Invierno

Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. Te digo cómo superar este patrón. Para florecer.

Tendemos a extremos polarizados por naturaleza. Somos duales. Blanco o negro. Sí o no. Todo o nada. Así que, tranquila. El entre semana como sano a más no poder y el fin de semana como de guarreteo a más no poder es solo una más de estas posturas polarizadas. El no me como ninguna galleta o me como el paquete entero es solo otra de estas posturas polarizadas.

No es nada tuyo personal.

No es nada patológico.

No es nada inmodificable.

No es tu personalidad.

Se puede solucionar.

Se puede suavizar.

Es una tendencia que se puede equilibrar.

Es un hábito que se puede desaprender.

Para superar esta situación de TODO o NADA, hay que entender esto:

La inestabilidad emocional y física está en los extremos. La estabilidad emocional y física se encuentra en los lugares más céntricos pasando solo por momentos por esos extremos para volver de nuevo al centro.

Imagina un equilibrista.

Para permanecer en el centro se balancea de un lado a otro. Toca por momentos los extremos pero no se queda en ellos. Vuelve al centro. Y así indefinidamente.  Ahí está la calma y la paz.

Te contaré ahora mismo cómo superar ese patrón de extremos en esta y otras situaciones referentes a tu alimentación.

PARTE DEL TÍTULO DE ESTE ARTÍCULO ES: ENTRE SEMANA NADA DE NADA Y EL FIN DE SEMANA TODO DE TODO. ES EL PATRÓN QUE MÁS TRABAJAMOS EN LAS SESIONES Y EL QUE DA PROBLEMAS A LA GRAN MAYORÍA DE LAS PERSONAS QUE CONTACTÁIS CONMIGO PARA MEJORAR VUESTRA RELACIÓN CON LA ALIMENTACIÓN. ANALICEMOS ESTA Y LAS OTRAS POSIBILIDADES:

Entre semana nada de nada y el fin de semana todo de todo. La consecuencia psicológica más destacada de seguir este patrón es la ansiedad por comer en general y la ansiedad por comer determinados alimentos en particular. Si te prohíbes ciertos alimentos entre semana que además suelen ser los que más te gustan (por asociaciones emocionales durante toda una vida), el fin de semana los vas a vivir con mucha ansia. Y al final tampoco vas a disfrutarlos. Eso de que te comes lo que no está escrito. Eso de que te lo comes todo indiscriminadamente sin preguntarte si realmente te apetece o no porque sientes que te viene encima la carencia de los próximos días. Imagina que todo eso que te comes con ansia y sin disfrute por exceso de estímulo, lo distribuyeras de manera inteligente durante toda la semana y lo comieras en calma. La consecuencia física más destacada de seguir este patrón es el mono cuando estás en el nada y la resaca cuando estás en el todo. El mono que te hace buscar lo que sea por todos los cajones de la casa como una loca. El mono que te hace autoesconderte los dulces. La resaca de dormir mal, de sentir el calor procedente de los intentos de tu cuerpo por metabolizar en un día la comida de cuatro, la resaca de sentir que la digestión tarda horas y horas en hacerse, la distensión y pesadez abdominal, la sed y el mal cuerpo. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana nada de nada.

Esto es misión imposible.  Esto es ir contra corriente. En el fin de semana es casi imposible el nada de nada porque normalmente es cuando se realizan todas las comidas sociales o especiales. Y en ellas siempre hay de todo. La pizza, las palomitas, el helado. No recomiendo esta opción ya que habría frustración asegurada.

Entre semana nada de nada y el fin de semana nada de nada.

Esto es cuando la cosa se va de madre. Y se vive obsesivamente la alimentación. Cuando se miden los gramos de lo que se come, cuando la pasta y el plátano se prohíben en el día a día. Cuando la tarta del fin de semana tiene que ser healthy o no la comes. No recomiendo esta opción.

Entre semana todo de todo y el fin de semana todo de todo.

Esto es cuando la cosa se va de madre al otro lado del continuo. En el día a día están instaurados los malos hábitos por costumbre. Y el fin de semana ya que más da. O es: que como odio y sufro haciendo dieta solo me que queda comer todo de todo en todo momento para sentirte libre. Y estás siendo más presa que nunca. O es: como haga lo que haga no adelgazo pues como de manera insaludable siempre por mis narices. O es: como el peso me marca cien gramos más esta semana voy a comer bollería diariamente porque para qué privarme de ella para nada. No recomiendo esta opción.

ESTA ES MI PROPUESTA PARA VIVIR LA ALIMENTACIÓN EN EQUILIBRIO:

Entre semana algo de todo y algo de nada; y el fin de semana algo de nada y algo de todo.

Imagina que entre semana un miércoles tarde-noche surja un batido de chocolate con una bamba de nata. Y que sea tu merienda cena. Y que lo disfrutes en paz. Y que entre semana mañana jueves sea otro día. Sin culpa. Sin pensamiento a la mierda todo el lunes empiezo. Que el jueves sea un día de rutina disfrutona y sana a la vez. Y el viernes. Imagina que el domingo tengas el todo de una comida familiar y que también tengas el nada de un café solo en el desayuno y de una manzanilla en la cena. Para dar espacio y descanso a tu cuerpo. Recomiendo esta opción.

Entendiendo nada de nada como lo sano o supuestamente de dieta.

Entendiendo todo de todo como lo insano o supuestamente lo rico”.

Creo que lo habías entendido así, pero para que quede claro.

EJERCICIOS PRÁCTICOS PARA QUE ROMPAS EL PATRÓN TODO O NADA Y EMPIECES A EQUILIBRARTE DESDE YA:

Para empezar a integrar algo de todo entre semana, piensa: ¿Cuál es la comida u alimento que estás deseando comer cuando llega el fin de semana? Imagina que es el bizcocho que acaba siendo desayuno, postre de comida, picoteo de la tarde y recena a las tantas. Del sábado. Y del domingo. Está claro que vives con ansia ese alimento porque es ahora o nada hasta el siguiente fin de semana. Pues haz un bizcocho para la semana. Córtalo en siete trozos. Y tómate uno tranquilamente cada tarde con un café.

Para empezar a integrar el algo de nada entre semana hay que establecer una rutina saludable con la que disfrutes. Una línea base de tu alimentación con la que estés feliz, de la que no esperes nada a cambio y con la que no te sientas en continuo castigo y sufrimiento deseando que llegue el fin de semana para salir de ella. Esta línea base es tu casa, tienes que tener una casa acogedora en la que te sientas cómoda. Imagina estar pensando siempre en ir de vacaciones a un hotel porque no soportas vivir en tu casa. Sería un drama. Aunque te encante ir de vacaciones al hotel. Quiero que te sientas cómoda con tu alimentación del día a día. Que no estés pensando siempre en la hamburguesa del fin de semana. Aunque te encante comer la hamburguesa del fin de semana. Busca opciones sanas para esta semana, pero que a la vez te encanten y se adapten a tu situación personal. Puede parecer extravagante, pero si no tienes tiempo material en tu día a día para comer a las 14.00 puedes tomarte un plátano rápidamente cada día a esa hora y cuando llegues a las 17.00 a casa tomarte un sándwich de canónigos con piña y atún. O de queso fresco con berenjenas a la plancha y miel. O de tortilla francesa con rodajas de zanahoria. Y así cada uno de tus días. No puedes comerte unas lentejas conduciendo. Pero hay cosas que puedes hacer, aunque no sean lo “normal”. Puedes crear tu propia normalidad y puede ser sana, rica y adaptada a ti.

Para empezar a integrar el algo de nada el fin de semana. Hay que establecer relaciones positivas con alimentos y preparaciones culinarias sanas. Elige una ensalada de cuatro o seis ingredientes y sírvetela el sábado noche en el salón con velas y música instrumental. Sola. O en compañía. No se acaba el mundo por esto. Se abre otro mundo por esto. No se acaba el mundo por no cenar pizza el sábado por la noche. Además la pizza puede comerse cualquier otro día. Se trata de acabar con la rigidez mental y con la visión efecto túnel que se tiene en cuanto a la alimentación. Se trata de asociar momentos y días especiales con alimentos y preparaciones sanas.

