Lidiar con el dolor

Motivos para dejar atrás el típico: “Quiero adelgazar para quererme”. Y abrazarte ahora para luego todo.

El amor propio es un amor que se forja desde bebés. La autoestima se va construyendo en función del amor y palabras que vamos recibiendo durante toda la vida. Mensajes verbales o no verbales que nos van calando y según los cuales aprendemos a sentirnos personas válidas o no válidas. Según como nos dicen que somos. Según el trato que recibimos.

Y si al final pasan los años y te encuentras sufriendo porque no te quieres, tienes que pararte a pensar fríamente una cosa. Quizás, lo que crees que eres y vales, no tiene nada que ver contigo sino con lo que absorbiste de manera inconsciente. No tiene nada que ver contigo, sino con la sociedad y personas a través de las que aprendiste a no quererte. El problema no es tuyo. Bueno es tuyo hasta que te das cuentas de esto y empiezas a tomarte las cosas de manera no personal. Y empiezas a construir el yo que deseas y la vida que deseas libre de todo lo que creías que eras y que valías. Porque eso no era tuyo.

La premisa básica es que vales. Es que el amor propio no es negociable ni cuestionable. Seas como seas vales y punto. Aquí no hay más razones.

Cuando en la primera sesión pregunto: Cuéntame qué te ocurre o en qué puedo ayudarte, muchas personas me dicen Quiero adelgazar para quererme. Y es normal pensar así recibiendo el tipo de mensajes que recibimos. Aprendemos a pensar así, pero podemos aprender a pensar de otra manera. Por nuestro bienestar.

Hay que darle la vuelta al quiero adelgazar para quererme. Por eso escribo este artículo. Y pienso esto por experiencia personal y por muchísimas experiencias que otras personas han compartido conmigo en los más de diez años que llevo trabajando en esto.  

Mi propuesta es: Cultivar tu autoestima y quererte seas como seas en este momento y desde ahí comer alimentos que beneficien a tu cuerpo porque simplemente cuidas lo que quieres, y permitiéndote algún capricho porque eso también es cuidarse. De ese modo llegarás a tu peso natural de manera lateral. Mi propuesta es aprender a disfrutar de los alimentos de temporada, aprender a comer comida sana para cuidar tu intestino, tu sistema inmunitario, tu ciclo menstrual. Nada que ver con la restricción. Mi propuesta es aprender a comer sin ansia y tranquila. Mi propuesta es que no te comas las emociones sino que las sientas. Sentir las emociones es cuidarse. Nada que ver con adelgazar, aunque eso pueda ser una consecuencia. Mi propuesta sería cultivar tu autoestima sobre todo cuando no la tienes y cuidarla cuando la tienes. Porque lo que no se cuida se pierde. Mi propuesta es abrazarte para luego todo. Adelgazar o no. Y ser feliz en cada una de las posibilidades. Mi propuesta es comer para cuidarse y no para adelgazar. Aunque el acto sea el mismo, no se hace desde el mismo lugar. Y el cuerpo y la mente lo saben. Comer una naranja para que me aporte vitamina c y fortalezca el sistema inmune desde la elección no es lo mismo que comer una naranja antes de comer para luego comer menos porque quiero adelgazar desde la imposición. Qué diferente hubiera sido si desde pequeñas hubiéramos tenido una educación nutricional de este alimento es bueno para esto y para esto otro en lugar de este alimento engorda y este adelgaza. Es un cambio de perspectiva. Cambiar el centro. Cambiar el foco. Salud no es bajar peso a toda costa comiendo desde el odio y estando en guerra con una misma.

Pero, por qué motivos pienso que hay que darle la vuelta al «quiero adelgazar para quererme»:

Motivo 1. Si ahora que pesas dos, tres, diez o veinte kilos supuestamente de más no te das el valor que mereces y te lo das luego, ese amor propio será un amor dependiente. Tu amor propio dependerá de un determinado peso o de una determinada forma y eso es algo que probablemente no será constante. Es un amor insostenible.  E inalcanzable. La vida es cambio continuo. Y la perfección humana no existe. Si solo te quieres con un determinado peso y perfecta será un amor propio dependiente de esa condición. Perderías tu libertad.

