

Y olor a primavera.

Atentamente,

Eva.

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¿Por dónde empiezo a comer mejor? Por un bocadillo de plátano en tacones. Y Oporto.

Lo primero que quiero decirte es que comer mejor también implica comer queriéndose mejor. Y lo que quiero decir con que empieces a comer mejor con un plátano en tacones es:

Que empieces por dónde sea.

Rompe el círculo por donde sea.

Que empieces por algo nuevo.

Ábrete a la experiencia.

Que empieces por algo que te sorprenda.

Lo que sorprende no se olvida. Cuando sientas sorpresa recordarás todo lo que la acompaña. Y lo que la acompaña aquí y ahora es que empezarás a comer mejor.

Que empieces por algo loco.

Las genialidades son consideradas locuras en sus inicios. Luego son obvias. Y estoy segura que para ti llegará a ser obvio haber empezado a comer mejor por un bocadillo de plátano en tacones.

Que empieces simplemente por algo.

Un punto de inflexión es necesario. La marca del hasta aquí y a partir de aquí. Del antes y el después.

Dale una vuelta a tu cocina. Deshazte de lo que no aporta. Dale una vuelta a tu armario. El de los platos y desayunos. Y el de la ropa. Deshazte de lo que no aporta. Mantén lo que aporta. Hazte con lo que aporta.

Desayuna sentada en el suelo.

O al menos siéntate cada día en una silla. Que probablemente lo hagas siempre en la misma por defecto. Por costumbre. Por hábito. Por inconsciencia.

Experimenta cómo un bocadillo de plátano en tacones sabe otra manera.

No sabe a bocadillo.

No sabe a plátano.

Sabe a actitud.

Sabe a decisión.

Sabe a gourmet.

Sabe a premium.

En casa.

En la calle.

En el bosque.

O en la playa.

Experimenta cómo el yogurt sabe de otra manera en un tarro de barro.

Haz mezclas insospechadas. Que se salgan de tu línea.

Uvas con queso saben a beso.

Romper la dinámica.

Salir de la zona de confort.

Salir del círculo vicioso.

Abrirse a la experiencia.

Llámalo como quieras.

Bebe la leche del desayuno en una copa de cristal.

Bebe agua con hielo y moras.

Que sabe de otra manera.

Que nos perdemos las cosas por nuestra cerrazón mental.

Que la ensalada de espinacas no asquerosa si no una delicia. Ponle aguacate, anacardos y fresas.

Que ese aprendizaje es agua pasada.

Que hay que revisar los aprendizajes. Y actualizarlos. Por algo es que tu Smartphone te notifica actualizaciones de Whatsapp, wikiloc y wallapop cada poco.

Que tomes consciencia que es porque un día te dijeron lo de que si te comes las espinacas te doy chocolate. Y las espinacas se convirtieron en castigo.

Que tomes consciencia que es porque viste a una persona mirarlas con asco. Solo prejuicios.

Que tomes consciencia que una persona proyecto su limitación en el no ofrecimiento de ese alimento de una manera natural. De una manera atractiva. Y lo hizo porque verdaderamente creía que eran un asco y quería lo mejor para ti. Pero tú no tienes por qué creerlo.

Cuando te inunda esa sensación de por dónde empiezo.

Empieza.

Y ya termino:

¿Por qué con tacones solo se comen los raviolis de espinacas de restaurante?

¿Por qué los bocadillos tienen que ser de salchichón?

¿Por qué no se deben comer plátanos?

Por inercia.

Y en física y sacado de la wikipedia, la inercia es:

La propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo relativo o movimiento relativo. Dicho de forma general, es la resistencia que opone la materia al modificar su estado de movimiento, incluyendo cambios en la velocidad o en la dirección del movimiento. Como consecuencia, un cuerpo conserva su estado de reposo relativo o movimiento rectilíneo uniforme relativo si no hay una fuerza que, actuando sobre él, logre cambiar su estado de movimiento.

Y en psicoalimentación, esa fuerza que logrará cambiar tu estado de movimiento y te hará empezar a comer mejor puede ser:

La sorpresa.

La locura.

El abrirse a la experiencia.