Para empezar a integrar el algo de todo el fin de semana. Imagina que en la web que compras tus vestidos favoritos hubiese cuatro que te encantan y que pusiera últimas unidades para agotarse, nunca más podrás encontrar unos vestidos tan bonitos como estos. Te hubieses comprado los cuatro del tirón. Imagina que en el café del domingo hubiese tus cuatro pasteles favoritos y que por tu mente pasara el pensamiento últimas unidades para agotar tu permiso de comer lo que te dé la gana del fin de semana. Te hubiese comido los cuatro sin pensarlo. Imagina que tuvieses todo el tiempo del mundo para comprar esos vestidos o para comer esos pasteles. Te hubieses comprado un en marzo, otro en abril, otro en mayo y otro en junio. Te hubieses comido uno este fin de semana, otro el siguiente, otro el siguiente y otro el siguiente. Se crea la necesidad de urgencia por la carencia. Prueba a comer solo uno de tus pasteles favoritos en el café del domingo. O prueba a comer solo uno de lo que sea tu favorito. Elige. No lo comas todo de manera indiscriminada porque es el único momento en el que puedas comerlo todo. Pregúntate cuál es el pastel que realmente te apetece en ese momento. Porque habrá muchos más momentos y podrás elegir otras pasteles. Y eso, da mucha tranquilidad mental.

OTRAS SITUACIONES DE EXTREMOS REFERENTES A LA ALIMENTACIÓN MUY MUY COMUNES Y CÓMO EQUILIBRARTE EN ELLAS:

O no como ninguna galleta o si me como una me acabo con el paquete entero. Como abra la veda no la cierro. ¿Y eso por qué es? Pues porque quiero y deseo comer un par de galletas con el café pero no puedo y no debo porque así voy a engordar o no voy a adelgazar. Pero el deseo te puede y te comes una. Pero solo una. Y luego otra. Pero que débil has sido y que mal lo has hecho. Te sientes culpable y avergonzada y ya que lo he hecho mal voy a hacerlo mal del todo. Y no te va engordar ni dejar adelgazar comerte un par de galletas al día, lo que te va engordar y no dejar adelgazar es este círculo vicioso mental y conductual que te hace comerte un paquete de galletas cada día. Así que, sal de él. Permítete comer un par de galletas cada día y experimenta que es posible no engordar haciéndolo. Incluso, se puede adelgazar comiendo un par de galletas cada día. Si realmente, es lo que quieres.

O me privo de pan o si como un bocado ya me atiborro de pan. Quizás no siempre quieras comer pan. La libertad está en a veces decidir comer pan y a veces decidir no comerlo. Si te permitieras comer una tosta o un sándwich para cenar y regatearas la creencia hidratos por la noche no, te ahorrarías comer mucho pan simplemente por ansia de pan. Comerías mucho menos cuando realmente no quieres pero lo haces presa del ansia de no poder hacerlo cuando realmente quieres.

O como sanísimo y hasta la tarta tiene que ser healthy o si como un trozo de tarta de cumpleaños con nata un miércoles ya de perdidos al río y como mal no, lo siguiente. Ya el lunes empiezo. Esto se trabaja con el ejercicio que te he propuesto antes del integrar algo de todo entre semana.

O como sano todo el día entero o si como coma un trozo de chocolate después de comer a la mierda la dieta y ceno mucho y mal porque mañana empiezo. Come un trozo de chocolate después de comer cada día. Es perfecto. Fin.

O como todo lo más light en una comido social o si me como una croqueta ya que más da porque lo he hecho mal y me acabo comiendo hasta la comida de los demás y dos postres. Esto se terminaría si todas las cosas que te gustan de esas comidas supieras integrarlas de manera inteligente durante todo el mes y pudieras disfrutarlo todo poco a poco. De hecho, puedes. Las croquetas puedes integrarlas entre semana si tanto te gustan.

LA ANSIEDAD POR LA COMIDA SE CREA POR LA CARENCIA AUTOIMPUESTA. AL DESAPARECER LA CARENCIA DESAPARECE EL ANSIA.

Te deseo equilibrio.

Busca tu equilibrio.

Atentamente,

Eva.

Read more...

Ejemplos de comer emocional que te hacen bien o que te hacen mal. Para que los uses o desuses. Y respires.

Últimamente se está hablando mucho de comer emocional. Para mi gusto, sin claridad y con cierta connotación negativa. Es por ello que he querido escribir este artículo. Quiero aclarártelo todo sobre este tema y no veo mejor forma de hacerlo que usando ejemplos muy comunes que seguro te han pasado.

Las emociones están íntimamente ligadas a nuestra alimentación siempre. Recuerda por ejemplo la felicidad que sientes cuando comes después de llevar horas sin hacerlo. Pero si las emociones se convierten en protagonistas dejando en un segundo plano la necesidad fisiológica de comer, considéralo comer emocional.

Comer emocional es esa ingesta de alimentos que haces cuando no tienes hambre de estómago. Comer sin que te suenen las tripas. Comemos emocionalmente para satisfacer emociones, no para satisfacer hambre física. Es una necesidad de la mente, no del cuerpo; emocional, no física. Podemos haber comido y seguir querer comiendo. O querer comer dulce tras media hora de la ingesta principal. O tirarnos toda la tarde picoteando.

En primer lugar me gustaría decir que el comer emocional no siempre es negativo. Por eso voy a distinguir entre:

-Comer emocional positivo: Cuando tiene consecuencias positivas tanto mentales como físicas. Cuando te hace bien.

-Comer emocional negativo: Cuando tiene consecuencias negativas tanto mentales como físicas. Cuando te hace mal.

A su vez, tanto el comer emocional positivo como el negativo, puede ser impulsado por emociones positivas como el amor, el placer o la alegría; o puede ser impulsado por emociones negativas como tristeza, cansancio o el estar convaleciente. Y a su vez, tanto el comer emocional positivo como el negativo por emociones positivas o negativas, puede ser satisfecho con alimentos positivos como una crema de calabaza o alimentos negativos como un magnum con grasa de palma. Y que sea cubierta con un alimento negativo no quiere decir que no pueda ser un comer emocional positivo, esto depende de factores como la frecuencia o la cantidad; es más, debes permitirte este tipo de comer emocional con alimentos negativos para que el deseo y ansiedad por ellos no se vean aumentados. Aunque si creamos asociaciones emocionales con alimentos positivos mucho mejor ya que esa frecuencia podría aumentarse considerablemente y estaríamos cubriendo al mismo tiempo necesidades mentales y necesidades nutricionales. Entiende alimento positivo como el que aporta nutrientes interesantes a tu cuerpo y alimento negativo el que no lo hace, sin más. De la misma manera satisfacer el hambre emocional a través de un alimento positivo no lo convierte en un comer emocional positivo; puede ser un comer emocional negativo si saturamos a nuestro cuerpo de ese alimento positivo. Lo entenderás mucho mejor con los siguientes ejemplos.

Así que, ahora sí, te doy esos ejemplos:

De comer emocional positivo por emociones negativas con un alimento positivo. Es cuando en un postoperatorio te dedicas o te dedican tiempo y te haces o hacen un zumo de naranja natural cada mañana. O es cuando estás malita con fiebre y lo único que te apetece es la sopa caliente de calabaza que prepara tu madre o la persona que te está mimando; también puede ser esa sopa caliente de calabaza que te preparas tu misma para sentirte cuidada porque es la misma que te hacía tu madre de pequeña cuando estabas enferma. O también es cuando te apetece cenar de capricho porque te siente débil o dolorida por la regla y te preparas una fondue de plátano con chocolate negro fundido. O también es cuando has tenido un duro día de trabajo y para relajarte meriendas un yogurt con miel. O también es cuando te haces las lentejas con arroz de tu abuela porque echas de menos comer con ella y quieres sentir la alegría que sentías en ese momento.