Motivo 2. Si ahora que pesas 79 no te quieres, tampoco lo harás con 70 porque querrás 69. Se llama insatisfacción crónica. Y al final cuando llegues a 69 como rechazas por completo la posibilidad de pesar 79 y te desprecias en ella, el miedo a volver al punto de partida no te dejará tranquila y hará que vivas  tu alimentación con ansiedad. Y el vivir tu alimentación con ansiedad aumentará significativamente la probabilidad de engordar de nuevo.

Motivo 3. Hay muchas personas que llegan pensando que si bajan de peso se le solucionarán todos los problemas. Y no las culpo por ello porque vivimos en un entorno que en cierta medida nos transmite que la culpa de todos nuestros males es que estas gorda y no ser perfectas. Hace poco ha coincidido que me han llegado dos personas diciendo quiero adelgazar para quererme, pero lo que había detrás es quiero adelgazar porque tengo miedo de que mi novio me deje por otra más delgada o perfecta. Crees que este problema de confianza, de celos y de autoestima desaparecería cuando estas chicas adelgazaran los cinco una y los quince otra kilos que querían. Pues no. No desaparecería. Porque el problema no es el peso, el problema son otras cosas. Y estamos trabajando estas otras cosas.

Motivo 4. Si tuvieras una herida en la rodilla no dirías: Ya cuando tenga la herida curada, el mes que viene, mantengo reposo y me la desinfecto con alcohol. Si hicieras eso, no se curaría. Empeoraría. Es tan absurdo como ya cuando esté perfecta me quiero. El amor lo necesitas ahora, no luego.

Motivo 5. Cuando tú amiga está pasando por un mal momento, no la dejas en la estacada y le dices: Y a mí que me cuentas, ya cuando estés bien me llamas y nos divertimos. Le dices: venga hacemos una videollamada ahora mismo lloramos juntas hasta cansarnos y luego recordamos viejos tiempos y reímos juntas hasta cansarnos. Lo que te estás diciendo a ti misma con quiero adelgazar para quererme es ¡Y a mí que me cuentas! Yo no querría una amiga como esa. Quiero una que me apoye en los malos momentos y no me deje tirada.

Motivo 6. Es fácil que te quieran con un vestidazo, unos taconazos y en una primera cita. Y mostrando solo de ti lo bueno. Pero no es fácil encontrar a alguien que esté dispuesto a amarte incondicionalmente. Al que le gusten tus luces y tus sombras. El que te quiera tal como eres y sin querer cambiar nada de ti. Lo primero de mostrar solo lo bueno de las primeras citas es insostenible. ¿Crees que una relación para toda la vida como la que tendrás contigo misma puede sostenerse mostrando y aceptando solo tu mejor cara como si de una primera cita se tratase? Pues no. Pues justo eso significa decir quiero adelgazar para quererme. Es negar una parte de ti, quedarte contigo solo en la primera cita. Y estarás contigo toda tu vida. A pesar de todo te querré siempre con locura. Eso es lo queremos, ¿no?. Pues eso es lo que tienes que darte tu primero.

Motivo 7. Si eres madre, piensa por unos momentos cómo es el amor que procesas a tu hijo. De una locura infinita. Cuando están malitos los mimas, los cuidas y les das mucho amor hasta que se curan. Y luego cuando están buenos, se los sigues dando. No dices ya cuando sea el hijo perfecto lo quiero. Lo quieres con locura aunque lleve una semana sin dejarte dormir por la noche porque se despierta malito con fiebre. Lo mismo con tu autoestima, cuando la tienes dañada es cuando más cuidados necesitas. No luego. Bueno, luego también. Comer sano para tu cuerpo y tu mente puede ser uno de estos cuidados, pero no desde me restrinjo y desde la condición de si adelgazo entonces me quiero; sino desde me quiero y valoro con todos mis defectos y virtudes, por eso como alimentos que hacen bien a mi cuerpo y me doy caprichos que hacen bien a mi mente. Es un cambio de perspectiva que marca la diferencia. Es un detalle sutil que marca la diferencia.

Motivo 8. Te mereces un amor incondicional, no un amor de conveniencia. Un amor de conveniencia es cuando adelgace me querré. Este amor pone requisitos. Y a la mierda todo si no se cumple. Voy a comer bien pero a cambio tu tienes que adelgazar. Es el requisito que le pongo a mi cuerpo, que me pongo a mí. Y a la mierda todo si no se cumple. Un amor incondicional es cuando pese a todo, sea lo que sea, me querré. Porque sí. No hay más razones aquí. El amor propio no es negociable. Ni contigo. Ni con nadie. Ni con la sociedad. Un amor incondicional es aunque crea que físicamente esté en mi peor momento me quiero, me valoro y me respeto porque soy mucho más que eso.