El comer queriéndose mejor que implica el comer el mejor.

Y Oporto.

La foto del artículo es Oporto. Allí, aquel día, comí bocadillo de plátano en tacones.

Atentamente,

Eva

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Por qué un ritual matutino en la mesa del salón. 6 desayunos. Y croissants que saben a París.

Hace doce años. París. No recuerdo ni una sola conversación. Pero recuerdo risas. Muchas risas. Y recuerdo aquel croissant. Entre risas.

Croissants que saben a París. Croissants que huelen a París. Croissants que te hacen volver a París. A esa época. A ese momento. A esa emoción.

Recuerdos.

Recordamos lo que nos impacta emocionalmente. Lo que no, merece el olvido. Así es como funcionas. Porque no hay lugar en tu cabeza para todo. Tu cabeza es selecta. Tu naturaleza es selecta.

¿A que saben los recuerdos?

¿A que huelen los recuerdos?

O mejor,

¿Qué sabor te hace viajar en el tiempo?

¿Qué aroma evoca en ti ese feliz momento?

La comida está presente cada día de tu vida. Con una probabilidad del 99% tienes recuerdos asociados a comidas. A su sabor. A su olor. Estoy segura que tienes una experiencia parecida a la mis croissant que saben a París. El olor a leche infusionada en naranja que te transportan a tu abuela y a su arroz con leche; el olor a limón rallado que te transportan a la risa de tu madre y sus magdalenas; o el olor a bombones de fresa y chocolate blanco que te transportan a Él y vuestro reencuentro.

Esto se llama revivir a través del comer emocional. Comer emocional positivo. Positivo porque te hace volver a momentos felices. Eso forma parte del placer nutricional. Y el comer emocional está infravalorado porque solo es asociado a comer para olvidar lo malo que me está pasando ahora y al comer por ansiedad. Pero es mucho más que eso. Y está íntimamente relacionado con eso. Es normal que en un momento infeliz queramos viajar a un momento feliz a través de la comida.

Y lo bueno es que este tipo de asociaciones no solo se hacen inconscientemente. También puedes hacerlas de manera consciente con alimentos que te interesen para comerlos en momentos que te interesen o por el mero placer de hacerlo.

Te cuento.

Las emociones pueden asociarse a alimentos de dos maneras.

Y a cuál más potente.

La primera manera es: una emoción muy intensa pero efímera puede crear una asociación también muy intensa y duradera con un alimento quizás casual. Por ejemplo mi croissant en París. Una sola ingesta de este dulce en un estado de euforia absoluta de mis dieciocho en un viaje con mis amigas,  hará que los adore toda una vida. O por ejemplo recuerdo que una noche cuando tenía cinco años tuve pesadillas y desperté muy asustada, en ese momento mi madre me calmo dándome un vaso de agua y una pera madura cortadita. Por eso comer pera a trozos me calma en ciertos momentos también hoy a mis treinta.

La segunda manera es: una emoción de intensidad moderada pero expuesta repetidamente día tras día a un mismo alimento, puede crear también una asociación duradera. Por ejemplo puedes crear un ambiente placentero en tu salón cada mañana unos minutos: una música relajante, temperatura agradable y silencio con un alimento o preparación saludable que te guste. Desayunarás y además estarás creando una asociación: el sentimiento de calma junto con por ejemplo una macedonia tropical. Y en un momento que necesites calma, comer macedonia tropical te aportará calma. Este proceso en psicología se llama anclaje.

Y al hacerlo intencionadamente con alimentos saludables, tendrás la tranquilidad de que también aportará beneficio a tu cuerpo o de que estará alineado y en coherencia con los objetivos concretos que te hayas marcado en referencia a tu alimentación.

ASÍ QUE, POR QUÉ SEGUIR UN RITUAL MATUTINO EN LA MESA DEL SALÓN

Porque reservarás para ti unos minutos dentro de tu posible caos. Como una burbuja de calma y de parar. De parar incluso antes de empezar porque muchas veces ya nos levantamos acelerados. Te priorizarás. Sentirás que tienes un espacio solo para ti y que te valoras. Quizás sea otro momento el adecuado en tu caso. Búscalo.