De comer emocional positivo por emociones negativas con un alimento negativo.

Es cuando te preparas el bizcocho que hacía tu madre hace años porque sientes nostalgia por esos años. Y lo desayunas. Y cenas. O es cuando te comes una pizza con tu amiga para empatizar con ella porque está triste pensando en todos sus problemas pero la pizza no es lo tuyo.

De comer emocional positivo por emociones positivas con un alimento positivo.

Es cuando tu novio te prepara tortitas de avena para desayunar para celebrar el lunes. Y café recién hecho.

De comer emocional positivo por emociones positivas con un alimento negativo.

Es cuando tienes un antojo de magnum almendrado porque lo ves en un anuncio de la tele. Vas te lo compras y te lo comes porque sí, por el mero placer de hacerlo. Y disfrutas cada bocado. Es comer emocional positivo, aunque se satisfaga con un alimento negativo. Un antojo solo se convierte en negativo cuando pasa a ser una rutina, costumbre o hábito. Para que no ocurra eso es mejor no comer siempre el mismo antojo en el mismo momento del día y en el mismo lugar. Y es mejor no ver la tele en verano por la noche. Es broma. O no. O es cuando haces una tarta para tu cumple con una tonelada de azúcar, y soplas las velas feliz encima de ella. Y te comes el trozo que te da la gana. O es cuando tu abuela te prepara arroz con leche con otra tonelada de azúcar y te lo comes en un cuenco de barro junto a ella que se lo está comiendo en otro cuenco de barro.

De comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento positivo. Es cuando tienes ansiedad por la tarde o por la noche y te comes una manzana; sigues queriendo comer y te comes un plátano; sigues queriendo comer y te comes unas almendras; sigues queriendo comer y te comes un yogurt; sigues queriendo comer y te comes una onza de chocolate negro; sigues queriendo comer y te comer una onza de chocolate negro; Y sigues queriendo comer y te comes la tableta entera de chocolate negro. Y te sientes tan inflada y mal que ya te pones a pensar en lo de perdidos al río y te cenas una pizza; pasando así de comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento positivo a comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento negativo. Y es para tu cuerpo como si tuvieras que hacer el trabajo de una semana en un día. Abrumador, agotador, desgarrador. Si lo que querías era chocolate negro y cantidad de chocolate negro, te hubieses comido tranquilamente la tableta entera de chocolate negro del tirón. Y si estuvieras tranquila por ello, sin culpa, estoy segura que ni cenarías porque escucharías las señales de tu cuerpo que te indican que estás llena. Le hubieses ahorrado a tu cuerpo la manzana, el plátano, las almendras y el yogurt. Que son alimentos positivos, pero no así. También le hubieses ahorrado la pizza. Qué sí, pero no así.

De comer emocional negativo por emociones negativas con un alimento negativo. Es cuando estás en casa tarde a tarde aburrida como una ostra y comes por hacer algo, como estímulo. Hora a hora. Que si un cola-cao. Que si una galleta. Que si un café con un bollo. Que si unas pipas. Que si un sándwich de mortadela con aceitunas. Para evitar el vacío existencial. Es cuando comes por coraje y enfado de que otros comen todo lo que quieren y no engordan pues yo también me lo voy a comer porque qué injusticia. Ración doble. Revelándote contra el mundo. Es cuando pasas la noche viendo una peli dramática con un bote de helado y te lo comes de cabo a rabo hasta terminarlo para intentar olvidar a tu ex. En plan americanada. Si lo haces un día es perfecto, pero si no lloras ni gritas tu duelo y te tiras tres meses así hasta enlazarlo con una nueva relación, tendrás un nuevo novio con heridas sin cerrar que probablemente afecten negativamente al romance. Es cuando comes muchos dulces porque estás estresada por un examen o por querer hacer más de lo que puedes. Para sobrellevarlo como puedes. Para sobrellevar la incertidumbre, la frustración, la sobredosis de pequeñas cosas que nos superan. Hay gente que me dice, yo cuando tengo problemas me da por comer. A otra gente le da por no comer. Lo que ocurre es que esto no ocurre desde la misma emoción. El dejar de comer ocurre desde el miedo o desde el pánico. Cuando hay algo grave cerca o encima. No es lo mismo. Yo he experimentado ambos. El comer por un tipo de ansiedad y el dejar de comer por otro tipo de ansiedad. Quiero que las diferencies. Puedes sentir las dos en diferentes momentos. No es que a una persona le da por comer con los problemas y a otra le da por no comer. Una es comer emocional desde la sobredosis de las pequeñas cosas y otras es dejar de comer emocional desde el miedo intenso por nudo en la garganta o en el estómago.

De comer emocional negativo por emociones positivas con un alimento positivo. Es cuando comes algo por compromiso por agradar y no herir al otro. Por empatía. Cuando aceptas comer una empanada de berenjena pero no te gusta la berenjena. Y te sienta mal.

De comer emocional negativo por emociones positivas con un alimento negativo. Es cuando en una comida social pierdes la noción del tiempo y de la comida. Con la euforia del momento comes sin saber lo que comes. La euforia, gran alegría o subidón del momento nubla la razón de me conviene o no me conviene no comer esto y comes todo lo que encuentras sin más. Y luego cuando llegas a casa te echas las manos a la cabeza.

Las cuatro primeras, te hacen bien.

Usa las que te hacen bien.

Desusa las que te hacen mal.

Y respira.

Atentamente,

Eva.

Read more...

Motivos para dejar atrás el típico: “Quiero adelgazar para quererme”. Y abrazarte ahora para luego todo.

El amor propio es un amor que se forja desde bebés. La autoestima se va construyendo en función del amor y palabras que vamos recibiendo durante toda la vida. Mensajes verbales o no verbales que nos van calando y según los cuales aprendemos a sentirnos personas válidas o no válidas. Según como nos dicen que somos. Según el trato que recibimos.

Y si al final pasan los años y te encuentras sufriendo porque no te quieres, tienes que pararte a pensar fríamente una cosa. Quizás, lo que crees que eres y vales, no tiene nada que ver contigo sino con lo que absorbiste de manera inconsciente. No tiene nada que ver contigo, sino con la sociedad y personas a través de las que aprendiste a no quererte. El problema no es tuyo. Bueno es tuyo hasta que te das cuentas de esto y empiezas a tomarte las cosas de manera no personal. Y empiezas a construir el yo que deseas y la vida que deseas libre de todo lo que creías que eras y que valías. Porque eso no era tuyo.

La premisa básica es que vales. Es que el amor propio no es negociable ni cuestionable. Seas como seas vales y punto. Aquí no hay más razones.

Cuando en la primera sesión pregunto: Cuéntame qué te ocurre o en qué puedo ayudarte, muchas personas me dicen Quiero adelgazar para quererme. Y es normal pensar así recibiendo el tipo de mensajes que recibimos. Aprendemos a pensar así, pero podemos aprender a pensar de otra manera. Por nuestro bienestar.

Hay que darle la vuelta al quiero adelgazar para quererme. Por eso escribo este artículo. Y pienso esto por experiencia personal y por muchísimas experiencias que otras personas han compartido conmigo en los más de diez años que llevo trabajando en esto.  