La única manera de tener una autoestima sólida es no abandonarse a una misma en los momentos malos. Porque vendrán momentos malos. Y tendrás que sostenerte. Y en lugar de comernos a dulces esos momentos malos, tenemos que abrazarnos. Y después del abrazo sin necesidad me comeré el dulce por libertad. Y en lugar de castigarnos a yogurt desnatado y edulcorado para pesar menos y querernos, nos cuidaremos a yogurt entero con almendras ya queriéndonos.

Para empezar a quererte lo primero es no decirte quiero adelgazar para quererme. Porque te lo vas a creer. Y también te creerás que cuanto adelgaces vas a quererte. Pero no. Lo segundo para empezar a quererte es empezar a hacer acciones que lo demuestren con un diálogo que lo demuestre. Comer sano para adelgazar porque no te quieres es comer desde el odio. Comer sano para cuidar tu cuerpo y tu mente sin exigirles nada a cambio es comer desde el amor. Y en comer sano también incluyo caprichos, antojos o comer emocional de tarta siete chocolates o de pan con salchichón. Y la mente se relaja. Y el cuerpo te dará. Te lo agradecerá. Y la mente te dará. Te lo agradecerá.

Así que cierra los ojos y cásate contigo misma: Prometo serme fiel, amarme, cuidarme y respetarme, en lo bueno y en lo malo, en la foto buena y en la foto mala, en pijama sin peinara y en vestido con rímel, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

Y después de todo esto, quiero que te quedes con algo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y el autorretrato que he elegido como imagen para este artículo lo dice todo. Para que lo recuerdes siempre. Abrazarse a una misma en el frío invierno. Con lluvia. Con viento. En soledad. Bien enraizada y permaneciendo en el centro sabiendo que la primavera llegará.

No te abandones cuando más lo necesitas.

Te recuerdo que puedes escribirme a: quieroseringenierademivida.com para que trabajemos juntas tu autoestima y que dejes atrás para siempre el quiero adelgazar para quererme más.

Atentamente,

Eva.

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Cómo trascender el uso de bollos suizos como medio de supervivencia emocional. Y noche pero luna.

Hace unos días, Miriam me dijo: En aquel momento de mi vida, estaba sobreviviendo. No viviendo. Sobreviví por los bollos suizos. Gracias a ellos pude soportar el dolor.

Y hay que honrar eso.

Porque reconocer es de valiente.

Porque sobrevivir, también, es ser ingeniera de tu vida.

Y es que,

Realmente habrá momentos en los que nos encontremos inmersos en situaciones incuestionablemente duras. O que para otros no sean duras y para nosotros sí. Y simplemente podremos sobrevivir. Como sea. Miriam lo hizo con bollos suizos. Pudo haber sido otra cosa. Pero fue esa.  

Porque quería sentirse en lugar seguro. Y desde bebés inconscientemente asociamos sabores,  texturas y acto de comer con seguridad. Mamamos leche dulce y grasosita en unos brazos seguros y calentitos. Y el inconsciente nunca lo olvida.

Porque el dolor emocional parece insoportable.

Porque el dolor emocional aturde por momentos y ningún argumento lógico vale.

Pero esa hipnosis pasa.

Y el dolor sigue ahí.

Es entonces cuando puedes atenderte.

Y tienes que atenderte.

Nadie ni nada lo hará mejor que tú.

Porque tu dolor es tuyo.

Y solo tuyo.

Lo primero,

es abrir la posibilidad de comer bollos suizos como medio de supervivencia emocional.

Parece contradictorio si lo que queremos es dejar de hacerlo.

Pero he dicho lo que he dicho.

Y repito.

Lo primero, es abrir la posibilidad de comer bollos suizos como medio de supervivencia emocional.

Y notarlo sin moralidad.

Notarlo como una posibilidad.

Que fue.

Que es.

Que será.

O que no fue.

Que no es.

Ni será.

No pasa nada.