Porque si lo haces un hábito podrás crear una asociación potente entre por ejemplo entre una pera comida a trozos con un tenedor y una sensación de tranquilidad. Y porque por ello tendrás un recurso creado a consciencia para cuando lo necesites.

Porque te asegurarás desde el inicio del día una dosis de micronutrientes esenciales como vitaminas y minerales.

Y por el mero placer de hacerlo.

PROPUESTA DE DESAYUNOS Y EJEMPLO DE RITUAL.

UNA:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: Se dice de mí. Play.

7.06 De nuevo play.

7.07 Hago BATIDO CON LECHE DE SOJA Y FRESAS.

7.07 Activo los sentidos.

7.17 Me pongo a escribir.

DOS:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube esta melodía a piano del compositor coreano Yiruma: Habitación con vistas. Play.

7.06 De nuevo play.

7. 06 Hago CAFÉ.

7.07 Activo los sentidos.

7.17 Me pongo a escribir.

TRES:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: Por una cabeza. Play.

7.06 De nuevo play.

7.06  Hago BOL CON BASE DE YOGURT BATIDO CON ARÁNDANOS Y POR ENCIMA BAYAS DE GOJI Y COCO RALLADO.

7.12 Activo los sentidos.

7.33 Me pongo a escribir.

CUATRO:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: desde el alma. Play.

7.05 De nuevo play.

7.05 Hago BOCADOS DE DÁTILES CON NUECES DE BRASIL.

7.09 Activo los sentidos.

7.29 Me pongo a escribir.

CINCO:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: To evora. Play.

7.05 De nuevo play.

7.06 Hago TORTITAS DE MAICENA, PLÁTANO, CACAO PURO Y HUEVO.

7.20 Activo los sentidos.

7.40 Me pongo a escribir.

SEIS:

23.01 Dejo la persiana entreabierta. Y me duermo escuchando el audiolibro.

6.50 Me despiertan poco a poco los rayos del sol.

7.02 Busco en YouTube este tango: Cachivache. Play.

7.05 De nuevo play.

7.06 Hago MACEDONIA DE KIWI, PIÑA Y MANGO.

7.10 Activo los sentidos.

7.31 Me pongo a escribir.

Crea el tuyo.

Tu ritual.

Vive el tuyo.

Feliz ritual matutino en la mesa de salón.

Eva.

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Qué es la inteligencia nutricional y por qué ella. En esta extraña primavera. Y siempre.

Se siente la primavera. Aún sea, extraña primavera. Y voy a ofrecerte un tema para que tú, también florezcas: La inteligencia nutricional.

Seguro que has oído hablar sobre la teoría de las inteligencias múltiples. Inteligencia emocional, lingüística, espacial, musical, corporal, existencial, creativa, naturalista, interpersonal, intrapersonal, financiera, colaborativa y lógico-matemática.

Muchas.

Pero a mí me falta la inteligencia nutricional.

Y al igual que todas las demás, puede desarrollarse. Para ello, te hacen falta conocimientos de nutrición y conocimientos sobre ti misma. Esto es porque puedes tener muy claro qué te conviene nutricionalmente pero ser incapaz de llevarlo a cabo si no gestionas bien tus pensamientos o sentimientos. O puedes gestionar muy bien tus pensamientos y sentimientos pero tener la cabeza llena de pájaros en cuanto a temas nutricionales.

Ella porque:

Porque une la razón y la emoción. Y somos ambas.

Significa que une una buena lógica nutricional con una buena gestión emocional.

Porque une cuerpo y mente. Y somos ambas.

Significa que la manera en la que nos alimentamos tiene muchas implicaciones directas e indirectas en nuestro bienestar físico y emocional. Y es una relación bidireccional.

Para mí la inteligencia nutricional es:

Es habituarse a comer dentro de una línea base que nada tiene que ver con dieta o no dieta sino con comer alimentos para los que evolutivamente estás preparada. Que comer manzanas y nueces por defecto es comer de manera coherente a tu naturaleza. Y que comer lo plastificado, no lo es. Aunque ponga un cero y un tanto por ciento.