Mi propuesta es: Cultivar tu autoestima y quererte seas como seas en este momento y desde ahí comer alimentos que beneficien a tu cuerpo porque simplemente cuidas lo que quieres, y permitiéndote algún capricho porque eso también es cuidarse. De ese modo llegarás a tu peso natural de manera lateral. Mi propuesta es aprender a disfrutar de los alimentos de temporada, aprender a comer comida sana para cuidar tu intestino, tu sistema inmunitario, tu ciclo menstrual. Nada que ver con la restricción. Mi propuesta es aprender a comer sin ansia y tranquila. Mi propuesta es que no te comas las emociones sino que las sientas. Sentir las emociones es cuidarse. Nada que ver con adelgazar, aunque eso pueda ser una consecuencia. Mi propuesta sería cultivar tu autoestima sobre todo cuando no la tienes y cuidarla cuando la tienes. Porque lo que no se cuida se pierde. Mi propuesta es abrazarte para luego todo. Adelgazar o no. Y ser feliz en cada una de las posibilidades. Mi propuesta es comer para cuidarse y no para adelgazar. Aunque el acto sea el mismo, no se hace desde el mismo lugar. Y el cuerpo y la mente lo saben. Comer una naranja para que me aporte vitamina c y fortalezca el sistema inmune desde la elección no es lo mismo que comer una naranja antes de comer para luego comer menos porque quiero adelgazar desde la imposición. Qué diferente hubiera sido si desde pequeñas hubiéramos tenido una educación nutricional de este alimento es bueno para esto y para esto otro en lugar de este alimento engorda y este adelgaza. Es un cambio de perspectiva. Cambiar el centro. Cambiar el foco. Salud no es bajar peso a toda costa comiendo desde el odio y estando en guerra con una misma.

Pero, por qué motivos pienso que hay que darle la vuelta al «quiero adelgazar para quererme»:

Motivo 1. Si ahora que pesas dos, tres, diez o veinte kilos supuestamente de más no te das el valor que mereces y te lo das luego, ese amor propio será un amor dependiente. Tu amor propio dependerá de un determinado peso o de una determinada forma y eso es algo que probablemente no será constante. Es un amor insostenible.  E inalcanzable. La vida es cambio continuo. Y la perfección humana no existe. Si solo te quieres con un determinado peso y perfecta será un amor propio dependiente de esa condición. Perderías tu libertad.

Motivo 2. Si ahora que pesas 79 no te quieres, tampoco lo harás con 70 porque querrás 69. Se llama insatisfacción crónica. Y al final cuando llegues a 69 como rechazas por completo la posibilidad de pesar 79 y te desprecias en ella, el miedo a volver al punto de partida no te dejará tranquila y hará que vivas  tu alimentación con ansiedad. Y el vivir tu alimentación con ansiedad aumentará significativamente la probabilidad de engordar de nuevo.

Motivo 3. Hay muchas personas que llegan pensando que si bajan de peso se le solucionarán todos los problemas. Y no las culpo por ello porque vivimos en un entorno que en cierta medida nos transmite que la culpa de todos nuestros males es que estas gorda y no ser perfectas. Hace poco ha coincidido que me han llegado dos personas diciendo quiero adelgazar para quererme, pero lo que había detrás es quiero adelgazar porque tengo miedo de que mi novio me deje por otra más delgada o perfecta. Crees que este problema de confianza, de celos y de autoestima desaparecería cuando estas chicas adelgazaran los cinco una y los quince otra kilos que querían. Pues no. No desaparecería. Porque el problema no es el peso, el problema son otras cosas. Y estamos trabajando estas otras cosas.

Motivo 4. Si tuvieras una herida en la rodilla no dirías: Ya cuando tenga la herida curada, el mes que viene, mantengo reposo y me la desinfecto con alcohol. Si hicieras eso, no se curaría. Empeoraría. Es tan absurdo como ya cuando esté perfecta me quiero. El amor lo necesitas ahora, no luego.

Motivo 5. Cuando tú amiga está pasando por un mal momento, no la dejas en la estacada y le dices: Y a mí que me cuentas, ya cuando estés bien me llamas y nos divertimos. Le dices: venga hacemos una videollamada ahora mismo lloramos juntas hasta cansarnos y luego recordamos viejos tiempos y reímos juntas hasta cansarnos. Lo que te estás diciendo a ti misma con quiero adelgazar para quererme es ¡Y a mí que me cuentas! Yo no querría una amiga como esa. Quiero una que me apoye en los malos momentos y no me deje tirada.

Motivo 6. Es fácil que te quieran con un vestidazo, unos taconazos y en una primera cita. Y mostrando solo de ti lo bueno. Pero no es fácil encontrar a alguien que esté dispuesto a amarte incondicionalmente. Al que le gusten tus luces y tus sombras. El que te quiera tal como eres y sin querer cambiar nada de ti. Lo primero de mostrar solo lo bueno de las primeras citas es insostenible. ¿Crees que una relación para toda la vida como la que tendrás contigo misma puede sostenerse mostrando y aceptando solo tu mejor cara como si de una primera cita se tratase? Pues no. Pues justo eso significa decir quiero adelgazar para quererme. Es negar una parte de ti, quedarte contigo solo en la primera cita. Y estarás contigo toda tu vida. A pesar de todo te querré siempre con locura. Eso es lo queremos, ¿no?. Pues eso es lo que tienes que darte tu primero.

Motivo 7. Si eres madre, piensa por unos momentos cómo es el amor que procesas a tu hijo. De una locura infinita. Cuando están malitos los mimas, los cuidas y les das mucho amor hasta que se curan. Y luego cuando están buenos, se los sigues dando. No dices ya cuando sea el hijo perfecto lo quiero. Lo quieres con locura aunque lleve una semana sin dejarte dormir por la noche porque se despierta malito con fiebre. Lo mismo con tu autoestima, cuando la tienes dañada es cuando más cuidados necesitas. No luego. Bueno, luego también. Comer sano para tu cuerpo y tu mente puede ser uno de estos cuidados, pero no desde me restrinjo y desde la condición de si adelgazo entonces me quiero; sino desde me quiero y valoro con todos mis defectos y virtudes, por eso como alimentos que hacen bien a mi cuerpo y me doy caprichos que hacen bien a mi mente. Es un cambio de perspectiva que marca la diferencia. Es un detalle sutil que marca la diferencia.

Motivo 8. Te mereces un amor incondicional, no un amor de conveniencia. Un amor de conveniencia es cuando adelgace me querré. Este amor pone requisitos. Y a la mierda todo si no se cumple. Voy a comer bien pero a cambio tu tienes que adelgazar. Es el requisito que le pongo a mi cuerpo, que me pongo a mí. Y a la mierda todo si no se cumple. Un amor incondicional es cuando pese a todo, sea lo que sea, me querré. Porque sí. No hay más razones aquí. El amor propio no es negociable. Ni contigo. Ni con nadie. Ni con la sociedad. Un amor incondicional es aunque crea que físicamente esté en mi peor momento me quiero, me valoro y me respeto porque soy mucho más que eso.

La única manera de tener una autoestima sólida es no abandonarse a una misma en los momentos malos. Porque vendrán momentos malos. Y tendrás que sostenerte. Y en lugar de comernos a dulces esos momentos malos, tenemos que abrazarnos. Y después del abrazo sin necesidad me comeré el dulce por libertad. Y en lugar de castigarnos a yogurt desnatado y edulcorado para pesar menos y querernos, nos cuidaremos a yogurt entero con almendras ya queriéndonos.

Para empezar a quererte lo primero es no decirte quiero adelgazar para quererme. Porque te lo vas a creer. Y también te creerás que cuanto adelgaces vas a quererte. Pero no. Lo segundo para empezar a quererte es empezar a hacer acciones que lo demuestren con un diálogo que lo demuestre. Comer sano para adelgazar porque no te quieres es comer desde el odio. Comer sano para cuidar tu cuerpo y tu mente sin exigirles nada a cambio es comer desde el amor. Y en comer sano también incluyo caprichos, antojos o comer emocional de tarta siete chocolates o de pan con salchichón. Y la mente se relaja. Y el cuerpo te dará. Te lo agradecerá. Y la mente te dará. Te lo agradecerá.

Así que cierra los ojos y cásate contigo misma: Prometo serme fiel, amarme, cuidarme y respetarme, en lo bueno y en lo malo, en la foto buena y en la foto mala, en pijama sin peinara y en vestido con rímel, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

Y después de todo esto, quiero que te quedes con algo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y el autorretrato que he elegido como imagen para este artículo lo dice todo. Para que lo recuerdes siempre. Abrazarse a una misma en el frío invierno. Con lluvia. Con viento. En soledad. Bien enraizada y permaneciendo en el centro sabiendo que la primavera llegará.