Los bollos suizos solo son bollos suizos. Si los moralizamos, los demonizamos o los angelizamos. Si te prohíbes la manzana roja del jardín te comes la manzana roja del jardín y serás presa del deseo comiendo bollos suizos. Si das tu poder de salvación a los ángeles de la guarda solo ellos podrán salvarte, no tú, y serás presa del victimismo comiendo bollos suizos. Sin embargo, si solo es una posibilidad. Se dará. O no. Y podrá quedarse ahí sin más. Lo hagas o no. Y podrás naturalizar comer bollos suizos. O no. Decirles sí, no significa tener que decirles sí siempre. Decirles no, no significa decirles no siempre. Y eso, tranquiliza.

Lo segundo,

es abrir la posibilidad a sentir el dolor emocional. Y a desencriptarlo.

El dolor emocional es parte indisoluble de los seres humanos. Tanto, que somos humanos porque sentimos dolor. A la pared no le duelen los coscorrones que tú te das contra ella.

Querer evitar el dolor emocional es luchar contra algo que es simplemente inevitable.

Es como querer evitar que anochezca cada día.

Hay noche.

Hay día.

Y luna en la noche.

Noche pero luna.

Hay dolor.

Hay placer.

Y cierta satisfacción al sostener ese dolor. 

Dolor pero cierta satisfacción al sostenerlo.

Otra cosa no, pero el dolor, se hace notar. Nunca pasa desapercibido. Eso es porque es importante.

Así que, podrías acogerlo en tu casa. Le sirves el café portugués que tienes reservado para una ocasión especial. En su taza favorita. En el mantel de raso blanco. Y le dices: Bienvenido, qué puedo hacer por ti. Cómo te hiciste eso. Fue un pensamiento. Qué pensamiento. Cómo es de cierto. Fue que estás enfadada contigo misma. Qué te molesta. Fue que paso algo fuera de tu control y no sabes cómo adaptarte. Fue que niegas algo que es. Fue que pensamientos que tenías antes ya no te funcionan. Fue que no se cumplió una expectativa. Cómo de real era esa expectativa. Qué es concretamente lo que te inquieta y en qué situación concreta. Qué te fatiga y no te deja respirar. Qué te da miedo. Será obvio. O no tan obvio. Lo habláis tranquilamente. Le das unos puntitos en la pedazo de raja que tiene en el dedo corazón. Y luego, lo despides amablemente: Hasta la próxima, fiel amigo, nunca me fallas cuando te necesito. Y a veces se queda como invitado en casa. Y solo puedes hacerle la cama.

Y te olvidas. O convives.

Como no te olvidas, ni convives, es viéndote cada día el dedo desangrarse en la puerta de casa. Si, te habituarías. Podrías ponerte una venda en los ojos para no verte. Pero estaría ahí. Escucharías los gritos de socorro. Siempre. Hasta que un día. Lo invites a tomar café.

Ahora ya sabes que hay otra manera.

Otra manera distinta a la de comer bollos suizos. Que la de comer bollos suizos es totalmente lícita. A veces, inevitable. Pero comer bollos suizos, no es más que vendarte los ojos antes de entrar en casa cada día. Pero quedarán los gritos.

Ahora ya sabes que hay otra manera.

Sentir ese dolor.

Normalizar ese dolor.

Despedir ese dolor.

Desencriptar ese dolor.

Qué quiere.

Qué quieres.

Final:

Si en algún momento los bollos suizos te hicieron sobrevivir, dale las gracias. Gracias. Si no, tanto si los odias a muerte como si los amas a vida, quedarás presa de ellos. Quedarás presa de ti cediendo el poder a ellos. Asume tu dolor y podrás quedar libre de ti y de ellos, incluso con ellos. Tanto con ellos como sin ellos. Y Resiliencia.

Un cálido abrazo,

Eva.

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Qué hacer en el momento noche antes de acostarme necesito comer. Cualquier cosa. 0 justo eso.

Te suena lo de:

“No es que me apeteciera. Era que tenía que comer si o si con urgencia. Lo necesitaba. En ese momento no quería pensar, ni sentir, ni nada. Solo hacerlo. Fueron pipas pero podía haber sido cualquier cosa.” Cuando estoy bien el pensamiento que se me cruza no tiene tanta fuerza. Y no me dejo llevar por él, pero cuando estoy mal tiene tanta fuerza que es irresistible”.

“Mi problema es después de cenar. De toda la vida. No soy capaz de dormir porque tengo hambre. No soy capaz de resistirme. Puedo estar sin comer todo el día, pero por la noche se desata la bestia. Si hay chocolate como chocolate, pero si no tiro de lo que sea. Si me acuesto sin comer tengo que levantarme”.