Sintiendo placer cincuenta continuado mientras tu cuerpo respira a sus anchas. Que deseo que disfrutes mucho comiendo ensalada de espinacas, manzana, nueces y uvas pasas. Y que a tu cuerpo esto le va a sentar de puta madre. Que lo notes. Que notes vitalidad.

Sintiéndote libre a salir y sin perder esa libertad perdiéndote fuera. Salir de ella, de esa línea base, para sentir placer cien fugaz pero sin dejar que se torne a sufrimiento queriendo aferrarte al él, al placer cien inventado y encarnado en creaciones alimentarias difícilmente resistibles, saturando y asfixiando a tu cuerpo. Que te permitas el éxtasis de la explosión de tus papilas dulces, de oler la fresa de adorno y morderla, de tocar con los labios la nata, de oír como cruje el hojaldre caliente, y de grabarlo con la vista en tu memoria. Que te permitas, por supuesto, ese antojo de pastel. Y que notes la resaca. Que notes la llamada de tu adicción. La del azúcar. Y que le digas adiós con el corazón. Que mañana quizás la eches de menos a esa misma hora, pero que te espera en la mesa una ensalada de escarola con avellanas y fresones color violeta que te mueres de placer.

Es comer muchas papayas en Canarias y muchas cerezas en Cáceres. Se llama comer lo de mi tierra, a más no poder. Y no hago referencia a cantidad sino a posibilidad.

Es comer sandia en agosto y naranjas en marzo. Se llama comer la fruta del tiempo.

Es parar y notarte con menos apetito en tu ovulación porque tu química cambia. Que tiene sentido si piensas que en este momento a nivel evolutivo es mejor pensar en sexo que en buscar un árbol lleno de manzanas rojas.

Y es comer ensaladas de espinacas con escarola y avellanas en esa ovulación. Por toda la b9 que te aportan. Por el desarrollo neural si una posible criatura.

Es que tu abuela te diga vente conmigo al corral que hay vitamina. Y que vayas corriendo pensando en la c de naranjas. Pero no, resulta que es la d de sol. Porque un día te escuchó. Ella siempre te escucha. Y tú mueras de amor. Y después comáis lentejas con arroz. Sus lentejas con arroz.

Es tomar limonada en plena siesta de julio. Zumo de limón y agua fría diluidos al cincuenta por ciento. Sin azúcar. Porque el sabor ácido existe. Y las caras de mueca existen. Te refresca. Te despierta de golpe. Porque el sentido hidratante de la limonada desaparece con el azúcar.

Es comprar con la cabeza fría si no quieres comer en tu casa con la cabeza caliente. Porque se calienta.

Es cocina llena de. Y es cocina vacía de.

Es monotonía. Y creatividad. Guisantes. Guisantes. Y más Guisantes. Cuscús con berenjenas y miel. Croquetas de espinacas, piñones y pasas. Y ensalada de brotes verdes con mango y anacardos. No hace falta ser chef.

Es saber que un hábito es tanto más fuerte cuanto menos se cuestiona.

Es pensar. Es cuestionarte esos hábitos que no te aportan.

Es centrarse en los nuevos. Los hábitos nuevos. Para que desplacen los viejos. Que lo nuevo desplace a lo viejo para no centrarse y dar poder a lo viejo. Que si quieres comer mandarinas para merendar prestes atención en llenar tu casa de mandarinas.

Es cambiar la decoración de la cocina para que el nuevo ambiente facilite la adquisición de nuevos hábitos por la desasociación del viejo lugar con los viejos hábitos.

Es sentir hambre. Y saber hambre de qué. Para poder saciarla con lo apropiado.

Es beber agua cuando tengas sed.

Es descansar de noche. Es descansar de comer de noche.

Es comer despacio y comer deprisa.

Es comer consciente e inconsciente. Que el éxtasis provocado por las moras conscientes sería agotador todo el tiempo. Y que los hábitos son inconscientes, que sean los mejores.

Es saber tu motivo. Y recordarlo siempre.

Es saber, hacer y sentir una manera. De alimentarte. Y destaco arte.

La tuya.

Besos,

Eva.

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