No te abandones cuando más lo necesitas.

Te recuerdo que puedes escribirme a: quieroseringenierademivida.com para que trabajemos juntas tu autoestima y que dejes atrás para siempre el quiero adelgazar para quererme más.

Atentamente,

Eva.

Read more...

Entiende cómo te comportas con la comida entendiendo a tu cerebro racional y emocional. Eres dos.

Para que entiendas algunas de las cosas que te pasan relacionadas con tu alimentación, voy a explicarte cómo funciona tu cerebro.

Estoy segura que reconoces estas cuatro situaciones:

SITUACIÓN A. Cuando tienes un cajón en la cocina lleno de cereales de chocolate para los niños, de los bollos para tu marido y de galletas de mantequilla para los invitados; pero te lo acabas comiendo tú cuando nadie te ve o cuando todos están acostados.

SITUACIÓN B. Cuando compras bombones de chocolate a finales octubre convencida de que los mantendrás guardados e intactos hasta la segunda quincena de diciembre; pero cada noche vas al lugar dónde los tenías escondidos y te comes uno llegando a mediados de noviembre sin ninguno.

SITUACIÓN C. Cuando dices y planificas comer ensalada todas las noches o no saltarte la dieta en el cumpleaños del viernes pero acabas haciendo todo lo contrario. Comes cada noche lo primero que pillas y te comes dos buenos trozos de tarta más cuatro bocadillos de paté el viernes.

SITUACIÓN D. Cuando haces la lista de la compra en casa con tus frutas, verduras, legumbres, tal y cual saludable; pero llegas a caja con el carrito lleno de dulces, snacks y todo lo demás.

Todo esto es muy contradictorio, ¿no? ¿Por qué actuamos de esta manera? Puede parecer que existiesen dentro de nosotros dos fuerzas opuestas. O también puede parecer que hubiese dos yoes dentro de nosotros. Pues bien, te voy a desvelar la cuestión.

Reduciendo mucho podríamos decir que nuestro cerebro se divide en dos: Uno mucho más arcaico evolutivamente, más impulsivo, emocional e instintivo. LA EMOCIÓN. Y el otro que es la corteza cerebral, nuestros pensamientos, planes, motivos, lo que queremos o debemos. LA RAZÓN. Cuando el sistema emocional está muy activado, desactiva el sistema racional. Por ejemplo, cuando estamos enfadados podemos decir cosas que en frío no se nos ocurriría decir. Cuando estamos enfadados el sistema racional está inactivo. Cuando la emoción pierde fuerza, la razón va cogiendo el mando de la situación y es entonces cuando piensas: ¡Pero que he dicho o hecho! Una emoción es como una gran ola: llega alta y con fuerza pero se va. Lo más inteligente emocionalmente, sería aprender a reconocer cuando estás enfadada y dejar pasar un tiempo para poder hablar las cosas con claridad.

Después de este breve resumen, tiene sentido decir que esas dos fuerzas opuestas son la razón y la emoción; y que esas dos personalidades que no se reconocen la una a la otra son tu yo racional y tu yo emocional.

Voy a darte posibles soluciones para que, sabiendo esto, gestiones las cuatro situaciones de las que te hablé al inicio de este artículo. Son propuestas inteligentes emocionalmente e inteligentes nutricionalmente.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN A.

Por el día es fácil decir que no porque la parte racional de tu cerebro tiene la batería totalmente cargada. Así que puedes decir que no a las galletas de chocolate de los niños y a los bollos de tu marido. Incluso por la tarde. Pero por la noche la batería de tu cerebro racional está agotada y será tu cerebro emocional el que decida y te impulse a comerlo. Por ejemplo puedes pensar: es injusto que ellos lo coman y yo no, voy a comerlo. O puede pensar: después del día tan duro que llevo me lo merezco. En ambos casos estaría actuando tu cerebro emocional.

Te contaré algo antes de darte la solución. Existe un experimento donde ponían a varios niños delante de un dulce y les decían que si esperaban un rato hasta nueva orden les darían más dulces. Con esto, querían comprobar que estrategias de gestión utilizaban para aguantar y si elegían una recompensa mayor pero no inmediata o una recompensa menor pero inmediata. La mayoría no aguantó y se lo comió, pero los que aguantaron lo consiguieron mirando para otro lado o tapándose los ojos. De este experimento, lo que podemos concluir es que es mucho más potente una recompensa pequeña pero inmediata que una grande pero a largo plazo. Es más probable que te comas el dulce que tienes delante a que le digas que no para tener la recompensa de adelgazar pasado un tiempo. También podemos concluir que lo que mejor funciona es no tenerlo a la vista, aunque con cierto esfuerzo porque sabían que estaba ahí.

Te propondría no tener estos productos de galletas y bollos como hábito para nadie. Pero como ya me sé las respuestas más frecuentes: es que no quiero privar a los niños de ese placer (flaco favor) o mi pareja quiere seguir haciéndolo y no le puedo obligar a no tenerlo porque también es su casa, te voy a dar otra solución: Ten un cajón para cada uno. Así no tendrás a la vista las cosas que ellos comen. Cada uno tiene como costumbre abrir su cajón y solo ve sus cosas. Y en el tuyo puedes tener visibles alternativas que te interesen.

Otra solución es coger un hábito que te guste y que no dé espacio ni lugar a pensar en estos productos. Pero para que sea eficaz, repito, tiene que gustarte y tiene que ser un hábito. Por ejemplo, imagina que te reservas ese hueco para comerte una cuajada de chocolate y que lo haces cada noche sin pensarlo, disfrutándolo y sin poder pensar en otra cosa porque ya no tienes tiempo material. Llega la hora de irse a la cama.

Si quieres leer más sobre la necesidad de comer antes de acostarte, te recomiendo leer el artículo que escribí en febrero: Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN B.

Aunque tú no te vayas a la cama hasta las 24.00 de la noche, tu cerebro racional se ha ido ya a dormir a las 22.00. Por eso, en ese momento eres tan vulnerable a las tentaciones de chocolate que pueda haber por casa. Entonces, anticipar esto. Si se te antoja un turrón porque hace mucho que no lo comes, compra un turrón y decide gastarlo en un par de días. Saciarás tu deseo y te quedarás tranquila. Te recomiendo que comas un buen trozo para no quedarte con las ganas. Y te recomiendo que no sea más de dos días seguidos a la misma hora para no crear un hábito. Y después de esto, seguro que te olvidarás hasta comprar lo justo unos días antes de navidad. Otra opción es tener una caja de bombones pero cerrada, pues solo la barrera de tener que abrirla te contendrá para reservarla. Aunque para qué tener que contenerte si puedes no tenerlo en casa y tener la mente en calma. Otra opción es irse a dormir a las 22.00. Otra opción es no ver la tele, los anuncios a esa hora te bombardean a dulces y es normal que te entren ganas. Y otra opción es desarrollar una actividad emocional aprovechando que es un momento en el que tu cerebro emocional está en su apogeo. Por ejemplo crear arte pintando una lámina con acuarelas en la que los colores y formas expresen cómo te sientes. O por ejemplo crear un espacio de calidad para expresar tus emociones mediante conversaciones con otra persona. Sacar partido de alguna manera a ese potencial emocional que aflora en ese momento del día, en lugar de demonizarlo y luchar contra él.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN C.

Cuando menos dejes para pensar por la noche mejor. Por todo lo que te he contado anteriormente, ya sabes que por la noche ya no pensamos racionalmente con claridad. Las decisiones racionales se toman antes. Hay que anticiparse a ese momento y ponérselo fácil.

Como dejes la decisión para última hora teniendo delante la opción de una pizza lista para calentar o tener que cocinar una crema de verduras, eliges fijo primera. Si quieres tomar crema de verdura por la noche, tenla hecha y a la vista. Y no tengas disponible lo que no quieras hacer.