“El hambre se desata cuando empiezo a comer en la cena. Si no como nada me da igual. Como empiece, no paro hasta que ya no puedo más. Y antes de dormirme tengo que volver a comer, pero no lo disfruto, al contrario”.

“Por el día puedo comer como una persona normal. O hacer dieta. Pero por la noche tengo una ansiedad que no me sacio con nada. Me da igual lo que sea pero tengo que comer. Lo que haya por medio”. Y lo como tan deprisa que ni me entero”.

Pues no te pasa solo a ti. Son testimonios reales de las personas a las que acompaño.

Lo necesito.

Me dicen.

Se dicen.

Dicen.

Lo necesito es una justificación.

Justificarse es encontrar una razón para que algo no parezca condenable o reprochable.

No tienes que justificarte.

No hay nada que reprochar.

No tienes que justificarte si comes por la noche.

Ni ante mí.

Ni ante ti.

Ni ante nadie.

Justificarte es la condena en sí misma.

Comprenderte es la libertad en sí misma.

Estar en condena es lo contrario a estar en libertad.

Y yo quiero que seas libre.

Que seas ingeniera de tu vida.

Por eso te escribo.

Lee todo y verás.

Necesito cualquier cosa es desesperación. Es supervivencia emocional de algo que me desborda sentir o vivir.

Necesito justo eso es no soporto la prohibición. Es antojo de lo que me niego estoy harta de negarme.

Los límites entre ambos necesito pueden ser difusos porque cualquier cosa no suele ser cualquier cosa, suele ser justo eso. Además el chocolate puede ser usado como medio de supervivencia emocional y al mismo tiempo ser antojo. O ser en un momento medio de supervivencia emocional y en otro momento ser antojo.

Puedes sentir que lo haces desde un lugar o desde el otro, da igual, pero en ambos precede el necesito. Por eso no haré distinción entre ambas a la hora de darte los tips de qué hacer.

Qué hacer:

OPCIÓN A:

Puedes preguntarte: Si pudieras, o mejor dicho, te permitieras comer ese pastel de hojaldre relleno de miel cualquier día y en cualquier momento, sentirías la necesidad o las ganas de hacerlo en este momento justo antes de acostarte? Probablemente, no. Es como lo de compra ahora este body rojo tan bonito que te encanta ahora al 90% de descuento de su precio original, la oferta caduca mañana por la mañana. Lo compras seguro. Pero si tienes la posibilidad de hacerlo en cualquier otro momento y cualquier otro día se te olvida. No te urge. No se acaba el mundo. Pues es exactamente el mismo proceso psicológico. Si juegas a esta noche la última vez a partir de mañana jamás, te lo comes seguro.

OPCIÓN B:

Puedes desplegar un plan que hayas planeado con anterioridad. Planifica opciones que te interesen porque si no comerás cualquier cosa. Y por qué digo con anterioridad: porque la noche nos confunde. A esas horas ya no pensamos con claridad, o con tanta claridad. Nuestra parte racional, la corteza cerebral ya está fatigada de funcionar todo el día y es mucho más fácil dejarse llevar por las emociones, por esa otra parte de nuestro cerebro más primitivo y potente que funciona siempre y a todas horas. Otra explicación es que cuando esta parte emocional está muy activa, por algo que nos ha sucedido en el día o está sucediendo en esta época, hace que la corteza que más racional no funcione. La desactiva. También puede ser porque hayas ido acumulando emociones sin expresar durante el día hasta que por la noche rebosa el vaso. Por todo esto, no esperes tomar decisiones racionales en ese momento. Así que, es muy inteligente anticiparte a esto y ponértelo fácil. Planifica tener y ten a mano albaricoques secos o ciruelas pasas y ten en una cajita de cartón cuatro por si tienes que desplegar el plan. Y cómete las cuatro. Planifica tener y ten a mano chocolate puro y ten en una cajita de cartón dos onzas por si tienes que desplegar el plan. Y cómete las dos. Te digo ten un número concreto en una cajita para que tengas claro que justo ese es tu plan. Te digo cómete todas las unidades completas del plan para que no entres en la lucha de solo una; son todas las del plan. Y no te autoengañes teniendo galletas príncipe de chocolate para los niños o las visitas en casa. No dejes lugar a la improvisación para decidir qué hacer en ese justo momento porque no decidirás.

OPCIÓN C:

Puedes expresar tus emociones. Cómo digo, a esas horas de la noche, tenemos las emociones más a flor de piel. Cómo que es la parte más emocional de nosotros la que domina nuestro comportamiento y es por ello es un buen momento para expresarlas.  Aquí te dejo 4 maneras de expresar las emociones para que no acaben derivando en comer emocional.

OPCIÓN D:

Puedes tener opciones. Inteligentes opciones.

Por ejemplo chocolate 99% cacao. Amarga, sí por supuesto. Es un gustazo cuando lo sabes apreciar. Con un trozo sentirás que es suficiente. No tiene azúcar y no incita a seguir y seguir. El azúcar no te deja por la adicción física que provoca.

Por ejemplo leche caliente con cacao puro. Calma. Porque asociamos lo caliente, la leche y el cacao a calma y placer. Es una asociación aprendida e imposible de desaprender. Y por la noche muchas veces necesitamos calma y placer y recurrimos a un alimento que nos la brinde.

Por ejemplo pipas de girasol. Naturales, sin sal. En un bol con yogurt entero y también natural. Sí, sin azúcar. Sí, es ácido. Es un gustazo cuando lo sabes apreciar. Ábrete a la experiencia de la vida sin azucarar. Porque existe vida más allá. Sabores más allá. Ni mejores ni peores. Otros. Porque el azúcar te hipnotiza. Te hace perder la percepción real. Te hace perder tu libertad.

La disponibilidad de algo por lo que nos morimos de placer pero que racionalmente no queremos comer nos machaca el inconsciente y el consciente hasta que nos comemos la manzana del edén. Lo quiero. Lo quiero. Lo quiero. No debo. Lo quiero gana por tres. Si no hay posibilidad real tu cabeza estará en paz. Solo es necesario comprar inteligentemente y que tu cocina te acompañe. Aquí te dejo 29 ideas para que tu cocina sea un templo de salud digno de una diosa como tú.

No es no tener galletas oreo en casa porque las tengas prohibidas. Es no tener galletas oreo en casa porque quieres tenerlas delante cuando puedas pensar. Porque si las comes en ese momento, realmente no estarás decidiendo tú. Que les digas sí desde la libertad y las disfrutes. Que les digas no desde la libertad y disfrutes tu decisión.  No que les digas sí desde la ansiedad y las sufras. No que les digas no desde la ansiedad y sufras tu decisión.

OPCIÓN E:

Puedes permitirte. Y tú ahora quizás me digas: me da miedo permitirme porque me da miedo tener que permitirme siempre. Y parece paradójico pero permitirte es lo que tendrá el resultado que quieres conseguir con no permitirte. Que no lo comas. O que comas tranquilamente y disfrutándolo tan solo un poco.

Si tienes antojo de chocolate. Cómelo. Porque comerás una manzana para intentar sortearlo. Porque después comerás una cerezas para seguir intentando sortearlo. Y porque después comerás piñones para intentar sortearlo. Y al final agotada y frustrada por no resistir la tentación de tu antojo comerás chocolate. Podías haber comido tranquilamente una tira de chocolate por el mero placer  de hacerlo y disfrutándolo porque por qué no. Y terminaste comiendo media tableta ansiosamente más la manzana, las cerezas y los piñones.

Mi experiencia y la de las personas que acompaño es que cuando se permiten comer algo y acostarse; o despertarse y comer algo, no sienten la necesidad de hacerlo. Y en lugar de arrasar con todo lo que hay con ansiedad, se relajan y se olvidan de ello.

Una explicación a esto es el fenómeno psicológico de la reactancia. Esto es la típica atracción de hacer lo contrario a lo que nos dicen para sentir que tenemos libertad. También lo contrario a lo que nos decimos nosotras mismas a través de nuestro superyó. No lo comas. Lo comes.

OPCIÓN F:

Puedes plantearte si es simplemente porque llevas horas sin comer nada y te suenan las tripas. Quizás cenaste a las 20 y las 2 sea un hambre real. Si este es el caso no sentirás descontrol, ni ansiedad. Y con un par de nueces podrás saciar tu estómago. Aun así sería hábito. Y puedes acostumbrar a tu cuerpo a estar descansando durante la noche. No de dormir sino a descansar de comer. Tu cuerpo te agradecerá el descanso. La cronobiología es una ciencia que nos indica los beneficios de seguir los ciclos de luz y oscuridad. Dormir de noche. Comer de día.  Estamos diseñados para dormir de noche y para comer de día. Así te aseguras estar en consonancia con la naturaleza y con tu naturaleza hormonal. Con la melatonina. Con la insulina. Pero esto es en caso que de que sea hambre real o caso de comer todas las noches por hábito o costumbre. No olvides todas las demás opciones que son imprescindibles para equilibrar tu mente.