Ten brotes verdes listos para usar en lugar de una lechuga entera para tener que enredarte a lavarla y trocearla. Y ten cuatro recetas de ensaladas que te encanten anotadas en la nevera para tener claridad.

Automatiza, deja tomadas las decisiones y póntelo fácil.

En cuanto al tema del cumpleaños, lee atenta lo que voy a decirte. Sáltate la dieta, pero sáltatela sin ansia porque no será la última vez que te la saltes. Hacer las cosas como si fuera la última vez hace que las vivamos con ansia y no las disfrutemos. Si te preguntas qué es lo que te apetece justo en el cumpleaños y sabiendo qué habrá otras muchas ocasiones, comerás un trozo de tarta y ni si quieras comerás los bocadillos de paté porque tú eres más de dulce que de salado. O viceversa. Pero al pensar ahora o nunca porque el lunes empiezo o porque ya que la he liado toda la semana sin cenar verdura de perdidos al río ya empiezo la semana que viene, comerás el doble o el triple. Así que relájate y disfruta. Comer socialmente es una manera de relacionarse y de empatizar con los demás. No te lo niegues. Pero no comas sin criterio, elige lo que realmente quieras en ese momento y te merezca la pena. Y no comas por compromiso, comunica asertivamente lo que no quieres.

Si quieres leer más sobre cómo gestionar comidas sociales, puedes pinchar en el siguiente artículo que escribí hace unos meses: 4 tips para comer en esa boda, en esas vacaciones y esa cena.

SOLUCIONES PARA SITUACIÓN D.

Lo que pasa es que haces la lista de la compra con un cerebro y compras con otro. Haces la lista de la compra con tu cerebro racional y cuando vas al supermercado, a no ser que lleves las cosas muy claras, los estímulos allí presentes hacen que tu cerebro emocional coja el mando y compres cosas que no estaban en la lista. Que si cojo esto porque me lo merezco; que si esto porque que injusto que otros lo coman y no engorden; que si esto porque es placer adulto; que si esto porque es integral, sin azúcar y cero por cien materia grasa (y eso para tu inconsciente es sinónimo de adelgazar o salud). La clave está en los estímulos. Son los estímulos los que hacen coger el mando a tu cerebro emocional, así que la solución es evitar esos estímulos. Ponen los productos que quieren que compres estratégicamente en el pasillo de paso obligado hasta la zona de las frutas; y los ponen en la balda de la estantería que coincide con la altura de tus ojos; y por si fuera poco y si venciste todas las tentaciones anteriores, tienen una última oportunidad de convencerte justo con lo que te ofrecen justo delante de la caja registradora. Por tanto, una solución es comprar por internet haciendo caso omiso a todos los anuncios que te salen, otra solución es comprar en el mercadillo y otra solución es taparse los ojos hasta llegar al fondo de Carrefour que es dónde se encuentran las secciones de alimentos naturales.

Otras dos opciones son: Una que compres primero todo lo planificado y luego conscientemente te permitas comprar algún capricho emocionalmente sin que esto supere el 20% de tu carro de la compra. Otra es que cuando tengas un impulso de meter algo en la cesta de la que no estuviese en tu lista, pienses: luego vuelvo a pasar por aquí. Y te vayas a por las cosas de tu lista. Esto es por lo que te dije de que una emoción es como una ola que sube fuerte y luego se va. Quizás cuando vuelvas frente al producto la emoción ya no esté y ese espacio haya dado lugar a poder pensarlo racionalmente. Es como lo de la ropa. Si sientes un impulso de comprar algo, no lo hagas. Vuelve mañana. Y si en casa sigues pensando racionalmente que te conviene, cuando la emoción de compra impulsiva se haya ido, mañana vas y lo compras. Así sabrías que no es una compra emocional. Ahora esto ya es complicado con las compras online a un solo clic, pero para que lo entiendas.

Quiero dejarte claro que en ninguna de las cuatro situaciones se trata de no tener fuerza de voluntad. Solo era que no conocías suficiente a tu cerebro, ni a ti misma. Solo eran problemas de logística. Solo era que estabas enfocada en el problema y no en la solución.

Si necesitas ayuda con este tema, puede escribirme a quieroser@ingenierademivida.com para reservar conmigo tus sesiones online y que trabajemos tu caso concreto.

Te mando un ramo de rosas.

Eva.

Read more...

Cómo trascender el uso de bollos suizos como medio de supervivencia emocional. Y noche pero luna.

Hace unos días, Miriam me dijo: En aquel momento de mi vida, estaba sobreviviendo. No viviendo. Sobreviví por los bollos suizos. Gracias a ellos pude soportar el dolor.

Y hay que honrar eso.

Porque reconocer es de valiente.

Porque sobrevivir, también, es ser ingeniera de tu vida.

Y es que,

Realmente habrá momentos en los que nos encontremos inmersos en situaciones incuestionablemente duras. O que para otros no sean duras y para nosotros sí. Y simplemente podremos sobrevivir. Como sea. Miriam lo hizo con bollos suizos. Pudo haber sido otra cosa. Pero fue esa.  

Porque quería sentirse en lugar seguro. Y desde bebés inconscientemente asociamos sabores,  texturas y acto de comer con seguridad. Mamamos leche dulce y grasosita en unos brazos seguros y calentitos. Y el inconsciente nunca lo olvida.

Porque el dolor emocional parece insoportable.

Porque el dolor emocional aturde por momentos y ningún argumento lógico vale.

Pero esa hipnosis pasa.

Y el dolor sigue ahí.

Es entonces cuando puedes atenderte.

Y tienes que atenderte.

Nadie ni nada lo hará mejor que tú.

Porque tu dolor es tuyo.

Y solo tuyo.

Lo primero,

es abrir la posibilidad de comer bollos suizos como medio de supervivencia emocional.

Parece contradictorio si lo que queremos es dejar de hacerlo.

Pero he dicho lo que he dicho.

Y repito.

Lo primero, es abrir la posibilidad de comer bollos suizos como medio de supervivencia emocional.

Y notarlo sin moralidad.

Notarlo como una posibilidad.

Que fue.

Que es.

Que será.

O que no fue.

Que no es.

Ni será.

No pasa nada.

Los bollos suizos solo son bollos suizos. Si los moralizamos, los demonizamos o los angelizamos. Si te prohíbes la manzana roja del jardín te comes la manzana roja del jardín y serás presa del deseo comiendo bollos suizos. Si das tu poder de salvación a los ángeles de la guarda solo ellos podrán salvarte, no tú, y serás presa del victimismo comiendo bollos suizos. Sin embargo, si solo es una posibilidad. Se dará. O no. Y podrá quedarse ahí sin más. Lo hagas o no. Y podrás naturalizar comer bollos suizos. O no. Decirles sí, no significa tener que decirles sí siempre. Decirles no, no significa decirles no siempre. Y eso, tranquiliza.

Lo segundo,

es abrir la posibilidad a sentir el dolor emocional. Y a desencriptarlo.

El dolor emocional es parte indisoluble de los seres humanos. Tanto, que somos humanos porque sentimos dolor. A la pared no le duelen los coscorrones que tú te das contra ella.

Querer evitar el dolor emocional es luchar contra algo que es simplemente inevitable.

Es como querer evitar que anochezca cada día.

Hay noche.

Hay día.

Y luna en la noche.

Noche pero luna.

Hay dolor.

Hay placer.

Y cierta satisfacción al sostener ese dolor. 

Dolor pero cierta satisfacción al sostenerlo.

Otra cosa no, pero el dolor, se hace notar. Nunca pasa desapercibido. Eso es porque es importante.

Así que, podrías acogerlo en tu casa. Le sirves el café portugués que tienes reservado para una ocasión especial. En su taza favorita. En el mantel de raso blanco. Y le dices: Bienvenido, qué puedo hacer por ti. Cómo te hiciste eso. Fue un pensamiento. Qué pensamiento. Cómo es de cierto. Fue que estás enfadada contigo misma. Qué te molesta. Fue que paso algo fuera de tu control y no sabes cómo adaptarte. Fue que niegas algo que es. Fue que pensamientos que tenías antes ya no te funcionan. Fue que no se cumplió una expectativa. Cómo de real era esa expectativa. Qué es concretamente lo que te inquieta y en qué situación concreta. Qué te fatiga y no te deja respirar. Qué te da miedo. Será obvio. O no tan obvio. Lo habláis tranquilamente. Le das unos puntitos en la pedazo de raja que tiene en el dedo corazón. Y luego, lo despides amablemente: Hasta la próxima, fiel amigo, nunca me fallas cuando te necesito. Y a veces se queda como invitado en casa. Y solo puedes hacerle la cama.

Y te olvidas. O convives.

Como no te olvidas, ni convives, es viéndote cada día el dedo desangrarse en la puerta de casa. Si, te habituarías. Podrías ponerte una venda en los ojos para no verte. Pero estaría ahí. Escucharías los gritos de socorro. Siempre. Hasta que un día. Lo invites a tomar café.

Ahora ya sabes que hay otra manera.

Otra manera distinta a la de comer bollos suizos. Que la de comer bollos suizos es totalmente lícita. A veces, inevitable. Pero comer bollos suizos, no es más que vendarte los ojos antes de entrar en casa cada día. Pero quedarán los gritos.

Ahora ya sabes que hay otra manera.

Sentir ese dolor.

Normalizar ese dolor.

Despedir ese dolor.

Desencriptar ese dolor.

Qué quiere.

Qué quieres.

Final:

Si en algún momento los bollos suizos te hicieron sobrevivir, dale las gracias. Gracias. Si no, tanto si los odias a muerte como si los amas a vida, quedarás presa de ellos. Quedarás presa de ti cediendo el poder a ellos. Asume tu dolor y podrás quedar libre de ti y de ellos, incluso con ellos. Tanto con ellos como sin ellos. Y Resiliencia.

Un cálido abrazo,

Eva.

Read more...

Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer. Cualquier cosa. 0 justo eso.

Te suena lo de:

“No es que me apeteciera. Era que tenía que comer si o si con urgencia. Lo necesitaba. En ese momento no quería pensar, ni sentir, ni nada. Solo hacerlo. Fueron pipas pero podía haber sido cualquier cosa.” Cuando estoy bien el pensamiento que se me cruza no tiene tanta fuerza. Y no me dejo llevar por él, pero cuando estoy mal tiene tanta fuerza que es irresistible”.

“Mi problema es después de cenar. De toda la vida. No soy capaz de dormir porque tengo hambre. No soy capaz de resistirme. Puedo estar sin comer todo el día, pero por la noche se desata la bestia. Si hay chocolate como chocolate, pero si no tiro de lo que sea. Si me acuesto sin comer tengo que levantarme”.

“El hambre se desata cuando empiezo a comer en la cena. Si no como nada me da igual. Como empiece, no paro hasta que ya no puedo más. Y antes de dormirme tengo que volver a comer, pero no lo disfruto, al contrario”.

“Por el día puedo comer como una persona normal. O hacer dieta. Pero por la noche tengo una ansiedad que no me sacio con nada. Me da igual lo que sea pero tengo que comer. Lo que haya por medio”. Y lo como tan deprisa que ni me entero”.

Pues no te pasa solo a ti. Son testimonios reales de las personas a las que acompaño.

Lo necesito.

Me dicen.

Se dicen.

Dicen.

Lo necesito es una justificación.

Justificarse es encontrar una razón para que algo no parezca condenable o reprochable.

No tienes que justificarte.

No hay nada que reprochar.

No tienes que justificarte si comes por la noche.

Ni ante mí.

Ni ante ti.

Ni ante nadie.

Justificarte es la condena en sí misma.

Comprenderte es la libertad en sí misma.

Estar en condena es lo contrario a estar en libertad.

Y yo quiero que seas libre.

Que seas ingeniera de tu vida.

Por eso te escribo.

Lee todo y verás.

Necesito cualquier cosa es desesperación. Es supervivencia emocional de algo que me desborda sentir o vivir.

Necesito justo eso es no soporto la prohibición. Es antojo de lo que me niego estoy harta de negarme.

Los límites entre ambos necesito pueden ser difusos porque cualquier cosa no suele ser cualquier cosa, suele ser justo eso. Además el chocolate puede ser usado como medio de supervivencia emocional y al mismo tiempo ser antojo. O ser en un momento medio de supervivencia emocional y en otro momento ser antojo.

Puedes sentir que lo haces desde un lugar o desde el otro, da igual, pero en ambos precede el necesito. Por eso no haré distinción entre ambas a la hora de darte los tips de qué hacer.

Qué hacer:

OPCIÓN A:

Puedes preguntarte: Si pudieras, o mejor dicho, te permitieras comer ese pastel de hojaldre relleno de miel cualquier día y en cualquier momento, sentirías la necesidad o las ganas de hacerlo en este momento justo antes de acostarte? Probablemente, no. Es como lo de compra ahora este body rojo tan bonito que te encanta ahora al 90% de descuento de su precio original, la oferta caduca mañana por la mañana. Lo compras seguro. Pero si tienes la posibilidad de hacerlo en cualquier otro momento y cualquier otro día se te olvida. No te urge. No se acaba el mundo. Pues es exactamente el mismo proceso psicológico. Si juegas a esta noche la última vez a partir de mañana jamás, te lo comes seguro.

OPCIÓN B:

Puedes desplegar un plan que hayas planeado con anterioridad. Planifica opciones que te interesen porque si no comerás cualquier cosa. Y por qué digo con anterioridad: porque la noche nos confunde. A esas horas ya no pensamos con claridad, o con tanta claridad. Nuestra parte racional, la corteza cerebral ya está fatigada de funcionar todo el día y es mucho más fácil dejarse llevar por las emociones, por esa otra parte de nuestro cerebro más primitivo y potente que funciona siempre y a todas horas. Otra explicación es que cuando esta parte emocional está muy activa, por algo que nos ha sucedido en el día o está sucediendo en esta época, hace que la corteza que más racional no funcione. La desactiva. También puede ser porque hayas ido acumulando emociones sin expresar durante el día hasta que por la noche rebosa el vaso. Por todo esto, no esperes tomar decisiones racionales en ese momento. Así que, es muy inteligente anticiparte a esto y ponértelo fácil. Planifica tener y ten a mano albaricoques secos o ciruelas pasas y ten en una cajita de cartón cuatro por si tienes que desplegar el plan. Y cómete las cuatro. Planifica tener y ten a mano chocolate puro y ten en una cajita de cartón dos onzas por si tienes que desplegar el plan. Y cómete las dos. Te digo ten un número concreto en una cajita para que tengas claro que justo ese es tu plan. Te digo cómete todas las unidades completas del plan para que no entres en la lucha de solo una; son todas las del plan. Y no te autoengañes teniendo galletas príncipe de chocolate para los niños o las visitas en casa. No dejes lugar a la improvisación para decidir qué hacer en ese justo momento porque no decidirás.

OPCIÓN C:

Puedes expresar tus emociones. Cómo digo, a esas horas de la noche, tenemos las emociones más a flor de piel. Cómo que es la parte más emocional de nosotros la que domina nuestro comportamiento y es por ello es un buen momento para expresarlas.  Aquí te dejo 4 maneras de expresar las emociones para que no acaben derivando en comer emocional.

OPCIÓN D:

Puedes tener opciones. Inteligentes opciones.

Por ejemplo chocolate 99% cacao. Amarga, sí por supuesto. Es un gustazo cuando lo sabes apreciar. Con un trozo sentirás que es suficiente. No tiene azúcar y no incita a seguir y seguir. El azúcar no te deja por la adicción física que provoca.