Mis mejores deseos.

Eva.

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Desmonta la historia que te cuentas en 4 pasos. Si te duele. Y ensalada de frambuesas.

La historia no es una narración única, sino miles de narraciones alternativas. Siempre decidimos contar una, también decidimos silenciar otras.

He querido comenzarte este artículo con una frase que he leído en mi primer libro del año. Homo Deus, de Yuval Noah Harari. Y he querido que sea la misma con la que voy a terminártelo.

Lo hago, porque a veces sufro con las historias que me cuento.

Lo hago, porque acompaño a personas que a veces sufren con las historias que se cuentan.

Pero, ¿por qué permitirte sufrir creyendo una de ellas, cuándo hay miles de alternativas posibles?

Podría, por ejemplo, hablarte de Lola. Lola sufría porque pensaba que no era capaz y solo dejaba entrar en su cerebro información para confirmarlo. Confirmar que no era capaz. Porque otra cosa no, pero nos gusta tener la razón. Y muchas veces no tenemos razón. Porque hay muchas razones que no vemos. Que nos da vértigo ver. Porque estamos acomodadas a nuestro cojín de higos chombos sin pelar. Aunque nos estemos pinchando el culo. Porque a fin de cuentas es cojín. Y lo mejor de todo era que ese pensar que no era capaz no era suyo pero lo acabo haciendo suyo, de escucharlo una y otra vez. De aquella boca. Eso ni lo intentes. Eso es imposible para ti. Has fracasado un millón de veces. Eres incapaz. Un mal trato psicológico durante años propio y ajeno. Haciendo tus límites los límites de otro en lugar de buscar los tuyos. Pero lo peor de todo, es que eso traspasa la frontera de los ámbitos. Y Lola, no podía comer ensalada de frambuesas, nueces y queso mascarpone porque eso era de dieta y ella no era capaz de hacer dieta. Y lo de que comer ensalada de frambuesas, nueces y queso mascarpone era de dieta es otra historia. Nunca mejor dicho. Así que el problema no es una supuesta gordura por una supuesta falta de voluntad. Detrás hay una historia. Una historia de terror.

Si tu historia duele demasiado, anota estos pasos:

1. Sácatela de la cabeza. Escribe las palabras exactas de la historia que te cuentas. Aunque sea, en una servilleta.

NO SOY CAPAZ DE NADA.

2. Date la posibilidad de una nueva historia. ¿Es totalmente cierto? Subrayo lo de totalmente. ¿Qué es exactamente lo que no la hace cierta?

NO ES CIERTO. FUI CAPAZ DE SACAR ADELANTE A MI HIJO.

3. Móntate otra historia con las repuestas. Escríbela.

HE SIDO CAPAZ DE SACAR ADELANTE A MI HIJO. PUEDO SER CAPAZ DE OTRAS COSAS.

4. Afianza esa nueva historia viviendo ejemplos concretos conscientemente y nota como se experimenta. Sigo mal: Vuelve al punto número 1; Cuéntate otra historia. Estoy ok: Tienes una nueva historia; Quédate en ella.

HOY HE SIDO CAPAZ DE ABRIRME A LA EXPERIENCIA DE CENAR ENSALADA DE FRAMBUESAS CON NUECES Y QUESO MASCARPONE.

NO ME HA GUSTADO. PON A PRUEBA OTRA HISTORIA. QUIZÁS, LA DE QUE ESO ES DE DIETA.

ME HA GUSTADO. FELICIDADES. QUÉDATE. QUÉDATE A DISFRUTAR DE ESA ENSALADA DE FRAMBUESAS CON NUECES Y QUESO MASCARPONE.

Te cuentes la que te cuentes, todas son pura ficción.

Que al menos sea tu puta ficción.

Que lleve tu firma, Lola.

No la de tu inconsciente.

La historia no es una narración única, sino miles de narraciones alternativas. Siempre decidimos contar una, también decidimos silenciar otras.

Atentamente,

Eva.

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