Por ejemplo leche caliente con cacao puro. Calma. Porque asociamos lo caliente, la leche y el cacao a calma y placer. Es una asociación aprendida e imposible de desaprender. Y por la noche muchas veces necesitamos calma y placer y recurrimos a un alimento que nos la brinde.

Por ejemplo pipas de girasol. Naturales, sin sal. En un bol con yogurt entero y también natural. Sí, sin azúcar. Sí, es ácido. Es un gustazo cuando lo sabes apreciar. Ábrete a la experiencia de la vida sin azucarar. Porque existe vida más allá. Sabores más allá. Ni mejores ni peores. Otros. Porque el azúcar te hipnotiza. Te hace perder la percepción real. Te hace perder tu libertad.

La disponibilidad de algo por lo que nos morimos de placer pero que racionalmente no queremos comer nos machaca el inconsciente y el consciente hasta que nos comemos la manzana del edén. Lo quiero. Lo quiero. Lo quiero. No debo. Lo quiero gana por tres. Si no hay posibilidad real tu cabeza estará en paz. Solo es necesario comprar inteligentemente y que tu cocina te acompañe. Aquí te dejo 29 ideas para que tu cocina sea un templo de salud digno de una diosa como tú.

No es no tener galletas oreo en casa porque las tengas prohibidas. Es no tener galletas oreo en casa porque quieres tenerlas delante cuando puedas pensar. Porque si las comes en ese momento, realmente no estarás decidiendo tú. Que les digas sí desde la libertad y las disfrutes. Que les digas no desde la libertad y disfrutes tu decisión.  No que les digas sí desde la ansiedad y las sufras. No que les digas no desde la ansiedad y sufras tu decisión.

OPCIÓN E:

Puedes permitirte. Y tú ahora quizás me digas: me da miedo permitirme porque me da miedo tener que permitirme siempre. Y parece paradójico pero permitirte es lo que tendrá el resultado que quieres conseguir con no permitirte. Que no lo comas. O que comas tranquilamente y disfrutándolo tan solo un poco.

Si tienes antojo de chocolate. Cómelo. Porque comerás una manzana para intentar sortearlo. Porque después comerás una cerezas para seguir intentando sortearlo. Y porque después comerás piñones para intentar sortearlo. Y al final agotada y frustrada por no resistir la tentación de tu antojo comerás chocolate. Podías haber comido tranquilamente una tira de chocolate por el mero placer  de hacerlo y disfrutándolo porque por qué no. Y terminaste comiendo media tableta ansiosamente más la manzana, las cerezas y los piñones.

Mi experiencia y la de las personas que acompaño es que cuando se permiten comer algo y acostarse; o despertarse y comer algo, no sienten la necesidad de hacerlo. Y en lugar de arrasar con todo lo que hay con ansiedad, se relajan y se olvidan de ello.

Una explicación a esto es el fenómeno psicológico de la reactancia. Esto es la típica atracción de hacer lo contrario a lo que nos dicen para sentir que tenemos libertad. También lo contrario a lo que nos decimos nosotras mismas a través de nuestro superyó. No lo comas. Lo comes.

OPCIÓN F:

Puedes plantearte si es simplemente porque llevas horas sin comer nada y te suenan las tripas. Quizás cenaste a las 20 y las 2 sea un hambre real. Si este es el caso no sentirás descontrol, ni ansiedad. Y con un par de nueces podrás saciar tu estómago. Aun así sería hábito. Y puedes acostumbrar a tu cuerpo a estar descansando durante la noche. No de dormir sino a descansar de comer. Tu cuerpo te agradecerá el descanso. La cronobiología es una ciencia que nos indica los beneficios de seguir los ciclos de luz y oscuridad. Dormir de noche. Comer de día.  Estamos diseñados para dormir de noche y para comer de día. Así te aseguras estar en consonancia con la naturaleza y con tu naturaleza hormonal. Con la melatonina. Con la insulina. Pero esto es en caso que de que sea hambre real o caso de comer todas las noches por hábito o costumbre. No olvides todas las demás opciones que son imprescindibles para equilibrar tu mente.

Mis mejores deseos.

Eva.

Read more...

Desmonta la historia que te cuentas en 4 pasos. Si te duele. Y ensalada de frambuesas.

La historia no es una narración única, sino miles de narraciones alternativas. Siempre decidimos contar una, también decidimos silenciar otras.

He querido comenzarte este artículo con una frase que he leído en mi primer libro del año. Homo Deus, de Yuval Noah Harari. Y he querido que sea la misma con la que voy a terminártelo.

Lo hago, porque a veces sufro con las historias que me cuento.

Lo hago, porque acompaño a personas que a veces sufren con las historias que se cuentan.

Pero, ¿por qué permitirte sufrir creyendo una de ellas, cuándo hay miles de alternativas posibles?

Podría, por ejemplo, hablarte de Lola. Lola sufría porque pensaba que no era capaz y solo dejaba entrar en su cerebro información para confirmarlo. Confirmar que no era capaz. Porque otra cosa no, pero nos gusta tener la razón. Y muchas veces no tenemos razón. Porque hay muchas razones que no vemos. Que nos da vértigo ver. Porque estamos acomodadas a nuestro cojín de higos chombos sin pelar. Aunque nos estemos pinchando el culo. Porque a fin de cuentas es cojín. Y lo mejor de todo era que ese pensar que no era capaz no era suyo pero lo acabo haciendo suyo, de escucharlo una y otra vez. De aquella boca. Eso ni lo intentes. Eso es imposible para ti. Has fracasado un millón de veces. Eres incapaz. Un mal trato psicológico durante años propio y ajeno. Haciendo tus límites los límites de otro en lugar de buscar los tuyos. Pero lo peor de todo, es que eso traspasa la frontera de los ámbitos. Y Lola, no podía comer ensalada de frambuesas, nueces y queso mascarpone porque eso era de dieta y ella no era capaz de hacer dieta. Y lo de que comer ensalada de frambuesas, nueces y queso mascarpone era de dieta es otra historia. Nunca mejor dicho. Así que el problema no es una supuesta gordura por una supuesta falta de voluntad. Detrás hay una historia. Una historia de terror.

Si tu historia duele demasiado, anota estos pasos:

1. Sácatela de la cabeza. Escribe las palabras exactas de la historia que te cuentas. Aunque sea, en una servilleta.

NO SOY CAPAZ DE NADA.

2. Date la posibilidad de una nueva historia. ¿Es totalmente cierto? Subrayo lo de totalmente. ¿Qué es exactamente lo que no la hace cierta?

NO ES CIERTO. FUI CAPAZ DE SACAR ADELANTE A MI HIJO.

3. Móntate otra historia con las repuestas. Escríbela.

HE SIDO CAPAZ DE SACAR ADELANTE A MI HIJO. PUEDO SER CAPAZ DE OTRAS COSAS.

4. Afianza esa nueva historia viviendo ejemplos concretos conscientemente y nota como se experimenta. Sigo mal: Vuelve al punto número 1; Cuéntate otra historia. Estoy ok: Tienes una nueva historia; Quédate en ella.

HOY HE SIDO CAPAZ DE ABRIRME A LA EXPERIENCIA DE CENAR ENSALADA DE FRAMBUESAS CON NUECES Y QUESO MASCARPONE.

NO ME HA GUSTADO. PON A PRUEBA OTRA HISTORIA. QUIZÁS, LA DE QUE ESO ES DE DIETA.

ME HA GUSTADO. FELICIDADES. QUÉDATE. QUÉDATE A DISFRUTAR DE ESA ENSALADA DE FRAMBUESAS CON NUECES Y QUESO MASCARPONE.

Te cuentes la que te cuentes, todas son pura ficción.

Que al menos sea tu puta ficción.

Que lleve tu firma, Lola.

No la de tu inconsciente.

La historia no es una narración única, sino miles de narraciones alternativas. Siempre decidimos contar una, también decidimos silenciar otras.

Atentamente,

Eva.

Read more...

Esta web utiliza cookies propias con finalidad funcional y de terceros para realizar tareas de análisis. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información en la Política de Cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies